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Sorpresa en sectores clericales por que su jerarquía no se pronuncie en contra de una carta magna que abre la puerta al divorcio en España

La Conferencia Episcopal de Tarancón declina pronunciarse a favor del ‘SÍ’ o el ‘NO’ en el referendum por la Constitución

HECHOS

El 28.09.1978 la COnferencia EPiscopal Española hizo pública una nota de su Comisión Plenaria sobre su posición ante la Constitución.

Se lava las manos

EL ALCÁZAR (Director: Antonio Izquierdo)

Con doloroso estupor

Todavía resonaban en el Senado las palabras del Papa sobre la indisolubilidad del matrimonio, cuando la Comisión Permanente del Episcopado, en comparecencia pública anunciaba su esperada nota sobre la Constitución.

El senador real Osorio había recordado las palabras netas de Juan Pablo I, tan recientes, sobre la afirmación sin miedo a la fe y la oposición terminante de la Iglesia al divorcio. De ahí que el senador real Osorio se ha pronunciado con la coherencia del católico que hace política. Se ha opuesto al divorcio, sin miedo. Otros católicos de la UCD tuvieron miedo a confirmar su fe y optaron por abandonar medrosos sus escaños antes de la votación. Y los más desconocieron la fe antes de la disciplina de partido.

La clave de la nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española es el punto 2 nos dicen los obispos que no es correcta plantear a los ciudadanos un sí o un no rotundos y únicos respecto de un texto constitucional en el que se mezclan cuestiones razonables con otras inequívocamente reprobables.

¿Se puede decir sí a la Constitución globalmente cuando repugnan partes de ella que atentan de manera sustancial contra la ley de Dios y la doctrina de la Iglesia Católica? Parece que no se puede. Pero los obispos se lavan las manos y ofrecen a los seglares una guía para la reflexión y la obtención de la copia respuesta. Los obispos han tenido el miedo del que ha carecido el senador real Osorio y que nos insta a perder el propio Vicario de Cristo. Al definir sutilmente los requisitos que debe considerar el católico y denunciar las ambigüedades, las omisiones y las fórmulas peligrosas contenidas en la Constitución, la Comisión Permanente de la CEE nos insta a sacar del análisis una conclusión negativa. Pero no es bastante. Los obispos españoles tienen que dar también la medida del compromiso con Dos y frente al mundo que nos ofrece todos los días, con alegría ejemplar y contagiosa, el Papa Juan Pbalo. El miedo al escándalo de la fe no les está permitido.

La Comisión Pemanente de la CEE, que preside monseñor Enrique y Tarancón con el estilo que en él es característico, no se ha atrevido a ponerse en línea de coherencia con Roma y a proclamar, por tanto, una situación de conflicto abierto con los partidos que éstos han provocado con su conducta laicista y beligerante. Por ello han omitido como guía final para la correcta interpretación de sus ambiguas orientaciones la doctrina permanente de la Iglesia sobre problemas fundamentales y el magisterio ordinario del Vicario de Cristo sobre la familia, el marxismo, la libertad y otras cuestiones básicas Pese a que la Comisión Permanente del Episcopado Español haya hecho renuncia expresa de la condición de madre y maestra que caracteriza a la Iglesia y nos haya traspasado su propia responsabilidad, además de reconocernos la nuestra, los seglares sabemos que en cuanto católicos, además de patriotas, sólo nos cabe votar no a una Constitución activamente laicista.

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