5 octubre 1999
Gobernador de España entre 1983 y 1993 fue acusado de corrupción y llegó a pasar por la cárcel
Muere Mariano Rubio: lluvia de elogios de los banqueros desde EL PAÍS, mientras Mario Conde le ataca desde su revista

Hechos
El 4.10.1999 falleció D. Mariano Rubio, ex Gobernador del Banco de España
Lecturas
CRONOLOGÍA — EL PERIPLO JUDICIAL DE IBERCORP, RUBIO Y DE LA CONCHA
FEBRERO-MARZO DE 1992 — ESTALLA EL CASO IBERCORP. Salen a la luz las operaciones realizadas alrededor de Sistemas Financieros, pequeña sociedad adquirida por el grupo Ibercorp, banco de inversiones presidido por Manuel de la Concha López-Isla, cuyas acciones habían experimentado una espectacular revalorización antes de desplomarse. Las informaciones revelan que determinados clientes privilegiados pudieron vender antes de la caída y que entre quienes habían realizado operaciones con Ibercorp figuraban el gobernador del Banco de España, Mariano Rubio Jiménez, y su esposa, Carmen Posadas Mañé. El escándalo termina políticamente con las posibilidades de Rubio de continuar como gobernador: en julio de 1992 es sustituido por Luis Ángel Rojo Duque.
PRIMAVERA DE 1992 — TRES QUERELLAS Y UNA INVESTIGACIÓN JUDICIAL. Se presentan inicialmente tres querellas ante distintos juzgados madrileños, que terminarán acumuladas en el Juzgado de Instrucción n.º 21, cuya titular es María Paz Redondo García. Entre los abogados de las acusaciones aparecen José Emilio Rodríguez Menéndez y Marcos García-Montes Hernández. La investigación intenta determinar si Ibercorp favoreció a determinados clientes mediante información privilegiada y manipulaciones bursátiles.
22 DE MAYO DE 1992 — DECLARA MANUEL DE LA CONCHA. El presidente de Ibercorp y antiguo síndico de la Bolsa de Madrid, Manuel de la Concha, declara durante cuatro horas ante María Paz Redondo. Posteriormente lo hacen sus socios Jaime Soto López Dóriga y Benito Tamayo Hernáez. Rubio y otros clientes privilegiados también comparecen durante la instrucción.
1992-1993 — INVESTIGACIÓN DE LAS OPERACIONES. La causa examina el funcionamiento de Sistemas Financieros, las ventas de acciones realizadas antes de su hundimiento, el trato dispensado a determinados clientes y las relaciones entre De la Concha y Rubio. Paralelamente aumenta el escrutinio fiscal sobre las inversiones realizadas a través de Ibercorp.
PRIMAVERA DE 1994 — APARECE LA CUENTA OPACA DE RUBIO. La investigación fiscal descubre que Mariano Rubio había mantenido una cuenta de inversiones gestionada desde el despacho de De la Concha, identificada mediante una clave y en la que se utilizó el nombre de la sociedad NALVI, ya extinguida, para determinadas operaciones. El asunto da origen a una causa distinta de la instrucción original de Ibercorp: el denominado «caso Rubio», en el Juzgado de Instrucción n.º 6 de Madrid.
4-5 DE MAYO DE 1994 — RUBIO Y DE LA CONCHA, DETENIDOS Y ENCARCELADOS. La Fiscalía de Madrid ordena detener a ambos. Rubio es arrestado en su domicilio y De la Concha cuando se dirigía en automóvil hacia su casa. Tras declarar ante el juez José Emilio Coronado Buitrago, los dos ingresan en prisión provisional por presuntos delitos contra la Hacienda Pública y falsedad. Pasan inicialmente por Carabanchel; Rubio sería trasladado posteriormente a Alcalá-Meco.
5 DE MAYO DE 1994 — PRIMER CIERRE DE LA INSTRUCCIÓN DE IBERCORP. Casi simultáneamente, María Paz Redondo da por terminada la investigación del procedimiento original e incoa procedimiento abreviado contra 17 personas, entre ellas Rubio, De la Concha, Miguel Boyer Salvador, Isabel Preysler Arrastia, Carmen Posadas Mañé y varios familiares de Rubio.
19 DE MAYO DE 1994 — RUBIO SALE BAJO FIANZA. Después de unos quince días encarcelado, Coronado decreta su libertad provisional bajo fianza de 15 millones de pesetas, obligación de comparecer los días 1 y 15 y cuantas veces fuese requerido. De la Concha permanece en prisión.
28 DE JULIO DE 1994 — APERTURA DE JUICIO ORAL EN IBERCORP. María Paz Redondo acuerda llevar a juicio a Rubio, De la Concha, Soto, Tamayo y otros acusados y establece una responsabilidad civil de 7.121 millones de pesetas. Al mismo tiempo archiva las actuaciones respecto de Boyer, Preysler, Posadas y otros clientes. A Rubio se le atribuyen entonces, dentro de un amplio catálogo de posibles delitos, conductas relacionadas con tráfico de influencias y la concesión de financiación del Banco de España a Ibercorp.
2 DE SEPTIEMBRE DE 1994 — LA AUDIENCIA ANULA LA APERTURA DEL JUICIO. La Audiencia Provincial de Madrid anula la resolución del 4 de mayo y, por extensión, el auto de apertura de juicio oral del 28 de julio. Obliga a María Paz Redondo a retrotraer el procedimiento y concretar qué delitos atribuye individualmente a cada acusado. El caso prácticamente vuelve cuatro meses atrás.
20 DE ENERO DE 1995 — NUEVA DELIMITACIÓN DE LAS ACUSACIONES. Redondo dicta un nuevo auto. A Mariano Rubio le atribuye ya únicamente tráfico de influencias; De la Concha y otros responsables de Ibercorp continúan imputados por estafa y maquinación para alterar el precio de las cosas.
28 DE FEBRERO-8 DE MARZO DE 1995 — NUEVA APERTURA DE JUICIO ORAL. La juez vuelve a abrir juicio oral. Rubio queda acusado de tráfico de influencias; De la Concha, Soto y Tamayo, de estafa, maquinación para alterar el precio de las cosas y falsedad. Para estos últimos mantiene una fianza conjunta de 7.121 millones.
11-24 DE MAYO DE 1995 — RUBIO SALE DEFINITIVAMENTE DEL CASO IBERCORP ORIGINAL. La Audiencia Provincial estima los recursos y ordena a María Paz Redondo excluir a Rubio. Considera que la posible actuación irregular relacionada con el crédito de 5.400 millones de pesetas del Banco de España a Ibercorp debe investigarse dentro del procedimiento del Juzgado n.º 6. Desde entonces, jurídicamente hay que distinguir claramente: Rubio deja de estar acusado en el caso Ibercorp, pero continúa investigado en el caso Rubio.
1995-1996 — CONTINÚA EL «CASO RUBIO». José Emilio Coronado investiga la cuenta opaca, el posible fraude fiscal, la falsedad documental y las relaciones entre el gobernador e Ibercorp. El procedimiento alcanza también a Carlos Jaime Pittaluga, primo de Rubio y colaborador del despacho de De la Concha. Se solicitan diligencias y comisiones rogatorias internacionales.
16 DE MAYO DE 1996 — ARCHIVADO EL DELITO FISCAL. Una reforma legal había elevado de 5 a 15 millones de pesetas la cuota mínima necesaria para que el fraude fiscal constituyese delito. Como la cantidad atribuida a Rubio y De la Concha era de aproximadamente 6,1 millones, Coronado sobresee esa acusación. Mantiene, sin embargo, la investigación por falsedad documental.
MAYO-JULIO DE 1996 — INTENTO DE ARCHIVAR EL RESTO. Coronado considera suficientemente investigada la causa y sobresee también buena parte de las restantes imputaciones. La Fiscalía, el abogado del Estado y la acusación ejercida por José María Ruiz-Mateos Jiménez recurren.
15 DE ENERO DE 1997 — LA AUDIENCIA ORDENA SEGUIR INVESTIGANDO. La Sección 16.ª de la Audiencia Provincial de Madrid revoca buena parte del archivo y ordena continuar las pesquisas sobre Rubio y De la Concha por posibles delitos relacionados con Hacienda, falsedad, cohecho, negociaciones prohibidas a funcionarios, uso de información privilegiada y tráfico de influencias. Reclama además nuevas diligencias, entre ellas una comisión rogatoria a Suiza relacionada con Thelamag Holding AG.
1997-1998 — LA INVESTIGACIÓN INTERNACIONAL PROLONGA LA CAUSA. El «caso Rubio» permanece abierto mientras se intenta obtener documentación extranjera. En noviembre-diciembre de 1998 la Justicia suiza rechaza una de las comisiones rogatorias solicitadas. La instrucción acumula ya más de cuatro años.
12-15 DE FEBRERO DE 1999 — PACTO Y FINAL DEL CASO IBERCORP ORIGINAL. A las puertas del juicio, Fiscalía y defensas alcanzan un acuerdo. El 15 de febrero comienza y termina la vista. Manuel de la Concha, Jaime Soto y Benito Tamayo aceptan penas de un año de prisión, que no comportan ingreso efectivo, después de reducirse sustancialmente las acusaciones iniciales y de indemnizarse a los perjudicados. De la Concha queda así condenado en el procedimiento Ibercorp. Mariano Rubio ya no forma parte de esa causa.
26 DE FEBRERO DE 1999 — CONFIRMACIÓN DE LAS PENAS. La Audiencia de Madrid mantiene las condenas pactadas, cerrándose judicialmente el núcleo originario del caso Ibercorp.
4 DE OCTUBRE DE 1999 — MUERE MARIANO RUBIO. Mariano Rubio Jiménez fallece en Madrid, a los 67 años, víctima de un cáncer de colon. Nunca llegó a ser condenado en el caso Ibercorp ni juzgado por el caso Rubio. En el primero había sido excluido definitivamente en 1995; en el segundo continuaba pendiente de juicio cuando murió. Su fallecimiento extinguió su responsabilidad penal personal.
Y EL PROCEDIMIENTO CONTINUÓ PARA DE LA CONCHA
Aunque para una cronología de Mariano Rubio podríamos terminar en octubre de 1999, para completar el periplo de Manuel de la Concha conviene añadir tres fechas:
MARZO DE 2000 — APERTURA DEL PROCEDIMIENTO DEL «CASO RUBIO». Tras la muerte de Rubio, el procedimiento continúa respecto de De la Concha y Carlos Jaime Pittaluga. El núcleo consiste ya fundamentalmente en determinar quién falsificó la documentación utilizada para ocultar la verdadera titularidad de la cuenta bursátil de Rubio.
3 DE JULIO DE 2002 — SEGUNDA CONDENA DE DE LA CONCHA. La Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Madrid condena a Manuel de la Concha a seis años y un día de prisión, multa de 6.000 euros e inhabilitación para ejercer como notario por un delito continuado de falsedad en documento público. La sentencia considera probado que la cuenta de Rubio había sido gestionada desde su despacho utilizando, entre otros mecanismos, el nombre de NALVI S. A., sociedad que había sido liquidada años antes. Carlos Jaime Pittaluga resulta absuelto por insuficiencia de pruebas sobre su intervención.
14 DE MAYO DE 2004 — EL SUPREMO CIERRA EL CASO. La Sala Segunda del Tribunal Supremo, en sentencia cuyo ponente es Joaquín Delgado García, confirma la condena de De la Concha a seis años y un día por falsedad continuada en documento público y mantiene la absolución de Pittaluga. Queda así definitivamente resuelta, doce años después del estallido de Ibercorp, la principal derivación penal nacida de la cuenta secreta de Mariano Rubio


05 Octubre 1999
Un buen gobernador
Co-Presidente del Banco Santander (BSCH)
El sistema financiero español tiene mucho que agradecer a Mariano Rubio. Como subgobernador del Banco de España fue capaz de culminar con éxito el saneamiento de un sistema bancario que llegó a superar una crisis antes, incluso, de que los teóricos supieran diagnosticarla. Gracias a su gestión, España pasó de un sistema bancario altamente regulado e intervenido a otro cada vez más abierto y liberalizado. Ello hizo posible la reestructuración y modernización de nuestras entidades bancarias, y las preparó para competir internacionalmente.
Hoy, gracias a esa apuesta liberalizadora, los bancos españoles están entre los más solventes, eficientes y rentables de Europa. Durante su mandato como gobernador se consolidó la idea de la independencia del Banco de España y, por tanto, de la política monetaria. El logro de este objetivo, que finalmente se materializó en 1994, constituyó un paso definitivo en nuestro camino hacia la Unión Monetaria Europea. Porque, en último extremo, la idea de la convergencia con Europa impregnó toda la trayectoria pública de Mariano Rubio. En ese sentido, no dudo en afirmar que Mariano Rubio fue el primer gobernador europeo del Banco de España. Y un buen gobernador.


05 Octubre 1999
La generación de la banca
Presidente del Banco Popular
El fallecimiento de Mariano merma una generación que hizo época, que hizo historia en la banca española. Escámez, Aguirre, Usera, Sánchez Asiaín, Galíndez, Termes son personas que pertenecen a esa época y que, en estrecho contacto con Mariano Rubio, cambiaron la faz de la banca de este país. Desde el banco rector, desde el Banco de España, colocó a la banca privada en su lugar, se anticipó al cambio y gestionó con talento y mano firme la crisis bancaria. Mariano no sólo intervino en banca, sino en cultura, en investigación: la creación, por ejemplo, de la Fundación de Economía Aplicada se debe a su impulso. Siento su muerte, comparto el dolor de Carmen, su esposa, y me sumo al pésame de quienes recordamos con afecto el trato que nos dispensó.


05 Octubre 1999
Mariano
Presidente del Banco Bilbao Vizcaya (BBV)
Le llamábamos Mariano, y bastaba con ese nombre para que todos supiéramos de quién estábamos hablando.Para todos los banqueros fue un gobernador duro, pero tremendamente eficaz, y a su actitud de severo funcionario público le tenemos que agradecer que hoy la banca española sea una de las más saneadas del mundo.
Para mí personalmente, y para el banco que presido, fue también parte importante de su historia reciente, y de él recuerdo hoy sus aciertos, al margen de sus momentos amargos de los últimos tiempos. Fue siempre brillante, sutil, y, eso sí, muy exigente, incluso diría que puntilloso. No creo haber regalado adjetivos para definirle. Pues Mariano fue un funcionario eficaz, convencido de que el Banco de España era un auténtico poder moderador y decisorio dentro del propio Estado. Y ejercía en consecuencia.


05 Octubre 1999
Trayectoria ejemplar
Ex presidente del Banco Central Hispano (Co-Presidente del Banco Santander, BSCH)
La trayectoria de Mariano Rubio constituye un ejemplo de inquietud y de evolución. Militante político en su juventud, se sintió atraído, como buena parte de su generación, por la llamada de París.En la OCDE aprendió los límites y las posibilidades de la política económica en una economía de mercado. Y cuando en 1965 se incorporó al Servicio de Estudios del Banco de España se propuso modernizar nuestra política monetaria.
De ese núcleo de pensamiento partieron algunas de las ideas que han conformado la política económica española de las dos últimas décadas. Apostó por la convergencia europea. Como subgobernador, tuvo que resolver la mayor crisis bancaria de la historia de España.
La rentabilidad y solvencia del sistema bancario español, y su posición competitiva actual en la Unión Europea, le son, en buena medida, debidas a Mariano Rubio. Él modernizó también la supervisión bancaria. Fue un buen gobernador del Banco de España.
Le tuve siempre por un buen amigo. Y creo que le hubiera gustado ser recordado ante todo como un leal servidor público.


01 Diciembre 1999
Mariano Rubio. El poder y la gloria
Ex presidente del Banco Banesto
El comité de MC de aquella mañana deliberada con brillo en los ojos, sarcasmo en la mente e inquietud en los cuerpos sobre una disparatada propuesta que mi inocencia situó en la mesa de quienes debatíamos: la posibilidad de mantener una conversación, con destino a su publicación en nuestra revista, entre Mario Conde y Mariano Rubio, entre la bestia negra y el oso blanco, que en cuestión de colores y de animales cada uno tiene derecho a opinar lo que le plazca. La razón para tal dislate residía en la información de que el ex gobernador apenas le quedan una semanas de vida. Mariano iba a morir muy pronto. Mi ingenuidad genética me llevó a someter a la mesa la posibilidad de que este hombre, en el umbral de su vida, decidiera asumir su propia realidad y quisiera despedirse del mundo de los mortales bancarios y banqueros ofreciéndoles el tributo, el diezmo o la primicia de la verdad sobre aquellos servicios a los que se prestó voluntaria, decidida y entusiásticamente, como empleado cualificado de una miserable razón de Estado bancaria con la que retozaba voluptuoso en us despacho de Alcalá.
La propuesta se aprobó, a sabiendas de que quien nació como él nació, prefería morir llevándose a su tumba, de tierra o de aire, la mentira oficial, antes que desplegar un mínimo gesto de humanidad, un apunte de dignidad humana, contribuyendo a que algunos personajes fueran situados en su lugar adecuado, aquél en donde lo miserable preside la morada. Ni siquiera pudimos comprobar el acierto de nuestras predicciones porque a la mañana siguiente la radio me anunciaba la nueva: Mariano Rubio acababa de fallecer.
Cuando leía las cartas de elogio que ciertos banqueros nacionales publicaban sin pudor en las páginas del diario de Polanco sin que los trazos de sus líneas se torcieran ni las palabras se dibujaran con caracteres borrosos, no pude reprimir una sonrisa de sabor amargo. Los banqueros de mi época, en privado y con tono soterrado y algo tembloroso, dedicaban lindezas al entonces gobernador de raíz opuesta a los elogios que he podido leer tras su fallecimiento.
Tal vez el BBV fuera el que atemperara de mayor grado las críticas contra Mariano, porque el consejo de administración del banco vasco, renunciando a lo que es el modo propio de una empresa privada, apeló a Mariano Rubio para que con una inconcebible ‘laudo’ resolviera los problemas que ellos, los consejeros, se sentían incapaces de solucionar, y nombrara a Emilio Ybarra, presidente del Banco. Los Botín le deben a Rubio la inestimable ayuda de cortar de raíz los rumores que pudieron llevar el banco cántabro a la quiebra. En fin, a pesar de tales pesares, lo cierto y verdad es que leer los desmedidos elogios al fallecido no deja de ser un ejercicio altamente ilustrativo de las esencias de ‘el Sistema’.
A Mariano le cogieron con una cuenta opaca de unos cien millones de pesetas de dinero negro en el Banco de Progreso o algo parecido. Los socialistas, acompañados de un coro de dirigentes miembros de ‘el Sistema’, se rasgaron públicamente las vestiduras antes de que fueran descubiertas algunas hazañas de saqueo masivo de los fondos reservados, de regalos multimillonarios por estafas a accionistas privados, a cuyo lado lo del gobernador Mariano no pasaba de ser una aventura de tendero de pueblo. Sí, pero – claman los fariseos que vivieron de Mariano – el gobernador tenía el estigma de la honradez, y el daño que causó al país fue tremendo. Hipócritas. ¿Acaso tienen menor estigma de honradez aquellos de quienes depende nuestra seguridad? ¿La almacenan en menor grado aquéllos de quienes depende nuestra seguridad? ¿La almacenan en menor grado aquéllos que simbolizan la justicia? Historia inacabada y, mientras tanto, Mariano Rubio crucificado políticamente con los clavos de unos cien millones que no salieron de las arcas del Estado sino que, posiblemente, su genética nos conduciría a mis queridas tierras mallorquinas.
Lo peor de Mariano no residió, con mucho, en ocultar algún dinero. Ejecutó las órdenes de dominar la banca privada hasta convertir a los presidentes de los bancos en meros empleados del llamado instituto emisor, como si eso de la empresa privada no pasara de mera palabrería vacía de contenido en un país, en un modelo, en un sistema en el que él, Mariano, por la gracia de la ortodoxia, el apoyo de Solchaga y el soporte de González, se convertía en el director de una horrenda sinfonía malheriana interpretada con compases lamentables. Aquí residió su pecado. En este terreno germina su culpa. En tales páramos creció el daño. La inspección del Banco de España era para Mariano un ejercicio de incondicionales a quienes poco importaban los números, las provisiones, los ajustes de cartera. Todo eso eran potestades administrativas que debían ser utilizadas según los designios políticos al servicio de la consigna que en cada caso recibiera Mariano de más arriba, o se le ocurriera a él o a quiénes con él formaban parte de aquel inolvidable grupo de personas a quienes el inconmensurable Alfonso Escámez, presidente del Banco Central, con su particular inglés, designó como la ‘biuti’, personas que gracias al poder y desde el poder acumularon inmensas fortunas renunciando a representar cualquier imagen parecida a la de un empresario privado, admitiendo, incluso, que personas de la jerarquía estatal disparan con metralleta a las reses de sus cotos de caza.
Cuando estalló el escándalo Ibercorp, Mariano, incapaz de controlar la situación me llamó a su despacho. Allí acudí. Su tono era maravillosamente distinto al de otras ocasiones. El hombre que invirtió tiempo, poder y dinero en buscar mi muerte bancaria, suplicaba ahora mi ayuda para salvarle del sumidero en el que se había metido. Me relató que Polanco le redactó su comunicado de prensa, en un ejercicio maravilloso de objetividad informativa. Pero la ola continuaba y en esos momentos, nosotros, Banesto, disponíamos de cierto poder en algún medio de comunicación, concretamente en LA VANGUARDIA. Me pidió que hablara con Polanco, que se encontraba esquiando en Austria. Con Tapia, el director del periódico de Godó. En fin, con los más afines a su causa. Complací sus deseos desde el propio despacho del gobernador. Al día siguiente los editoriales y los artículos de PRISA y LA VANGUARDIA fueron claramente favorables al individuo acongojado que seguía ocupando el despacho de Cibeles.
Pero siguió la tormenta. No veía otra solución que vender Ibercorp. Me llamó presa del pánico a Asutiras, donde yo examinaba los primeros dibujos reales de Alejandra, suplicádome que esa misma tarde acudiera a su casa por una cuestión de vida o muerte. El asunto era muy claro: Banesto tenía que comprar Ibercorp y él me estaría eternamente agradecido. Me entregó información estrictamente confidencial del Banco de España, de la inspección de esa casa sobre el minúsculo banco de De la Concha, su gran amigo , y de Jaime Soto, un hombre mucho más independiente y menos tributario de aquellos especiales menesteres. En aquel momento sucedió lo más grande de todo. Mariano compugnido y acobardado me dijo: “Si no crees en lo que te digo, puedes hablar con Luis Ángel Rojo, el subgobernador. Sabe todo lo que ha sucedido con Ibercorp. Lo conoce al detalle, tan bien como yo. Por eso, si no te fías de mí, habla con él, porque yo se lo he pedido y te contará todo lo que le pidas”.
Mi capacidad de asombro no paraba de aumentar como la entropía en la galaxia. Rojo era un profesor, un catedrático, un hombre ajeno – pensaba yo – a las esencias miserables del ejercicio del poder en general y del Banco de España en particular. Un hombre de estudio, no de operaciones. Sin embargo, Mariano Rubio, en tan críticos momentos me habló de él casi como su socio.
Lo cierto es que aquel lunes, después de una memorable tarde dominical en casa del Gobernador en la que su señora, Carmen Posadas, vestida con leotardos negros y camisa blanca, nos servía a Emilio Botín y a mí un té, mientras en otro cuarto esperaban Jaime Sotos y Manuel de la Concha, es un escenario que olía a encerrona por los cuatro costados, en el que el propio Mariano, sin cortarse un pelo, llegó a asegurar que los banqueros privados le debíamos a él nuestras vidas porque sin su tenaz oposición los socialistas habrían nacionalizado la banca, después de ello, como digo, reunidos al día siguiente, lunes, a eso de las doce de la mañana en su despacho del Banco de España, Emilio Botín, Mariano y yo, pude comprobar que la definición que Rubio me ofreció de Rojo era precisa, concreta y exacta porque el entonces subgobernador era quien llevaba la voz cantante, el conocimiento de los números, la estrategia defensiva en el asunto Ibercorp para evitar que funeral a muerte política de Mariano y del profesor que nos hablaba. Emilio Botín, gracias a una audiencia real, pudo abandonar el despacho poco después de expuestos los iniciales argumentos por el profesor Rojo.
Yo permanecí en el despacho con ellos dos, Rojo y Rubio, Rubio y Rojo, que entonces empezaba a saber que tanto monta, monta tanto. Fue entonces cuando Rubio me contó que el subgobernador Ángel Rojo, el profesor, tenía también cuentas en Ibercorp. Rojo asintió sin ruborizarse en exceso. No añadió nada más, pero la pincelada era capaz de enmarcar el diseño. Sentí algo de sonrojo, pero sobre todo porque pensaba que Rubio me estaba mintiendo.
Cayó Rubio. Le cesaron. Rojo le sustituyó. Antes de abandonar el Banco de España me citó por última vez en su despacho. Fumaba con más tranquilidad, sabedor de que en pocos minutos asistiría a su propio sepelio. Allí pronunció una frase enigmática para mí: “Mario, yo me voy, pero te aseguro que el problema para ti no soy yo sino los que se quedan en el Banco de España”.
Pensé que se trataba de un pérfido epitafio. Sin embargo, el diario ABC informó que Rojo también había sido cliente de Ibercorp, tuvo cuentas personales en dicho banco y, al parecer, le regalaron los intereses por los créditos concedidos para comprar acciones. La información transmitida por Mariano era veraz.
Metieron a Rubio en la cárcel de Alcala Meco en un ejercicio de politización de la Justicia, para intentar evitar un desastre en las elecciones europeas. Rubio, según me cuentan, aturdido por los acontecimientos, sentía en su celda del módulo 7 pánico y depresión. Lo comprendo y lo siento. Fue injusto su estancia en Alcalá Meco. Nunca debió ser tratado como preso preventivo, como víctima de la politización de la justicia. Rojo se mostró ante mí en su verdadera talla humana el día de la intervención de Banesto. Dominado por Miguel Martín, recluido en el rincón izquierdo de su inmenso despacho, no tuvo ni siquiera la gallardía de ser él quien me entregara la orden de defunción. Percibí su miedo. Ejecutó la condena Fanjul Alcocer ante la mirada complacida, la sonrisa helada y el corazón caliente de Miguel Martín.
Mariano hizo daño porque instaló una filosofía de poner en el Banco de España que se desparrama por todos sus contornos, desde la asesoría jurídica a la inspección. Rojo, discípulo de Mariano en la asignatura ‘bancoespaña’, fue nombrado gobernador por el PSOE y mantenido por el PP.
A cada cómplice su trozo de botín.