15 julio 1937

Las tropas del General Queipo de Llano acaban con la Brigada del Amanecer

Los franquistas ejecutan a Agapito García Atadell, miliciano del Frente Popular, acusado de crímenes y saqueos

Hechos

El 15.07.1937 fue ejecutado Agapito García Atadell, dentro del transcurso de la Guerra Civil española.

Lecturas

16 Julio 1937

CARTA A INDALECIO PRIETO

Agapito García Atadell

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Don Indalecio Prieto y Tuero. Madrid.

Amigo Prieto. Ya no soy socialista; muero siendo católico. ¿Qué quiere que yo le diga?

Si muriese socialista y así lo afirmase antes, a lo mejor esto, a usted y a mis antiguos camaradas les sentaría mal y tomarían represalias por ello.

Pero yo, comprendiendo el mal que hice no quiero acordarme de ello y me encomiendo a Dios. Hoy, que nada me une a ustedes, así se lo digo.

Usted, Prieto, antiguo amigo y antiguo camarada, piense que aún es tiempo de rectificar su conducta. Tiene corazón y ese es el primer paso que Dios concede a los que vuelven a Él.

Rezaré por usted y pediré al Altísimo su conversión.

Suyo afectísimo.

Agapito García Atadell

02 Julio 1937

La justicia en la España Nacional

ABC de Sevilla

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Ante el consejo de guerra, en juicio suarísimo se vio ayer el proceso seguido contra el siniestro socialista García Atadell y sus cómplices por los delitos cometidos al frente de sus bandas en Madrid.

Mil veces se ha descrito ya en la prensa el horror de las jornadas que siguieron al 18 de julio en Madrid. EL monstruoso terror que se abatió sobre la indefensa ciudad fue iniciado y mantenido, principalmente, por aquellas cuadrillas policiacas, creadas por el marxismo y por el anarcosindicalismo, y sacadas por ambos partidos políticos de sus fondos más bajos.

El 25 de julio estos forajidos con una embrionaria organización eran dueños de todo. Los perseguidos que lograban escapar de sus garras iban a refugiarse en la Dirección General de Seguridad, donde pedían que se les detuviera; y los mismos policías acobardados, sintiéndose odiados por sus jefes y por el Gobierno, los felicitaban en voz baja. “Ha tenido usted suerte… aquí, por lo pronto, no perderá el pellejo”.

Al correr de aquellos días alucinantes hubo un cambio en la manera de actuar de aquellos criminales. Las partidas sueltas, las brigadillas se concentraban y surgieron verdaderas escuadras, bien armadas, con edificios propios, automóviles, dinero y la benevolencia de las mismas autoridades. Operaban con las primeras sombras de la noche o en la alta madrugada y sus razzias eran siempre fructíferas. El automóvil de turismo, con el piquete ejecutor, iba seguido siempre de la camioneta para cargar el producto del robo.

¡A qué grado de vileza y de crueldad llegarían la Escuadrilla del Amanecer y la brigrada de Los Linces de la República para alcanzar la fama y la celebridad en aquel caos teñido de sangre! Todas fueron superadas en el rumor público, por la brigada de García Atadell, establecida en la Castellana. No hay idea del espanto que ese nombre producía en Madrid. Cuando los coches de la brigada – llevaban todos el fatídico letrero, en esmalte blanco, sobre los capots – cruzaban las calles de la ciudad, las piernas de los viandantes temblaban y sus rostros palidecían intensamente. Uno de aquellos automóviles parado frente ante un portal, en las sombras de la noche, era un signo de muerte próxima.

La brigada dirigida por García Atadell actuó en Madrid desde los primeros días de agosto hasta los primeros días de noviembre. Consta en el sumario, por declaraciones de diversos testigos, que García Atadell figuraba en el Tribunal de la Tcheka de Bellas Artes; que su decisión era inapelable, cuando se trataba de fusilar o libertar a cualquiera de los detenidos por la brigada que él dirigía; que se pueden caucular en 2.000 los fusilamientos que la brigada realizó, que al mismo tiempo se incautaban los que figuraban en ella, de dinero, alhajas, títulos de la deuda, etcétera, encontrados en las casas objeto de la requisa o el saqueo; que la influencia de García Atadell era tal en Madrid que hasta los diplomáticos extranjeros le visitaban para pedirle la libertad de algunos detenidos…

García Atadell tuvo que huir de Madrid, perseguido por la FAI y por el partido comunista. Tuvo parte en este suceso un asunto tenebroso que saltó a las columnas de la prensa y en el que figuraba el rapto de una señorita que vivía en la calle de Goya, y García atadell descubrió el paradero de la muchachada. Por esto, y porque los comunistas querían participar en las rapiñas de la brigada de Atadell, y éste no lo consentía, sobrevino su huída.

Consta también en el sumario, por declaraciones de varios testigos, que los milicianos y policías que figuraban en la brigada se mostraban indignadísimo por la huída de su jefe Atadell y decían que éste se había llevado de Madrid unos 25 millones de pesetas.

García Atadell, acompañado de Penabad que figuraba en la brigada, y de un tal Ortuño, se dirigió a Santa Pola, arregló en Alicante, en el Consulado cubano, su pasaporte y el de sus compañeros, embarcaron en el 25 de mayo hasta Marsella, y de allí se dirigieron a Saint Nazaire, tomando pasaje en el buque del a Transatlántica de francesa Mexique. García Atadaell y Penabad iban acompañados de sus respectivas mujeres.

El tercer procesado, Ricord y Vivó, aparece en este momento y se pone al napra con las autoridades, de La Coruña para decirles que en el buque Mexique, donde viajan, hay varias personas sospechosas, entre ellas un procurador llamado Elisalde y un periodista apellidado Rafart, que llevan una misión reservada del Gobierno rojo a Cuba y México, respectivamente. Cuando el barco toca en Las Palmas, las autoridades de la ciudad tienen aviso cablegráfico de que en el buque viaja gente sospechosa y que deben proceder a la detención de aquellas que señale, Ricord y Vivó, que va a bordo.

En el sumario se hace historia de todos los incidentes habidos hasta la detención de Agapito García Atadell y Pedro Penabad, así como de la vida que ambos hacían a bordo del Mexique; vida fastuosa, con frecuentes convites y fiestas.

Constitución del Tribunal. La concurrencia.

A las diez en punto de la mañana, y en una de las salas de la Audiencia Territorial, se constituyó el Consejo de Guerra.

Actuó como fiscal el de la División Jurídicomilitar, y como defensor, el designado previamente. Fue relator el juez de la causa.

Cuando se dio la voz de audiencia pública, por el presidente, penetraron en la sala numerosos jefes y oficiales del Ejército, que tomaron asiento en los estrados; bastantes señoras y mucho público, en general, que llenó por completo el local, demostrándose de ese modo la gran expectación producida por este Consejo de Guerra.

Los procesados.

Constituido el Tribunal, su presidente preguntó al juez de la causa si los procesados deseaban asistir a la vida. Contestada la pregunta afirmativamente, fueron introducidos en la sala los procesados deseaban asistir a la vista. Contestada la pregunta afirmativamente, fueron introducidos en la sala los procesados Agapito García Atadell, Pedro Penabad Rodríguez y Ernesto de Ricord y Vivó. En la concurrencia se produjo un movimiento de gran curiosidad. Entraron apareados en la misma, García Atadell y Penabad y conducido por un guardia civil el Ricord y Vivó.

García Atadell es hombre de treinta y cuatro años, alto, de buena complexión. Viste pulcramente. Lleva los ojos ocultos tras los gruesos cristales de unas gafas con montura negra, de concha, y en su rostro, algo pálido, hay un gesto agrio, cuando penetra en la sala.

Penabad es joven, con el pelo rizado. Viste un traje gris.

Ricord y Vivo es un tipo vulgarísimo, viste pobremente y su rostro es poco simpático. Representa unos veinticinco años.

Los tres procesados escuchan la lectura del largo apuntamiento, inmóviles.

El apuntamiento. Numerosas declaraciones.

La causa comienza en Santa Cruz de Tenerife, después de ser detenidos a bordo del vapor Mexique, en el puerto de Las Palmas, los tres procesados y otros pasajeros del buque, para los que fué sobreseído el procedimiento.

García Atadell declaró ante la Jefatura de Policía de Santa Cruz de Tenerife que tenía 34 años de edad, era natural de Vivero, de oficio tipógrafo, y vivía en Madrid en la calle Bravo Murillo. Cuando surgió el movimiento del 18 de julio era auxiliar en las oficinas del partido socialista, y como Galarza quisiera reorganizar la Polcía, fue escogido para figurar en ella y agregado a una brigada compuesta por 48 hombres que tenían su domicilio en la antigua casa de los condes del Rincón en la Castellana, esquina a la calle de la Ese. Da los nombres de los principales miembros de la mencionada brigada que en su mayoría eran tipógrafos, porteros y chóferes, habiendo también un ebanista y un viajante de comercio.

En la misma brigada figuraba el señor Fernández Matos, que había sido director de Seguridad.

Esta brigada formaba una especie de Comisión de Control de la Policía y había un Tribunal sentenciador, presidido por el inspector de Policía Sr. Lino.

García Atadell agrega que, según calcula, esta brigada practicaría unas ochocientas detenciones mientras él tuvo intervención en ella; que el presidente del Tribunal sentenciador tenía voto de calidad; que había un pelotón de ejecución del que formaban entre otros Pedrero, Alviar y Barba, que disparaban sobre los detenidos, matándolos, en la Ciudad Universitaria, dejándolos en el campo hasta que venían a recoger los cadáveres las camillas de las ambulancias; y que recuerda los nombres de algunos de los fusilados como los señores Cumella, Duque, los hermanos Miralles, Pardo, Valcárcer, Cifuentes y Monedero, así como madame Balhier, a quien mandó fusilar el propio Galarza.

Continúa diciendo que fue sorprendida una reunión de elementos fascistas en el domicilio del hijo de Barriobero, y todos los concurrentes fueron fusilados. Recuerda, así mismo, que fueron detendios el padre Gafo, el diputado Fernández Heredia, el secretario particular de don Alejandro Lerroux, Sánchez Fúster, el redactor jefe del periódico La Nación, la duquesa de Lerma, etcétera.

Asegura que la condesa de Arcentales no fue conducida a la cárcel, sino a una Embajada; y la duquesa de Lerma sacada de una prisión donde la tenían los elementos de la FAI, y añade que salvó la vida a un familiar del exministro Montes Jovellar.

Dice también que Galarza le ordenó un registro en los domicilios de dos jueces de Instrucción, uno de ellos hermano del director de un periódico de Zamora que había atacado a Galarza, recomendándoles que fuesen al registro sin placas ni carnets de policías.

Desde luego niega que él detuviese al señor Peñalva, y afirma que fueron los comunistas los que le mataron, así como a todos los individuos de su familia; confirma que hizo registro en el domicilio del ex ministro señor Callejo; en la casa del señor Soto Reguera y en la tienda de un joyero, pero, en su descargo, manifiesta que levantó acta de todo lo encontrado y lo llevó a la Dirección General de Seguridad.

Continúa su declaración y explica sus relaciones con los galleguistas Castelao, Suárez Picallo y Penabad, que tenían sus oficinas en la Gran Vía, encima del bar Chicote, y que obedecían las órdenes de Casares Quiroga, presidente honorario de las milicias gallegas.

Refiriéndose a su huída de Madrid, dice que un día del mes de noviembre comentó con Penabad la crítica situación de la ciudad y su posible caída en manos del Ejército nacional. Entonces concibió la idea de huir, y pidió a Negrín, que era ministro de Hacienda, la autorización para sacar 35.000 pesetas, lo que consiguió en seguida, llevándose también algunas alhajas.

Su viaje a Santa Pola y Alicante lo justificó para la requisa de unos chalets con destino a la Colonia Infantil formada por los hijos de los policías.

En esta declaración dice asimismo que el Tribunal de la brigada a la que él pertenecía no tenía nada que ver con el Tribunal Popular. Este se creó a raíz del incendio, no sabe si fingido o real de la Cárcel Modelo. Este Tribunal lo formaban un representante de cada uno de los partidos que figuraban en el Frente Popular, y como presidente un magistrado. El Gobierno creyó que de este modo se podían atajar los asesinatos que habían sido perpetrados en la misma cárcel con la muerte de Melquiades Álvarez, Martínez de Velasco, Albiñana y Muchos más de los prisioneros.

Asegura en esta declaración, también, que nadie puede acusarle de haber intervenido en fusilamientos, aunque es posible que los individuos de la brigada hubieran perpetrado robos.

Justifica el dinero que se le encontró diciendo que poseía 40.000 pesetas en el Banco Hispan Americano y que tenía 850 pesetas como sueldo dentro del Partido Socialista. Quien vendió unos brillantes en 80.000 pesetas fue su compañero Ortuño.

Hay una tercera declaración de García Atadell, donde reconoce que hizo muchísimos registros, pero que de detenciones sólo recordaba la de los señores Viño, Bahía, Lerma, Brujo y Fernández Ramírez, y tiene empeño en hacer constar que celebró varias entrevistas con el magistrado señor Elola, a quien vio muy entusiasta del Frente Popular.

Seguidamente da cuenta de la organización de las brigadas y escuadrillas, así como de la Policía. Dice que en Madrid había una brigada que se llamaba ‘La escuadrilla del amanecer’, formada por los comunistas, otra denominada ‘Los Linces de la República’, que tenía una tendencia anarcosindicalista, y otra de Investigación pública, a la que él pertenecía, y que era oficial, porque estaba formada por policías y dirigida por el inspector señor Lino. La dirección de las brigadas incontrolables la llevaba un Comité, establecido en la calle de Fomento, que estaba formado por anarcosindicalistas y presidido por un individuo llamado Manzano. Este Comité fusilaba sin piedad y las autoridades no podían hacer nada.

Esta declaración la termina García Atadell dando cuenta de su detención a bordo del Mexique, por haber sido identificado por el periodista Rafael Rafat que iba a bordo y que fue detenido y conducido a tierra por denuncias de Ricord y Vivó.

Según testimonio que consta en el sumario la brigada García Atadell estaba formada por individuos de la FAI y que fue la que hizo más requisas y saqueos y ejecutó más fusilamientos de cuantas bgiradas había en Madrid.

Asimismo se dice en él que García Atadell presidía la Tcheca de Bellas Artes, ante la cual fue llevado el marqués de Benalúa, para ser fusilado después, y asegura que la Prensa francesa elevó a dos mil el número de fusilamientos decretados por García Atadell.

Josefina Mariño Catalá dice que conoció a García Atadell y Penabad y a sus mujeres respectivas en Santa Pola, embarcando con ellos en la falúa que los condujo al crucero 25 de mayo. García Atadell y Penabad llevaban carteras y paquetes.

El testigo Alverola manifiesta que García Atadell fue el autor de la huelga de ABC del año 34.

El señor Ripoll asegura que García Atadell tenía un yate en Santa Pola. También poseía una canoa-automóvil, en la que salía con frecuencia, pretextando un servicio para buscar uan radio clandestina.

El testigo Macías Martínez dice que los de la brigada de Atadell estaban indignadísimos con éste porque huía de España llevándose veinticinco millones de pesetas en alhajas.

La declaración del testigo Campos y Campos es interesante. Manifiesta que García Atadell le interrogó en la Tcheka de Bellas Artes y luego en el cuartelillo de la calle de la Ese, para preguntarle por la familia del aviador García Morato. Añade que García Atadell, por su omínimoda voluntad, libertaba o fusilada a los detenidos; y agrega que como se había ordenado que todas las familias se proveyeran de vales para comidas en el Círculo de Bellas artes, iban muchísimas personas de derecha, practicándose entonces numerosas detenciones, y los detenidos eran entregados a García Atadell.

A continuación figuran en el apuntamiento los sueltos periodísticos, especialmente de HERALDO DE MADRID, dando cuenta de los servicios practicados por la brigada de García Atadell. Por cierto que al final de una de las informaciones, en las que se enumeran la infinidad de edificios incautados por la brigada, se dice textualmente: “Ha fallecido el ex general Marzo y el ex conde de Moriles”.

Pedro Penabad declara que tiene 29 años y es abogado. Asegura que el galleguista Suárez Picallo le pidió que redactara un reglamento para las milicias gallegas, y como García Atadell era presidente honorario de esta entidad se relacionó con él. Recibió como pago del trabajo 400 pesetas. Luego fue designado policía y sirvió durante un mes en la brigadilla de García Atadell. Hizo un viaje a Alicante con el ex director general de Seguridad Sr. Fernández Matos, para investigar ciertos hechos de la Policía de aquella ciudad, pero los sindicalistas y anarquistas se opusieron terminantemente, y entonces el señor Fernández Matos huyó en un barco porque, según le dijo, estaba perseguido por la FAI. Él volvió a Madrid y al fin logró salir de España, en compañía de García Atadell y Ortuño.

Añade que conoció a García Atadell en Vivero, y con respecto a su fuga de España manifiesta que la preparó y la consumó porque no podía resistir el espectáculo de los hombres muertos en las carreteras, del caso y la destrucción por todas partes y de los infinitos fusilamientos a que se dedicaban los anarcosindicalistas.

Ernesto Ricord declara que tuvo que esconderse hasta el primero de septiembre y que después de una serie de peripecias logró embarcar en el Mexique, cuando el barco tocó en La Coruña y vio un comandante del Ejército no udo contenerse y lo abrazó. Como tenía sospechas de que en el barco viajaban dos hombres sospechosos, logró enterarse de que uno de ellos era periodista y se apellidaba Rafaart y otro era procurador de Bilbao, llamado Elisalde. Se enteró también de que ambos llevaban misiones secretas del Gobierno rojo a los Gobiernos de Cuba y de Méjico. Sus sospechas se confirmaron cuando vio que ambos se ocultaban en los puertos españoles.

Cuando el barco llegó a Las Palmas vio en la escala a un falangista, quien le dijo que lelvaba una orden de detención contra algunos pasajeros. Desembarcó.

Volvió al barco, donde contribuyó a la detención del entonces procurador y del periodista. Este, entonces, fue el que descubrió la personalidad de García Atadell y de Penabad. En cuanto a él, no pudo volver a embarcar, porque el capitán le dijo que no podría responder de su vida dentro del buque.

Añade en su declaración que en el barco se cantaba constantemente la Internacional, y que él vivió en un gran peligro mientras estuvo a bordo.

A continuación figuran en el sumario numerosos recortes periodísticos de Tenerife. Es curiosa la descripción que se hace en ellos de la vida que llevaban a bordo García atadell, Penabad y sus respectivas mujeres. Vivían como príncipes. La mujer de García Atadell iba siempre elegantísima y muy perfumada. Daban fiestas en el comedor y, a veces, iban al departamento de tercera para obsequiar a los que allí iban y oír las canciones cubanas de un tenor apellidado Alcocer. Cuando fue detenido García Atadell dijo que con él se había cometido una verdadera equivocación, porque él iba a Cuba en viaje de negocios, y le tendrían que indemnizar por los perjuicios que le ocasionaban. En el barco figuraban García Atadell y Penabad como actores cinematográficos.

En la Prensa de Tenerife de aquellos días se puede leer también, con todo detalle, los incidentes de la detención de García Atadell y sus dos compañeros. Hay una declaración de un brigada de la Guardia Civil, que es vivísima y demuestra la intervención en los hechos del Ricord. Este garantizó a García Atadell y a Penabad cuando fueron detenidos la primera vez. Ambos regresaron a bordo, pero seguidos por dos individuos de Acción Ciudadana, que vieron como García Atadell abrazaba a Ricord y le entregaba un sobre, que después se vio que estaba lleno de billetes del Banco. Además, el brigada asegura que sorprendió varias veces miradas de inteligencia entre García Atadell y Ricord, cuando todos iban desde el barco hasta el muelle, en la falúa, luego de la segunda detención.

Se hac constar en el sumario que fue sobreseída la causa contra el periodista Rafart, por no encontrar delito alguno en su actuación.

Peticiones del defensor.

El presidente pregunta al fiscal si tiene que hacer alguna observación. Contesta negativamente.

En cuanto al defensor, solicita que se lea un escrito de García Atadell, que figura al fólio 229 de la causa.

En este escrito García Atadell habla de la enorme influencia anarcosindicalista en Madrid,  dice que los mejores edificios, los mejores coches y las mejores comidas eran de la CNT y de la FAI. Pasaban bien la guerra. Los cenetistas y faístas comenzaron a incautarse de los edificios en los primeros días de octubre, poniéndolses un gran cartel rojo, que decía: “para la contraguerra”, y pasaban los recibos a los inquilinos. El ministro de Hacienda quiso oponerse a este latrocinio, y entonces, una comisión lo visitó y lo insultó. Galarza dejaba hacer complacido. En el escrito quieren echar toda la culpa del terror en Madrid a los grupos inorgánicos que carecían de carácter oficial y no obedecían órdenes de ninguna clase.

Agrega que la única brigada oficial era la social a la que él pertenecía.

El director general de la Seguridad era el capitán Muñoz, el jefe superior de Policía, López Rey, el subjefe, Aguirre y el jefe de la primera brigada, el inspector Lino. Esta brigada tenía dos edificios: el de la calle Víctor Hugo, número 9,  el del palacete de los condes de Rincón en la Castellana. Él actuaba en éste. A la inauguración del edificio asistieron los ministros y las autoridades. Asegura también qu arregló la entrada del inspector Sr. Lino en la Embajada de México, porque ya no podía sufrir la presión de la CNT y la FAI y termina diciendo: “¡Quien tenía fama de humanidad en Madrid sino nuestro brigada!”

El defensor pide la lectura de una carta de la duquesa de Lerma y de dos  que firma la señorita Urraca Pastor.

La duquesa de Lerma dice en la suya que fue salvada por Atadell y que éste no le pidió dinero, ni ella se lo dio.

Se suspende la visita.

Terminada le lectura de estos documentos, el presidente declarar suspendida la vista hasta las cinco de la tarde.

La sesión de la tarde. Aumenta la expectación pública.

A las cinco en punto de la tarde se reanudó la vista con tanto o más público que en la sesión de la mañana. La entrada de los procesados se señaló con un movimiento de gran criosidad. En el patio de la Audiencia quedaron muchos personas que no pudieron entrar en la sala.

El fiscal hace una petición que el Tribunal deniega.

El fiscal una vez reanudaba la vista, manifiesta que había acudido a la sala una persona que reconoce a Penabad como miembro activo de la Checa de Bellas Artes, y pide que sea oída por el Consejo de Guerra.

El presidente, luego de conferenciar brevemente con los vocales, le responde que no ha lugar a la petición.

Interrogatorio de los procesados. El fiscal sostiene con García Atadell un intercambio de gran intensidad dramática.

Fiscal- ¿Fue usted directivo de Artes Gráficas?

Atadell – Un elemento significativo, sí, pero directivo no.

Fiscal – ¿Pero usted conocía a un gran número de tipógrafos?

Atadell – fatalmente tenía que conocer a los que trabajaban conmigo.

Fiscal – Y a otros ¿no?

Atadell – Yo conocía a muchos tipógrafos y a muchos que no lo son.

Fiscal –   Pero, ¿de ABC no?

Atadell – No, porque no eran obreros organizados.

Fiscal – Pero es de suponer que dentro de un mismo gremio hay contactos y los que a él pertenecen se conocen.

Atadell- Yo no puedo recordar detalles tan ínfimos.

Fiscal— Vamos a ver si tiene mejor memoria para esta otra pregunta: ¿Usted servía en la casa del Pueblo y en la sección de Prieto?

Atadell – Esa es una verdad a medias. Yo servía en las oficinas de la calle de Carranza número 20, que no es precisamente la Casa del Pueblo.

Fiscal – Pero era una oficina del Partido Socialista.

Atadell – Pertenecía al Comité Nacional del Partido y estaba dirigida por Prieto.

Fiscal – De acuerdo, usted ganaba 850 pesetas allí.

Atadell – Exacto.

Fiscal – ¿Por qué servicios?

Atadell – Las organizaciones provinciales y locales mandaban muchas cartas sobre asuntos legales, sobre cotizaciones… Yo las contestaba; es decir, dictaba las contestaciones a las taquígrafas y las firmaba el secretario del comité.

Fiscal- ¿Usted no es abogado?

Atadell – No.

Fiscal- ¿Ni delegado de trabajo?

Atadell- Oficialmente, no; ni por oposición.

Fiscal- ¿Entonces, ¿Qué consultas eran las que usted evacuaba? Acaba de decirnos que intervenía en asuntos de cotizaciones.

Atadell – No, yo era tesorero.

Fiscal – Vamos a otra cosa. Dice HERALDO DE MADRID que usted estuvo en el frente con las milicias.

Atadell – No es cierto. Yo no podía ir al frente porque apenas sí veo.

Fiscal – HERALDO DE MADRID en su número de 20 de agosto, dice textualmente que rapidamente se organizaron batallones para ofrendar la vida en defensa de la libertad y que entre estos bravos milicianos está García Atadell para oponerse al avance fascista.

Atadell – Desde luego yo no he mandado nada, ni estuve allí.

Fiscal – ¿Y por qué no rectificó esa noticia?

Atadell – Porque yo no leía la Prensa.

Fiscal – A lo que parece el Gobierno desconfiaba mucho de la Policía oficial y quiso controlarla. ¿Es esto cierto?

Atadell – Yo no estaba en esas interioridades.

Fiscal – Pero usted fue designado para vigilar y controlar al inspector Sr. Lino.

Atadell – Lo cierto es que el Gobierno pidió a los partidos del Frente Popular que dieran nombres para reorganizar la Policía y entre esos nombres fue el mío; y fui destinado a las órdenes del Sr. Lino.

Fiscal – Sin embargo, la brigada se llamó siempre García Atadell.

Atadell – Pues no era mía.

Fiscal – ¿Y cómo no rectificó todas las noticias de Prensa en las que hablaban de García Atadell como único jefe de la brigada?

Atadell – Porque yo no tenía control sobre la Prensa.

Fiscal – Por lo visto el inspector Lino tenía su oficina en la calle de Víctor Hugo número 9 y usted en el palacete, incautado, de los condes del Rincón.

Atadell – Yo estaba allí en una de las dos secciones en que estaba dividida la brigada del señor Lino. La otra sección estaba en la calle de Pí y Margall.

Fiscal – Según consta en los autos usted se entrevistó con el juez Sr. Elola para tratar del supuesto asalto a la Radio de Madrid.

Atadell – Eso es también verdad a medias. El señor Elola vino a verme y me dijo que había un intento de asalto a la radio por elementos de derechas.

Fiscal – De modo que el juez se dirigía a usted para hablarle de cosas de tanto interés.

Atadell – Es que antes había hablado con el señor Lino.

Fiscal – ¿Y ese consintió que usted le diera instrucciones al juez?

Atadell – El Sr. Lino tenía una plena fe en cuanto yo hacía.

Fiscal – Cuando Penabad estaba en Alicante se supo que allí había un policía dedicado al contraespionaje y usted fue llamado para que interviniera en el asunto ¿quién le llamó?

Atadell – El subsecretario de la Presidencia.

Fiscal – Lo que quiere decir que en cuanto hay un asunto de un gran interés es usted el que interviene.

Atadell – No. Me llamaron por indicaciones del Sr. Lino.

Fiscal-  Hubo un supuesto complot para asesinar a Prieto y este, según se afirma, lo llamó a usted.

Atadell – No. Llamó a Lino. Y este me envió a ver a Prieto.

Fiscal – Y entonces ese hombre que detentaba una cartera, le dijo a usted: “Los asesinatos que se están cometiendo en Madrid nos llenan de cieno”.

Atadell – Eso es verdad, pero el Sr. Prieto se refería a los asesinatos que cometían los anarcosindicalistas.

Fiscal – ¿Usted gestionó el ingreso del Sr. Lino en la Embajada de Méjico?

Atadell – Del Sr. Lino, no; de sus familiares.

Fiscal – De modo que el Sr. Lino, su jefe, tuvo que recurrir a usted para que le hiciese ese favor.

Atadell – Es que yo tenía buenas amistades.