10 agosto 1997

El MIRROR adquirió sus derechos en Reino Unido, mientras que ¡HOLA! fue quien lo hizo en España

Las fotos de Diana de Gales con Dodi Al Fayed en unas vacaciones juntos se convierten en las fotos vendidas por un precio más alto por un paparazzi

Hechos

El 10 de agosto de 1997 el MIRROR de Reino Unido publica fotos de Diana Spencer de Gales con Dodi Al Fayed.

Lecturas

Durante el verano de 1997, Diana de Gales era probablemente la mujer más fotografiada del mundo, pero faltaba una imagen: la que demostrase quién ocupaba sentimentalmente su vida después del divorcio. A mediados de julio había pasado unos días en Saint-Tropez con sus hijos como invitada de Mohamed Al Fayed; allí coincidió con su hijo Dodi, productor cinematográfico de 42 años. Después volvieron a verse y, entre el 1 y el 6 de agosto, realizaron juntos un crucero por el Mediterráneo francés e italiano a bordo del Jonikal, el enorme yate de la familia Al Fayed. El 4 de agosto, frente a las costas de Cerdeña, el fotógrafo italiano Mario Brenna consiguió lo que buscaba toda la prensa del corazón: Diana, en bañador, abrazándose y besándose con Dodi. La investigación policial británica posterior fijaría precisamente en ese día la realización de la célebre fotografía.

Brenna no era entonces uno de los grandes nombres de los paparazzi británicos. Tenía unos cuarenta años, vivía en Mónaco y se movía entre la fotografía de moda —había trabajado para Versace— y la alta sociedad mediterránea. Según su propia versión, se encontraba trabajando en Cerdeña, divisó el Jonikal y descubrió por casualidad quién viajaba en él. Con un potente teleobjetivo fotografió desde gran distancia a Diana y Dodi descansando, bañándose, abrazándose y finalmente besándose. Décadas después seguiría negando tajantemente que Mohamed Al Fayed lo hubiese contratado o informado de dónde estaba la pareja, calificando esa versión de «completamente inventada».

Pero sobre ese punto permanece una nube imposible de despejar. La extraordinaria oportunidad de Brenna alimentó desde muy pronto las sospechas de que alguien le había indicado dónde debía buscar. Una teoría posterior atribuyó la filtración al propio Mohamed Al Fayed, interesado en convertir públicamente a su hijo en pareja de la mujer más famosa del planeta; otra, recogida por la biógrafa Tina Brown, sostuvo justamente lo contrario: que pudo ser la propia Diana quien facilitara indirectamente que fuese localizada, quizá como parte de su compleja utilización de la prensa y de su ruptura con Hasnat Khan. Ninguna de esas hipótesis quedó demostrada. Lo seguro es únicamente quién hizo las fotografías y dónde y cuándo las hizo.

El verdadero golpe de Brenna llegó al revelar los negativos. Contactó con el fotógrafo y agente británico Jason Fraser, que se encargó de subastar los derechos. Media docena de periódicos británicos pujaron por ellos y el Sunday Mirror ganó la batalla: pagó alrededor de 250.000 libras sólo por la exclusiva británica, pese a que el Mail on Sunday intentó posteriormente mejorar la oferta. Fraser mantuvo el acuerdo alcanzado. Los derechos franceses quedaron en manos del conocido fotógrafo-agente Daniel Angeli, mientras otros territorios se negociaban separadamente.

El domingo 10 de agosto de 1997, el Sunday Mirror convirtió el beso en su portada bajo un titular que no necesitaba explicación: «THE KISS». Dedicó ocho páginas al romance y aumentó su tirada en unas 200.000 copias. Al frente del periódico estaba entonces Bridget Rowe, que aquel año había regresado a la dirección del Sunday Mirror; David Banks, antiguo director del Daily Mirror, actuaba como consultant editor y fue uno de los portavoces públicos de la operación, defendiendo las imágenes como fotografías felices de dos adultos solteros. Por encima se encontraba David Montgomery, consejero delegado y hombre fuerte de Mirror Group, sociedad cotizada que desde la caída del imperio Maxwell ya no tenía un propietario individual comparable a Robert Maxwell o Rupert Murdoch.

Las 250.000 libras del Mirror eran sólo una fracción del premio. Brenna había obtenido un producto que podía venderse territorio por territorio: periódicos y revistas de Francia, Alemania, Estados Unidos, Australia y numerosos países compitieron por reproducir la colección. Las estimaciones contemporáneas hablaban ya de varios millones de libras potenciales por la explotación mundial. Las cifras posteriores varían enormemente —se han citado desde aproximadamente 1,7 millones de libras hasta unos cinco millones de dólares—, por lo que no conviene fijar como indiscutible una cantidad final. Lo indiscutible es que fue considerada una de las exclusivas fotográficas más lucrativas de la historia de los paparazzi. Brenna rechazó entonces como exageradas algunas de las cifras astronómicas publicadas sobre sus ingresos.

En España la batalla tenía exactamente la misma lógica. ¡Hola!, dirigida por Eduardo Sánchez Junco, adquirió las imágenes para su público español: el mismo instante capturado una sola vez frente a Cerdeña podía ser vendido sucesivamente en Londres, París, Madrid, Nueva York o Berlín. Ésa era la extraordinaria economía del paparazzi internacional de los noventa: Brenna sólo tuvo que conseguir el beso una vez; el planeta entero tuvo que pagar para verlo.

Y la fotografía cambió inmediatamente el valor comercial de la pareja. Hasta entonces Diana era una presa fotográfica excepcional; desde el 10 de agosto, Diana y Dodi juntos eran un producto todavía más caro. La propia investigación Operation Paget concluiría años después que la aparición de la fotografía y, especialmente, las cantidades que se decía que Brenna había obtenido por ella concentraron la atención de los paparazzi sobre ambos. Tres semanas después, cuando Diana y Dodi llegaron a París al término de otro crucero en el Jonikal, ya no había que explicar a ningún fotógrafo del mundo cuánto podía valer una imagen de aquella pareja.

El Análisis

¿Una fotografía mortal?

JF Lamata

Sería injusto decir que Mario Brenna mató a Diana porque consiguió una fotografía el 4 de agosto. Pero sí cabe preguntarse si The Kiss cambió las reglas económicas de la persecución de Diana. Hasta entonces una buena fotografía de Lady Di podía valer mucho dinero. Desde aquel momento, una buena fotografía de Lady Di con Dodi podía hacer millonario a quien apretase el disparador. Brenna había demostrado que el premio existía. Y en cualquier mercado ocurre lo mismo cuando alguien descubre oro: inmediatamente aparecen cientos de buscadores con sus picos y sus palas. De hecho, las reconstrucciones posteriores del accidente han señalado expresamente que las enormes cantidades atribuidas a las fotografías de Brenna ayudaron a concentrar sobre la pareja una atención fotográfica extraordinaria.

Por eso quizá no fueron unas fotografías mortales, pero sí pudieron ser unas fotografías que hicieron más peligrosa la vida de sus protagonistas. La madrugada del 31 de agosto, cuando el Mercedes de Diana y Dodi salió del Ritz de París, había fotógrafos esperando fuera y varios emprendieron la persecución. Eso no permite reducir la tragedia a «los paparazzi mataron a Diana»: las investigaciones posteriores establecieron otros factores decisivos y el jurado británico de 2008 atribuyó la muerte a la conducción gravemente negligente de Henri Paul y de los vehículos de los paparazzi que seguían al Mercedes, señalando además la ausencia de cinturones de seguridad como factor contribuyente. Pero la persecución existió. Y también existía el incentivo económico que la alimentaba. Apenas veintisiete días antes, Mario Brenna había demostrado cuánto podía valer conseguir la imagen adecuada. Tal vez “The Kiss” no fuese la fotografía que mató a Diana y Dodi; fue algo más inquietante: la fotografía que enseñó a todos los paparazzi del mundo cuánto dinero podía ganarse persiguiéndolos.

JF