12 mayo 1936

Los partidos de la oposición, la CEDA y Renovación Española (Bloque Nacional) negaron su apoyo al presidente, pero no presentaron candidato alternativo

Las Cortes escogen a Manuel Azaña nuevo Jefe de Estado de la II República como reemplazo del defenestrado Niceto Alcalá Zamora

Hechos

El 11.05.1936 Las Cortes escogieron a D. Manuel Azaña nuevo Presidente de la II República

Lecturas

Ante la destitución de D. Niceto Alcalá Zamora como Jefe de Estado de la II República por parte de los partidos políticos del Frente Popular mediante el voto de censura del 7 de abril de 1936, el siguiente paso de la izquierda era situar a su líder, D. Manuel Azaña Díaz (Jefe de Gobierno desde las elecciones febrero) en ese cargo con la votación parlamentaria para elegir a su sustituto.

RESULTADO DE LA VOTACIÓN EN LAS CORTES PARA PRESIDENTE DE LA II REPÚBLICA: 

El 11 de mayo de 1936 D. Manuel Azaña Díaz, líder del partido político Izquierda Republicana, es designado por Las Cortes nuevo Jefe de Estado de la II República en calidad de ‘presidente’, con el respaldo de todos los partidos del Frente Popular. Los diputados de la derecha no propusieron candidato y no participaron en la votación.

La votación de Las Cortes dio el siguiente resultado:

  • azaña_1931 Manuel Azaña Díaz (Izquierda Republicana) – 754 votos.
  • RamonGonzalezPeña Ramón González Peña (PSOE) – 1 voto.
  • largo_caballero Francisco Largo Caballero (PSOE) – 1 voto.
  • lerroux Alejandro Lerroux García (Partido Radical) – 1 voto.
  • Miguel_Primo_Rivera Miguel Primo de Rivera Orbaneja (fallecido) – 1 voto.

Ya tenemos presidente de la República, la jerarquía más estable del Poder ejecutivo, la magistratura más permanente. Con este y con una Camara como la del Frente Popular (…) con cuatro años de vida legal, tenemos todo lo que hace falta para la creación y consolidación del régimen (EL LIBERAL, 12-5-1936)

El titular de EL LIBERAL trasmite una ilusión que a la luz de los hechos suena ingénua. En la parte inferior aparece una foto con el subtítulo “la alegría del pueblo”, con un montón de gente puño en alto. Da la impresión que los de “el pueblo” son únicamente los de izquierdas, que ya tenían la patente de exclusividad demócrata y republicana.

La primera decisión del Sr. Azaña como Jefe de Estado es encargar formar Gobierno a D. Santiago Casares Quiroga, también de Izquierda Republicana, tras negarse D. Indalecio Prieto Tuero.

12 Mayo 1936

Saludo

EL SOL (Director: Paulino Masip)

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La elección presidencial que acaba de efectuarse es testimonio elocuente de que la institución republicana guarda íntegro el tesoro de las libertades públicas y de que la democracia en ejercicio sabe cumplir y cumple su alta misión a conciencia. La soberanía popular ha dado un valor de plebiscito a la elección del jefe del Estado. Es un mandato popular y es una consagración pública.

Concurren en el nuevo Presidente de la República condiciones inapreciables. Tiene talento, capacidad, austeridad. Todo eso lo acreditan una historia política sin claudicaciones y una honesta vida de estudio, de preparación, de modestia sin alardes y de labor sin vanagloria.

Inspira confianza al país.

En estos últimos años, las pasiones políticas se han desencadenado en España con una fiebre que es necesario hacer remitir con urgencia y con una agresividad que es obligado contener a todo trance- Es la gran obra patriótica a realizar de ahora en adelante, poniendo la conveniencia del interés pública por encima de toda la conveniencia partidista si se quiere de verdad que nuestra nación sea el terreno neutral en que convivan todos los españoles, en que todos los ciudadanos disfruten por igual de las libertades constitucionales y que tengamos una democracia auténtica de hecho y de derecho, como corresponde a un país progresivo y civilizado.

¿Lo conseguirá la imparcialidad arriba?

Confiamos en ella Y en ella debe confiar España. Por ese camino le esperan aún grandes días si la suerte quiere serle todavía propicia y acompaña en su gestión, que deseamos fecunda y provechosa, al nuevo Presidente de la República española. En sus manos han quedado en depósito – depósito sagrado – nuestros futuros destinos.

En esta hora por demás solemne recordamos unas frases de Sainte-Beuve. ‘El crítico – decía – cuando se trata de Chatraubriand, no lo es; se limita a recoger las flores del camino y llenar su canastilla; era el oficio en las fiestas antiguas del canéforo, y si se nos permite la imagen, será lo que haremos”.

12 Mayo 1936

Hoy, crisis ministerial

AHORA (Director: Luis Montiel)

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Se ha cumplido en todas sus partes el programa de la elección presidencial. La votación, la solemnidad de la promesa, todo se ha desenlazado con arreglo a las previsiones. España tiene ya su segundo Presidente de la República, y el señor Martínez Barrio, después de una interinidad ejercida con discreción e inteligencia se reintegra en la presidencia de la Cámara. En lo único que fallaron los augures fue en que ayer mismo quedaría planteada la crisis. El nuevo Presidente ha juzgado oportuno dejar que se apaguen los ecos de las ceremonias, meditar una noche con las responsabilidades del elevado cargo y dejar para hoy la tramitación de la crisis ministerial, que a todos se nos alcanza – según hemos dicho reiteradas veces – que no es protocolaria, sino muy esencial para la marcha de España y de la República.

Parece lo más lógico que sea el Frente Popular el que siga asumiendo las funciones de gobierno. Hasta ahora, en el orden parlamentario, es un instrumento que no se ha resquebrajado. Lo único que ha ocurrido es que su cabeza visible ha pasado a ser el primer magistrado del país. La lógica también tiene una existencia indeclinable. Si asumía la jefatura del Gobierno el jefe del partido más numeroso de la burguesía republicana izquierdista, ahora debía asumirla el jefe del otro partido: el señor Martínez Barrio. Esta solución sería la más satisfactoria, porque  el señor Martínez Barrio reúne en estos momentos las condiciones más apetecibles para dar sensación de confianza, de prestigio de la autoridad y de estímulo a la convivencia. Y, sin embargo, pese a la lógica, todo el mundo piensa que esa solución ha de tropezar, si el Jefe del Estado la intenta, con un gravísimo obstáculo: la resistencia del interesado.

A partir de ese momento empiezan las dificultades. ¿Qué personaje de la política republicana burguesa podrá tener el apoyo del Frente Popular sin practicar una política marxista? ¿Qué personaje en esas condiciones y con ese necesario apoyo podrá inspirar la debida confianza a la ciudadanía no inscrita en el Frente Popular? ¿De qué hombres se rodeará para que el Gabinete dá sensación de fortaleza con emancipación de mediatización, practicando una política de sentido nacional, de armonía social y republicana, que tenga a raya todas las violencias y que afirme en cada minuto la conciencia y el vigor del Estado? He ahí el grave y terrible problema de hoy, cuya responsabilidad no debe echarse sólo sobre el primer magistrado, sino que en ella han de recabar parte no pequeña los jefes políticos. Esperemos conocer sus opiniones y hagamos votos por el acierto en el resultado.

12 Mayo 1936

Lo que más urge hacer y lo que se puede ir haciendo al mismo tiempo

EL LIBERAL (Director: Francisco Villanueva)

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Ya tenemos presidente de la República, la jerarquía más estable del Poder ejecutivo, la magistratura más permanente. Con esto y con una Cámara como la del Frente Popular en funciones de Poder legislativo con cuatro años de vida legal, tenemos todo lo que hace falta para la creación y consolidación del régimen.

He terminado el periodo de interinidad.

Está todo por hacer.

Lo más urgente es dar trabajo a los que no lo tienen. Ya están proyectadas obras más importantes para absorber el paro. Y continúan los asentamientos. Estos, lejos de disminuir, aumentarán a medida que vaya habiendo más tierra que repartir. En el agro, como en la ciudad, el Gobierno del Frente Popular procura, con la ocupación, las rentas del trabajo, que son las que más han bajado en estos últimos tiempos… Y de ahí las bajas que se lamentan en las otras.

Es lo más urgente, repetimos. La paz social no se restablece sin que antes se hayan restablecido en cantidad y calidad los jornales del primer bienio. Hay que dar capacidad de consumo al pueblo.

Pero no sólo de pan vive el hombre. Al mismo tiempo que se absorbe el paro repartiendo tierra y promoviendo obras, al mismo tiempo que se crean escuelas y sanatorios y hospitales y todo eso que, como antes hemos dicho, está ‘afortunadamente’ por hacer, urge también y puede ir haciéndose al mismo tiempo lo que reclama España como sociedad organizada en Estado.

Entre lo que está por hacer, no es esto lo menos importante.

En una conferencia que dio en EL Sitio de Bilbao, don Manuel Azaña en abril de 1934:

“La tímida sociedad burguesa parlamentaria del siglo pasado también acertó a crear la dirección normal del pueblo, y ésta es la hora en que una clase social española ha perdido su posición política, en que los restos de la revolución liberal española agonizan, y el pueblo español tiene derecho a preguntarse: ¡De dónde sacó yo los instrumentos de mi dirección y las capacidades para mi gobierno! No hay en España estos cuadros de mando, esta aristocracia mudable, criticable y responsable que una sociedad necesita para existir”.

El hombre de la República que acaba de ascender a la cumbre más alta del régimen hizo en abril de 1934 un gran discurso, que al reproducirlo al 10 de mayo de 1936, en la fecha memorable de elegir jefe del Estado parecía escrito expresamente para estos momentos. Por eso lo copiamos y comentamos, en aprecio a su indiscutible oportunidad.

Cuando se nombra un Gobierno y comparece ante las Cortes se espera con impaciencia o con simple curiosidad su declaración ministerial. Cuando se nombra un jefe de Estado no se hace declaración de ninguna clase. La fórmula protocolaria lo llena todo. Y como se entiende, equivocadamente, sin duda, que los presidentes de República, como los reyes constitucionales, son figuras decorativas, no se les pide nada.

Bien que no se les pida a los reyes, bien que los monarcas constitucionales pueden ejercer sus ‘augustas’ funciones sin capacidad para la dirección y gobernador del Estado en que ‘reinan, pero no gobiernan’. ¡Es la frase con que se los declara a extinguir!…

Pero ni aún en eso pueden parecerse a los reyes los jefes de los estados democráticos constituidos en República. Estos son responsables y aquellos no. Si tienen responsabilidad es porque se les atribuye alguna facultad. Y es indudable que les incumbe la de promover lo necesario para crear esos cuadros de mando que D. Manuel Azaña echaba de menos dos años antes de ser exaltado a la presidencia de la República.

Con el discurso a que nos hemos referido pudiera suplirse perfectamente la ípita de una declaración presidencial no protocolarizada entre ‘las fórmulas establecidas para la proclamación. Y con el programa de gobierno, que es mandato de soberanía está suplido todo lo demás.

¡Cuánto hay en ese discurso que viene como anillo al dedo a la situación actual! Ni una soola consideración que no sea aplicable al caso. Las brindamos todas al Parlamento y a los gobiernos.

El concepto de política y del político; el juicio sobre lo que es y lo que debe ser la democracia; la noción exacta de lo que es el pueblo español y la afirmación categórica de que están en el mismo, sepultadas por los dinastas, cuantas capacidades puedan ser necesarias para gobernarse a sí mismo son nuncio optimista, prometedor y alentador aviso de que el segundo periodo presidencial de la segunda República española, sin llegar a ser presidencial, será fecundo en sugestiones saludables para la obra creadora que tan imperiosamente se reclama.

Más que agonizantes están ya muertos algunos de los restos de la revolución liberal del siglo pasado; pero hay otros que están vivos. Y más que perdida la posición política de la clase dominante en la anterior centuria clase aristocrática y casta sacerdotal – lo que está perdido en la clase misma con su casta, que por sí solas se extinguen en las democracias modernas.

Podemos contar con restos de la revolución liberal del siglo XIX para la reorganización que debe darse al Estado, porque cualquiera que sea la modalidad que adopte subsistirá la libertad política, reforzada por la emancipación económica que conquista el pueblo para darle mayor efectividad.

Con lo que no se puede contar es con la aristocracia, totalmente extinguida, ni con la plutocracia capitalista, intransigente, que enciende la lucha de clases; pero si con esa otra burguesía democrática; sí con esos pequeños burgueses que sólo deben a su esfuerzo personal lo que tienen; con esa democracia agraria que se va creando con el reparto de tierra para que el campesino tenga su hogar en terreno que le sea propio y pueda transmitirlo a los hijos que le ayudaron a fundarlo.

¡Con eso si se puede edificar el nuevo Estado!

El Análisis

LA DERECHA SE DESENTIENDE

JF Lamata

El 11 de mayo de 1936, las Cortes de la II República designaron a D. Manuel Azaña Díaz como nuevo presidente de la República, tras la destitución de D. Niceto Alcalá Zamora el mes anterior. Azaña, líder de Izquierda Republicana y figura prominente del Frente Popular, obtuvo un apoyo abrumador de 754 votos, reflejando la confianza depositada en él por los partidos marxistas, como el PSOE y el PCE. Este respaldo, a pesar de que Azaña no es marxista, muestra la cohesión del Frente Popular frente a la creciente polarización del país. Sin embargo, la ausencia de una oposición organizada, demostrada por la negativa de los partidos de derecha a proponer un candidato alternativo, subraya el profundo desafecto hacia las instituciones republicanas por parte de figuras como José Calvo Sotelo y Gil Robles.

La designación de Azaña como Jefe de Estado se produce en un contexto de radicalización política y social cada vez más acentuada. La derecha, liderada por figuras como Calvo Sotelo y Gil Robles, ha manifestado repetidamente su desconfianza y oposición al régimen republicano, hasta el punto de abstenerse en una votación crucial para la jefatura del Estado. Este vacío de oposición formal no solo evidencia el desprecio de la derecha por el actual gobierno, sino que también acentúa la división del país. Mientras tanto, la izquierda celebra la elección de Azaña como una victoria definitiva, confiando en que su liderazgo y el respaldo de una Cámara dominada por el Frente Popular puedan consolidar el régimen republicano. No obstante, la creciente exclusividad con la que se identifican los ideales republicanos y democráticos con la izquierda, como lo ilustra la prensa afín, presagia un futuro turbulento donde la cohesión social y política se ve cada vez más comprometida.

J. F. Lamata