9 octubre 1986
La criminal será considerada una figura martir para las 'feministas'
La ‘Dulce Neus’ se fuga tras haber sido condenada a 28 años como responsable del asesinato de su marido
Hechos
Dña. Neus Soldevilla Bartrina fue condenada a 28 años de cárcel por haber incitado a sus hijos a asesinar a su marido, D. Juan Vila.
Lecturas
09 Octubre 1986
La fuga la 'dulce Neus'
LA FUGA de Neus Soldevila a un país de América Latina, aprovechando la situación de régimen abierto que disfrutaba en la cárcel de mujeres de Wad-Ras, en Barcelona, es buen motivo de reflexión, lo mismo sobre el caso que la llevó a prisión que sobre las condiciones en que la ha burlado. Neus se fue quebrantando la condena que cumplía, de 28 años de reclusión mayor, por la cooperación al asesinato de su marido. Recorrió los 1.000 kilómetros que separan Barcelona de Badajoz en un autobús de línea regular, para entrar en Portugal por el puesto fronterizo de Elvas, y acompañada desde Madrid por un séquito de un abogado y cuatro periodistas. Y antes de poner el pie en el estribo del autobús, aún tuvo tiempo de acudir a la peluquería para teñir de negro sus inconfundibles cabellos rubios, convirtiéndose así en otra mujer y evitar con ello ser fácilmente reconocida.Mientras tanto, los aparatos judicial y policial, lentos y desconectados entre sí, reaccionaban cuando ya la fugada se encontraba lejos del territorio nacional y con el Atlántico de por medio. Los comentarios han puesto en la picota el funcionamiento del sistema judicial, la actuación de la policía y, sobre todo, un sistema penitenciario que permite que una reclusa condenada a 28 años pueda disfrutar de un régimen de semilibertad con apenas cumplidos cuatro años del total de su pena.
No es fácil entrar a enjuiciar los motivos que han llevado a Neus Soldevila a quebrantar su condena. Ésta siempre nos pareció excesiva, sobre todo si se contempla el cuadro de terror que reinaba en su familia, fruto del comportamiento del cabeza de la misma, muerto de un tiro que disparó su hija, menor de edad. Pero tampoco sería justo que su huida se utilice para descalificar el actual sistema carcelario español, que desde que entró en vigor la ley general Penitenciaria, en septiembre de 1979, tiende a la rehabilitación del recluso mediante un tratamiento individualizado, que no exige para progresar de grado ningún tiempo mínimo de cumplimiento de condena.
Antes, en la época del franquismo, los indultos generales, que semivaciaban las cárceles cada tres o cuatro años, eran la única esperanza de la población reclusa, aunque muchos de los indultados no tuviesen otra salida que la vuelta en los meses siguientes a las cárceles. La prohibición de los indultos generales por la Constitución de 1978 exigió la puesta en marcha de otra política penitenciaria, que tendiese a la rehabilitación individual del recluso mediante la combinación de los indultos particulares, los permisos de fin de semana, los permisos más amplios de preparación para la vida en libertad y una progresión más racional de grados, que tuviese en cuenta, más que el tiempo cumplido de condena, las características personales del recluso y la probabilidad de no volver a delinquir.
Neus Soldevila fue clasificada en segundo grado en 1983, apenas dos años después de ingresar en prisión, por la Dirección General de Instituciones Penitenciarias, y en tercer grado en febrero de 1986, cuando ya las competencias en materia penitenciaria habían pasado a la Generalitat. El ministerio fiscal recurrió esta última clasificación, que implica un régimen abierto pleno, con salidas diarias para el trabajo y con la sola obligación de pernoctar en el establecimiento penitenciario. El fiscal alegó varios motivos: larga duración de la condena, gravedad del delito cometido y sus repercusiones sociales y el posible agravio comparativo producido a otros reclusos que se encuentran en situaciones penitenciarias similares. El juez de Vigilancia Penitenciaria número 2 de Barcelona, de acuerdo con las razones del fiscal, revocó la concesión del régimen abierto, y ahora la Audiencia Provincial de Huesca, a la que recurrió Neus Soldevila, ha confirmado la decisión del juez.
Aunque el tratamiento individualizado vigente en las prisiones españolas no exige un tiempo mínimo de cumplimiento de condena, sí es cierto que en la práctica se siguen ciertas pautas, que, evidentemente, no se daban en el caso de la dulce Neus. De ahí el argumento del fiscal de que su situación penitenciaria podía constituir un agravio comparativo con otros reclusos. Por eso, son poco creíbles las declaraciones de la fugada de que el motivo de su huida ha sido el carácter injusto, improdecente y discriminatorio de la decisión Judicial.
Por lo demás, es notorio el hecho de que todo el mundo parece haberse enterado de la fuga de Neus a tiempo de evitarla: periodistas, abogados, peluqueros… Todos menos la policía y los jueces encargados del caso. Una investigación al respecto merece la pena.
20 Mayo 1993
La «Dulce Neus» pide justicia
Sr. Director:
Me dirijo a ustedes con el ánimo de reclamar que sea la opinión pública la que conozca en primera instancia mi deplorable situación. Fueron los medios de comunicación los que se encargaron de dar a conocer de forma «estruendosa» mi causa, produciendo con todo ello, de forma indirecta, una reacción en el público a todas luces inesperada, desvirtuando de forma sobrehumana mi persona, llegándose incluso a filmar una película del caso en cuestión. En estos momentos quiero recordarles que, aquella «Dulce Neus» está totalmente abatida y desamparada, contando tan sólo con la esperanza de que mi fiel abogado D. José Emilio Rodríguez Menéndez, termine con mi injusta e insostenible situación.
Llevo 9 largos años sin que haya podido disfrutar de un solo beneficio penitenciario, sin contar con los once meses que permanecí en una prisión de Ecuador, e igualmente los casi cinco años de redenciones que por los trabajos realizados me corresponde obtener, atendiendo a los años que estuve privada de libertad en el primer período de mi condena, es decir, el período anterior a mi huida a Ecuador, hecho este de sobra conocido y por el que se me acusó de un presunto delito de quebrantamiento de condena, siendo así que, por Auto de 24 de Abril de 1990 se ordena el sobreseimiento de esta causa, quedando exenta de responsabilidad penal por la misma.
Quiero ponerles de manifiesto el hecho de que si bien, con fecha 30 de Agosto de 1989 se acordó sancionarme con la Baja en Redenciones, negándoseme desde entonces redenciones y permisos, existe una circunstancia que obliga, esta vez, a poner a la justicia de mi parte, y consiste en la aplicación del artículo 254.6 del Reglamento Penitenciario que textualmente dice: «Si un interno aprovecha el disfrute de un permiso para fugarse o cometiera un nuevo delito durante el mismo, no podrá volver a disfrutar de permisos, durante un período de dos años. Este período será de tres años si el nuevo delito estuviera castigado con pena grave o repitiera la evasión aprovechándose del nuevo permiso».
Si se tiene en cuenta que mi huida no constituyó un delito probado, y no fui condenada por el mismo, la Suspensión de Redenciones no debe tener la consideración de «definitiva», por lo cual nada obsta a que pasados cuatro años desde el Auto que ordenó la Suspensión en Redenciones y Permisos, pueda volver a disfrutar de alguno de estos beneficios, si bien, en estos temas legales, como ya he indicado, es el Sr. Rodríguez Menéndez quien está tramitando de forma encarecida la posible obtención de algún beneficio penitenciario, y que confío tendrá una pronta conclusión.
Pero dejando los legalismos para los expertos y entendidos, yo les vuelvo a reclamar que me hagan justicia, desde el medio que ustedes tienen a su alcance, por multitud de razones, primando sobre todas ellas las humanitarias, que sin duda alguna con respecto a mi causa han debido quedar olvidadas. Me gustaría que se pudiera comparar mi caso con algún otro de circunstancias similares, aunque sé que esto es una quimera ya que tan sólo yo estoy siendo objeto de un trato tan inhumano e injusto, sin que exista en este país un solo recluso que haya pasado y esté pasando por un calvario semejante.
Es por todo ello y reiterándome en mi petición, por lo que deseo que los mismos medios que se encargaron de hacerme merecedora de una determinada «fama», sean ellos quienes en estos momentos y empleando la justicia que en otros ámbitos no estoy obteniendo se hagan eco de mi persona, poniendo en conocimiento, a los mismos que en su día se interesaron por lo que suponía una «gran noticia», lo que ahora es una «triste realidad». En estos momentos en los que tan de auge está el tema de la justicia y que tantas reformas se están proponiendo sobre la misma, habría que preguntarse si esa justicia es igual para todos, a lo que debo responder que llevo muchos años sin conocerla, aunque aún tengo la esperanza de que ese día llegue.
Neus Soldevila Bartrina