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Muere Manuel Martín Ferrand, fundador de ANTENA 3 RADIO y ANTENA 3 TV, proyectos de los que acabó apartado

HECHOS

El 31 de agosto de 2013 se hizo público el fallecimiento de D. Manuel Martín Ferrand.

31 Agosto 2013

Hasta siempre, maestro

Javier Gimeno de Priede

Conocí a Manuel Martín Ferrand en el año 1981, unos meses antes del alumbramiento de la inolvidable Antena 3 Radio, uno de los proyectos más exitosos de la reciente historia de la comunicación en España y del que Manuel Martín Ferrand fue el principal artífice. Desde el primer momento todos los que tuvimos la ocasión de trabajar a su lado nos encontramos con un humanista profundamente culto y trabajador, un luchador incansable y un gran generador de equipos y de ideas. Sin ninguna clase de dudas, uno de sus grandes talentos fue rodearse de un plantel de notables profesionales del periodismo, algunos de los cuales pasaron a formar parte de la historia reciente de la radio.

Uno de sus incuestionables logros fue crear un estilo radiofónico propio desde el legendario eslogan publicitario que el mismo creó: “Antena 3, noticias veraces y opiniones independientes”.

Otro de los grandes proyectos de su vida fue el de su decisiva contribución para la puesta en marcha la primera cadena de televisión privada en nuestro país, Antena 3 Televisión, cuyas primeras emisiones vieron la luz en 1989 y que supuso un antes y un después en el desarrollo del sector audiovisual español. En ambas etapas tuve la ocasión de enriquecerme con el saber hacer de Manuel Martín Ferrand, su sosiego y serenidad a la hora de resolver los problemas, sus excelentes consejos y su gran capacidad para contagiarte su entusiasmo, también de su sana ambición por conseguir los retos que se ponía por delante.

El mundo periodístico de nuestro país debe rendir hoy tributo a uno de los periodistas más polivalentes de la historia contemporánea, cuya carrera ha sido un ejemplo de brillante recorrido a través de los distintos géneros del negocio de la comunicación: radio, televisión y, por supuesto, la prensa. Prueba de ello son los innumerables premios y reconocimientos obtenidos a lo largo de una larga trayectoria coherente, solida y enormemente prolífica.

Termino este sentido articulo parafraseando al propio Manuel Martín Ferrand que en una ocasión dijo con su habitual humildad: “Lo poco que sé y soy se lo debo a mis maestros y los he tenido magníficos”. Pues bien, al maestro Martín Ferrand el más sincero agradecimiento de todos los que tuvimos la gran fortuna de aprender de sus innumerables enseñanzas y la oportunidad de compartir su pasión por la profesión periodística que ejerció hasta sus últimos días. Descanse en paz, admirado don Manuel.

Javier Gimeno de Priede

31 Agosto 2013

La vía gallega de la escritura

Juan Cruz

Hay gallegos que escriben como caminan, no solo como hablan, hallando curiosidades en las que se detienen como si el dato fuera menos que el detalle

Hay gallegos que escriben como caminan, no solo como hablan. Yendo de un lado al otro de la calle, hallando curiosidades en las que se detienen como si el dato fuera menos que el detalle.

De esa estirpe viene Martín Ferrand; su escritura tiene que ver con su voz, con las pausas que se tomaba para decir lo que sabía, para callar aquello que no estaba aún bien cocido. Escribir es como cocinar, también. Y para él lo era en grado sumo. Hay que condimentar. Lo que más sabe de una columna o de una crónica es aquello que nadie vio, lo que necesita condimento. Y a eso iba este hombre que fue capaz de radiar películas cuando la tele era en blanco y negro y que sabía que una noticia no era nada si no tenía segundo párrafo.

Él era proclive a la metáfora frente a aquello que simula ser piedra o historia. Como a Guillén o a Chillida, le atraía el aire, pues en lo ligero está la vía a las profundidades. Sus columnas más recientes de Abc, cuando ya él sabía que los días se contaban ya por las columnas que quedaban, no se dejaron vencer por la rabia de partir; como otros gallegos (como Cunqueiro, Casares, por ejemplo) sabía que sin humor no se cocía ningún plato en ese espacio en el que los periódicos dejan que la gente cuente más lo que intuye que lo que sabe.

Cuando le dieron el Nobel (en 1978) a un escritor llamado Singer tuvo el aplomo de explicar en la tele que no había que confundir ese apellido con las máquinas de coser. En la conversación fue igual; se ponía serio para decir paradojas, como si fuera más viejo. Pero es que su generación se hizo pronto veterana; por eso ahora parece que tenía más edad que esa que marca el fin de su tiempo.

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