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Se retiro de la política después del fracaso de 'La Operación Roca' (PRD) a la que apoyó con entusiasmo

Muere el ex ministro de Economía y Comercio con UCD, Juan Antonio García Díez, que fuera vicepresidente con Calvo-Sotelo

HECHOS

El 7.05.1998 se conoció la noticia del fallecimiento de D. Juan Antonio García Díez.

07 Mayo 1998

Un liberal disfrazado de socialdemócrata

EL MUNDO (Director: Juan Antonio García Díez)

«Gobernar es resistir». Juan Antonio García Díez, fallecido ayer tras una fulminante enfermedad, sabía bien lo que quería decir el general Narváez con su famosa frase. No en vano tuvo que asumir la cartera de Economía y la vicepresidencia del Gobierno en pleno declive de UCD y con la mayor crisis económica que ha pasado este país en el último medio siglo.

García Díez, que ha muerto con 57 años, fue el ministro más joven del segundo Gabinete de Adolfo Suárez. No había cumplido entonces los 40 años, lo que en aquella época era un dato sumamente llamativo en un país acostumbrado a que, para ser ministro, había que tener más de 50 años.

Hombre de gran curiosidad intelectual, había escrito una historia sobre la economía soviética en la época de Lenin. Tenía la capacidad de absorber una gran cantidad de información en un breve lapso de tiempo. Sabía trabajar en equipo, como lo prueba el afecto y el respeto que le guardan todos aquellos que colaboraron con él.

García Díez, de 57 años, casado y con dos hijas, era un técnico comercial del Estado con vocación política. Había cursado estudios de Derecho y Economía en Madrid y había impartido clases durante un breve periodo de tiempo.

Entró en el departamento de Estudios del Ministerio de Comercio a finales de los años 60 y en 1974 fue nombrado secretario general técnico. Se codeaba entonces con jóvenes tecnócratas como Carlos Bustelo y Mariano Rubio, que socavaban los fundamentos del régimen franquista desde dentro.

Tras la muerte del dictador, García Díez optó por dar el gran salto a la política y fue uno de los fundadores del Partido Socialdemócrata (PSD), de efímera vida, ya que pronto se integró en la naciente UCD.

Tras las elecciones de junio de 1977, Suárez le confió la cartera de Comercio. En los tres años que estuvo en el cargo, llevó a cabo una conflictiva tarea de liberalización de una economía protegida y fuertemente intervencionista. Abrió numerosos sectores a la competencia, suprimiendo los aranceles y las cuotas que impedían la importación de productos extranjeros.

Su gestión fue controvertida, ya que el rápido desmantelamiento del proteccionismo acarreó la desaparición de una serie de industrias nacionales. Un caso emblemático fue el del sector de electrónica de consumo. García Díez eliminó las restricciones para importar productos japoneses, lo que propició la desaparición de compañías como Vanguard, Lavis, Kolster y De Wald, cuyos costes y cuya tecnología no eran competitivos a principios de la pasada década.

En septiembre de 1980, en plena crisis del petróleo y con el país superando ya los dos millones de parados, Suárez le promovió al puesto de ministro de Economía y Comercio. Asumía una díficil herencia. UCD iniciaba su proceso de descomposición interna mientras los sindicatos en la calle clamaban contra el paro y exigían subidas salariales para compensar una inflación galopante.

La inesperada dimisión de Suárez supuso un nuevo ascenso en la carrera política de García Díez. El presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo, no sólo le mantuvo en el cargo sino que le promovió a la vicepresidencia segunda. En el año escaso que duró el último Gabinete de UCD, fue el factotum de la política económica, con poderes similares a los que habían tenido Fuentes Quintana y Abril Martorell en la época de Adolfo Suárez.

Su gestión se caracterizó por una fuerte liberalización del sistema financiero y por una apuesta por la integración de la economía española en Europa. No deja de ser paradójico que una persona que se autodefinía como socialdemócrata, impulsara una política liberal que chocaba entonces tanto con los sindicatos como con los empresarios.

En septiembre de 1982, un mes y medio antes de las elecciones que llevaron al PSOE al poder, el vicepresidente y mano derecha de Calvo Sotelo anunció su decisión de no presentarse en las listas de UCD. García Díez era diputado por Cádiz desde 1979.

El mismo día en que el BOE publicaba su cese en el Gobierno, el 2 de diciembre de 1982, envió una carta a Landelino Lavilla, entonces presidente y cabeza de lista de UCD, en la que le comunicaba su decisión irrevocable de abandonar el partido. La formación fundada por Suárez había cosechado un estrepitoso fracaso electoral. Las diferencias eran irreconciliables y los barones de UCD iniciaban una andadura por separado.

García Díez optó entonces por abandonar la política. No estuvo mucho tiempo en el paro. Los hermanos March le ofrecieron en 1983 la presidencia de Uralita, una empresa que empezaba a salir de una dura crisis. El fichaje por Uralita llevaba aparejada la condición de asesor y hombre de confianza del imperio March. De hecho, García Díez fue nombrado consejero de Industrias Aragonesas, de Pryca, del Banco del Progreso y de otras sociedades vinculadas a los March.

Pero el veneno de la política seguía dentro del profesor y técnico comercial. Así aceptó una oferta de Miguel Roca y de Federico Sáinz de Robles para incorporarse en 1986 a la llamada «operación reformista». Acudió a las elecciones de ese año como número tres por Madrid en el PRD. El nuevo partido no sacó ningún escaño y desapareció de la noche a la mañana, dejando una deuda de más de 1.000 millones de pesetas.

Escarmentado de la experiencia, García Díez volvió a asumir sus cargos en el grupo March. Entró en 1989 en la junta directiva del ultraliberal Círculo de Empresarios, organización de la que era vicepresidente. Allí trabajó con Carlos Espinosa de los Monteros, otro de sus mejores amigos.

En los últimos años de su vida, el ex ministro asumió numerosos cargos de representación como la presidencia de Pryca y de ABB en España. Era también presidente de la filial de Yamaha que fabrica motocicletas en Barcelona.

Vinculado por afinidad ideológica y lazos de amistad con los miembros de la llamada beatiful people, el episodio más amargo de su carrera fue tal vez su aparición en la lista de personas favorecidas por la venta especulativa de la sociedad Sistemas Financieros, ligada a Ibercorp. Tuvo que declarar en el juzgado como imputado, aunque luego se dictó el sobreseímiento de las diligencias.

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