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En una entrevista para el programa 'La Ventana' (Cadena SER) de Gemma Nierga sacaron un titular de una referencia teológica

Manipulan las palabras del obispo Munilla para asegurar que minimizó la tragedia de Haití diciendo que ‘España estaba peor»

HECHOS

El 14.01.2010 monseñor José Ignacio Munilla realizó una entrevista a la Cadena SER (14.01.2010) en la que la agencia EFE y la propia Cadena SER. El día 15.01.2010 el propio monseñor Munilla intervino tanto en la Cadena SER como en el canal CUATRO para matizar sus declaraciones con el titular sacado.

 

El obispo Sr. Munilla ha enviado este comunicado a la agencia EFE:
Aclaración de un titular injusto

Observo que tras la entrevista que realicé ayer en los micrófonos de la Cadena SER, se está difundiendo en algunos medios un titular que considero profundamente distorsionador de la realidad: “Existen males mayores que la tragedia de Haiti”. Considero injusto el titular, porque sugiere desinterés por mi parte hacia los damnificados del terremoto.

Precisamente, en esa misma emisora de la Cadena Ser de San Sebastián, se me dio la amable ocasión de hacer una llamada a la solidaridad con los damnificados de Haití. En efecto, anuncié que ya han sido enviados 100.000 € por parte de nuestra Caritas Diocesana de Gipuzkoa, y propuse que las próximas fiestas patronales de San Sebastián tengan una austeridad solidaria en favor de los que están sufriendo en aquel país…

El citado titular está extraído con «forceps» de una pregunta “teológica” que se me hizo, referente a cómo creer en la existencia de Dios ante el sufrimiento de tantos inocentes… Yo expliqué que el mal que sufren esos inocentes no tiene la última palabra, porque Dios les ha prometido la felicidad eterna. En ese contexto, utilicé la expresión «existen males mayores», refiriéndome explícitamente a otro tipo de mal, al “pecado” de quienes vivimos en los países ricos y somos cómplices de una opulencia insolidaria hacia los pobres. Como es obvio, yo estaba hablando en un plano teológico dando respuesta a una pregunta de índole teológico.

José I. Munilla

19 Enero 2010

Así Va

Rosa Montero

Cuando Lisboa fue destruida por un terremoto en 1755, la Iglesia católica dictaminó que era un justo castigo de Dios (¿les recuerda algo semejante derroche de compasión?). Y la obvia insensatez de esa afirmación cruel (habían muerto miles de inocentes, niños incluidos, en un país además especialmente religioso) creó una conmoción mundial y una reacción aconfesional encabezada por Voltaire. Aquel seísmo fue el comienzo de la muerte de los dioses.

Han pasado 250 años de aquello, pero la Iglesia sigue diciendo cosas igual de insensatas e insensibles. Las crudas palabras del obispo Munilla (que la pobreza espiritual de España es un mal mayor que la tragedia de Haití) también han provocado un sonoro escándalo. Para peor, en vez de pedir excusas, el prelado se justificó diciendo que hablaba a «nivel teológico», con lo cual solidificó su error de expresión y lo convirtió en lo que sin duda es: pura y berroqueña ideología. Ah, sí, seguro que hablaba teológicamente. Sólo hundido a ciegas en el dogma puede uno tener una percepción tan deformada de la realidad y creer que la tibieza católica de los españoles es peor que el atroz sufrimiento de los haitianos y que el pavoroso colapso de un país entero: un abismo en la Tierra. Es la teología como sinónimo del fanatismo. Si Munilla quería hacer una reflexión moral, podría haber hablado de que el horror de ahora es una consecuencia del horror de antes. Haití, ya se sabe, es uno de los países más míseros, corruptos y desesperados del planeta; la esperanza de vida no llega a los 52 años y sólo uno de cada 50 ciudadanos recibe salario. Eso sí que es pobreza espiritual; quiero decir que algo funciona muy mal en un mundo que permite la existencia de estos infiernos. Pero, ya ven, a Munilla y Cía. sólo parece interesarles lo teológico. Así va la Iglesia: matando ella sola a Dios con sus torpezas.

Rosa Montero

15 Enero 2010

Lamentables declaraciones de Munilla (y sus posteriores aclaraciones)

Jesús Bastante

Estoy seguro de que no piensa eso que dijo, pero lo dijo. El audio, de la cadena SER, lo tienen aquí. «Existen males mayores que los que esos pobres de Haití están sufriendo estos días«, afirmó monseñor Munilla en La Ventana. «También deberíamos llorar por nosotros, por nuestra pobre situación espiritual, por nuestra concepción materialista de vida«, ha remachado. «Quizás es un mal más grande el que nosotros estamos padeciendo que el que esos inocentes también están sufriendo». En Haití han muerto al menos 50.000 personas, según estimaciones de Cruz Roja. En apenas unos segundos. Estas declaraciones son lamentables, y merecen una aclaración inmediata. Y aquí no vale, como siempre, echar la culpa al mensajero. No se pueden establecer comparaciones de ese tipo, y menos en momentos como éste. Son de una falta de humanidad tremendas. Y más aún cuando son hombres y mujeres de Iglesia quienes han llegado los primeros para socorrer, consolar y reconstruir, quienes se han volcado en la batalla contra la muerte y la desolación, contra la desesperanza. Esa es la misión de los hijos de Dios. Mancharse en el barro del sufrimiento, y no en el charco de unas declaraciones lamentables. Y dejémoslo aquí, porque lo principal sigue siendo la solidaridad que, una vez más, están teniendo a gala los españoles con las víctimas del terremoto.

 

 

16 Enero 2010

Males mayores

Manuel Hidalgo

Monseñor Munilla le dijo a Gemma Nierga -lo he oído- que «deberíamos llorar por nuestra pobre situación espiritual», y en eso estoy de acuerdo. Bueno, estoy de acuerdo muy relativamente, porque creo que por situación espiritual no entendemos lo mismo monseñor Munilla y yo. El obispo se refiere, según pruebas sobradas, al estado de nuestra relación con Dios, al cumplimiento de la normativa religiosa católica y al cultivo de ciertos valores propios de la religión presuntamente revelada.

Con algunos de estos últimos valores me identifico, si bien son aquellos en los que no veo que ponga énfasis la jerarquía eclesiástica, muy ocupada de antiguo en la preceptiva sexual. Pero, decididamente, mi concepto de situación espiritual pasa por el ejercicio del pensamiento, del aprecio de la belleza, del resplandor de la ética, del trabajo de los afectos, del adiestramiento de la sensibilidad y de otras actividades que no guardan relación directa con la religión.

Monseñor Munilla -lo he oído- mencionó, efectivamente, la solidaridad con Haití, y no dudo -todo lo contrario- de que la Iglesia local y la Iglesia, en general, se volcarán en estos días con los haitianos, como lo hacen habitualmente, en muchos frentes, religiosos entregados a la ayuda a los demás, codo con codo, por cierto, con otras personas sin creencias religiosas.

Pero el asunto no es ése. Monseñor Munilla dijo, literalmente -lo he oído-, que «nuestra pobre situación espiritual» es «un mal más grande» que nosotros estamos padeciendo que el que «esos inocentes están también sufriendo».

Dice monseñor Munilla que le han tergiversado. Creo que no. Creo que la tergiversación esencial es la suya, muy antigua. Es la tergiversación de creer que el mundo es así porque es voluntad de Dios y fruto del pecado original, de la libertad que Dios nos otorgó -y que ha dado origen al Mal- tras pecar Adán y Eva.

La tergiversación principal consiste en creer que el mundo es un valle de lágrimas sin arreglo, que el dolor es el precio de nuestra libertad divinamente otorgada y que el mayor sufrimiento no es nada ante la esperanza de una vida eterna. Improbable, indemostrable, quimérica.

Nuestra situación espiritual -en el sentido que yo le he dado- es penosa, pero la situación espiritual de los pobres y de los haitianos -en el sentido que monseñor Munilla le da- es probable que sea más penosa aún, pues además de no disponer de medios para vivir dignamente, es seguro que está intervenida por el pecado, la lujuria, la superstición -vudú, santería- y otras debilidades del ser humano que no apuntalan su condición de privilegiados ante Dios -según las normas- ni su ilusoria vida eterna.

Me molesta comentar a monseñor Munilla en el contexto de su rechazo por los nacionalistas vascos, pero tengo que asumir la necesidad de comentarle por algo mucho más transcendente: su implicación con la idea de que lo peor de tantos es no creer en Dios.

17 Enero 2010

Un obispo

Antonio Gala

NO TENGO absolutamente nada contra el obispo de San Sebastián: ni lo conozco ni soy vasco. Parece más bajito de lo que es (no como su antecesor que parece lo que es) y quizá rechonchete, aunque menos que Uriarte. Pero monseñor Munilla no ha entrado, según creo, con el pie derecho en su diócesis. Ahora callan los párrocos, que hablaron demasiado; pero hasta quienes lo defendieron -no muchos, la verdad, porque dicen que es un carcunda de órdago- han saltado ante sus declaraciones sobre la catástrofe de Haití: pequeña, según él, para la que sufrimos en España. Los políticos vascos sí han largado, porque sin veladuras se les aludía. Los periodistas hurgan donde no es oportuno, y cuanto menos, más: ya se sabe. Y él les ha tenido que rectificar sin hacerlo, o pareciendo que no. En el fondo, lo material a él no le importa, sino los llantos espirituales y la acidia, tan pasada de moda. Lo último que ha dicho es que «si se le pide a la Iglesia ayuda para la paz, está dispuesta» y que «lo prudente en un pastor es que no exprese su sensibilidad política». Lo que dijo sobre Haití no expresa ninguna. Y si «la Iglesia es una familia», yo soy Pedro el Cruel.

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