20 febrero 1989
Juan Abelló rompe su sociedad con Mario Conde y abandona el banco Banesto, paralelamente al fracaso de la fusión con el Central
Hechos
En febrero de 1989 D. Juan Abello anunció su dimisión como Vicepresidente y Consejero del Banco Banesto.
Lecturas
El 18 de octubre de 1988 se ha pública la separación jurídica del vicepresidente de Banesto, D. Juan Abelló Gallo, con el presidente del banco, D. Mario Conde Conde. Dado que el Sr. Abelló Gallo es el primer accionista individual, deja al Sr. Conde Conde en una posición más débil en su pugna con ‘Los Albertos’ (los accionistas D. Alberto Cortina Alcocer y D. Alberto Alcocer Torra) por el control del futuro Banco Español Central de Crédito de producirse la aprobada fusión entre Banesto y el Banco Central.
http://youtu.be/8hTSy1IA9zU
El Análisis
La ruptura entre Mario Conde y Juan Abelló pone fin a una de las asociaciones empresariales más espectaculares de la España de los ochenta: juntos convirtieron Antibióticos en una formidable operación financiera, la vendieron a Montedison por 57.500 millones de pesetas y utilizaron parte de aquel dinero para desembarcar unidos en Banesto, donde llegaron a convertirse en sus principales accionistas. Pero aquella aparente sociedad entre iguales escondía dos personalidades y quizá dos ambiciones diferentes. Abelló, que inicialmente había sido incluso el empresario para el que trabajó Conde, aceptó quedar en segundo plano cuando su socio conquistó la presidencia del banco; y mientras aquél parecía fundamentalmente interesado en hacer buenos negocios, multiplicar su patrimonio y conservar libertad para invertir, Conde aspiraba a algo mucho mayor que enriquecerse: quería mandar en Banesto, adquirir notoriedad pública y convertirse en una figura nacional, hasta proyectar una imagen de líder social que inevitablemente alimentaba las especulaciones sobre una futura carrera política, por mucho que él la negara. En octubre de 1988 Abelló decidió que ya no quería seguir atado jurídicamente a su antiguo compañero: contrató abogados, exigió separar un entramado de unas quince sociedades y reclamó incluso a Conde cantidades que le había prestado para equilibrar sus respectivas inversiones. La ruptura personal coincidió, además, con la ofensiva de los Albertos y Cartera Central contra el poder de Conde; en enero Abelló se abstuvo en la decisiva votación de las cuentas de Banesto mientras los hombres de Cartera Central votaban en contra, pero Conde sobrevivió y conservó la presidencia.
Cuando Abelló dimitió finalmente como vicepresidente de Banesto y presidente de Unión y El Fénix en febrero de 1989, podía parecer que era él quien abandonaba derrotado el campo de batalla. Visto con perspectiva, sin embargo, cabe invertir completamente el veredicto: quizá Abelló ganó precisamente porque supo perder a tiempo. Conde consiguió quedarse con Banesto, derrotar aquella ofensiva y convertirse durante algunos años en uno de los hombres más célebres de España; Abelló recuperó su independencia, preservó una enorme fortuna y quedó fuera de la gestión del banco antes de las operaciones que posteriormente serían investigadas en el caso Banesto. Uno quiso seguir haciendo negocios; el otro quiso hacer historia. Cinco años después, cuando Banesto fue intervenido y Conde terminó recorriendo juzgados y prisiones, aquella retirada que en 1989 podía parecer una derrota de Abelló adquiriría el aspecto de la inversión más rentable de toda su carrera: saber cuándo dejar de ser socio de Mario Conde.
J. F. Lamata