7 julio 1997

Estaba apodado como 'El señor de los Cielos'

Muere el capo del narcotráfico mexicano Amado Carrillo en una operación para intentar cambiarse la cara

Muere el capo del narcotráfico mexicano Amado Carrillo en una operación para intentar cambiarse la cara

Hechos

El 7.07.1997 se confirmó el fallecimiento de Amado Carrillo Fuentes.

Lecturas

El 7 de julio de 1997, la prensa mexicana e internacional recogía la confirmación por las autoridades estadounidenses de la muerte de Amado Carrillo Fuentes, conocido como «el Señor de los Cielos», uno de los principales dirigentes del narcotráfico en América. Nacido en Sinaloa en 1954, Carrillo había comenzado su trayectoria criminal en el entorno de las organizaciones dedicadas al contrabando de drogas en el noroeste mexicano. Su tío, Ernesto Fonseca Carrillo, conocido como «Don Neto», fue uno de los dirigentes del cártel de Guadalajara, organización vinculada a Miguel Ángel Félix Gallardo. Carrillo desarrolló posteriormente sus actividades en Chihuahua, donde colaboró con traficantes como Pablo Acosta Villarreal y Rafael Aguilar Guajardo. Tras el asesinato de este último en Cancún, en abril de 1993, se hizo con el control de la organización de Ciudad Juárez, crimen en el que distintas investigaciones le atribuyeron responsabilidad. Bajo su dirección, el cártel de Juárez se convirtió en una poderosa red de transporte y distribución de cocaína procedente de Colombia, especialmente de las organizaciones de Medellín y Cali. Su sobrenombre procedía de la utilización de una flota de aviones, incluidos grandes aparatos de carga, capaces de transportar importantes cantidades de droga desde Sudamérica hasta territorio mexicano, desde donde se distribuía hacia Estados Unidos. Las autoridades estadounidenses atribuían a su organización operaciones de tráfico de centenares de toneladas de cocaína y beneficios de miles de millones de dólares. A diferencia de otros narcotraficantes que habían alcanzado notoriedad mediante exhibiciones públicas de riqueza o enfrentamientos armados, Carrillo procuraba mantener una presencia discreta y dirigir sus actividades mediante intermediarios, empresas, redes financieras y contactos con funcionarios corruptos.

En México, Carrillo era investigado por delitos contra la salud pública relacionados con el tráfico de estupefacientes, asociación delictiva, operaciones de blanqueo de capitales y presuntos vínculos con asesinatos y actos de violencia entre organizaciones criminales. En Estados Unidos tenía acusaciones federales por narcotráfico, entre ellas procedimientos abiertos en Miami y Dallas, relacionados con la introducción y distribución de cocaína y el funcionamiento de una organización internacional de tráfico de drogas. La DEA lo consideraba uno de sus principales objetivos y mantenía numerosas investigaciones sobre sus negocios y colaboradores. Uno de los episodios que puso de manifiesto la penetración del cártel en las instituciones mexicanas fue la detención, en febrero de 1997, del general José de Jesús Gutiérrez Rebollo, máximo responsable de la lucha antidroga en México, acusado de proteger a Carrillo a cambio de beneficios económicos. El escándalo agravó la presión policial sobre el narcotraficante y puso en entredicho la credibilidad de las instituciones encargadas de perseguirlo. Según las autoridades estadounidenses, Carrillo había comenzado a desplazarse por distintos países en busca de refugio y trataba de evitar que su rostro, cada vez más conocido por los investigadores, permitiera localizarlo. En ese contexto habría decidido someterse a una intervención de cirugía estética para modificar su fisonomía y dificultar su identificación.

El desenlace se produjo en el hospital Santa Mónica de Ciudad de México, donde Carrillo ingresó bajo el nombre falso de Antonio Flores Montes. El 3 de julio fue sometido a una prolongada operación que incluía modificaciones faciales y una liposucción abdominal. Durante la madrugada del 4 de julio, mientras se recuperaba de la intervención, sufrió una complicación cardiorrespiratoria y falleció. Su cadáver fue trasladado a Sinaloa, donde las autoridades mexicanas iniciaron las diligencias para establecer su identidad. La DEA confirmó públicamente su muerte durante el fin de semana del 5 y 6 de julio, mientras la Procuraduría General de la República mexicana mantenía inicialmente ciertas reservas y solicitaba comprobaciones forenses. El carácter clandestino de la operación, el nombre falso utilizado en la clínica, las modificaciones practicadas en el rostro y las contradicciones iniciales alimentaron rumores de que el narcotraficante había simulado su fallecimiento para desaparecer con una identidad nueva. No obstante, los investigadores estadounidenses comunicaron que las huellas dactilares del cadáver coincidían con las de Carrillo, y las posteriores pruebas genéticas realizadas en México reforzaron esa identificación. Por ello, la hipótesis de una muerte fingida carecía de pruebas equivalentes a las aportadas por las identificaciones forenses.

La desaparición del jefe del cártel de Juárez abría una incógnita sobre el reparto de su imperio criminal. Entre las figuras que podían aspirar a sucederlo destacaban su hermano Vicente Carrillo Fuentes, conocido como «el Viceroy», y el veterano narcotraficante Juan José Esparragoza Moreno, «el Azul». También existía el riesgo de que los hermanos Arellano Félix, dirigentes del cártel de Tijuana, aprovecharan la situación para ampliar sus actividades. Para las autoridades mexicanas y estadounidenses, la muerte de Carrillo suponía la desaparición de un objetivo prioritario, pero no necesariamente el desmantelamiento de la organización que había construido. Sus rutas, colaboradores y negocios podían continuar operando bajo nuevos dirigentes, mientras la corrupción institucional seguía constituyendo uno de los principales obstáculos para combatir el narcotráfico.

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CON EL JEFE ANTI-NARCOS EN EL BOLSILLO

RebolloGutierrez Para hacerse una idea del poder e influencia del narco Amado Carrillo ‘el señor de los Cielos’ baste considerar el descubrimiento de que tenía en su nómina al general Gutiérrez Rebollo, el jefe de la lucha contra el Narcotráfico en México, y que en realidad, a cambio de dinero, le protegía.

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¿ARELLANO FÉLIX NUEVO CAPO JEFE DE LA NARCO MEXICANO?

RamonArellano-Felix La muerte de Amado Carrillo, jefe del cartel de Juárez, puede dar más poder a los considerados capos del cartel de Tijuana, la familia Arellano-Félix encabezada por Ramon Eduardo Arellano Félix, que se encuentra entre los diez delincuentes más buscados del mundo por el FBI.

Cronología de su trayectoria y de las investigaciones

Fecha Acontecimiento
1954 Nace Amado Carrillo Fuentes en Sinaloa, México.
Años setenta y ochenta Se vincula a las redes de narcotráfico relacionadas con Ernesto Fonseca Carrillo y los traficantes establecidos en Chihuahua.
1988 Un gran jurado federal de Florida formula acusaciones por narcotráfico contra Carrillo.
12-4-1993 Es asesinado Rafael Aguilar Guajardo en Cancún. Carrillo pasa a controlar la organización de Juárez; se le atribuye haber ordenado el asesinato.
1993-1996 Expande las operaciones aéreas de transporte de cocaína y las redes de distribución en Estados Unidos.
Febrero de 1997 Detención del general José de Jesús Gutiérrez Rebollo, acusado de proteger a Carrillo.
3-4 de julio de 1997 Operación de cirugía facial y liposucción en Ciudad de México; fallecimiento durante la recuperación.
5-7 de julio de 1997 Identificación del cadáver y confirmación pública de la muerte por la DEA.
10 de julio de 1997 Las autoridades mexicanas comunican la confirmación de identidad mediante pruebas genéticas.

Amando Carrillo en el cine
En 2003, seis años después de la muerte de Carrillo, el director Robert Rodriguez estrenó Érase una vez en México, tercera entrega de la saga de El Mariachi, protagonizada por Antonio Banderas. Uno de sus antagonistas era Armando Barillo, interpretado por Willem Dafoe: un poderoso jefe del narcotráfico que conspiraba para asesinar al presidente mexicano. La semejanza del apellido y, especialmente, el argumento de la cirugía facial establecen un paralelismo reconocible con Carrillo Fuentes. La conexión cinematográfica es particularmente llamativa porque la película lleva al terreno de la ficción precisamente la sospecha que había rodeado la muerte de Carrillo: la posibilidad de modificar el rostro para desaparecer y reaparecer bajo otra identidad.

El Análisis

Los grandes capos de los noventa y la construcción de una leyenda criminal

JF Lamata

La muerte de Amado Carrillo Fuentes simboliza la transformación que ha experimentado el narcotráfico latinoamericano durante los años noventa. La década comenzó bajo la influencia de los grandes dirigentes colombianos, especialmente Pablo Emilio Escobar Gaviria, jefe del cártel de Medellín, muerto en 1993, y los hermanos Gilberto Rodríguez Orejuela y Miguel Rodríguez Orejuela, principales responsables del cártel de Cali, detenidos en 1995. En México adquirieron protagonismo figuras como Miguel Ángel Félix Gallardo, encarcelado desde 1989; Juan García Ábrego, dirigente del cártel del Golfo y detenido en 1996; los hermanos Arellano Félix, del cártel de Tijuana; Joaquín «el Chapo» Guzmán Loera, detenido en 1993, y el propio Carrillo. Lo que distingue al «Señor de los Cielos» es su papel en el desplazamiento del centro de gravedad del negocio de la cocaína: los grupos mexicanos han dejado de ser simples intermediarios de los colombianos para controlar rutas, transportes y mercados de distribución cada vez más importantes. El caso Carrillo pone también de manifiesto que la capacidad económica de estas organizaciones no puede separarse de sus relaciones con funcionarios corruptos. La detención del general Gutiérrez Rebollo demuestra hasta qué punto las redes criminales pueden alcanzar incluso a quienes tienen encomendada su persecución. Su muerte no garantiza, por ello, el final de su organización: mientras subsistan los mercados consumidores, las rutas y las redes de protección, otros dirigentes podrán ocupar el lugar del desaparecido.

Hay otra dimensión de esta historia que merece atención: la facilidad con que el narcotráfico genera personajes reconocibles para la cultura popular. Los apodos, las fortunas, los aviones y las muertes misteriosas contribuyen a transformar a delincuentes perseguidos por la justicia en figuras casi legendarias. Carrillo ofrece todos esos ingredientes, especialmente por la contradicción entre su sobrenombre, «el Señor de los Cielos», y su muerte en una clínica mientras intentaba cambiar de rostro. Pero el atractivo narrativo no debe hacer olvidar las actividades que se le atribuían: tráfico masivo de drogas, violencia, blanqueo de capitales y corrupción de las instituciones. La espectacularidad de su final no debería ocultar las consecuencias de las organizaciones que dirigía ni convertir su biografía en una historia de admiración por el poder criminal.

JF