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Fue el símbolo de la Iglesia conservadora durante la Transición

Muere ‘don Marcelo’ el histórico obispo emérito de Toledo

HECHOS

El 25.08.2004 falleció a D. Marcelo González Martín, cardenal emértito de Toledo.

26 Agosto 2004

Entre la polémica y el compromiso social

Enrique Berzal de la Rosa

Sacerdote progresista en su juventud, abanderó como cardenal de Toledo el sector episcopal más reacio a la Transición

Bono no salía de su asombro. Recién elegido presidente de Castilla-La Mancha, le dio por convertir en laborable el día de San José y se ganó una bronca. «¿Qué se puede esperar de un presidente que ni siquiera honra a su propio santo?», se preguntaba con retranca Don Marcelo en una de sus pastorales. A Bono no le hizo gracia y lo llamó a Fuensalida para charlar con él. Ninguno de los dos sabía que de las cenizas de aquella reprimenda iba a nacer una profunda amistad.

La anécdota refleja con nitidez la personalidad bifronte de Marcelo González, capaz de fustigar con denuedo a sus adversarios políticos y congeniar a la vez con ellos en la distancia corta. Retirado en un pueblecito de Palencia desde su jubilación eclesiástica, ayer fallecía a los 86 años. Su amigo Bono, de camino a Palencia en la tarde de ayer, logró despedirle con vida.

El nombre de Marcelo atraviesa de cuajo la segunda mitad del siglo XX. Tan sólo la figura de Tarancón puede igualarse a la de este pucelano humilde que prosperó hasta ser en los años 70 el prelado más influyente de España. Cura progre en Valladolid en los años 50, evolucionó con la edad hacia un apoyo indisimulado al régimen que le llevó a expresar sus reservas ante la Constitución y a encarnar el liderazgo del sector más conservador del episcopado.

Había nacido en Villanubla en 1920. Doctor en Teología por la Pontificia de Comillas, se ordenó sacerdote en 1941. Todavía en Valladolid hay quien recuerda sus inflamadas homilías -magistralmente inmortalizadas en los libros de Umbral-, que en aquellos años de la posguerra y la escasez clamaban por la justicia social y contra los poderosos.

Sufrió amenazas de los falangistas más toscos y no faltó el comunista infiltrado que en 1950 informaba a su dirección exiliada sobre aquel cura joven que, sin duda alguna, «era de los suyos» y hasta planeaba la subversión católica contra el Régimen.

En Valladolid se ganó con creces su fama de sacerdote comprometido: dirigió la rama de hombres de Acción Católica e impulsó la construcción de casas para más de 600 familias sin recursos en el barrio de San Pedro Regalado, Los vecinos de la barriada aún no olvidan su actuación, que además satisfizo las necesidades materiales más urgentes de aquella deprimida zona: alcantarillado, viviendas, alumbrado…

Su ascenso vertiginoso al episcopado recaló primero en Astorga, a cuya sede llegó en marzo de 1961 como el obispo más joven de España. Sucesor del catalán José Castelltort, a Marcelo no se le subió la púrpura a la cabeza: en vez de vivir en el suntuoso palacio episcopal de Gaudí como le pedía el nuncio, se fue a vivir con los seminaristas.

Estuvo en el Concilio y, a decir de muchos contemporáneos suyos, asimiló como ningún otro las revolucionarias propuestas del mismo.Durante las sesiones, y harto del secretismo de la Curia, bajaba por las noches a un bar cercano e informaba a los periodistas de las deliberaciones. Allí se ganó con uno de sus discursos la admiración de Pablo VI, que le echó el ojo para encargarle empresas mayores en el futuro.

Esas empresas mayores se concretaron en la que se convertiría en su sede maldita: Barcelona. Ya cuando a principios de 1966 fue nombrado coadjutor del anciano obispo Modrego, el gobernador civil había detectado «una fuerte ofensiva contra el nombramiento».Entró en la Ciudad Condal el 18 de mayo, bajo un intenso clima contestatario clerical al grito de «¡Volem bisbes catalans!».

Marcelo González sucedió definitivamente a Modrego en enero de 1967 y la contestación clerical fue tan poderosa que el arzobispo de Barcelona tuvo que ser trasladado a la sede de Toledo en 1971 en sustitución de Vicente Enrique y Tarancón. En sus años en la Ciudad Condal, Marcelo rehuyó de nuevo las comodidades del palacio episcopal y prefirió la austeridad del colegio teresiano de la calle Ganduxer.

Hay quien sitúa en ese desagradable episodio el viraje radical de Marcelo González hacia el sector más conservador del episcopado, si no opuesto sí bastante incómodo con los aires aperturistas.Valga como ejemplo la homilía del cardenal el 23 de noviembre de 1975 en el Palacio Real de Madrid, durante el funeral de Franco.Marcelo rindió homenaje a «ese hombre excepcional» y le expresó su gratitud por su «fidelidad estimulante» a la nación y a la religión: cuatro días más tarde, el nuevo jefe del Estado escogía como maestro de ceremonias para su coronación al cardenal Vicente Enrique Tarancón, arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal.

Luego vinieron los ataques furibundos al marxismo de 1977, el liderazgo de González al frente del sector más reaccionario y su oposición a la Constitución de 1978. La carta pastoral que escribió resultó, según los cronistas, toda «una andanada a la Constitución, e implícitamente al clero y a los políticos que la apoyaban». Que si no mencionaba el nombre de Dios, que si era una «Constitución agnóstica», que si no defendía los valores morales de la familia, que si produciría «daños irreparables para la sociedad española»… La mayor parte del episcopado quedó consternado. González Martín fue, junto con monseñor Guerra Campos, el obispo que más abiertamente se opuso al texto constitucional.

Jubilado en 1999, en el recuerdo de sus más allegados quedan sin embargo los afanes solidarios de los primeros y de los últimos tiempos, su gran formación teológica y sus múltiples realizaciones pastorales En el mismo año de su jubilación, Castilla y León recompensó su labor con la concesión del Premio de las Ciencias Sociales y las Humanidades.

De gustos austeros, le gustaba comer «cosas de pueblo» y devorar volúmenes sobre la Historia de los siglos XIX y XX. Forofo inquebrantable del Real Madrid, seguía habitualmente las hazañas de su equipo y recordaba -ya entre nieblas- las memorables cabalgadas de Gento sobre el césped del Bernabéu,

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Marcelo González, cardenal emérito de Toledo, nació en Villanubla (Valladolid) el 16 de enero de 1918 y falleció en Fuentes de Nava (Palencia) el 25 de agosto de 2004.

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