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El fundador del periódico Alfonso de Salas que será presidente de su Consejo de Administración.

Nace el periódico EL MUNDO dirigido por Pedro J. Ramírez y formado por antiguos periodistas y directivos de DIARIO16

HECHOS

El 23.10.1989 salió a los quioscos el nuevo periódico EL MUNDO (El Mundo del Siglo XXI) dirigido por D. Pedro J. Ramírez y editado por Unidad Editorial , editora liderada por D. Alfonso de Salas, D. Balbino Fraga y D. Juan González.

Después de su despido como director de DIARIO16, D. Pedro José Ramírez planificó junto a don Alfonso de Salas la creación de un nuevo periódico: EL MUNDO, que vio la luz en septiembre de 1989.

Don Alfonso de Salas sería el presidente de la empresa editora del periódico, creada a tal efecto: Unidad Editorial,  mientras que el Sr. Ramírez sería el director. En su presentación se aseguró que EL MUNDO no tendría nada que ver con DIARIO16, y eso que la mitad de su plantilla había salido de allí.

LA CÚPULA

alfonso_de_salasPedroJotaRamirez4 D. Alfonso de Salas, presidente de EL MUNDO (en calidad de editor) y D. Pedro J. Ramírez su director.

melchor_miralles_jovenalfonsorojo_joven D. Melchor Miralles y D. Alfonso Rojo serán los dos ‘Adjuntos al Director de EL MUNDO’ lo que les acredita como los dos periodistas de máxima confianza del Sr. Ramírez. Paralelamente a ellos habrá tres Directores Adjuntos de EL MUNDO que serán D. Juan Carlos Laviana, D. Manuel Hidalgo y Dña. Natalia Escalada.

“Pedro se llevó a parte de la redacción, cosa hasta cierto punto lógica” opina el Sr. Badía, entonces director de DIARIO16. Su primer titular de portada fue augurar el fin del Gobierno del SPOE en las elecciones de 1989: “El PSOE perderá la mayoría absoluta si hay una fuerte participación electoral” (diagnóstico que no se cumplió, porque el PSOE logró su tercera mayoría absoluta).

D. Alfonso Rojo (ex periodista de DIARIO16 y periodista fundador de EL MUNDO, del que sería director adjunto) habla con J. F. Lamata sobre la creación del periódico:

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D. Francisco Frechoso (ex periodista de DIARIO16 y periodista fundador de EL MUNDO) habla con J. F. Lamata sobre la creación del periódico:

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PRINCIPALES ACCIONISTAS DE UNIDAD EDITORIAL:

Inicialmente el diario EL MUNDO presumía de no tener ningún accionista mayoritario, ninguna empresa detrás y todo eran pequeñas accionistas, entre ellos los miembros del equipo de la redacción. Los periodistas fundadores de EL MUNDO encabezados por D. Pedro J. Ramírez, D. Alfonso Rojo, D. Melchor Miralles o D. Francisco Frechoso sumaban inicialmente el 25% de las acciones del periódico.

Francisco_Gaya D. FRANCISCO GAYÁ – 15%

El empresario D. Francisco Gayá, antaño editor del diario económico CINCO DÍAS tenía el 15% de las acciones, lo que le convertía en el accionista mayoritario del diario. En reconocimiento de ello en 1990 fue nombrado vicepresidente de Unidad Editorial. El empresario había sido accionista también del diario EL INDEPENDIENTE de D. Pablo Sebastián, con el que rompió en junio de 1989 para pasar a apuntarse al proyecto de D. Pedro J. Ramírez.

Otros accionistas serían The Guardian (4%),  Iberagentes (4%), el Diario de León (4%) , Carlos Cutillas (4%), Antonio Rodríguez Arce (4%), el fondo de pensiones Spain Fund (4%), Beta Invest (4%), la sociedad Publicaciones y Proyectos (4%),  Sigma 2 (1%), Compañía Mobiliaria (1%) y Promociones Riojanas (1%). Y un gran número de accionistas minoritarios entre los que estaban periodistas de otros medios, en particular de ANTENA 3 como D. Manuel Martín Ferrand, D. Antonio Herrero, D. José María García o la actriz Dña Ana García Obregón.

Mario Conde, accionista minoritario

Otro accionista minoritario destacado era el presidente del banco Banesto, don Mario Conde cuya presencia era algo de lo que se podía presumir en 1989, pero que años después se convertiría en un engorro para el rotativo.

Consultado por La Hemerotaca del Buitre, don Casimiro García Abadillo, periodista del diario EL MUNDO, explicaba la presencia del banquero: “Tenía el 4,5% de capital, lo que no le daba ninguna influencia en la redacción. Era la misma cantidad, por ejemplo, que tenía Alicia Koplowitz” (…)  “Estuvimos con él hasta que descubrimos por donde iba”. Lógicamente el diario EL MUNDO trataría bastante bien al presidente de Banesto en el periodo 1989-1993, aunque no llegaba al nivel de elogios que este recibía desde el ABC.

Consejo de Administración de Unidad Editorial:

D. Alfonso de Salas Castellano (Presidente), D. Francisco Gayá (Vicepresidente), Pedro J. Ramírez (director); Balbino Fraga (director general); Juan González (consejero secretario). Como vocales de la compañía figuran: Carlos Cutillas; Manuel Delgado; Jorge Fernández; Francisco Gayá; Antonio González Noain; Richard Gott; Pedro Hernández Mora; Gregorio Peña Varona; Pedro Pérez Fernández de la Puente; Luis Reyna; Antonio Rodríguez Arce; Jorge Trías; Plácido Vázquez; Antonio Vázquez Cardeñosa; Paloma Figuerola; Investmedia S.A.; Atalaya Media S.A.; Publinvest S.A.; Inprisa; Invermedios S.A. y Medipress S.A.

ANSON (ABC) RECIBIÓ CON ELOGIOS A EL MUNDO A PESAR DE LA AMENAZA DE DE SALAS (DIARIO16)

El ABC recibido con el Sr. Anson recibió la aparición de su nuevo competidor con alegria: “EL MUNDO viene a enriquecer la libertad de expresión”. Mientras que EL PAÍS se limita a informar de la aparición de “el sexto periódico” de ámbito nacional: (los otros cinco eran el propio EL PAÍS, ABC, DIARIO16, YA y EL INDEPENDIENTE que se había fundado cuatro meses atrás).

El hecho de que D. Luis María Anson mandara ese saludo se producía a pesar de que el director de ABC había sido directamente amenazado para que no lo hiciera por D. Juan Tomás de Salas, el propietario de DIARIO16. El propio Sr. Anson lo ha narrado de la siguiente manera:

Recuerdo muy bien la llamada que Juan Tomás de Salas me hizo hace dos décadas, el mismo día en que EL MUNDO se asomaba a los puestos de periódicos. «Te hablo con claridad para que no te llames a engaño. Cualquier eco que se le haga a El inmundo lo consideraré como una agresión personal contra mí y obraré en consecuencia», me dijo amenazándome. Dirigía yo entonces el ABC verdadero y, naturalmente, ordené que se siguiera la tradición de liberalidad y señorío del periódico fundado por el gran Torcato Luca de Tena y que, en consecuencia, se diera amplio espacio a la aparición de EL MUNDO. (Luis María Anson, EL MUNDO, 22.10.2009)

Si era un gesto de ‘señorío’ del Sr. Anson hacia el Sr. Ramírez, hay que concluir que el Sr. Ramírez le devolvería el favor al Sr. Anson al dedicar igualmente un afectuoso saludo en 1998 al nacimiento de LA RAZÓN por parte de Sr. Anson.

23 Octubre 1989

EL MUNDO ES SUYO

Pedro J. Ramírez

Este periódico no será nunca de nadie, sino de sus lectores. EL MUNDO no servirá jamás otro interés sino el del público, porque el verdadero titular de la libertad de expresión no somos los periodistas -menos aún los «amos» de los periódicos- sino el conjunto de la ciudadanía. EL MUNDO no tiene «amo», y por eso jamás utilizará la información como elemento de trueque u objeto de compraventa en el turbio mercado de los favores políticos y económicos. Toda noticia de cuya veracidad y relevancia estemos convencidos será publicada, le incomode a quien le incomode. Toda investigación periodística, alentada por el derecho a saber de los lectores, será culminada, le pese a quien le pese. En este periódico no habrá tabúes, ni cotos vedados, ni zonas de sombra, ni sanctasanctorums. Si alguien pretende hacernos pasar por el aro, como a tantos otros, que abandone desde hoy toda esperanza. EL MUNDO será en la práctica de sus lectores porque los trescientos accionistas que hemos constituido su capital social lo hemos hecho concurriendo a un proyecto cuyas reglas del juego estan nítidamente definidas de cara a garantizar la independencia del periódico. EL MUNDO será en la práctica de sus lectores porque el bloque promotor del periódico que es titular del primer paquete accionarial y tiene encomendada la gestión del empeño lo integramos un largo número de profesionales, unidos por una idea común: el ejercicio del periodismo es un fin en sí mismo, y no un medio para acceder a ninguna otra plataforma de lucro o vanidad social. EL MUNDO será en la práctica de sus lectores porque tanto los reglamentos de la Sociedad como el Estatuto de la Redacción que inmediatamente entrará en vigor han sido diseñados para que los derechos y deberes de todos cuantos participamos en el periódico queden puestos al servicio del compromiso que, en calidad de meros intermediarios, adquirimos ante los ciudadanos. EL MUNDO será en la práctica de sus lectores porque, en concordancia con todo lo anterior, la opinión del público será recabada de manera regular y constante. Si a finales del siglo pasado los redactores de «El Liberal» proclamaban jubilosamente su independencia al grito de «Nos pertenecemos, somos de nosostros mismos», una moderna concepción del derecho a la información y nuestros propios ideales nos impulsan a decirles humildemente: «Les pertenecemos; somos de todos ustedes». Es hora de que los medios de comunicación dejen de responder a la prepotencia del poder con su propia prepotencia. EL MUNDO nace en un momento en el que arrecia en todas partes el debate sobre la titularidad del poder de informar, centrado tanto en la perenne tentación expansionista de los más diversos gobiernos como en la no menos preocupante concentración de la propiedad de los medios. Ambos fenómenos están quedando de relieve en esta España actual, en la que el inmoral culto del dinero ha provocado tantas metamorfosis y en la que un Gobierno todopoderoso ha tenido la habilidad de reservar a su criterio discrecional importantes decisiones que, como las concesiones de radio y televisión o las autorizaciones de inversiones extranjeras, afectan decisivamente al futuro de las empresas periodísticas. ¿Qué libertad de crítica puede tener un medio informativo si durante largos periodos de tiempo sus propietarios se encuentran pendientes de una resolución del Consejo de Ministros? ¿Qué mecanismos de defensa le quedan a la sociedad cuando aquellos individuos a quienes la ruleta del destino o su propio don de la oportunidad han convertido en depositaríos del derecho a la información de los demás incurren en la humana flaqueza de supeditar el cumplimiento de su función social a intereses materiales más o menos confesables? Afortunadamente, la nueva tecnología ha venido a paliar el creciente clima de insatisfacción ciudadana ante la «docilidad inducida» de buena parte de los medios establecidos y en la mayoría de los países occidentales están surgiendo iniciativas como ésta, con el propósito de ampliar el pluralismo y restituir a la sociedad su capacidad de elegir entre opciones esencialmente diferentes. Quienes tengan por costumbre comprar la información al peso, como si los quioscos fueran tiendas de ultramarinos o los periódicos elixires del repertorio de esos charlatanes de feria que siempre ofrecen «más por menos», no estarán entre nuestros lectores. Tampoco quienes busquen en la prensa sensacionalismo zafio y escándalos baratos. Mucho menos quienes, uncidos a la noria del conformismo, acepten como «normales» todas aquellas injusticias, desigualdades y restricciones de la libertad que en la sociedad española -según la definición brechtiana de las cosas- tan sólo son, por desgracia, «habituales». EL MUNDO será un órgano radical en la defensa de sus convicciones, pero moderado y sereno en la exposición de sus argumentos. Jamás recurrirá al insulto ni a las descalificaciones personales. Si alguien nos agrede, sólo contestaremos a los hechos con palabras. Procuraremos que la nuestra sea siempre la voz de la razón. Nuestros editoriales tratarán de convencer antes que de conmover. Seremos intransigentes en cuanto afecte a los derechos humanos, las libertades públicas, la dignidad de los consumidores, el respeto a la opinión de las minorías y la defensa del medio ambiente frente a la estupidez o la avaricia. Intentaremos hacer buena esa visión filantrópica según la cual un periódico debe confortar a los afligidos, pero tampoco vacilaremos cuando nuestra demanda de reformas suponga afligir a quienes de manera más confortable, y a menudo insolidaria, viven. Creemos que la democracia española precisa de un profundo impulso regeneracionista que restituya a los ciudadanos el ejercicio práctico de la soberanía popular, secuestrada por las camarillas dirigentes de los grandes partidos y por los grupos de presión económica. Para ello abogaremos indesmayablemente por la aplicación de medidas concretas que sirvan para llenar de contenido los derechos de participación política. El camino será largo y difícil. En diversos momentos de la etapa fundacional de EL MUNDO, sus promotores nos hemos aplicado a nosotros mismos aquel cuento con que el presidente Kennedy, evocando escenas de su infancia, describía la carrera espacial. Explicaba que su mayor diversión consistía en juntarse con un grupo de amigos y empezar a correr campo a través, sin que nada pudiera detenerles: «Cuando encontrábamos una pared demasiado alta, nos quitábamos la gorra y la tirábamos al otro lado, para que no nos quedara más remedio que saltarla». En el complejo mundo que viene, la búsqueda de la felicidad y la justicia requerirán de grandes dosis de innovación, coraje personal y sentido de la decencia. No hay tiempo para mirar atrás, por hermoso que pueda ser nuestro reencuentro. Al escribir este artículo -el primero que firmo desde que hace siete meses sufriera un desdichado «accidente laboral», yo ya he colocado definitivamente mis ilusiones al otro lado de la valla. Usted, lector, que ha cogido este ejemplar tal vez como quien llega de visita y asoma la cabeza, tiene la oportunidad de hacer lo propio. No se conforme. Unase a nosotros. Tome lo que es suyo.

EL MUNDO en mis manos

Pedro J. Ramírez

ANTES de ponerse en marcha el proyecto, prácticamente el mismo día en que salí de DIARIO16, ya se había fraguado una especie de conspiración inocua, una especie de conjura intelectual por parte del equipo de profesionales que se sentían más próximos a mí y a lo que había significado mi trayectoria al frente de DIARIO16 y que habrían de constituir el núcleo del equipo directivo del nuevo periódico. Saber que personas como Juan Carlos Laviana, como Melchor Miralles, como Manolo Hidalgo, como Alfonso Rojo o como Carmelo Caderot estaban desde el principio absolutamente decididos a correr los riesgos que hiciera falta y no tenían la menor duda de que su decisión iba a ser marcharse de DIARIO16 y participar en el lanzamiento de algo nuevo, fue el impulso que me terminó de empujar a cruzar el Rubicón y rechazar todas las ofertas profesionales que recibí para poder dedicar mis energías a que la creación de EL MUNDO fuera una realidad. («Sin Pedro J. hubiera sido imposible que el proyecto saliera adelante, pero él lo puso en marcha porque sabía que contaba con nosotros -cuenta Melchor Miralles, adjunto al director de EL MUNDO -. Yo ya le había dicho a Pedro J. que podía contar conmigo antes de que me hablara del proyecto, porque sabía que DIARIO16 sin él no volvería a ser ese periódico en el que se podía hablar sin cortapisas. Pero cuando me encontré dentro del nuevo proyecto estaba seguro de que iba a salir, no sólo por él, sino por todos nosotros»). Se formó un grupo de seis personas que incluía a los cinco mencionados y a Ignacio Amestoy, que empezó a reunirse unas veces en mi casa, otras en casa de alguno de ellos, y enseguida también en la oficina de la agencia de publicidad «C y M» en Pedro de Valdivia, cuyo propietario es íntimo amigo de Balbino Fraga, y empezamos a trabajar de inmediato sobre el concepto de cómo tendría que ser el nuevo periódico. («El «Grupo de los 6″ inspiraba confianza -cuenta Juan Carlos Laviana, segundo de a bordo de El Mundo-. Nos complementábamos muy bien profesionalmente, lo cual es bastante difícil»). Teníamos muy claro que el periódico que queríamos crear debía ser riguroso y serio, pero también ameno y fácil de leer. Iniciamos un debate profesional que de hecho se extendió a lo largo de varios meses y establecimos un calendario provisional. En ese calendario había que tener en cuenta que, por razones económicas, sólo tenía sentido lanzar un periódico al comienzo de una temporada alta de publicidad. Es decir, o bien salíamos en octubre o si no habría que esperar hasta marzo, seis meses después. Veíamos que nos interesaba por todos los medios que el recuerdo -mezcla de simpatía y de indignación por lo que había sucedido en DIARIO16-, que se había generado en la opinión pública se mantuviera fresco y, por lo tanto nos dimos cuenta de que teníamos que conseguir hacer como fuera la machada de lanzar un periódico partiendo de la nada, en apenas seis meses. En esos seis meses que quedaban hasta octubre teníamos que conseguir el dinero, crear la infraestructura industrial, comprar la rotativa, comprar los equipos informáticos, buscar un local, formar la redacción, diseñar el producto… ¡Parecía imposible conseguir el objetivo! Llegamos a la conclusión de que el núcleo básico de la redacción tenía que estar funcionando a partir del uno de junio, para que luego la gente se incorporara en bloque a partir del uno de septiembre. Pero claro, antes de llegar a esa fecha había una necesidad básica: reunir el capital. Hicimos un planteamiento inicial realmente modesto en nuestras pretensiones, que habría sido claramente insuficiente, tal y como se ha visto después. Sin embargo, quizá por plantearnos un objetivo asequible, desde el principio hablamos de que si conseguíamos 500 millones de pesetas lanzaríamos el periódico. Empezamos a la buena de Dios a iniciar todo tipo de gestiones con las personas y grupos más diversos.

Así, me encontré de repente convertido en una especie de viajante de comercio que iba con su proyecto debajo del brazo tratando de convencer a potenciales inversores de que depositaran su confianza en nosotros, pasando además por el aro de las dos reglas que establecimos: que nadie tuviera una posición dominante en la empresa y que todos los accionistas destinaran el veinticinco por ciento de su inversión a pagar las acciones liberadas que debíamos tener los profesionales, para cumplir el objetivo de preservar la independencia del periódico en función de esa estructura de capital. De este modo seríamos los profesionales los que siempre tendríamos la posibilidad de controlar el producto. Una de las primeras gestiones que hicimos con un resultado final decepcionante, fue la de tratar de convencer a Jean François Lemoine, el dueño de Sud-Ouest, de que invirtiera en nuestro proyecto lo que había pensado en invertir en el Grupo 16. De hecho, Alfonso de Salas (ex director general del Grupo 16, que habría de ser el presidente de EL MUNDO) y yo tuvimos una cena de trabajo muy grata en París, a la que asistieron el propio Lemoine y su hombre de confianza, Maurice Picot. Cuando pensábamos que Lemoine prácticamente estaba decidido a invertir en nuestro proyecto, surgió el inconveniente de que SUD-OUEST llevaba muy avanzadas unas gestiones para participar en el capital del grupo vasco editor de EL CORREO ESPAÑOL, que a su vez acababa de cerrar la operación de adquisición del YA. Lemoine nos explicó que no podía ser socio de dos grupos que tuvieran periódicos en Madrid y que por tanto, se tenía que quedar fuera del nuestro. Fue toda una decepción para nosotros, no sólo porque aún no teníamos casi ningún dinero, sino también porque pensábamos que un socio extranjero podía dar solidez y credibilidad al periódico y Sud-Ouest, aun siendo un diario regional, es uno de los más prestigiosos de Francia. Al mismo tiempo, en cambio, hubo otra gestión internacional que un tanto inesperadamente para mí, empezó a cobrar visos de que podía salir bien. Yo había asistido en abril a la asamblea anual del Instituto Internacional de Prensa que ese año se celebró en Berlín. Soy miembro de la Ejecutiva Internacional del IPI y a ese órgano directivo, que integramos veintitantas personas de los lugares más diversos de la tierra, pertenece también -de hecho fue elegido casi a la vez que yo-, el director de THE GUARDIAN, Peter Preston. THE GUARDIAN es uno de los grandes títulos de la prensa europea y está considerado como el periódico más progresista dentro de los «quality papers» británicos, con una fuerte tradición de buen periodismo y arraigo en los sectores más intelectuales de la sociedad inglesa. Por indicación y a sugerencia del director del IPI, mi amigo Peter Galliner, entablé un primer contacto en Berlín con Preston e incluso le entregué una copia de nuestro proyecto. El me dijo que THE GUARDIAN nunca había hecho ninguna inversión fuera de su país, pero que precisamente en ese momento estaban pensando en que les gustaría tener una dimensión lo más europeísta posible, con lo cual no descartaba que pudieran plantearse algo, aunque fuera de tipo testimonial. Al cabo de unas semanas y de varias conversaciones telefónicas nosotros les ofrecimos formalmente que pudieran coger hasta el diez por ciento del capital de nuestro proyecto y que estuvieran representados, por lo tanto, en nuestro consejo de administración. Eso ya no sería tan «testimonial» y Preston me sugirió que viajara a Londres para explicar y discutir los aspectos que podían suscitar más dudas del proyecto con el presidente ejecutivo de la empresa editora de THE GUARDIAN. Hice una primera tentativa de acudir a esa cita en la que me acompañaba Víctor de la Serna Jr., que era otra de las personas que desde el primer momento estuvo implicado en el lanzamiento del periódico. Siempre había tenido un gran aprecio hacia Víctor porque -además de compartir la misma afición por el baloncesto- me parece un periodista con una formación de características muy anglosajonas que, tanto por su tradición familiar como por su experiencia como corresponsal en EEUU, tiene una visión muy moderna, cosmopolita y occidental del periodismo. Muy pocos días después de mi destitución coincidí con él en un almuerzo que se había organizado en la Asociación de la Prensa de Barcelona, para tratar de establecer un acercamiento de posturas entre los miembros del comité español del IPI y la junta directiva de la Asociación de la Prensa de Barcelona que presidía Carlos Sentís, en torno al debate sobre la colegiación de los periodistas.

En aquel viaje le hablé a Víctor de un proyecto que entonces parecía una quimera -un periódico controlado por los profesionales-, y él se prestó desde el principio a colaborar en los trabajos preparatorios e incluso a fichar por el periódico, si llegaba a salir adelante. Pensé que Víctor era la persona idónea para, entre otras cosas, llevar las relaciones internacionales del periódico, porque además de hablar perfectamente inglés y francés -y casi perfectamente algunos otros idiomas- tanto por su trabajo anterior en EL PAÍS como en la AEDE, (Asociación Española de Editores de Diarios) tiene muchos contactos en el extranjero, dentro de lo que es el establishment periodístico occidental. Pero esa primera tentativa de viajar a Londres quedó frustrada, porque coincidió con una huelga de controladores que hizo que se suspendieran todos los vuelos y que tuviéramos que cancelar nuestro viaje. Hubo una segunda intentona en la que Víctor ya no me pudo acompañar y viajé yo solo. Con mi modesto inglés, mucho peor desde luego que el suyo, tuve que hacer frente a una sesión de casi dos horas, de lo que podríamos llamar «cross examination», es decir, una especie de interrogatorio a fondo en el que, tal y como luego me confesaron, los ejecutivos de THE GUARDIAN asumieron un poco el papel de abogados del diablo. No paraban de poner pegas diciendo que en España había demasiados periódicos, que la difusión que pretendíamos conseguir era demasiado alta, que no conseguiríamos esas cifras de publicidad… Yo terminé la reunión absolutamente desesperanzado, a pesar de la cordialidad con la que en todo momento me trató Peter Preston, y casi convencido de que aquello no iba a salir.

De hecho hablé con Alfonso y Balbino y les transmití una impresión más bien pesimista sobre el resultado de mi viaje. Sin embargo muy pocos días después recibí un fax de Peter Preston en el que THE GUARDIAN consideraba que podría estar dispuesto a invertir en El Mundo, que supuso una enorme alegría: «Dear Pedro, Good news! We are, in principle, in for the investment and directorial bit. That was agreed this morning at a Group Board Meeting. But in principle means that we need to do a little hard talking over actual paperwork before anything beyond what has been announced can be announced. Do you want to come to us or shall we come to you? Love, PETER» (Querido Pedro, ¡Buenas noticias! Estamos, en principio, por la inversión y la entrada en el consejo de administración. Se acordó esta mañana en la reunión de la junta directiva. Pero en principio significa que necesitamos discutir sobre el papel antes de que lo que ha sido anunciado pueda ser anunciado. ¿Querrías venir a vernos o te vamos a ver nosotros a ti? Afectuosamente, PETER) Al tiempo que seguían adelante las gestiones con THE GUARDIAN íbamos teniendo distintas entrevistas con grupos empresariales españoles. El primer caso en el que fructificaron las negociaciones fue con la familia Ballvé. Fue una gestión que inició Ignacio Amestoy a través de Carmen Ballvé, que colaboraba como fotógrafa en MARIE CLAIRE16 y a la que Ignacio conocía porque era amiga de su mujer. Por esa vía conseguimos celebrar un par de reuniones de trabajo con Pedro Ballvé, que es uno de los más dinámicos y perceptivos empresarios españoles. Tenía mucho interés en conocerle, porque me impresionaba el mérito de su trayectoria, pues había conseguido en un momento no muy boyante de la economía española, recomprar la empresa familiar en el sector de la alimentación a la multinacional a la que su padre la había vendido. Tal gesto de coraje empresarial lo hacía especialmente atractivo a mis ojos. Tuvimos un par de reuniones para explicarle el proyecto y desde el principio se entusiasmó con la idea y decidió ser parte de ella. Dijo que quería empezar con una participación suficiente para estar representado en el Consejo, pero que no tenía ningún interés en controlar el periódico, sino en ayudar a preservar su independencia. Se comprometió con una inversión de 50 millones de pesetas que inmediatamente hizo efectivos a través de un cheque que recibimos eufóricos en nuestra oficina provisional de la calle Pedro de Valdivia. Se trataba del primer dinero importante que ingresaba en nuestras arcas y decidimos que había que inmortalizar el momento en una fotografía en la que los protagonistas éramos Alfonso, Balbino Fraga (director de publicidad en el Grupo 16, hoy director general de EL MUNDO), Juan González (director de planificación del Grupo 16, que sería director general adjunto de EL MUNDO), yo y por supuesto aquel suculento talón bancario. A los pocos días se hizo pública a través de una noticia en la primera página del diario económico CINCO DÍAS la decisión de THE GUARDIAN de invertir en EL MUNDO. Eso actuó inmediatamente como factor multiplicador del atractivo del proyecto, y así empezaron a fructificar otras gestiones que habíamos puesto en marcha en las semanas anteriores. Algunos de nuestros accionistas llegaron a través de dos empresas de asesoramiento financiero, Asesores Bursátiles e Iberagentes. A través de Asesores Bursátiles llegó un grupo liderado por el constructor Carlos Cutillas, una persona de mi generación, algo más joven que yo incluso, con la que enseguida sintonicé muy bien y que apostó por el proyecto nada más conocerlo. Otra de las personas que muy pronto explicitó su decisión de participar en el proyecto de lanzamiento de EL MUNDO, fue Francisco Gayá, propietario de CINCO DÍAS hasta que vendió un importante paquete obteniendo notables beneficios. Existía un inconveniente al principio, y es que Gayá era también accionista y promotor de El Independiente en la ampliación de capital que el periódico liderado por Pablo Sebastián iba a realizar para pasar de semanario a diario. Incluso llegó a ser consejero delegado de este periódico durante algunos días. Pese a este obstáculo, Gayá siempre nos dijo que creía a fondo en nuestro proyecto y que quería tener hasta un 20% del capital de EL MUNDO. Le explicamos que, de acuerdo con nuestro planteamiento, nadie debía tener más del 10%. Como en nuestras primeras conversaciones esta regla no había entrado aún en vigor, al final llegamos a un acuerdo con él, y haciendo una gran excepción, quedamos en que tendría el 15% del capital. Otro caso curioso ya muy posterior fue el de Alicia Koplowitz que me hizo llegar varios mensajes indirectos en el sentido de que tenía interés por conocer el proyecto. Al final, muy en vísperas de la salida del periódico, tuvimos una reunión en el despacho de sus abogados, Manolo Delgado y Ana de Palacio, hermana de la diputada del PP, Loyola de Palacio, a quien yo conocía hacía tiempo.

Acudí a esa reunión acompañado de Casimiro García Abadillo, que ya había fichado por EL MUNDO en calidad de corresponsal económico. Fue un encuentro verdaderamente difícil de olvidar. Al llegar nos encontramos con un suntuoso Jaguar de color vino aparcado en la puerta del despacho. Vimos que el chófer tenía un perrito faldero en las manos. Ella apareció poco después y, realmente fue una irrupción impactante donde las haya. Iba vestida con un conjunto de cuero de color azul-fucsia tremendamente ceñido y aparecía, desde luego, como una mujer exuberante. Estaba muy morena, supermaquillada, bien peinada… tenía todos los ingredientes de lo que tópicamente se suele describir como una femme fatale. Fue ciertamente extraño hablar con ella de negocios vestida con aquel atuendo. La verdad es que, cuando empezamos a hablar, en primer lugar de lo que había ocurrido en su imperio económico y de las tensiones que se habían producido como consecuencia de las separaciones matrimoniales tanto de ella como de su hermana, me di cuenta de que era una mujer bastante más articulada, con las ideas más claras y con mayor nivel cultural, no sólo de lo que indicaban las apariencias, sino también de lo que yo mismo había imaginado previamente. Luego resultó ser, además, una persona muy simpática y poco envarada en la conversación, con la que resultó muy fácil y grato charlar aquel día. Ella quedó en contestarnos, y nosotros le advertimos que su respuesta debía ser muy rápida, porque prácticamente ya no quedaban acciones disponibles. De hecho sólo quedaba un tres por ciento, y eso fue lo que algunas personas próximas a ella acabaron suscribiendo. Lo que sí había ido creciendo entretanto de forma espectacular había sido la relación de pequeños accionistas que bien a través de gestiones de algún intermediario financiero o bien a través de nuestros propios contactos personales, se habían ido subiendo al barco hasta llegar casi a los 300. Sólo Iberagentes había conseguido 100 millones de pesetas provenientes de unas cien personas distintas. Para nosotros fue una enorme inyección de moral, porque el que hubiera grupos empresariales de cierta importancia que invirtieran en EL MUNDO nos parecía casi lógico, pues creíamos que era un proyecto atractivo y podía terminar siendo muy rentable y además habíamos hecho un enorme esfuerzo de captación. Pero saber de repente que más de 100 personas a las que no conocíamos, de distintos lugares de España, habían decidido meter una parte, aunque fuera pequeña, de sus ahorros simplemente en función del prestigio y la credibilidad que desde la lejanía les merecía nuestro proyecto, fue un gran impulso, una inyección de optimismo que aumentó nuestro entusiasmo. Dentro de la propia profesión periodística hubo un grupo de personas vinculadas a ANTENA 3, como Manolo Martín Ferrand, Luis Angel de la Viuda, Antonio Herrero o José María García, que se apuntaron como modestos accionistas nuestros. Nos hizo mucha ilusión en la medida que suponía que profesionales de esa categoría y con tanto conocimiento de las dificultades del mercado periodístico, pero también de la valía de los que estábamos en el empeño, decidía meter ahí unos duros. Este fue el caso también de Manu Leguineche, una de las personas con cuya visión del periodismo y con cuya actitud ante la profesión siempre me he sentido identificado y cercano. También logré convencer a una serie de personas del mundo de la cultura que podríamos llamar de la rama «cantautores». En este empeño me ayudaron de una manera especial y directa mi buen amigo Luis Eduardo Aute y su mujer, Marichu, que reunieron a cenar en su casa a algunos amigos comunes como Joaquín Sabina, que también se decidió a ser accionista de El Mundo, y nos pusieron a tiro a otros como la pareja formada por Rosa León y José Luis García Sánchez. Quienes también invirtieron en el proyecto, en función de nuestra vieja amistad, fueron Ana García Obregón, sus dos hermanas y su madre. También el propietario del restaurante Viridiana y gran especialista en carreras de caballos, mi buen amigo Abraham García.

Junto a esta relación de accionistas, también puede hacerse otra de personas que no llegaron a serio por diversos motivos. Un caso muy especial fue el del diputado y extesorero del PP Angel Sanchís, que un día del mes de agosto se plantó en nuestra oficina y se ofreció a invertir 75 millones de pesetas en el periódico, pidiendo a cambio formar parte del consejo de administración. Nosotros le dijimos que él era una persona muy identificada dentro del PP y si bien no queríamos vetar a nadie por sus ideas políticas, siempre que fueran democráticas, pues… tendríamos que estudiar el caso. Sanchís propuso que en vez de él fuera uno de sus hijos quien perteneciera al consejo de administración, pero esa idea tampoco nos tranquilizó demasiado. Los promotores del periódico hablamos de ello y nos dimos cuenta de que, aunque la iniciativa de Sanchís era de agradecer en el terreno personal, no nos convenía nada incluirlo dentro de nuestros accionistas de cierta importancia. Muy pocos meses después, la notoriedad que Sanchís obtuvo en el llamado «caso Naseiro» nos hizo acordarnos de todo aquello y sentirnos aliviados por haber tomado la decisión correcta, puesto que hubiera sido muy dañino para la imagen del periódico el que una persona envuelta en un escándalo político de esas características hubiera ocupado una posición significativa entre nuestro accionariado. Otro caso todavía más extraño y especial fue el de un importante banquero que nos hizo una curiosa proposición. Este personaje, miembro de una familia de gran tradición en el mundo de las finanzas, me hizo llegar el mensaje de que quería hablar conmigo porque tenía interés en invertir en EL MUNDO. Nuestro contacto, un abogado amigo mío, me contó que el magnate le había hecho un planteamiento, cuando menos sorprendente: Al parecer pretendía que me convenciera de que nos replanteáramos la financiación de EL MUNDO sobre la base de que él tuviera un 50% y nos dejara a los profesionales otro 50% a modo de capital liberado. De este modo yo tendría que ir a verle cada mañana para perfilar los contenidos del periódico. – Se ve claramente que no conoces a Pedro J.- le dijo mi amigo el abogado-. Si quieres se lo digo, pero desde luego si yo fuera él, te contestaría que no. Viendo que su propuesta no iba a tener acogida, el banquero planteó entonces que le interesaba hacerse con una participación más pequeña de acuerdo con las reglas del proyecto. Nos reunimos a almorzar y fue un encuentro bastante agradable, porque se trata de un personaje inteligente, con una gran curiosidad y una base cultural bastante más amplia de la que suelen tener las personas de su mundo. Después de hablar de todo lo divino y lo humano, desde la filosofía de Sócrates a los grandes conflictos internacionales, pasamos a desmenuzar nuestro proyecto con cierto detalle. Ante la estupefacción de mi contacto, nuestro anfitrión aclaró su posición diciendo que, aunque le gustaba mucho el proyecto, no tenía ningún interés en principio en invertir en medios de comunicación, pero que si algún día necesitábamos recurrir a él en el terreno financiero, nos prestaría, encantado, toda la atención que fuera necesaria. Muchos meses después, todavía este abogado amigo mío que hacía de intermediario no había conseguido esclarecer la razón de tan súbito cambio de opinión por parte del banquero, si bien su estrecha relación personal con Alberto Cortina y Alberto Alcocer podría proporcionar alguna clave a este respecto. Otro conocido financiero español que también estuvo interesado en nuestro proyecto, llegando a comprometerse con el mismo y que, quizá por idénticas razones que el banquero, luego se echó atrás fue Alfonso Fierro, hijo. También alcanzaron cierta notoriedad, en la medida en que llegaron a filtrarse en medios profesionales, las conversaciones que mantuvimos con el grupo Zeta. Tanto su presidente, Antonio Asensio, como su vicepresidente, José Luis Erviti vieron con enorme simpatía nuestro proyecto desde el primer momento y manifestaron su interés en participar en el mismo. Ocurrió, sin embargo, que la fase inicial de constitución de nuestra sociedad y de búsqueda de los principales accionistas coincidió con el momento álgido de la carrera en pos de la concesión de la TV privada. Después, cuando Zeta se quedó injustamente fuera del reparto del pastel, intentó concretar su entrada en EL MUNDO, pero ya de una manera un tanto forzada porque nuestro capital estaba prácticamente repartido. Además Zeta pretendía tener una posición superior al techo que habíamos fijado del 10% y nosotros llegamos a la conclusión de que eso no nos convenía nada, no sólo porque supondría romper nuestro propio planteamiento, sino, sobre todo, porque una presencia tan importante de Zeta tendría una significación desde el punto de vista de imagen muy superior a la propia cuantía de su inversión, por tratarse de un grupo tan importante dentro del mundo de la comunicación. En todo caso, debo decir que guardo muy buen recuerdo de las conversaciones mantenidas con Asensio, y que me pareció uno de los empresarios de la comunicación con mayor conocimiento y sensibilidad hacia la problemática de la empresa informativa. Para mi sorpresa, finalmente tuvimos un auténtico overbooking. Nos habíamos propuesto ese objetivo verdaderamente pobre de conseguir quinientos millones de pesetas y al final cerramos con 1.500 millones de capital, más 200 de obligaciones.

Tuvimos un problema de saturación que hizo que pequeños, medianos y no tan medianos inversores tuvieran que quedarse fuera del proyecto. Junto con las gestiones encaminadas a conseguir el capital, realizamos también una serie de visitas que tenían como objetivo dar a conocer nuestro empeño, desde un punto de vista institucional. En concreto nos marcamos el objetivo de hablar con los presidentes de los grandes bancos y yo me reuní con la mayoría de ellos. Todos acogieron de una forma afectuosa nuestro proyecto, pero, sin lugar a dudas, quien más nos animó y lo hizo muy al principio, en un momento en que su aliento era para nosotros muy importante, fue Mario Conde, a quien Alfonso y yo fuimos a ver a su despacho de la Unión y el Fénix cuando el proyecto apenas había empezado a rodar. Pocas personas tienen tan claro como él un concepto moderno y progresista de la sociedad civil en el que la libertad de prensa y la independencia de los medios de comunicación desempeñan un papel esencial. También resultó muy cordial y estimulante el encuentro que mantuvimos con Alfonso Escámez y Epifanio Ridruejo en el banco Central, y la larga conversación que sostuve con José Angel Sánchez Asiaín en su despacho de la última planta del edificio del banco de Bilbao, una tarde de verano. Además de a los presidentes de los grandes bancos, explicamos nuestro proyecto a los principales líderes políticos y sindicales. Y lógicamente también al Gobierno. Alfonso de Salas y yo invitamos a almorzar a uno de los restaurantes más lujosos de Madrid a Rosa Conde y le comunicamos nuestra intención de sacar el periódico. La portavoz gubernamental no estuvo antipática pero sí un poco «ceniza», porque a lo largo de toda la comida no hizo sino decirnos lo difícil que iba a resultar nuestro empeño, ya que, en su opinión, no había espacio para más periódicos. Aprovechó además la ocasión para quejarse de lo mal que trataba la prensa en general al Ejecutivo. No hizo falta escucharla mucho rato para llegar a la conclusión de que ni a ella ni al Gobierno les haría ninguna ilusión que nuestro proyecto prosperara. De acuerdo con la estrategia establecida por Balbino Fraga, también dedicamos esos meses a realizar una serie de reuniones explicativas con las principales agencias de publicidad y algunos grandes anunciantes. Por lo menos en 50 ocasiones hice exposiciones, de entre media hora y tres cuartos, ante la plana mayor de las distintas agencias y los cuadros directivos de importantes empresas. De entre esas reuniones fueron especialmente atractivas las que mantuvimos con las principales firmas del sector del automóvil, que es uno de los que más actividad empresarial despliega y que más publicidad e información genera, dada la incidencia que el coche tiene en la vida del ser humano de nuestro tiempo. En todas las casas se nos acogió muy bien -a ello ayudó no poco la incorporación de Sergio Piccione a nuestro grupo. Piccione, cuyo prestigio profesional, ya de por sí grande, había adquirido dimensiones sin precedentes en el sector, al tratarse del primer publicitario que dimitía de un puesto estupendamente remunerado por razones vinculadas a la libertad de expresión- y guardo un buen recuerdo de los directivos de las distintas marcas, pero quizá el mejor de ellos corresponde a un largo almuerzo con el presidente de Seat, Juan Antonio Díaz Alvarez en su despacho de la Zona Franca de Barcelona. Díaz Fernández fue otra de las personas que, desde el primer momento, dejó claro que creía en el proyecto y apostaba por nosotros. En esos pequeños mítines, que a veces eran almuerzos y otras meras sesiones de trabajo en las sedes de cada empresa, yo explicaba brevemente el origen, las causas y los detalles que pudieran resultar más interesantes de la crisis acaecida en DIARIO16.

A continuación, detallaba las características del equipo profesional que estábamos ensamblando y posteriormente explicaba los fundamentos económicos de nuestro proyecto que, desde luego, no estaban basados en un romanticismo nacido del deseo de responder a la adversidad, sino que se adecuaban perfectamente a la lógica empresarial. En suma, que nuestro proyecto estaba basado en pautas de la más estricta profesionalidad. El proyecto se apoyaba en la utilización de la tecnología más avanzada del sector, como forma de simplificar extraordinariamente el proceso de producción del periódico desde un punto de vista industrial. El empleo de una nueva generación de ordenadores, recién introducida en el mercado, permitiría concentrar la mayor parte de la inversión en los recursos humanos de la redacción. Es decir, desde el principio diseñamos una empresa en la que más de la mitad de las personas íbamos a ser periodistas, lo cual suponía una proporción sin precedentes en la prensa española. Además, nuestro planteamiento en cuanto a objetivos de difusión era relativamente modesto: Nos habíamos marcado como cifra simbólica de referencia llegar a una difusión de 56.000 ejemplares en el primer año -lo cual parecía bastante asequible-, e ir poco a poco planteando un crecimiento progresivo. De esta forma pondríamos el periódico en rentabilidad relativamente pronto y los beneficios se irían reinvirtiendo en su desarrollo. Después de todas las explicaciones pertinentes, siempre había una última pregunta que casi había estado flotando en el ambiente desde el principio. ¿En qué iba a diferenciarse EL MUNDO de DIARIO16? Mi respuesta era invariablemente una reflexión que nos habíamos hecho en voz alta los promotores del proyecto: DIARIO16 era el periódico que nos habían dejado hacer… EL MUNDO iba a ser el periódico que queríamos hacer.

Memorias

Rafael Pérez Escolar

(Consejero del banco Banesto)

Don Pedro José, recién defenestrado en DIARIO16, me llamó con premura para exponerme sus proyectos sobre la fundación de un diario de nueva planta, y no dudó en anticiparme que consideraba la entrada de Banesto como un elemento esencial para la viabilidad de la empresa.

Don Pedro José me invitó a almorzar en Zalacaín en compañía de Alfonso de Salas y allí, con la precisión de un brillante relator, dividió la exposición en tres partes. La primera, para contarme los entresijos de la tremenda injusticia que motivó su salida de DIARIO16, la segunda para demostrar la necesidad de que viese la luz un periódico de corte liberal, en cuya descripción resumió con propiedad las líneas fundamentales de los que luego sería EL MUNDO, y la tercera, la parte más amplia y detallada, para confesar paladinamente que sin la ayuda de Banesto el proyecto estaba condenado al fracaso. La figura de Mario Conde resultaba imprescindible para Pedro José; la aquiescencia del presidente de Banesto era esencial para atender la petición que me estaba exponiendo con absoluta convicción y un punto de angustia. Pero la dificultad provenía de que la ayuda solicitada para que Banesto suscribiera 300 millones de pesetas en el capital de la nueva sociedad ya la había pedido con anterioridad a nuestro almuerzo y fue rechazada por la oposición frontal de Juan Belloso, que entonces hacía y deshacía a su antojo en el banco, con el fin de que nadie hiciese sombra a EL PAÍS, tan propicio a la defensa de cuanto afectase al interés del PSOE.

La conclusión resultaba inevitable: Pedro José me suplicaba que hiciese una gestión acerca de Mario Conde para que Banesto recapacitase sobre su negativa ya ccediera a suscribir y desembolsar los 300 millones inicialmente pedidos, algo imprescindible para que la inicaitiva periodística pudiese tomar vuelo. Y hubo una coda: mis anfitriones me ofrecieron la presidencia de la nueva sociedad editora. Me pareció oportuno acceder a lo primero, es decir, a la gestión, pero decliné la invitación presidencial, puesto que yo pertenecía al consejo de Prensa Española y allí las cosas no andaban bien, por lo que no estaba dispuesto a dejar a mis amigos en la estacada.

Es curioso comprobar el tratamiento que Pedro José da a los episodios relatados sobre la aportación de Banesto en los libros de que es autor, según los haya editado antes o después de la intervención de Banesto

El Análisis

DIGOS Y DIEGOS

JF Lamata

El nacimiento de un periódico que triunfa sirve para comprobar las evoluciones que hacen que los digos se conviertan en ‘diegos’. Al nacer EL MUNDO una de las cosas de las que presumía es de no tener ninguna gran empresa detrás, de ser tan sólo un grupo sostenido por humildes periodistas y accionistas minoritarios. Tan sólo dos años después EL MUNDO sería comprado por un imperio como era el grupo italiano Rizzoli  RCS Mediagrup. 

También presumió D. Pedro J. Ramírez de que EL MUNDO no tenía nada que ver con DIARIO16, pero eso sólo se mantendría mientras existiera ese periódico, con la destrucción del DIARIO16, el diario EL MUNDO no se cansaría de presentarse como ‘el sucesor’. Y el periodista que no hacía más que definirse como periodista-periodista, acabaría siendo el segundo mayor magnate de la prensa en España incluyendo prensa deportiva y revistas de todo tipo.

Cuando se es pequeño se alardea de ser pequeño y cuando se es grande, se alardea de ser grande. El que no se contenta es porque no quiere.

J. F. Lamata

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