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Su adicción a las drogas era conocida y había dado pie incluso a parodias y burlas en programas de humor

Las drogas acaban con Amy Winehouse la cántante que se hizo célebre en todo el mundo por su ‘No, no, no’ (Back to black)

HECHOS

El 24.07.2011 se hizo público el fallecimiento de Amy Winehouse.

24 Julio 2011

El huracán autodestructivo del soul

José Fajardo

Amy Winehouse fue encontrada muerta ayer sobre las 17.05 hora española en su casa de Londres, en el barrio de Camden. Como si incluso su muerte hubiese sido diseñada por un perverso guionista, la cantante ha pasado a engrosar la trágica lista de los músicos fallecidos a los 27 años. Jimi Hendrix, Jim Morrison, Janis Joplin, Kurt Cobain… Aunque todavía se necesita tiempo para reflexionar sobre su legado y su impacto real en la industria musical actual, cabe preguntarse, ¿la figura de Amy Winehouse pude realmente compararse a la de aquéllos, gigantes míticos de la música?

La cantante británica ha llevado una vida corta, pero intensa. Pocas veces es tan pertinente el refrán como en su caso. La autora de Back to black, un disco que sacudió el mercado británico en 2006, nació el 14 de septiembre de 1983 en Enfield, un suburbio al norte de Londres. Hija de un conductor de taxi y una farmacéutica de origen judío, desde muy joven desarrolló una sensibilidad especial para la creación artística de forma paralela a una extraña rebeldía, que con la edad tornaría en irrefrenables impulsos autodestructivos. «Siempre ha sido una chica que iba a lo suyo. No es que se portara especialmente mal… Era diferente», confesaba su padre en una entrevista con la edición estadounidense de Rolling Stone en 2007.

Cuando tenía nueve años, sus padres se separaron y la futura estrella pasó a vivir con su madre y su hermano mayor, Alex, en Southgate. A los 12 ingresó en la prestigiosa escuela para jóvenes talentos Sylvia Young Theatre School. Pero para ella ya era más importante armar jaleo y dedicarse a hacer excentricidades (por aquel entonces, ponerse un piercing en la nariz). «Creo que la invitaron a irse, es decir, que la echaron educadamente. Aunque yo no la conocí apenas, sí que recuerdo que siempre estaba metida en líos», ha declarado Tom Fletcher, cantante y guitarrista de la banda británica McFly, que fue compañero de Winehouse en esta escuela.

Por aquellos años Amy Winehouse tuvo su primer contacto con una guitarra, la de su hermano mayor. Pero habría de esperar hasta 2002 para conseguir su primer contrato; sería con Simon Fuller, el influyente creador de la franquicia televisiva Pop Idol. Tras su fichaje por Island Record, el 20 de octubre de 2003 la arisca intérprete grabó su debut, Frank, que fue Disco de Platino en Reino Unido y consiguió varias nominaciones en distintos galardones, incluidos los Premios Mercury.

Este primer disco ya avisaba del tremendo potencial de aquella chica de nariz grande y mirada malhumorada de apenas 20 años. El álbum actualizaba el soul clásico aportando un matiz personal y originales píldoras de humor callejero; anticipaba un nuevo sonido que después imitarían tantas otras cantantes británicas, de Adele a Duffy. «Amy Winehouse añadió sus habilidades jazzísticas al legado de los grandes», decían entonces desde su propia discográfica.

Pero en la vida de la cantante las luces siempre han generado sombras que han acabado por empañarlo todo. Fue en 2003 cuando Winehouse empezó a salir con Blake Fielder-Civil, un problemático joven británico con el que tendría una tortuosa relación, plagada de adicciones compartidas a las drogas, agrias peleas y fogosas reconciliaciones. La prensa empezó entonces a explotar el filón de aquella joven con un vozarrón único y que parecía dominada por una fuerza diabólica, siempre paladeando el éxtasis de la perdición.

«No quiero volver a hacer el mismo rollo de pop jazzero del primer disco. Últimamente he estado escuchando grupos de chicas de los 50 y los 60 y me encanta la simplicidad que transmiten», declaraba la artista justo antes de embarcarse en la grabación de Back to black, la obra por la que pasará a la posteridad. Para este nuevo proyecto Winehouse volvió a contar con el productor Salaam Remi y, esta vez, se unió también a uno de los hombres de éxito del momento, Mark Ronson, colaborador de Lilly Allen, Adele y Daniel Merriweather.

Al margen de las cifras objetivas que ha registrado el disco -se calcula que se han vendido cerca de 15 millones de copias en todo el mundo y además conquistó cinco premios Grammy en 2008, incluyendo el de Mejor Artista, Disco del Año y Mejor Canción, por Rehab-, su influencia en el pop actual ha sido enorme. Su forma de escribir y contar desesperadas historias de amor (no hay que olvidar que Back to black fue parido al calor de la ruptura de la británica con su novio) y su extremada habilidad para mezclar sonidos (pop, soul, blues, jazz) la convierten en una artista única, quizá la mujer más influyente hasta ahora del pop masivo en lo que va de siglo (sin contar a Lady Gaga, claro).

Personalidad controvertida e inexplicable, con un gusto exquisito para algunas cosas (sus filias musicales: Ray Charles, Donny Hathaway, Aretha Franklin; sus incursiones en el mundo de la moda de la mano de Fred Perry) y una visión realmente grotesca para otras. Ahí queda un caleidoscopio de imágenes delirantes: Winehouse en un estado calamitoso jugando con unos ratones recién nacidos en compañía de Pete Doherty, Winehouse esnifando cocaína, Winehouse fumando crack, Winehouse extremadamente delgada por su obsesión anoréxica, Winehouse haciendo el rídiculo sobre el escenario…

No cabe duda que todas estas historias han agrandado la popularidad de la cantante en todo el mundo; sin embargo, el bien que le hayan podido hacer es francamente dudoso. Desde Back is black, la artista anunció en múltiples ocasiones un hipotético tercer disco, que al final nunca llegará. Su penúltima actuación (la última fue el pasado 20 de julio, cuando actuó por sorpresa en el festival iTunes de Londres) en un festival en Serbia en el que fue abucheada por su impresentable aspecto, ahora parece casi una señal que avisaba de su trágico destino.

Mientras su compañero de fechorías Pete Doherty parece cada vez más serenado, apostando por una faceta en solitario de crooner folk, Amy Winehouse se hundió definitivamente durante los últimos compases de su vida en una vorágine demencial. Sus fugaces esfuerzos por rehabilitarse (que paradoja que su canción más emblemática es y será Rehab) siempre han parecido más una farsa ante la opinión pública que una realidad.

Mientras se aclaran las circunstancias de su muerte, Inglaterra y el resto del mundo lloran a una artista que pasó por el siglo XXI como un huracán con poder para destrozarlo todo a su paso, especialemente a sí mismo. Un mártir más de la locura del sexo, drogas y rock & roll. Otro ángel caído a los 27 años.

by BeHappy Co.