10 septiembre 2003

La política asesinada era firme defensora del 'Sí'

La ministra de Asuntos Exteriores de Suecia, Anna Lindh, asesinada a puñaladas en plena campaña de referendum en el que los suecos dirán ‘No’ al euro

Hechos

El 10.09.2003 fue asesinada la ministra de Exteriores de Suecia, Anna Lindh. Cuatro días antes del referendum en aquel país subre su entrada en la Unión Monetaria Europea.

12 Septiembre 2003

Europa, de luto

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

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El asesinato de Anna Lindh, la ministra de Exteriores de Suecia, es un golpe terrible para una sociedad abierta y una concepción de la política accesible para los ciudadanos. Como el añorado Olof Palme, tiroteado hace 17 años al salir de un cine, Lindh fue apuñalada cuando estaba tranquilamente de compras, sin escolta, en un centro comercial de Estocolmo. La familia real y los ministros suecos sólo llevan escolta en algunos actos oficiales, nunca en su vida particular. Pero esto se ha acabado ya también en Suecia, y a partir de ahora los altos cargos llevarán protección. El modo de vida sueco, que resistió el embate del irresuelto asesinato de Palme, puede quedar tocado tras este crimen, y de rebote, el del conjunto de Europa, a la que Suecia había inoculado saludables dosis de transparencia y proximidad democráticas.

Se desconocen los móviles de este crimen, cuyo autor no ha sido detenido aún. Horrible en sí, el contexto del referéndum que se celebrará este domingo en Suecia sobre su ingreso en el euro ha dado relieve adicional a este asesinato. Anna Lindh era una ardiente defensora de la integración europea y principal banderín del  en la campaña por el euro. Pero era mucho más. En la estela de Olof Palme, ha sido una firme luchadora en favor de las libertades y de un orden internacional más cooperativo, justo e igualitario, en particular entre hombres y mujeres. Crítica de la guerra de Irak, ha sido un modelo y un ejemplo de liderazgo político, granjeándose una popularidad que la situaba en la línea de posible sucesión del actual primer ministro, Goran Persson. Europa pierde con Lindh una de sus voces más representativas, y todos los países e instituciones europeas han sentido este asesinato como un atentado contra los valores más profundos que fundamentan la integración del continente.

El referéndum sobre el euro se celebrará el próximo domingo a pesar de la tragedia, por decisión de todos los partidos, aunque la campaña quedó suspendida. Su aplazamiento hubiera dejado la agenda política a merced de cualquier violento, ya sea un perturbado aislado o un grupo organizado. La votación se celebrará, con las encuestas anticipando un no al euro, pese a que la élite política y la mayor parte de los partidos y la industria defienden el ; pero sin el voto de la más ferviente y eficaz defensora de la entrada en el euro.

15 Septiembre 2003

Rebelión de los suecos

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

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Con un claro no al euro en el referéndum de ayer, los suecos han protagonizado una rebelión contra su élite política y económica, y contra Europa. La campaña del no, sin líderes ni grandes medios financieros, pero contando con una extraña y variopinta alianza de extrema derecha y extrema izquierda, del campo contra la ciudad, y del voto inmigrante, ha ganado el pulso al establishment representado por los principales partidos y el mundo empresarial. El mortal apuñalamiento de la ministra de Asuntos Exteriores, Anna Lindh, ferviente partidaria de la entrada en el euro, no ha incidido decisivamente en un resultado final que ya habían dibujado los sondeos, lo cual significa que las emociones desatadas por el asesinato han pesado menos que las opciones previas de los ciudadanos, y si acaso han favorecido la masiva participación, todo lo cual es finalmente una demostración de salud democrática.

Puede que no sea un no para siempre, pero sí por un largo tiempo. El Gobierno de Göran Persson, cuya posición queda en entredicho aunque sin recambio, no ha acertado al centrar la campaña en las ventajas económicas de la pertenencia al euro -más inversiones, más exportaciones y reducción en los tipos de interés- en detrimento de la dimensión política de una Unión Monetaria a la que se proponía una integración todavía sin fecha. El imaginario social contrario ha llegado a equiparar la pertenencia al euro con una armonización fiscal a la baja en Europa, menos gasto público y, por tanto, reducciones aún mayores en el Estado de bienestar sueco, uno de los más avanzados del mundo. Llueve sobre mojado, pues la década que lleva Suecia en la UE, donde entró por pura conveniencia más que por convicción, ha coincidido con tales recortes por razones que nada tienen que ver con esta incorporación, sino con la necesidad de hacer frente a una competencia globalizada.

El más satisfecho será Blair. Hace unos meses hubiera preferido el triunfo del  en Suecia, pues hubiera contribuido a cambiar la opinión pública británica, masivamente contraria al euro. Pero, con los problemas internos que le ha causado la guerra de Irak, el proyecto de referéndum británico sobre el euro ha quedado archivado. Y para quedarse fuera, mejor, acompañado de Suecia. Y de Dinamarca, país que ahora también tendrá más difícil el paso a un euro que se hubiera beneficiado de esta masa añadida y de su generalización a toda la UE. El no de Suecia puede acelerar las tendencias hacia una Europa de varias velocidades, con Francia y Alemania en el centro. El triunfo de la rebelión sueca augura más dificultades en la integración europea, especialmente si se generalizan las consultas populares para aprobar la Constitución de la Unión que va a empezar a negociar la Conferencia de Gobiernos en octubre.