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Las monjas españolas Esther Paniagua Alonso y María Caridad Álvarez Martín asesinados por islámicos integristas en Argelia

HECHOS

El crimen se conoció el 24 de octubre de 1994.

25 Octubre 1994

Muerte en Argelia

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

EL ASESINATO de dos monjas españolas, Esther Paniagua Alonso y María Caridad Álvarez Martín, no es un crimen más de los muchos que cometen a diario los integristas argelinos. Es más repulsivo si cabe. Las víctimas dedicaban su vida a trabajar en el hospital Maillot, en el barrio popular de Bab el Oued, para aliviar los sufrimientos de la población árabe más pobre. No existe ninguna relación entre los objetivos que dicen defender los terroristas del fundamentalismo islámico y el asesinato de cientos de extranjeros. Pero en este casó es aún más absurda la elección de las víctimas. Es un acto de- castigo a los pobres del barrio de Bab el Oued por parte de algunos que quizás nacieron en su seno. Es un acto más en el proceso de autodestrucción en el que parecen sumidos algunos sectores del pueblo argelino.Gracias. a una fuerte presión internacional, el Gobierno argelino se decidió hace semanas a poner en libertad a los dos principales líderes del Frente Islámico de Salvación (FIS), con la idea de posibilitar la apertura de una negociación seria y salir del infierno en que actualmente vive Argelia. Sin embargo, al margen de unas posibles negociaciones de las que en todo caso no se sabe nada, lo único evidente es que los grupos armados integristas más radicales siguen cometiendo crímenes para fomentar las posiciones irreconciliables. Parecen querer demostrar que están dispuestos a seguir matando sin tener en cuenta ningún límite.

En estas condiciones, y en el periodo caótico que está viviendo Argelia, es evidente que para los extranjeros que residen en ese país la única actitud sensata es abandonarlo. Sólo en casos de una necesidad perentoria puede explicarse la permanencia en dicho país. En todos los demás, y por elevadas que sean las razones que empujan a muchos a preferir arriesgarse, la partida se impone hoy como algo imperativo y urgente. Por grande que sea la solidaridad y el apego, la presencia en las actuales circunstancias no ayuda tanto a Argelia como perjudican a la estabilidad las, muertes de los allí residentes.

Cuando cambien las cosas, esperamos que pronto y esperamos que hacia una situación estable que sólo puede nacer de la negociación entre las fuerzas de buena fe, con el aislamiento de los criminales, se dibujará otro futuro en Argelia. En ese marco se darán, sin duda, las condiciones para poder vivir en ese país en el que tantas familias españolas tienen recuerdos y raíces profundas. El Gobierno español ha exigido con razón una investigación estricta de los asesinatos de las dos monjas. Pero nadie se hace ilusiones. El terrorismo está causando unas 200 muertes por semana.

Lo que Argelia necesita es un cambio político profundo, que se imponga el clima y la práctica del diálogo. Con la liberación de los jefes del FIS parecía que esa perspectiva se podría acercar. Los hechos demuestran que poderosos grupos del terrorismo integrista siguen actuando, bien por decisión independiente, bien porque el FIS no está en condiciones, o no quiere, de impulsar un cambio que ponga fin a la lucha armada. Y hasta ahora no ha sido posible encarrilar una mínima convergencia entre las fuerzas políticas que se oponen a la violencia y que, en teoría, apoyan el diálogo con los islamistas. El asesinato de estas dos monjas españolas parece todo un símbolo de la terrible ceremonia de automutilación que engulle a Argelia.

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