27 junio 1990
Pere Duran Farell será el presidente de la compañia
Nace Gas Natural, compañía creada por La Caixa (Josep Vilarasau) y Repsol (Óscar Fanjul) para controlar el mercado del gas en España
Hechos
El 27.06.1990 Repsol y La Caixa anunciaron un acuerdo para crear Gas Natural S. A., holding cuya propiedad estaría dividida al 50% entra ambas.
Lecturas
DATOS DE LA NUEVA GAS NATURAL
Presidente: D. Pere Durán Farell
Accionistas:
– La Caixa – 25,5%
– Repsol – 25,5%
– Instituto Nacional de Hidrocarburos: 14%
– British Gas – 6%
El acuerdo establece que La Caixa y Repsol controlarán el 51 por ciento del capital formando a los doce miembros de su consejo.
21 Mayo 1991
La nueva Gas Natural aflora plusvalías de 32.000 millones
Madrid Gas Madrid y Catalana de Gas generarán unas plusvalías por su fusión de 32.000 millones. Ayer, la Junta General de Gas Madrid aprobó el balance de fusión. La valoración final decretó que Catalana es tres veces Gas Madrid y trece veces los activos escindidos de Repsol Butano. Catalana de Gas emitirá once millones de acciones nuevas con una prima de emisión de unas 2.300 pesetas por titulo (nueve millones para Gas Madrid y dos millones para los activos escindidos de Repsol Butano), con el fin de absorber a Gas Madrid y al resto de activos gasistas de Repsol. El intercambio final queda en la proporción de cuatro acciones de Catalana por cinco de Gas Madrid.
La nueva Gas Natural, que empezará a funcionar como tal a principios del año que viene y que tendrá un volumen de negocio de cien mil millones, veinte mil millones de cash flow que se reinvertirán en nuevos proyectos y casi dos millones de clientes, estará participada en un veinticinco por ciento por Repsol, otro veinticinco por ciento por La Caixa, un catorce por ciento por Repsol, un seis por ciento por British Gas y el resto estará en el mercado.
Según su presidente Pere Durán Farrell, «nuestra intención es que los socios disminuyan su participación hasta que en el mercado esté un 49 por ciento del capital».
El Consejo de Gas Natural estará repartido a partes iguales entre Repsol y La Caixa y, seguramente, contara con doce miembros.
El Análisis
La creación del gran grupo Gas Natural supone, ante todo, el intento de poner orden en un sector que España necesita desarrollar con rapidez. En 1990 el gas natural tiene todavía un peso relativamente pequeño dentro de la energía española y su estructura empresarial está demasiado fragmentada: Enagás, controlada por el Instituto Nacional de Hidrocarburos (INH), se ocupa fundamentalmente del abastecimiento exterior y el transporte mayorista, mientras Catalana de Gas, Gas Madrid y diversas compañías regionales se reparten la distribución. El acuerdo alcanzado por Óscar Fanjul, al frente de Repsol y el INH, y Josep Vilarasau, director general de La Caixa, pretende crear un gran grupo nacional capaz de coordinar suministro y distribución, negociar desde una posición más fuerte las importaciones —especialmente las procedentes de Argelia y las futuras conexiones europeas— y disponer del músculo financiero necesario para extender las redes gasistas por España. El proyecto se concibió al 50% entre el ámbito Repsol-INH y La Caixa, con más de 200.000 millones de pesetas de recursos propios previstos y con Pere Duran Farell, auténtico pionero de la introducción del gas natural en España, como presidente de consenso. En realidad, conviene distinguir el anuncio de 1990 de su materialización jurídica: el protocolo por el que Catalana de Gas absorbería Gas Madrid y recibiría los activos de gas canalizado de Repsol Butano se firmó en marzo de 1991, y las juntas aprobaron las operaciones de fusión y escisión aquel verano. Para Repsol, aquello supone extenderse desde petróleo, refino y butano hacia el negocio del gas y convertirse todavía más claramente en el gran grupo energético español; para La Caixa, transformar su importante participación en Catalana de Gas en una posición estratégica dentro de una compañía de dimensión nacional; y para Duran Farell, culminar una batalla iniciada décadas atrás para que el gas dejase de ser una energía casi regional y adquiriese dimensión española. Él mismo consideró el acuerdo trascendental porque permitía que el capital catalán, mediante La Caixa, participara al 50% en la reorganización nacional del sector.
¿Es entonces una operación empresarial o política? Las dos cosas, y precisamente ahí está lo característico de la España económica de 1990. Repsol no era una compañía privada ordinaria: su principal propietario era el INH, organismo público dependiente del Estado, y las crónicas de la época la calificaban directamente de empresa «semipública»; Enagás era además propiedad íntegra del INH. La Caixa tampoco era una empresa privada convencional, sino una caja de ahorros, sin accionistas propietarios como los de un banco privado y sometida a una particular estructura institucional y de representación de intereses sociales y públicos. Por eso resulta revelador observar quiénes aparecen alrededor de la mesa: Fanjul, Vilarasau, Duran Farell y Pere Grau como empresarios y gestores, pero también el ministro de Industria Claudio Aranzadi, el ministro de Economía Carlos Solchaga, el Gobierno de la Generalitat y Jordi Pujol. De hecho, Fanjul había pactado inicialmente la estrategia con Industria; Aranzadi y Vilarasau negociaron directamente y los Gobiernos central y catalán intervinieron en la configuración final del proyecto. Hasta la entrada previa de British Gas en Catalana de Gas aceleró la reacción del INH, preocupado porque una empresa extranjera pudiera adquirir una posición estratégica en la distribución española. Sería injusto, por tanto, reducir Gas Natural a una decisión política disfrazada de negocio: Duran Farell llevaba décadas defendiendo la gasificación, Fanjul estaba reorganizando Repsol con criterios empresariales y Vilarasau construía alrededor de La Caixa un formidable grupo industrial y financiero. Pero tampoco puede presentarse como una simple fusión privada nacida espontáneamente del mercado. Es más bien un ejemplo perfecto del capitalismo dirigido y concertado de la España de aquellos años: Estado, gran caja de ahorros y empresarios profesionales poniéndose de acuerdo para fabricar un «campeón nacional» en un sector considerado estratégico. Y en este caso la apuesta es especialmente importante: si funciona, España habrá creado prácticamente de una vez la gran compañía capaz de convertir el gas natural en uno de los pilares de su futuro sistema energético.
J. F. Lamata