7 abril 2007

El documental fue realizado por la productora El Mundo-TV, dirigida por Melchor Miralles y vinculada al periódico EL MUNDO de Pedro J. Ramírez

TELEMADRID emite el documental «Ciudadanos de Segunda» contra la inmersión lingüística en Catalunya denunciando una supuesta persecución del castellano causando la ira de TV3

Hechos

El 10.04.2007 la cadena pública madrileña TELEMADRID emitió el documental ‘Víctimas del Catalán’ producido por El Mundo-TV.

Lecturas

El 10.04.2007 la cadena pública madrileña TELEMADRID emitió el documental ‘Víctimas del Catalán’ producido por El Mundo-TV.

PROTAGONISTAS DEL DOCUMENTAL DE TELEMADRID: ‘CIUDADANOS DE SEGUNDA’

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El presentador de TELEMADRID, D. Alipio Gutiérrez fue el encargado de presentar el documental ‘Ciudadanos de Segunda’ que había sido producido por la productora El Mundo-TV, de D. Melchor Miralles, propiedad del grupo Unidad Editorial de D. Pedro J. Ramírez.

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 El profesor catalán D. Francisco Caja, presidente de Convivencia Cívica Catalana (CCC) -una asociación que habitualmente defiende los intereses de los castellanohablantes catalanes era uno de los principales protagonistas del documental de TELEMADRID, denunciando una supuesta ‘persecución al castellano’ en el sistema educativo de Catalunya que, según él, llegaba incluso a los patios de los colegios.

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En el documental de TELEMADRID también se entrevistaba a D. Albert Boadella, dramaturgo catalán que se granjeó mucha popularidad en la Transición por su trasgresión contra elementos del franquismo y la Guardia Civil, llevándole aquello incluso ante Consejos de Guerra, a partir de los años ochenta pasó a ser un enemigo del nacionalismo catalán que le tachaba de ‘anti-catalán’. Para el Sr. Boadella tanto CiU como PSC apoyaban la persecución del castellano. Apoyaba a la formación política Ciutadans.

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 También TELEMADRID entrevistó en ‘Ciudadanos de Segunda’ al periodista catalán D. Arcadi Espada era otra de las figuras catalanas más conocidas por su oposición al nacionalismo catalán, tanto al de CiU, como al del tripartido PSC-ICV-ERC, lo que le había llevado a ser muy atacado en prensa radical como el diario AVUI. Apoyó a la formación política Ciutadans y denunciaba la persecución del castellano en Catalunya.

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 En el documental de TELEMADRID también aparecieron figuras que apoyaban la política lingüística de la Generalitat de Catalunya como la escritora izquierdista Dña. Rosa Regás.

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El actor independentista catalán D. Joel Joan fue otro de los partidarios de la política lingüística catalana que aceptó participar en el documental de TELEMADRID. En su caso se negó a usar la lengua castallana y habló únicamente en catalán, por lo que tuvo que ser subtitulado.

Críticas políticas:

D. Artur Mas (CiU): «Siento pena y asco ante la deformación de la realidad que presenta el documental de Telemadrid. Catalunya se caracteriza, precísamente por su ánimo de cohesión y de integración de todos los ciudadanos».

D. Joán Ferrán (Portavoz adjunto PSC): «El documental es surrealista, una completa mentira que se ha convertido en ejemplo de lo que no tiene que hacer una televisión pública».

D. Joan Ridao (ERC): «Espero que el Govern de la Generalitat estudie la posibilidad de recurrir a la justicia contra el documental de Telemadrid para garantizar la protección del honor y la buena imagen de Catalunya».

D. Alfredo Pérez Rubalcaba (PSOE: «Ese reportaje sólo tiene interés en resucitar esa historia siniestra de la batalla linguística en Catalunya».

D. Albert Rivera (Ciudadanos): «El documental presenta datos objetivos y ciertos, pero no comparto el formato, más o menos dramático, adoptado».

D. Santiago Fisas (PP, consejero de Cultura de Madrid, catalán): «El reportaje no muestra de ninguna forma la realidad de la excelente convivencia en Cataluña. Hay temas que deben ser tocados con sensibilidad y rigor. El reportaje no tiene nada que ver con el Gobierno de Madrid. En otras ocasines TV3 ha emitido declaraciones no correctas [Pepe Rubianes] y no se han pedido responsabilidades a la Generalitat».

BURLAS CONTRA EL DOCUMENTAL EN TV3

zap tv3_ciudadanos  En la televisión pública catalana TV3, en el programa ‘Els Matins’, Dña. Pilar Rahola y D. Josep Cuní se pitorrearon del documental. La Sra. Rahola consideró que los comentaristas que aparecían eran ‘conocidos personajes de la extrema derecha que se dedicaban a repetir siempre lo mismo’, en referencia a los Sres. Boadella, Caja y Espada.

 

13 Abril 2007

Cataluña y la cruda realidad

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

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El documental Ciudadanos de segunda, producido por EL MUNDO TV y emitido el lunes por Telemadrid, ha levantado ampollas dentro del establishment político catalán, con la única salvedad de Ciutadans. El reportaje, que denuncia la discriminación que viven en distintos ámbitos los castellanoparlantes en Cataluña, ha sido calificado por nacionalistas y socialistas catalanes como «indignante» y «manipulador». Sin embargo, nadie ha sido capaz de aportar un solo ejemplo de algo que se diga o muestre en el documental que sea falso. Todos los hechos que se relatan son estrictamente verídicos y además el reportaje permite escuchar la versión de quienes defienden -desde Cataluña y también desde Madrid, como es el caso de Rosa Regàs- el statu quo de la política lingüística, incluidos varios responsables de la Generalitat.

Especialmente sorprendente ha resultado la reacción del líder del PP catalán. Piqué asegura que no hay un problema «esencial» con la lengua en Cataluña. Pero de la experiencia contraria de muchos ciudadanos se deriva que el partido Ciutadans consiguiera en las últimas elecciones autonómicas tres escaños, y cuanto más se empeñe el PP en ignorar los derechos de la población castellanoparlante, más borroso será su papel en esta autonomía.

También hay quienes han atacado el programa diciendo que exagera porque en la calle no hay un problema. Pero precisamente lo que el documental pone de relieve es que el bilingüismo que es normal para los ciudadanos se ha convertido en un problema en las instituciones, donde los gobernantes pretenden ignorar el castellano y despreciar todo lo que recuerde que Cataluña es parte de España. Esta esquizofrenia oficial da lugar a situaciones tan ridículas como la que tuvo lugar el pasado domingo en la final de Mundialito Benjamín en El Algarve, cuando el equipo de Barcelona, integrado por niños de 8 años, se negó a saltar al terreno de juego con el Valencia para no escuchar el himno español, una utilización infame de la infancia con fines políticos que ya tuvo lugar con el spot a favor de las selecciones catalanas.

En Cataluña sigue sin haber un colegio en el que los padres que así lo deseen puedan escolarizar a sus hijos en castellano, como es su derecho. Y se siguen imponiendo multas a quienes no rotulan en catalán. Ésa es la realidad que el documental mostraba con toda su crudeza. Estos abusos, si el Tribunal Constitucional no lo remedia, recibirán patente de corso con el nuevo Estatuto. E incluso si el TC interviene, es probable que la Generalitat, como ha hecho en el pasado, busque una vía para imponer su voluntad. Ya ayer Montilla amenazaba con que Cataluña «no aceptará una minusvaloración política» y «se unirá con una sola voz» para hacer frente a un recorte del texto. ¿Una sola voz, en una sola lengua?

13 Abril 2007

La lengua de Telemadrid

Àlex Sàlmon

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He visto entero el reportaje emitido por Telemadrid, Ciudadanos de segunda. Después de todo lo que me habían contado esperaba un desagradable desencuentro. Pero no fue así. Es cierto que adolece de alguna voz defensora del bilingüismo. Pero las denuncias son las correctas: falta de castellano en las escuelas, sanciones a los comercios que no rotulan en catalán y boicot violento de los violentos contra personas que libremente exponen sus ideas.Me sobra una frase final. Aquella que dice: «una sociedad que navega entre dos lenguas enfrentadas». Que navega sí, enfrentadas no. La sociedad, la calle, no está enfrentada a causa de dos lenguas, pero como dice nuestro editorial, las imágenes del programa son la cruda realidad. La que hace que un niño no pueda estudiar en castellano porque sus padres no tendrán la libertad de decidirlo, aunque la ley los apoye, al menos en los dos primeros cursos.La lástima es que una vez más se unan lengua y política para frustrar a las culturas. Porque es lo que tenemos en Cataluña: la fortuna de una cultura que respira en dos lenguas. Y a quien no le guste que sea así es que está ciego.

14 Abril 2007

Si, para subsistir, el catalán ...

Arcadi Espada

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Querido J:

Siempre has dicho que el parco ejercicio de la crítica es una de las graves limitaciones de la cultura española y, muy concretamente, del periodismo. Siempre he estado de acuerdo. Esta semana, sin embargo, se ha tambaleado mi convicción. Esta semana hemos visto aquí, con un tiempo frío, gris, un permanente chien et loup, cómo hasta el mismo Gobierno catalán (y ya no digamos los intelectuales y periodistas patrocinados) se ponía a la noble tarea crítica con motivo de la emisión en Telemadrid de un reportaje sobre la situación lingüística en Cataluña. El reportaje, que no sé si has visto, es naturalmente primario, como la gran mayoría de los que se emiten en las televisiones españolas. Incluye, además, una práctica engañosa e incorrecta que es la suplantación, es decir, el periodista que se hace pasar por…, en este caso, por un padre interesado en que su hijo reciba parte de la enseñanza en lengua castellana. Una cámara oculta registra, además, las escenas cumbre de la suplantación. El empleo de la cámara oculta no me parece reprobable en sí mismo. Sería estúpido pedirles a los periodistas que no fisgonearan por el ojo de la cerradura. Otra cosa es la expresa construcción de una escena, de un factoide, para luego filmarla, y/o describirla con palabras. En cualquiera de los dos casos, lo que se obtiene es siempre una alegoría y el periodismo sólo trabaja con hechos.

Por desgracia, y como sospecharás, los críticos catalanes han estado bien lejos de ocuparse de éste y de otros asuntos estilísticos. Al fin y al cabo, ellos también tienen sus cámaras ocultas (y sus camarotes), aunque al servicio de la bondad patriótica. Sí han dicho algo sobre el olor del reportaje, sea proclamado en metáfora. Y en esto con toda la razón: una de las grandezas de la televisión pública catalana y de muchos domadores de pulgas del establishment es que sus mentiras suelen estar bien diseñadas. La materia gris de su preocupación ha sido, sin embargo, otra. En primer lugar, el derecho de intervención, que así podemos y debemos llamarle. En el reportaje se describe muy bien este derecho, en boca de un Mikimoto (empresario), de un Sierra i Fabra (escritor velocísimo) y de un Joel Joan (actor). El primero aboga genéricamente por la expulsión de Cataluña de los que no quieran aprender catalán (y ya no digamos qué prevé para los que, desde fuera, critiquen esta drástica ceremonia). El segundo se pregunta por qué en Madrid se tienen que ocupar de lo que hacemos aquí. Y el tercero afina más e incluye un hermoso coño coloquial, «qué coño le importa a Telemadrid», concretamente, lo que hacemos o dejamos de hacer aquí. Hasta aquí podrías pensar, y contigo el ancho mundo, que éste métanse en sus asuntos es la reacción visceral y minoritaria del sector florido del nacionalismo. Te equivocarías, y el mundo contigo. La reacción principal, inmediata, básica ha sido la deslegitimación: qué coño hace Telemadrid. Espero que te baste el ejemplo de un artículo firmado por Tomás Delclós en las páginas locales del diario El País. El comentarista critica las exageraciones del reportaje, y lo hace de un modo globalmente razonable. Pero hay esto al final: «El presentador del programa Ciudadanos de segunda, producido por EL MUNDO TV, cometió la imprudencia de llamar ‘documental’ a una expedición de castigo». Expedición de castigo, dice. Expedición: para un reportaje de una televisión madrileña cosido, casi íntegramente, con testimonios de catalanes, salvo el de una italiana passavolant y el mío mismo, que ya me quité. Pero como siempre la inmoralidad semántica acaba revelando una verdad superior: entre el independentista del coño y el prudente expedito sólo hay una octava tonal de diferencia.

Así pues, lo primero que ha emergido en la indignación supuestamente catalana no ha sido la respuesta a las presuntas exageraciones o falsedades del reportaje. No: lo primero ha sido ustedes no pueden hacer esto. Obviamente, y como suele suceder con el derecho de intervención, lo que se reprueba no es la intervención en sí, sino lo que trae consigo. Ni siquiera Joan invocaría su coño si hubieran rodado un reportaje sobre la incomparable belleza de la Barcelona primaveral. Aunque bien es verdad que acabaríamos jodiéndolo, porque me malicio que Telemadrid iba a ser capaz de subtitularlo, para dar coba a la presidenta, con los versos inmortales de aquel paseo solitario, también en primavera, más fuertes al final [¡oh charnegos!] que el patrón que les paga / y que el saltaulells que los desprecia.

Sin embargo, entiendo la estrategia de respuesta. Porque, para desgracia de todos, los hechos que se relatan son, en líneas generales, ciertos. Es cierto que muchos colegios públicos de Cataluña no cumplen la ley y deniegan la escolarización en castellano a niños menores de siete años. Desde luego, no hacía falta ninguna cámara oculta para demostrarlo. El establishment profesoral manifiesta, y hasta con orgullo, su voluntad de no cumplir la ley. Su justificación es de un indecente paternalismo patriótico: «Pobrecitos, qué sería de los niños que eligieran el castellano, marginados de todos, apestados. Los queremos demasiado. No y mil veces no». Me habrás oído negar 1.000 veces ese cuento de la lengua materna y, en especial, sus efectos sobre el aprendizaje. Hasta la fecha, y por muchos empeños que se pongan, no hay ninguna evidencia de que la escolarización de los niños en una lengua distinta a la de casa perturbe su aprendizaje. Ni qué decir tiene lo feliz que me haría que en los colegios públicos de Cataluña mis hijas pudieran inmergirse en inglés. ¡Hasta admitiría un poquito de perturbación! No. No son razones científicas las que pueden aducirse en favor de la enseñanza en castellano. Tampoco lo eran cuando se aducían, en pleno y miserable franquismo, en favor de la enseñanza en catalán. Son algo más y algo menos: razones democráticas. Un capricho democrático, me gusta decir. El que tendrían un inglés o un francés cuando exigieran que en cualquier rincón de sus estados un niño pudiera escolarizarse en la lengua oficial y común.

La ley no se cumple en muchos colegios catalanes. Pero el reportaje también muestra los efectos de una ley que sí se cumple: la que obliga al uso de la lengua catalana en los comercios, y cuyo incumplimiento ocasiona multas y problemas y, por si fuera poco, favorece las denuncias entre hermanos catalanes. A uno de los hombres más inteligentes de la Cataluña actual se le pregunta en el reportaje por esta ley y la equipara a la necesidad de que los comercios cumplan la normativa sanitaria. La equiparación es muy útil porque muestra no sólo el grado de fanatismo y obnubilación aparentemente lingüístico al que puede llegarse, sino porque subraya, oblicuamente, la raíz del problema: la protección a la lengua no puede ejercerse hasta el punto de afectar, de esa manera intolerable y grotesca, a la libertad individual. Bastaría pensar qué sucedería si en la Comunidad de Madrid se prohibiera en los comercios el uso único de las lenguas inglesa, árabe o… ¡catalana! Y no creo que nadie pueda despreciar esta hipótesis en razón de que la lengua castellana no deba ser protegida: los niveles necesarios de protección son siempre muy subjetivos: se protege el catalán y se protege el francés, y no creo que esas dos lenguas tengan el mismo lugar en el mundo.

Lo dejo ya. Cada vez que recalo en estos puertos recuerdo a Américo Castro. Decía, sobre los neologismos, que cuando uno debe preocuparse por si una lengua los asimila es que esa lengua está a punto de dejar de existir. «Y entonces ya no vale la pena ocuparse de ella», remataba. Si, para subsistir, el catalán necesita reducir la libertad de sus practicantes, es que ya no vale la pena.

Sigue con salud

A.

15 Abril 2007

Nuestras vergüenzas en Madrid

Àlex Salmon

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Lo que no nos gusta es que vengan de Madrid y nos cuenten nuestra miseria. Pero las miserias son las que son. Y somos nosotros los que hemos inventado esta sociedad, con sus claros y oscuros, con sus limitaciones, con sus contradicciones.

No es que me apetezca volver a escribir del polémico programa de Telemadrid, pero ante el aluvión de correos del pasado viernes, a favor y en contra de mi apunte, prefiero ocupar más espacio y dejar algunas cosas claras sobre el tema.

Ciudadanos de segunda no es el programa que yo hubiera hecho sobre la lengua en Cataluña, pero tampoco es el insulto que algunos nos están explicando para, en definitiva, seguir vendiendo el mismo mensaje de siempre: que este diario ataca a la lengua catalana.Error, mentira, falsedad de las grandes. No hay que convencer de ello al habitual lector de EL MUNDO de CATALUNYA. Sabe que cualquier opinador de este diario es libre de expresarse en la lengua que se le antoje, catalán o castellano, cuestión que no le será permitida en otros diarios barceloneses, algunos instigadores de esta campaña contra el programa de Telemadrid, y de paso contra EL MUNDO TV, que lo produjo.

¿Qué no me gusta del programa? Primero: la música. El suspense a la que nos transporta es un territorio donde todo es misterioso y desconocido. Nos obliga a situarnos en contra de lo que estamos viendo, sea bueno o malo. Cataluña no es un territorio inhóspito.Todo lo contrario. Segundo: las entrevistas realizadas a alumnos de bachillerato. Se nota que están conducidas por el periodista para demostrar que en las aulas no se deja hablar en castellano.El comentario se basa más en la recomendación que en la insistencia.Pero, atención, conozco a muchos maestros que les ponen mala cara a los alumnos que utilizan el castellano con asiduidad en las aulas. Así que una cosa va por la otra. Tercero: el resumen de que las lenguas están enfrentadas en Cataluña es falso. No existe. El problema es otro, y ese está explicado con las imágenes obtenidas en las escuelas o en los comercios.

Aparte de ruidos mediáticos, los catalanes deberíamos enfrentarnos directamente a dos problemas graves. Vivimos en una sociedad donde te pueden multar por escribir un rótulo comercial en castellano y los padres no tienen libertad para inscribir a sus hijos en una escuela donde las clases se den en español. Es así. Nadie debe rasgarse las vestiduras por estas dos situaciones. Es lo que hemos mal decidido. Es lo que han mal decidido nuestros políticos.Nada nuevo, por otro lado, forma parte del recorrido de la Ley del 98. Casi diez años.

Dicho esto, ¿qué más se puede argumentar para que una televisión que no vive la realidad catalana llegue a estas tierras y tenga propuestas suficientes como para sacarnos los colores?

Cataluña sigue en un sueño imaginado por Pujol que nunca ha existido, ni el propio president se lo creyó nunca. Y miren que tuvo muchos aciertos a lo largo de sus 23 años al frente del Govern catalán.Uno de esos sueños fueron Els Països Catalans. Como ya me confesé en alguna ocasión descendiente de la sociedad «cumbayá deu meu» de los años 70 puede confesarles que mis libretas de aquellos tiempos estaban repletas de adhesivos alegóricos a esos países y a la Catalunya Nord. Pero en los 70, ese discurso era rebelde por unas causas concretas. El problema es que parte de la sociedad sigue sumida en aquel síndrome.

Sólo en la escuela catalana se hace referencia a esa unidad territorial.Ello nos debería hacer pensar. Ni en Valencia, ni en las Illes, ni en Perpignan, ni en Andorra, ni en L’Arguer esa agrupación es tomada en serio. Puede que por una minoría muy pequeña, no significativa. Y este detalle también aparece en el reportaje, con cierto rubor para una parte del televidente. Otros, ni han reparado en la simplificación.

Así que una vez visto y analizado el trabajo hecho por los compañeros de EL MUNDO TV, pues, hombre, tampoco hay para tanto. Y si salimos mal parados, es por nuestra culpa. En realidad la mayoría de las personas que viven en esta zona del mundo piensan de forma diferente a Joel Joan, uno de los invitados al programa, que expone todas sus ideas independentistas. El problema no es la independencia que reivindica el actor en el reportaje. Que cada uno pierda el tiempo como le dé la gana. Lo que molesta es el rechazo al que llega de fuera. El problema es la rabia que le produce todo lo que pueda considerarse español.

Claro que al revés también existen. Ya hemos denunciado en ocasiones desde aquí que no nos gustan los que trabajan para hacer prevalecer el castellano por encima de todo. Eso no es. Todo se solucionaría si dejáramos que el sentido común se impusiera. Sentido que tampoco tiene TV3 cuando tira de estas polémicas para incidir en lo mismo que acusa a Telemadrid. Como les ocurrió anoche en un programa sobre Terra Lliure. A muchos nos dejó un muy mal sabor de boca.La posibilidad de que aparezca en una televisión pública un personaje reivindicando la violencia como la única forma de hacerse entender es un insulto a la inteligencia. En este mar, nadie está limpio.

19 Abril 2007

No hay ciudadanos de segunda

Xavier Marcé

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Aun a costa de repetirnos, conviene aprovechar cualquier ocasión posible para denunciar la absurda, mezquina y sobre todo innecesaria utilización de un espacio público como el que ofrece Telemadrid para elaborar un informe tan manipulador y confuso como el documento sobre el uso de la lengua catalana emitido hace unos días.

Evidentemente no explica nuestra realidad, lo cual es notorio para todo aquel que vive en Cataluña e incluso para el que tiene una relación tangencial con ella. Aún estando en periodo electoral y dando por supuesto que en tales circunstancias todo vale, se hace difícil entender a quien beneficia un disparate de tal magnitud.A la cuota de votantes radicales del PP español (que afortunadamente no son todos) el teórico separatismo lingüístico catalán no añade gran cosa a su eterno listado de horrores segregacionistas.

En Cataluña, por su parte, un documental de esta naturaleza provoca reacciones evidentes. Al nacionalista catalán le regala un plus de argumentos antiespañoles y al PP catalán le quita los pocos argumentos que componen su ya de por si complicada estrategia.Habrá quien dirá que con eso se apoya la crítica de ciertas bases socialistas disconformes con la tolerancia que Montilla manifiesta sobre algunas actitudes de ERC, o que se refuerza la posición de Ciutadans per Catalunya. En realidad son criterios absurdos porqué nadie que no anteponga su ideología al sentido común puede estar de acuerdo con los argumentos que nos ofrece el documental.

No se si algún ciudadano de Toledo, Valladolid o Sevilla ha tenido problemas para comprar el pan o el periódico en Cataluña aunque lo dudo, lo que si sé es que muchos ciudadanos catalanes han triunfado en el mundo de los negocios, de la cultura o de la ciencia sin utilizar el catalán habitualmente lo que no supone necesariamente ningún tipo de animadversión hacia nuestra lengua.

El conocimiento del castellano está plenamente garantizado en Catalunya aunque otra cuestión sea la calidad de la enseñanza y la rapidez de su aprendizaje, pero las estadísticas demuestran de manera incuestionable que problemas de esta naturaleza son de similar gravedad en otras comunidades, por lo que el etnocentrismo lingüístico que defienden ciertas posiciones políticas españolas no tiene cabida en nuestro marco constitucional y estatutario y no sólo por cuestiones jurídicas sino de índole pragmático.El castellano es y probablemente seguirá siéndolo, el idioma franquicia para una parte esencial de la vida social, económica y cultural catalana.

Es cierto que la escolaridad en castellano no resulta fácil ni cómoda en Cataluña, pero es falso que de ello se deduzca cualquier tipo de discriminación. El idioma que debemos proteger es el catalán y lo digo sin hacer de ello una cuestión identitaria porqué su implantación social y cultural es claramente minoritaria.Los catalanohablantes que fuimos educados durante el franquismo tuvimos que hacer un sobreesfuerzo para aprender los rudimentos gramaticales del catalán, en la actualidad no conozco a ningún joven de 15 años que no tenga una perfecto conocimiento del castellano.

Cuando se vive una situación de bilingüismo legal no hay otra opción que tomar partido y la inmersión educativa es sensata e integradora. Creo con toda sinceridad que esa política ha permitido que la evolución de Cataluña haya transitado por derroteros distintos a los de los vascos y que ha evitado la consolidación de una sociedad fragmentada que quizá le fuera útil a los intereses del PP, pero en absoluto a los catalanes.

El Análisis

TELEVISIONES PÚBLICAS RIDÍCULAS

JF Lamata

El caso de las televisiones públicas de Madrid y Catalunya es probablemente el de las dos canales de televisión más sesgadas de la cadenas de canales autonómicos sesgados. En un tema tan delicado como el idioma catalán, que tiene un valor sagrado para los catalanes como su idioma, no ayudan las exageraciones y las rotundeces. Presentar a Catalunya como una comunidad donde ‘se persigue’ el castellano como hacía TELEMADRID es una terminología exagerada e injusta. Por otro lado negar rotundamente que en Catalunya existe ‘ningún problema con el idioma’ y que quien se atreva a insinuarlo es un miserable fascista como se desprendía de las tertulias de TV3, tampoco ayudaba. Ni Catalunya se persigue ni apalea a nadie por hablar castellano, ni tampoco se morirán los nacionalistas catalanes por reconocer que se habían producido una serie de incidentes por políticas de discriminación, si quieren puntuales, y el denunciarlo no convierte en fascista al denunciante. Patéticas televisiones públicas dedicadas a fomentar el odio Madrid-Catalunya.

J. F. Lamata