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La propia Duquesa considera a sus hijos responsables de aquella publicación, aunque estos niegan en un nuevo comunicado que vayan a iniciar ningún proceso para incapacitar a su madre

EL PAÍS asegura que la Duquesa de Alba sufre ‘demencia’ en plena polémica por la oposición de sus hijos a su noviazgo con Alfonso Díez

HECHOS

  • El 25 de septiembre de 2008 el diario EL PAÍS y el canal CUATRO (Sogecable) informaron de la existencia de un informe que informaba de que la Duquesa de Alba sufría demencia.

enfermedad_duquesa EL PAÍS dedicó una página completa a la Duquesa de Alba.

LA DUQUESA DE ALBA RESPONSABILIZA A SU HIJO, EL DUQUE DE HUESCAR, DE LA FILTRACIÓN DE SU SALUD.

En un encuentro con periodista durante un paseó dijo unas pocas frases:

  • Duquesa de Alba – Sois retrasados mentales.
  • Periodistas – ¿Se encuentra bien o se considera senil como dice la prensa?
  • Duquesa de Alba – Me encuentro perfectamente. Todo es mentira, no sabéis más que escribir mentiras.
  • Periodistas – ¿Es mentira que la noticia la filtró su hijo, el Duque de Huescar?
  • Duquesa de Alba – No, eso no es mentira.
25 Septiembre 2008

La delicada salud de la duquesa

Jesús Ruiz Mantilla

El progresivo deterioro físico de Cayetana de Alba preocupa a sus hijos. El pasado sábado, tras la boda de su nieto, sufrió una crisis pulmonar y cardiaca

Después de un verano de tensión, con dimes y diretes por un sorprendente sobresalto de boda por medio, la verdadera preocupación se ha instalado en el seno de los palacios de la Casa de Alba. Pero no ha sido sólo porque Cayetana Fitz-James Stuart se quiera casar por tercera vez a sus 82 años. Es su estado de salud el que tiene verdaderamente inquietos a sus hijos, según indican en el entorno más próximo a la familia.

Los problemas sobre los que se ha estado rumoreando intensamente quedaron en evidencia el pasado sábado. Había sido un día feliz para esta mujer, la que posee más títulos nobiliarios de España. Siempre ha permanecido en el ojo del huracán y en el foco de todas las revistas y los programas de cotilleo como un auténtico imán mediático. Pero el glamour y las aventuras de antaño pueden empezar a vivir en una sombra con su declive. Cayetana disfrutó de la que fue la primera boda de uno de sus nietos, Javier Martínez de Irujo Hohenlohe -hijo de Alfonso-, con Inés Domecq, en Jerez de la Frontera. Tuvo que acudir en una silla de ruedas, pero allí se presentó, muy ilusionada con la cita.

No sorprendió tampoco que se retirara pronto a su residencia, en el palacio de Dueñas en Sevilla, donde últimamente pasa casi todo su tiempo alternando algunas visitas al palacio de Liria, en Madrid. Hacia las diez de la noche, antes de acostarse, tomó un zumo que se le atragantó al pasar por el conducto respiratorio. La cosa se complicó. El incidente hizo que se le encharcaran los pulmones, lo que le produjo, al parecer, un fallo cardiaco. Según personas de la Casa de Alba, se salvó por una intervención médica de urgencia.

En su entorno temen que a partir de ahora este incidente no resulte un caso aislado. Desde hace año y medio, la salud de la duquesa preocupa cada vez más a sus seis hijos. Ha sido operada una vez por un problema de movilidad en las piernas. Pero la intervención, que se le practicó en Sevilla, no ha dado el resultado esperado.

Los informes más recientes y los exámenes médicos han confirmado un progresivo empeoramiento de sus funciones físicas y psíquicas. La necesidad de una silla de ruedas para hacer su vida cotidiana será prácticamente permanente. Padece, según el informe médico al que ha tenido acceso EL PAÍS, una isquemia cerebral e hidrocefalia, lo que, según médicos consultados, produce una reducción del flujo sanguíneo que afecta al normal funcionamiento del cerebro y una demencia que puede ser progresiva.

La presión emocional de los últimos meses, con algunas discusiones con sus seis hijos -Carlos, Alfonso, Jacobo, Fernando, Cayetano y Eugenia, nacidos de su primer matrimonio con Luis Martínez de Irujo y Artacoz- ha podido pasar factura a su estado. Todos se han mostrado contrarios a los deseos de boda de la duquesa con el funcionario Alfonso Díez-Carabantes, de 58 años.

El asunto ha sido la comidilla de determinados medios de comunicación durante esta pasada primavera y el verano. Díez-Carabantes es hermano de un íntimo amigo del último marido de la duquesa, Jesús Aguirre, fallecido en 2001.

Lo más alarmante para la familia Alba en relación con este asunto fue conocer que Cayetana tuvo todo preparado para la boda. Se rumoreó que podría ser en Madrid o en el País Vasco. Lo hizo en secreto, pero los preparativos se conocieron casi por casualidad y el enlace pudo impedirse. Fue tanto el revuelo en relación a este asunto que la propia Casa de Alba tuvo que lanzar un comunicado oficial para desmentir que fuera a producirse. En la nota se leía: «Dadas las informaciones sobre la relación de la excelentísima señora duquesa de Alba y don Alfonso Díez, esta Casa informa de que lo único destacable es la entrañable amistad entre la señora duquesa y el señor Díez, no habiendo propósito alguno de matrimonio».

La boda de su nieto el pasado sábado en Jerez mostró a la familia Alba contenta y sonriente pese a haber pasado un verano más que tenso. El público reunido alrededor de la iglesia de Santo Domingo, del siglo XIV, uno de los templos más antiguos de la localidad gaditana, llenó de piropos a la duquesa al verla aparecer en la silla de ruedas.

La fiesta supuso una auténtica reconciliación tras las diferencias familiares entre la madre y sus hijos. Ésta había mostrado su disgusto públicamente en entrevistas y declaraciones a diversos medios. La cuestión había quedado definitivamente zanjada después de que la duquesa admitiera en una entrevista a la revista ¡Hola! que había contemplado la idea de casarse. Y llegó a enfadarse mucho con sus hijos por querer impedirlo.

Pero tras la celebración, el accidente de la noche en su palacio sevillano volvió a traer la preocupación a la Casa de Alba. Esta vez, la salud de esta Grande de España es el asunto prioritario para sus descendientes.

07 Octubre 2008

Los hijos de Cayetana podrían haber comprado al servicio

Jesús Mariñas

El fin de semana ha resultado ser un stop, un respiro porque las taquicardias desfilaban de salón en salón igual que los comentarios, ya convertidos en polémica, divididos en dos: quienes apoyan la determinación de algunos hijos de solicitar la presunta incapacidad ducal – algo que los Medinacelli ya intentaron con el pobre Duque de Feria, el ex marido de Nati Abascal – y quienes la defendieron a ultranza. Ella es dura de pelar y la malintencionada revelación de que tiene isquemia espoleó a la aguerrida Duquesa de Alba, digna de su antecesor cuando lo tenían en Flandes y aledaños. Es de armas tomar, aquí se ha montado la de Dios es Cristo y me aseguran que alguno de los descendientes mayores tiene comprado al servicio para estar puntualmente informado de qué hace la enamorada mamá.

Alfonso, un romántico

Los difelísimos Manolo y Francisco, sus chóferes habituales, que conducen un discreto Volvo azul, no ‘cantarán’. Pero podría hacerlo el mecánico portugués que trasladó desde Liria a otros cinco trabajadores más que satisfacen las necesidades de Dueñas, el refugio preferido de Cayetana Fitz-James Stuart porque Liria se me cae encima. Me confirman que sus hijos no han estado cara a cara con Alfonso Díez, el pretendiente o pretendido. Sólo se vio con Fernando cuando salía de la residencia madrileña con dos bolsas con objetos antiguos. No las tienes todas consigo en cuanto a qué pasará con los bibelots de vitrina que no merecen catalogación.

Y mientras la defensa a ultranza que la Duquesa hace de su enamorado genera entusiasmo – ¡eso es cariño del bueno, algo ya insólito en un mundo deshumanizado! – crece la antipatía hacia los hijos. Y no por el desamparo, abandono o despreocupación evidentes hacia la soledad siempre acompañada de su madre. Los toman por egoístas que sólo han reaccionado ante eso de ‘¡que viene el lobo!’, esta vez bajo piel de cordero que son los modales de Alfonso. Él agasaja a su novia, se preocupa y la atiende, algo que ya no se ve. Alfonso, quizá contagiado por el ambiente más becqueriano que machadiano de Sevilla – y eso que en Dueñas madura el limonero – tira por lo cursi, una constante en sus relaciones: las últimas duraron diez años y casi tres la que todavía colea. Pero a lo que iba. Sabe camelarse a Cayetana, a quien llama ‘mi princesa’ y ‘mi porcelana’. La ve, acaso, cual muñeca chochona y le ofrece lo mejor de su vivida cincuentena.

«Cayetana revive cuando está con él. Se cree joven y hasta bella», dicen sus amigas, que aseguran que la Duquesa tiene el corazón contento y lleno de alegría. Ayer volvió a Córdoba tras la huella de las horas pasadas allí el jueves con su galán y La Judería fue otro atractivo para el turisteo otoñal. La jalearon viéndola salir con su fiel María Dolores del Pozo de las Bodegas Campos, donde algunos comensales, entre ellos un grupo catalán, le pidieron que se retratase con ellos, además de preguntarle si la boda estaba al caer, pero ella se limitó sonreír en silencio. Y hasta hubo unanimidad al verla tan juvenil: parecía que acababa de salir de los salones de Maribel Yébenes.

 

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