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Brevemente fue también directivo de DIARIO16

Muere Miguel Ortega Spottorno, hermano del co-fundador de EL PAÍS con el que se enfrentó por la línea del periódico

HECHOS

Murió el 21 de marzo de 2006.

Fue el hijo primogénito del pensador español D. José Ortega y Gasset y de Dña. Rosa Spottorno y Topete. Licenciado en Medicina por la Universidad de Madrid, se especializó en enfermedades del aparato digestivo bajo el magisterio del doctor Teófilo Hernando, uno de los mayores expertos en gastroenterología de la época.

En 1935 fue pensionado por la Junta de Ampliación de Estudios para desplazarse a la Facultad de Medicina de la prestigiosa Universidad de Friburgo de Brisgovia (Alemania), en cuyo Instituto de Patología trabajó junto a su director, el profesor Ludwig Aschoff. Como resultado de este fructífero periodo de investigación, en 1939 publicó el primero de una larga serie de trabajos de su especialidad, un libro científico titulado Vitaminas como biocatalizadores (Revista de Occidente, 1939).

Miguel Ortega fue uno de los miembros del Consejo Privado del Conde de Barcelona, Don Juan de Borbón, y también de su secretariado hasta el momento de su disolución. No obstante, el doctor nunca militó en partido político alguno, aunque le gustaba definirse como un «liberal de centro». Precisamente, por su actitud tolerante e independiente, pudo permitirse siempre valorar con criterio propio y plena autonomía los avatares de la vida pública y académica, de los que estuvo plenamente informado hasta el último día de su vida.

Fiel a su condición de médico humanista e ilustrado, mantuvo una intensa actividad intelectual, como prueban sus numerosas colaboraciones en diversas revistas culturales, por ejemplo la Revista de Occidente, y varios estudios biográficos publicados sobre su padre, entre los que destacan su libro Ortega y Gasset, mi padre (Planeta, 1983), y un emotivo prólogo a una obra colectiva, escrita en conmemoración del cincuentenario de la muerte del filósofo español, titulado Meditaciones sobre Ortega y Gasset (Tébar, 2005).

El propio José Ortega y Gasset escribió en su Prólogo para alemanes (1958) que, después de muchas cavilaciones, decidió bautizar a su vástago con el nombre de Miguel por dos razones: la primera, por rendir así un homenaje a «un viejo amigo mío, un español profundo que anduvo por los caminos del mundo, ocultando bajo la sonrisa más cordial, el corazón más doloroso: Miguel de Cervantes y Saavedra»; la segunda, porque «Miguel es el nombre de lo que hay antes del nombre y después del hombre».

Quienes le han conocido, destacan que la principal virtud de Miguel Ortega ha sido la de ser un hombre de bien o, parafraseando a su admirado Antonio Machado, «un hombre bueno, en el buen sentido de la palabra».

Fermamdo H. Llano

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