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Brufau, hasta ahora presidente de Caja Madrid, replaza al que fuera 'hombre de Rato'

La Caixa logra derribar a Alfonso Cortina de la Presidencia de Repsol YPF con el apoyo del Gobierno del PSOE

HECHOS

El 27.10.2004 el Consejo de Administración de Repsol YPF aceptó la dimisión de D. Alfonso Cortina y nombró a D. Antoni Brufau.

Montilla_2006 El ministro de Fomento, D. José Montilla, fue considerado el impulsor del derribo de D. Alfonso Cortina al frente de Repsol YPF, para que esta empresa quedara en manos de La Caixa.

D. Alfonso Cortina, que llegó a la Presidencia de Repsol en 1998 de la mano de D. Rodrigo Rato y encabezó la absorción de YPF había mantenido diversos pulsos con La Caixa, uno de los accionistas mayoritarios de la petrolera.

En la Comisión Ejecutiva del 27.10.2004 los representantes de La Caixa (12,5% de las acciones) anunciaron que retiraban su apoyo al Sr. Cortina. Junto con La Caixa también se posicionaron los mexicanos de Pemex (4,9%) y Caixa Catalunya (1,7%). Ante lo cual el Sr. Cortina se vio obligado a dimitir y ceder su puesto a un hombre de La Caixa, como D. Antoni Brufau.

EL BBVA SE ABSTUVO EN AQUEL PLEITO

FG_BBVA D. Francisco González presidente del banco BBVA

Los representantes del banco BBVA (5,5% de las acciones de Repsol YPF) se abstuvieron tanto en la reprobación del Sr. Cortina, como en la elección del Sr. Brufau. A fin de cuentas, al igual que el Sr. Cortina, el Sr. Francisco González también fue nombrado por el ministro del PP, D. Rodrigo Rato. Además difícilmente podían apoyar al Sr. Brufau que había presidido durante años una empresa como Gas Natural, competidora directa de otra del BBVA como era Ibedrola.

28 Octubre 2004

La dimisión de Cortina

Director: Iñaki Garay

El consejo de administración de Repsol YPF aceptó ayer la dimisión de Alfonso Cortina como presidente del a compañía petrolera y su sustitución por Antonio Brufau, actual presidente de Gas Natural y director general del área industrial de La Caixa. El relevo supone un punto de inflexión en las relaciones de las grandes empresas privatizadas con el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero. Nunca mejor que ahora deben servir de referencia las palabras del propio presidente del Ejecutivo cuando, poco antes de ganar las elecciones el pasado 14-M manifestó sin pudor su esperanza de que los presidentes de las antiguas empresas públicas designados por el Partido Popular dimitieran de sus cargos en el supuesto de una victoria del PSOE. Dicho y hecho. Cortina ha sido el primero en satisfacer los deseos de Zapatero, no sin antes llevar a cabo una intensa labor en Repsol que ha permitido culminar en los últimos meses una brillante gestión orientada a la normalización y desarrollo de la empresa como compañía multinacional de primer nivel dentro del mercado petrolero. El presidente de Repsol no ha querido enrocarse en posiciones numantinas que pudieran perjudicar el futuro de su empresa, más si cabe teniendo en cuenta que La Caixa, como primer accionista ya había advertido a Cortina de la conveniencia de abandonar el cargo. La caja de ahorros catalana, que controla derechos de voto del 14% en Repsol, ha conseguido el respaldo de la empresa mexicana Pemex para vencer la resistencia de BBVA que, como segundo accionista de referencia ha querido mantenerse al margen del cambio, haciendo pública su abstención ante la propuesta de nombramiento de Antonio Brufau. Por su parte, el nuevo presidente de Repsol ha intentado poner sordina a toda conjetura anunciado el cese en los próximos días de sus actuales responsabilidades en el grupo de La Caixa. No obstante, nada va a impedir que el mercado soberano descuente posiciones favorables a una eventual integración entre la petrolera y su actual subsidiaria, Gas Natural. El proceso de consolidación del sector energético adquiere, en suma, carta de naturaleza tras la caída de Cortina a instancias de sus principales accionistas y, sobre todo, teniendo en cuenta que su sustituto no es otro que el presidente de Gas Natural (para más señas, director general de La Caixa). El Gobierno tiene pleno derecho a invocar el papel soberano de los accionistas en la toma de decisiones tan trascendentales como pueda ser el cambio de un presidente ejecutivo, pero la realidad es que en el caso de Repsol los hechos no dejan de ser elocuentes.

28 Octubre 2004

La Caixa y Maragall, en la Trastienda del relevo en Repsol

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

Zapatero prometió tras su llegada al poder que jamás influiría en la gestión de las grandes empresas privatizadas. Seis meses después de su investidura, ha caído la primera cabeza: Alfonso Cortina presentó ayer su dimisión como presidente de Repsol. Cortina era una persona con evidente simpatía ideológica por el PP, pero también era un gestor con experiencia, que había culminado con éxito la adquisición de YPF, la empresa petrolífera argentina con vastos yacimientos en el Cono Sur.

La causa de la dimisión de Cortina es un secreto a voces: sus malas relaciones con La Caixa, principal accionista de Repsol. Cortina siempre fue partidario de preservar la independencia de la compañía, mientras La Caixa fracasaba en sus varios intentos de crear un gran grupo energético en torno a Repsol y Gas Natural.

Fuentes del sector interpretan ayer que la salida de Cortina despeja el penúltimo obstáculo para esa fusión, que contaría con el respaldo de Pasqual Maragall y su fiel José Montilla, ahora ministro de Industria y hombre clave de la reorganización que se va a producir en el sector de la energía. Pero directivos de La Caixa negaban esta posibilidad, argumentando que no hay sinergia entre los negocios del petróleo y el gas.

Para pilotar Repsol en la nueva etapa que se abre, La Caixa eligió ayer a Antonio Brufau. Es un ejecutivo competente con una brillante gestión en Gas Natural, empresa de la que Repsol y la entidad financiera catalana son accionistas. Brufau abandonará la presidencia de Gas Natural y su cargo de director general de La Caixa para centrarse en su trabajo en Repsol. Hay que señalar que Brufau, que ya intentó fusionar a Gas Natural con Iberdrola, es además el gran teórico de la creación de un supergrupo energético, con economías de escala e implantación internacional. Tal vez la fusión que ahora se desmiente a corto plazo, termine haciéndose, pues, a medio.

A nadie le escapa que el desembargo de La Caixa en Repsol tiene una clara dimensión política. En primer lugar, porque cuenta con el respaldo entusiasta del Gobierno tripartido catalán, consciente del poder que supondría manejar uno de los mayores grupos de Europa en el sector de la energía, haya o no fusión. Y, en segundo lugar, porque es impensable que La Caixa se haya atrevido a propiciar la salida de Cortina sin el placet del Gobierno que preside Zapatero.

Cortina puede ser el primero de la lista, ya que la tentación de intervenir en la gestión de las grandes compañías privatizadas es demasiado fuerte para cualquier Gobierno, máxime si quiere controlar los resortes clave de la economía, Zapatero, que tanto criticó a Aznar por impulsar la concentración de poder financiero e industrial, tiene la gran ocasión de demostrar que él es diferente.

29 Octubre 2004

Repsol y el futuro mapa energético

CINCO DÍAS (Director: Javier Moreno)

Alfonso Cortina y Antoni Brufau escenificaron ayer el relevo en la presidencia de Repsol con suma discreción, en un acto interno de la compañía. Este cambio en la cúpula del primer grupo español por cifra de negocio, que ha provocado un aluvión de interpretaciones políticas y económicas, invita a varias reflexiones.

En primer lugar, y ante todo, la opinión generalizada es que se ha impuesto la máxima de que quienes mandan en una empresa privada son sus accionistas. Parece obvio, pero no ha sido así siempre. Desde hacía tiempo, era más que evidente la falta de sintonía en asuntos clave entre Alfonso Cortina y el máximo accionista de la compañía, La Caixa. Una situación claramente insostenible, pero que se mantenía, en gran medida, por los apoyos políticos de Cortina, designado por el PP al frente de la petrolera.

El vuelco político acaecido en las últimas elecciones generales y la llegada al poder del PSOE crearon las condiciones necesarias para poner en marcha el relevo. Sabedora de que no iba a ser frenada desde el poder (como tantas veces antes), La Caixa ha movido sus legítimos resortes para culminar una operación, conocida por el Gobierno, pero en la que se ha cuidado mucho de intervenir directamente. Cumple así Zapatero su promesa de no interferir en la vida de las empresas.

Es justo también reconocer que no le ha supuesto ningún esfuerzo: a nadie se le escapa que el Ejecutivo no se siente especialmente cómodo con el hecho de que muchas de las presidencias de las empresas punteras de España estén ocupadas por ejecutivos designados por el anterior Gobierno. De más valor resultará su actitud cuando se produzca algún movimiento empresarial que disguste o contraríe su voluntad. De momento, y antes de trascender esta operación, los empresarios aprueban su actuación y mayoritariamente opinan que el PSOE está siendo menos intervencionista que el PP, según un sondeo de Metroscopia que Cinco Días publicó el lunes pasado.

El relevo en la dirección de la petrolera, sin embargo, no se limita a un simple cambio de nombres o personas. También supone un giro copernicano de filosofía. Con Cortina al frente de Repsol y el PP en el Gobierno, resultó enormemente complicado, por no decir imposible, sacar adelante cualquier iniciativa que pusiese en cuestión el status quo energético. El nuevo presidente de la petrolera, por el contrario, es un ardiente defensor, de palabra y de obra, de una profunda transformación del mapa actual con la creación de un gran grupo energético. Ello coincide en el tiempo con la puesta en marcha por parte del Ministerio de Industria del denominado Libro Blanco de la Energía, cuyo objetivo final es también sentar las bases para el futuro sector en España.

Desde que trascendió el relevo, los inversores han apostado por movimientos en el sector, con revalorizaciones de Gas Natural, Endesa, Unión Fenosa o Iberdrola. Parece, pues, llegada la hora de abordar a fondo el nuevo mapa energético. Un diseño en el que el primer actor, La Caixa, una entidad sin accionistas, tiene todas las papeletas para convertirse en director de escena.

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