11 octubre 1994

Los diputados diseccionan la gestión de Banesto en el periodo 1987-1993

Los dos últimos consejeros delegados de Banesto, Enrique Lasarte y Belloso, presentan versiones contrapuestas en la Comisión Banesto del Congreso

Los dos últimos consejeros delegados de Banesto, Enrique Lasarte y Belloso, presentan versiones contrapuestas en la Comisión Banesto del Congreso

Hechos

El 11 de octubre de 1994, los antiguos consejeros delegados del Banco Español de Crédito (Banesto), Juan Belloso Garrido y Enrique Lasarte Pérez-Arregui, así como el exvicepresidente Arturo Romaní Biescas.

Lecturas

El 11 de octubre de 1994, los antiguos consejeros delegados del Banco Español de Crédito (Banesto), Juan Belloso Garrido y Enrique Lasarte Pérez-Arregui, comparecen ante la Comisión de Estudio sobre la Intervención de Banesto del Congreso de los Diputados, presidida por el socialista Juan Muñoz García. Ambos habían ocupado sucesivamente la segunda posición ejecutiva de la entidad durante la presidencia de Mario Conde Conde: Belloso, incorporado al equipo de Conde en 1987 y considerado por la prensa un profesional próximo al PSOE, abandona sus funciones ejecutivas a finales de 1992, mientras que Lasarte, antiguo compañero universitario y hombre de confianza del presidente, asume el cargo el 1 de enero de 1993 y permanece en él hasta la intervención del Banco de España del 28 de diciembre de ese año. Sus declaraciones ponen de manifiesto importantes diferencias a la hora de interpretar las competencias de sus cargos, las responsabilidades de la dirección y la naturaleza de las operaciones financieras realizadas con el Grupo Oasis, presidido por Pedro Pueyo.

Juan Belloso defiende que su posición como consejero delegado no le proporciona las facultades que normalmente corresponden a ese cargo en la banca española. Aunque formalmente ostenta el título durante sus últimos meses como ejecutivo, asegura que nunca recibe una delegación completa de poderes del consejo de administración, circunstancia que presenta como una de las razones de su dimisión. Sostiene que determinadas decisiones estratégicas corresponden directamente a Mario Conde y a los órganos superiores de Banesto, y que la organización bancaria se limita en ocasiones a ejecutar operaciones de financiación derivadas de aquellas decisiones. Sin embargo, reconoce irregularidades en la relación con Oasis y admite que el compromiso de recompra del 1,5 % del capital de Banesto en poder de Pedro Pueyo constituye autocartera. Explica que se pacta un precio de 5.100 pesetas por acción y un plazo de dos años para evitar que la venta inmediata de los títulos provoque dificultades en Bolsa. Belloso distingue entre la conveniencia económica que pudo tener el aplazamiento y la irregularidad de la fórmula utilizada. También señala que buena parte de las necesidades de provisiones del banco proceden de las empresas vinculadas a su Corporación Industrial y Financiera, y cuestiona los cambios de criterio del Banco de España entre las inspecciones de 1992 y 1993.

Enrique Lasarte ofrece una interpretación diferente. Afirma que el consejero delegado dispone de facultades importantes y expresamente conferidas, aunque señala que prefiere someter las decisiones relevantes a la comisión ejecutiva y mantener informado al presidente. Al ser preguntado por las atribuciones de Belloso, responde que supone que ambos tenían las mismas. Respecto al Grupo Oasis, rechaza que las operaciones deban calificarse automáticamente como autocartera y asegura que no tiene constancia documental de los compromisos de recompra denunciados por otros comparecientes. Sostiene que los acuerdos que se investigan son anteriores a su nombramiento como consejero delegado y que, desde la intervención, carece de acceso a los archivos necesarios para comprobarlos. También defiende la gestión de operaciones vinculadas a Dorna e Infosa, cuestiona las explicaciones ofrecidas días antes por el directivo Javier Abad Hernando y rechaza la interpretación del Banco de España sobre las distintas propuestas de saneamiento presentadas en diciembre de 1993. Las diferencias entre Belloso y Lasarte resultan especialmente llamativas porque no proceden de dos observadores externos, sino de quienes habían ocupado sucesivamente uno de los puestos de mayor responsabilidad en la misma entidad.

La jornada incluye igualmente la comparecencia de Arturo Romaní Biescas, exvicepresidente de Banesto y antiguo responsable de la Corporación Industrial de Banesto.

Las principales contradicciones

Asunto Juan Belloso Garrido Enrique Lasarte Pérez-Arregui
Poderes del consejero delegado Afirma que no recibió todos los poderes que correspondían al cargo. Sostiene que tenía facultades expresas y que suponía que Belloso había dispuesto de las mismas.
Operación Oasis Reconoce un compromiso de recompra sobre el 1,5 % de las acciones de Banesto. Asegura no haber visto ese compromiso y no poder comprobarlo documentalmente.
Autocartera Considera que el compromiso de recompra constituye autocartera irregular. Rechaza que la relación con Oasis deba calificarse como autocartera encubierta.
Responsabilidad por las operaciones Subraya el poder decisorio de Conde y de los órganos superiores. Defiende la actuación de la dirección y sostiene que numerosas operaciones son anteriores a su nombramiento.
Banco de España Critica la modificación de los criterios de supervisión entre 1992 y 1993. Cuestiona las conclusiones de la inspección y defiende la coherencia del plan de saneamiento.

 

Ernesto Ekaizer

12 Octubre 1994

Banesto de guardia

Ernesto Ekaizer

Leer
En lo que podría ser uno de esos juicios televisados que ahora están de moda en Estados Unidos, o un programa español de la pequeña pantalla, las maratonianas declaraciones de Juan Belloso, Enrique Lasarte y Arturo Romaní reafirmaron ayer, cada uno en su terreno, sus respectivas actuaciones en los puestos de mando y la comisión ejecutiva de Banesto entre 1988 y 1993. Juan Belloso reiteró -lo explicó por primera vez en su carta al gobernador del Banco de España, Luis Ángel Rojo, del 1 de febrero de 1994- que la mayor parte de las insolvencias exigidas por el banco emisor se concentraron en empresas de la Corporación Industrial y Financiera, que resultó ser para Banesto un glotón de créditos. Mientras, Arturo Romaní ilustró, por su cuenta, esta teoría: “La Corporación se convirtió en un emparedado entre el banco y las empresas. Banesto quería dividendos, y las empresas necesitaban recursos para ampliar capital…”.
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Por lo que se refiere a Lasarte, éste insistió en su papel de hombre bueno entre Banesto y el Banco de España a la hora de facilitar datos e informaciones sobre asuntos que hasta su llegada habían sido considerados tabú: grupo Pueyo-Oasis, Dorna, Hachuel et al.
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Belloso explotó las contradicciones del Banco de España en el caso Banesto, esto es, las marchas y contramarchas a lo largo de los últimos tres años. Apuntó que las mayores provisiones propuestas suponían un cambio de criterio en 1993 respecto a 1992, cuando las exigencias para cubrir préstamos fueron considerablemente menores y se concedió a Banesto un plazo de dos años para hacer los ajustes pactados. Vino a decir, pues, que con Miguel Martín como director general de la inspección se vivía mejor y que su sucesor, José Pérez, dio un tratamiento más duro a Lasarte un año después. Fue Belloso quien al dejar Banesto escribió a finales de 1992 que el banco emisor nunca había exigido a Banesto más que a los otros bancos.
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Romaní, como responsable de la Corporación Industrial, se presentó en plan víctima de las dilaciones del Gobierno en la concesión de los beneficios fiscales solicitados en 1989 y de la guerra del Golfo. “La Corporación”, dijo, “se transformó en una entidad financiera, dedicada a la venta de empresas. Yo no era un vendedor de empresas, y en cierto momento pensé que debía abandonar mi cargo…”.
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Lasarte accedió al puesto de consejero delegado en 1993, tras ser consejero desde 1987. Por tanto no tenía obligación de responder por todo. Pero fue solidario con sus compañeros con una excepción: puso en tela de juicio la credibilidad del director del Área Internacional y Corporativa, Javier Abad, quien explicó hace pocos días a la comisión, con lujo de detalles, las relaciones entre Banesto y Oasis. Su ajuste de cuentas con Abad no es nuevo ya que se inició en 1993. Lasarte defendió operaciones que él no urdió: Dorna, Oil Dor, Oasis y otras. Quizá por olvido o desconocimiento dijo que el pacto de opción de recompra del 1,5 % de Banesto en poder de Oasis no había sido ejercido.
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Sí lo fue. Banesto recompró y vendió otra vez a Oasis el 1,5 %. Se ideó una ingeniería financiera para disfrazar las pérdidas por diferencia de cotización de los títulos de Banesto entre 1990 y finales de 1991 (compra del 50 % de la sociedad Kerino, propietaria de dos aviones Airbus, por el doble de su valor).
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Belloso admitió “ribetes de irregularidades” en Oasis, recordó la colocación de un 5 % de la Corporación en Dresdner Bank con pacto de recompra: “No hay disculpa”. Los tres, eso sí, fueron víctimas. De la crisis económica, de las participaciones industriales y … del cambio de criterio del Banco de España. Difícilmente podían haber dicho otra cosa.

El Análisis

Dos consejeros delegados, dos maneras de explicar Banesto

JF Lamata

Resulta difícil encontrar una demostración más expresiva de las contradicciones internas de Banesto que escuchar, en una misma jornada, a los dos hombres que habían ocupado sucesivamente su consejería delegada. Para Juan Belloso, el cargo carecía de buena parte de los poderes que normalmente se le atribuían; para Enrique Lasarte, las competencias estaban claramente establecidas. Para el primero, el compromiso de recompra de acciones a Oasis constituía autocartera irregular; para el segundo, no había constancia suficiente para sostener semejante conclusión. Es posible que algunas discrepancias respondan a diferencias de conocimiento, de fechas o de interpretación jurídica, pero tampoco puede ignorarse que cada compareciente tiene su propia posición ante las investigaciones abiertas tras la intervención. Belloso había abandonado las funciones ejecutivas un año antes del hundimiento, mientras que Lasarte había permanecido hasta el último día. Además, el primero parece más dispuesto a reconocer determinadas irregularidades, mientras que el segundo mantiene una defensa más amplia de las decisiones de la antigua dirección. No sería extraño que sus distintas exposiciones estuvieran condicionadas por la necesidad de justificar su propia trayectoria y delimitar sus responsabilidades.

Quizá  la diferencia influye en cuál de los dos tiene un futuro más vinculado con un banquillo de los acusados, por lo que sus estrategias de defensa son diferentes. Lasarte tiene motivos para proteger las decisiones adoptadas durante 1993; Belloso, para explicar por qué se marchó y por qué determinadas operaciones no dependían enteramente de él. Al final uno acabará en el juicio junto a Mario Conde y otro quedará al margen de´el.

JF