13 enero 2026

ELDIARIO.ES asegura que el cantante Julio Iglesias ha agredido sexualmente a dos de sus cuidadoras en su casa de República Dominicana

Hechos

El 13 de enero de 2026 ELDIARIO.ES difundió el testimonio de dos mujeres sin identificar contra el cantante D. Julio Iglesias de la Cueva.

13 Enero 2026

Extrabajadoras de las mansiones de Julio Iglesias acusan al cantante de agresiones sexuales

Ana Requena - Elena Cabrera

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Una empleada del servicio doméstico y una fisioterapeuta afirman que trabajaron para el artista español en el año 2021 en un ambiente de control, acoso y terror en sus mansiones de República Dominicana y Bahamas. Una investigación exclusiva de elDiario.es en colaboración con Univision Noticias

Dos mujeres aseguran que Julio Iglesias las agredió sexualmente cuando trabajaban para el cantante en régimen interno en sus mansiones del Caribe. Una empleada del servicio doméstico relata que fue presionada para mantener encuentros sexuales con Julio Iglesias y describe penetraciones, bofetadas y vejaciones físicas y verbales. Ella y una compañera fisioterapeuta cuentan que, además de tocamientos, recibían insultos y humillaciones durante su jornada laboral, en un ambiente de control y acoso continuo. Los hechos, según las entrevistadas, ocurrieron en 2021. La más joven tenía entonces 22 años.

Rebeca —nombre ficticio para proteger su identidad— afirma que el artista español, que en ese momento tenía 77 años, la mandaba llamar a su habitación muchas veces al acabar la jornada laboral. Allí, según ha relatado, la penetraba con los dedos anal y vaginalmente sin que ella diera su consentimiento.

“Me usaba casi todas las noches”, dice en una entrevista con elDiario.es y Univision Noticias. “Me sentía como un objeto, como una esclava”, añade. Estos encuentros sexuales se producían casi siempre con la presencia y la participación de otra empleada que ostentaba una superioridad jerárquica respecto a esta trabajadora del servicio doméstico.

Otra de las mujeres entrevistadas, Laura —nombre ficticio— asegura que Julio Iglesias la besó en la boca y le tocó los pechos en contra de su voluntad. “Estábamos en la playa y él se acercaba y me tocaba los pezones”, recuerda la extrabajadora, que relata que un episodio similar sucedió también en la piscina de la villa que tiene el cantante en Punta Cana, un complejo de lujo en República Dominicana.

Estos dos testimonios son consistentes con otros relatos a los que han accedido elDiario.es y Univision Noticias.

Ante el temor que sentían al compartir su testimonio, dos de las entrevistadas fueron remitidas a una organización internacional de derechos humanos. Las mujeres aceptaron este asesoramiento legal por decisión propia y sin participación de los medios.

Periodistas de elDiario.es y Univision Noticias se pusieron en contacto en repetidas ocasiones y por diferentes vías con Julio Iglesias y con su abogado, sin obtener respuesta a las preguntas que estos medios le hicieron llegar por email, mensajes telefónicos y cartas entregadas en sus residencias.

Los hechos que relatan Rebeca y Laura tuvieron lugar en las residencias de Julio Iglesias en Punta Cana (República Dominicana) y en Lyford Cay (Bahamas) con el conocimiento de las mujeres encargadas de la gestión del hogar y la contratación del personal, según afirman estas dos extrabajadoras. elDiario.es y Univision Noticias han hecho llegar preguntas sobre estos casos a la encargada de la gestión de la casa y la selección de personal, sin obtener respuesta.

En cambio, la mujer a la que Rebeca señaló como la primera de sus jefas al entrar a trabajar en la villa de Punta Cana, y con la que afirmó que mantuvo un primer encuentro sexual junto a Julio Iglesias, calificó estos hechos de “patrañas” y alegó que trabajó para Iglesias como “bailarina por muchos años”. Además, añadió que solo tenía “agradecimiento, admiración y respeto por el gran artista y el gran ser humano que es”, y le describió como “humilde, generoso, un gran caballero y muy respetuoso con todas las mujeres”.

La encargada responsable de la selección de empleadas gestionó también la realización de reconocimientos médicos a las trabajadoras del servicio doméstico, que incluían exámenes ginecológicos y pruebas de enfermedades de transmisión sexual. Estos análisis se realizaron en junio de 2021, como confirma la documentación a la que ha tenido acceso este periódico. Según Rebeca, esta misma mánager favorecía y participaba en las solicitudes sexuales que les hacía Julio Iglesias. Al momento de la publicación de este artículo, esta empleada no ha dado respuesta a las preguntas realizadas por elDiario.es y Univision Noticias.

Durante tres años de investigación periodística, elDiario.es y Univision Noticias han contactado con 15 extrabajadores de Julio Iglesias, incluyendo personal doméstico y otros profesionales especializados que trabajaron en distintos periodos, entre finales de los años 90 y 2023, en las casas del cantante en República Dominicana, Bahamas y España. Estas entrevistas describen las condiciones de aislamiento de las mujeres, los conflictos laborales, la estructura jerárquica del personal y la tensión ambiental que generaba el carácter irascible de Iglesias. Las dos mujeres que refieren agresiones sexuales fueron entrevistadas en repetidas ocasiones a lo largo de más de un año, y ofrecen testimonios consistentes y estables. Sus declaraciones han sido contrastadas con abundantes pruebas documentales, como fotografías, registros de llamadas, mensajes de WhatsApp, visados, informes médicos y otros documentos.

Un lugar donde se “normaliza el maltrato”

Laura recuerda que lo que al llegar le pareció “una casa de ensueño”, pronto se destapó como un lugar dominado por un clima de “peleas” casi diarias y de “enojos” si algo no se hacía según el gusto o el criterio de Julio Iglesias. Esta mujer describe un ambiente “incómodo” que mantenía a las trabajadoras en tensión, “en permanente modo alerta” e “irritables”; un lugar donde Iglesias “normalizaba el maltrato”. En palabras de Rebeca, “a esa casa hay que llamarla la casita del terror porque es un drama, una cosa horrible”. En la casa de Punta Cana solían coincidir cerca de una decena de trabajadoras del hogar. Según un documento al que han accedido elDiario.es y Univision Noticias, el número de empleados de Julio Iglesias en agosto de 2023 ascendía a 16.

“Julio es una persona muy controladora”, dice Laura. Afirma que Iglesias ejerce ese poder “a través del miedo”. “Amenaza con despedirte y constantemente te recuerda que estar trabajando para él es lo mejor que te ha pasado en la vida. Vive recordándote cuáles son las reglas, qué puedes hacer y qué no”, añade. Ese control lo dejaba ver con innumerables detalles, desde vigilar “la cantidad de comida” que se servían en el plato o a preguntar cuándo les “venía la menstruación”, dice Laura. Rebeca añade que, en su caso, esa autoridad la imponía pidiendo ver su teléfono en cualquier momento. “Yo no dejaba [el móvil] con nada visible porque sabía que él lo iba a hacer [revisar el teléfono] y siempre archivaba los chats u ocultaba las fotos, ya que teníamos prohibido tirar fotos en la villa”, dice Rebeca.

Las mujeres con las que ha hablado este periódico trabajaron para Julio Iglesias cuando República Dominicana aún vivía los efectos de la pandemia. Iglesias arguyó el miedo al contagio para prohibir o limitar las salidas al exterior de la finca de sus trabajadoras domésticas en cualquier momento del día. No obstante, las restricciones del Gobierno en esas fechas eran únicamente nocturnas, con un toque de queda que finalizó en agosto de 2021. En cualquier caso, a las encargadas, así como a los hombres del personal, sí les permitían salir o entrar, según los trabajadores entrevistados.

Cuando estas jóvenes entraban al servicio del cantante en República Dominicana, no les formalizaban un contrato laboral por escrito. Según dicen, algunas de ellas cumplían jornadas de diez horas diarias que, en algunas empleadas, podían alargarse hasta las 16, y las libranzas no llegaban hasta pasados tres meses de trabajo ininterrumpido. Iglesias les presentaba este trabajo como una gran oportunidad, con la que podrían vivir en casas de ensueño y viajar a otros países. Echando la vista atrás, Laura recuerda el contraste entre lo que veía por fuera y lo que sentía por dentro: “Pensaba: cómo es posible que viva en este paraíso y que lo único que quiera es estar encerrada en este cuarto”. “Caí en una depresión muy fuerte y me di cuenta de que no quería estar ahí”, añade.

Solo las empleadas de mayor confianza le acompañaban en sus estancias temporales en Bahamas o España. Tanto en 2021 como en 2022, dos de las mujeres del servicio de Punta Cana fueron elegidas para trabajar durante el verano en la casa que el artista tiene en Málaga. Este periódico ha hablado con tres de las cuatro empleadas que se desplazaron a España durante esos dos años y que afirman que las jornadas laborales allí fueron más exigentes que en Punta Cana y que tampoco se les permitió salir de la finca de Ojén —a diez kilómetros de Marbella— con normalidad.

Solicitudes sexuales

Los testimonios de las exempleadas describen, de manera coincidente, un sistema de selección de personal que comienza con anuncios en redes sociales en los que se ofrece trabajo doméstico con alojamiento incluido dirigido a mujeres jóvenes. “25 a 35 años, el trabajo es con dormida, beneficios: 25.000 pesos” (unos 350 euros al cambio de ese momento), decía uno de esos anuncios, al que dio respuesta una de las mujeres entrevistadas. La encargada de gestionar la contratación, que era la jefa de las empleadas en la casa, les solicitaba, durante el primer intercambio de información, fotografías de cara y cuerpo entero. Según las conversaciones de WhatsApp a las que ha accedido elDiario.es, se pactaba la contratación sin entrevista personal.

Al poco de estar allí, según Laura y Rebeca, Julio Iglesias las sometía a preguntas íntimas —“¿te gustan las mujeres?”, “¿te gustan los tríos?”, “¿te has operado los pechos?”— y, en algunos casos, les pedía verles los senos o se los tocaba, con el pretexto de comprobar cómo les había quedado la cirugía de aumento de pecho o para que él evaluara si debían de hacérsela. En ese tipo de conversaciones también les hacía proposiciones sexuales, las presionaba insistentemente para que accedieran y las insultaba: “boluda” era su improperio más habitual, según el relato de estas mujeres y de otros testigos.

La coerción, según explican Laura y Rebeca, no llegaba solo por parte de él sino también de las jefas, que insistían para que sus subalternas aceptaran las solicitudes. Una de las dos mujeres identificadas como encargadas no quiso contestar a las preguntas detalladas, pero describió estas afirmaciones como “patrañas”. La otra no contestó.

La insistencia descrita por las extrabajadoras podía suceder en público, como la petición a Laura para que se desnudara frente a sus compañeras —algo que fue confirmado con una invitada presente en la casa— o en privado, en la habitación de Julio Iglesias, de noche. Si las mujeres no accedían, entonces sufrían desprecios y humillaciones por parte del cantante, según cuentan en las entrevistas.

“Cuando le digo que no quiero estar con él, comienza a insultarme muy feo y a decirme que cómo no voy a estar con él, que hay muchísimas modelos muriéndose por estar con él y que yo, porque él me quería y me había cogido cariño, estaba siempre junto con él”, dice Rebeca. Iglesias añadió algo que Rebeca dice que nunca va a olvidar: que era una “princesa con suerte por estar en su casa”. Para sí misma, ella se dijo: “Cómo voy a ser una princesa con suerte si trabajo más de 16 horas”. En ese momento, Rebeca no se atrevió a decir ni una palabra más, pero rompió a llorar. “Él trataba de decirme que yo no tenía derecho, por nada del mundo, a decirle que no, a rechazarlo”, añade.

Una jerarquía de empleadas

Las vivencias de seis extrabajadoras o visitantes de la casa con las que ha hablado elDiario.es trazan una dinámica que coincide: hay dos categorías de empleadas, las que trabajan en el servicio doméstico, y las que tienen funciones específicas, como fisioterapeutas o bien simplemente acompañantes o invitadas del cantante, a las cuales las domésticas debían dirigirse como “señoritas”. Por encima de estas, las encargadas, que dan órdenes al resto, manejan todos los asuntos del hogar y se encargan de transmitir y ejecutar lo que manda el dueño de la casa. elDiario.es ha identificado a dos mujeres que ocuparon el puesto de encargada o jefa del servicio de las mansiones de Iglesias y que, en ocasiones y según el relato de Rebeca, instaban o pedían a las empleadas del servicio doméstico que acudieran a la habitación del cantante para mantener sexo con él en compañía de las jefas. Una de las encargadas no ha respondido a los mensajes de elDiario.es y Univision Noticias. Otra de ellas no ha dado respuesta a las preguntas, pero ha señalado que no tiene “nada que decir frente a esas acusaciones”.

Rebeca trabajó en el servicio doméstico del artista en sus casas de República Dominicana y Bahamas durante diez meses y, rápidamente, se convirtió en una de las trabajadoras de confianza de Iglesias. Cuando Rebeca contestó por WhatsApp a la oferta de empleo, una mujer le pidió referencias, cinco fotografías y un currículum; además, le preguntó si tenía hijos. Rebeca no tenía carta de referencia, pero apenas unas horas después la llamaron por teléfono para comunicarle que el trabajo era suyo. No hubo entrevista personal. Ella tenía 22 años.

Al poco de empezar a trabajar en la limpieza de la residencia, comenzaron los halagos sobre su físico. Y, también, las advertencias y las normas: no podía tener novio mientras trabajara para Julio Iglesias, estaban prohibidas las fotografías en el interior de la casa, así como en los jardines o la playa privada, y debían entregarle el móvil a su jefe si él lo solicitaba para revisar las fotos y las conversaciones de WhatsApp. Además, las empleadas tenían prohibido salir de casa —supuestamente por el miedo al contagio que sufría el cantante—, relacionarse con los empleados de mantenimiento y hablar o entablar amistad entre ellas. Pero, de una manera u otra, algunas conseguían saltarse esas normas.

La primera petición que incomodó a Rebeca, que había sido contratada para limpiar y cocinar, fue la de darle un masaje en los pies a Julio Iglesias. Después de hacerlo, él le dio una gratificación de 50 dólares. Fue la única vez en la que él le dio dinero tras una petición que sobrepasaba sus obligaciones laborales.

El siguiente episodio fuera de lo normal sucedió cuando una encargada de la casa le indicó que bañarse en el mar con Julio Iglesias también formaba parte de su trabajo, así como de otras limpiadoras o camareras. “Antes de bajar [a la playa] me puse nerviosa y le pregunté a una cocinera que llevaba años allí si eso era normal. Le dije ‘yo no estoy acostumbrada a hacer ese tipo de acercamiento con un jefe’. Pero ella me dijo que era normal”, recuerda Rebeca, que tuvo que acompañarle en múltiples ocasiones. En la primera de esas veces, Rebeca se puso un pantalón corto encima del bikini, pero la encargada y Julio Iglesias le dijeron que se lo quitara. “Cuando me lo quito, él me dice que me dé una vuelta y hace el comentario de que yo tenía muy buenos glúteos”, dice.

Esa mañana, ya dentro del agua de la playa privada de su mansión en Punta Cana, el cantante le preguntó a Rebeca: “¿Eres libre?” y añadió algo más que ella no pudo entender. “Inocentemente le dije que sí, porque estaba soltera”, cuenta. “Luego me dice: ‘¿Vienes a mi habitación en la noche?’ Le digo que sí, pero no estoy pensando que es para tener sexo”. Después de comer, una de las dos jefas que tuvo Rebeca durante su estancia en la casa y que escuchó la conversación en la playa, le preguntó si estaba “segura” de lo que había aceptado. “Ella me dice: ‘Mira, es que él quiere que nos acostemos juntas hoy’. Yo le digo a ella que no lo voy a hacer, que estoy muy nerviosa y que no quiero hacer eso”. La jefa le insistió: “Lo tienes que hacer, dijiste que sí”, recuerda Rebeca. Esta intentó evitar el encuentro, pero afirma que fue imposible. Aunque esta jefa de Rebeca fue preguntada por este episodio, no contestó a la pregunta de este medio.

Al llegar la noche, después de dejar fregada la cocina, su jefa la llamó para que se preparara. Le hizo cambiarse de ropa, ponerse unos tacones y un complemento hawaiano. “Ella me dice que, si yo quiero, me ponga la mano en la vulva para que ella no me toque. Y lo hago así. Fingimos”, recuerda Rebeca. Antes de entrar al dormitorio, su jefa le hizo beber varias copas de vino y chupitos de tequila.

Ya en el dormitorio, donde le proporcionaron más alcohol, encontró a Julio Iglesias desnudo de cintura para abajo. La mujer besó a Rebeca en la boca. “Yo, con muchísima vergüenza, no dejo que me toque mucho, siento que me toca y que no quiero. Él me quitaba la mano de la vulva, pero yo enseguida la ponía nuevamente”, cuenta. Al día siguiente, Rebeca se despertó en la habitación de él, vomitando y con resaca, sin recordar qué había pasado después de este último recuerdo.

Unos días después, Rebeca acompañó a su jefe a pasar unos días en su mansión bahameña de la isla de Nueva Providencia. Allí, ella fue llamada de nuevo a la habitación de Julio Iglesias a las once de la noche. En esta ocasión era una jefa diferente, de rango superior a la anterior, quien la esperaba allí. Era la misma que gestionó su contratación. Rebeca recuerda que ambos la esperaban en la cama, semidesnudos. A partir de ese día, Iglesias y las jefas del servicio la reclamaban todas las noches. “Yo comenzaba a trabajar a las ocho de la mañana y acababa a las once de la noche. De ahí me llamaban a la habitación [de Iglesias] y salía a las doce o a la una para ir a mi habitación a dormir”, recuerda. “Ellos me llamaban cuatro o cinco veces a la semana para estar con ellos en su habitación”, dice. “Solamente me dejaban descansar cuando estaba su esposa con él en Punta Cana o cuando estaba otra señorita”, añade. “Mientras estaba [la jefa que la había contratado], él hacía lo que quisiera conmigo”, recalca Rebeca. elDiario.es y Univision Noticias han contactado con Miranda Rijnsburger, esposa de Julio Iglesias, pero no han recibido respuesta.

“Me cogía muy duro la vulva y me dolía mucho. […] Le decía ‘me molesta, no quiero’, pero él seguía igual”, explica Rebeca. “A veces también tenía que fingir porque le decía que no y él no escuchaba”, señala. En una ocasión, a pesar de su negativa, Rebeca afirma que, en la casa de Bahamas, él la penetró analmente con los dedos y sintió “mucho dolor”; “más de cinco veces le dije que no”, reitera, pero él siguió igualmente. En esos momentos la mujer sentía que no podía escapar: “Soy tu puto robot, tu esclava, tu muñeca. Y no puedo moverme, no puedo moverme”, recuerda Rebeca que pensaba entonces. “También en esos momentos me abofeteaba durísimo la cara, con muchísima fuerza, horrible”, dice, y afirma que Iglesias también le pegó bofetadas a la encargada. “Ella también me mordía las piernas”, añade, y muestra a este medio unas fotografías tomadas en esas fechas con cardenales y marcas de mordeduras. La encargada no respondió a la pregunta de este medio sobre este episodio.

Los episodios se repitieron. Un día, recuerda la mujer, Julio Iglesias estaba enfermo de ciática, una dolencia que viene de lejos: en 1963 sufrió un accidente de coche y, durante la hospitalización, le detectaron un tumor. A consecuencia de la operación, arrastra dolencias de espalda que ha procurado tratar con ejercicio y fisioterapia. A su edad, esos problemas se han recrudecido y le provocan grandes dolores y limitaciones de movilidad. “Sufría mucho de calambres”, recuerda la fisioterapeuta que le cuidaba. “Tenía un dolor tan fuerte que le temblaba la pierna y no podía dormir”, coincide Rebeca. Cuando el dolor empeoraba, Rebeca le cuidaba a todas horas durante días, a turnos con su jefa: “Yo andaba como una zombi esa semana, no dormía”.

En una de esas jornadas de enfermedad, le dijeron que acudiera a su habitación por la noche. “Me tuvo durante horas pasándole la lengua por el ano y chupándole el pito […] porque él sentía mucho dolor y eso lo calmaba. Pasé casi toda la madrugada chupándole sus partes. Cuando yo paraba o me quedaba dormida, él me jalaba la cabeza como para que siga”, afirma la mujer en una de las múltiples entrevistas con este medio.

En el transcurso de la entrevista con elDiario.es y Univision Noticias, Laura recuerda una conversación con Julio Iglesias que coincide con el episodio relatado por Rebeca. “Empezó a decir ‘anoche no dormí nada porque el calambre no me dejó, la pobre Rebeca y la encargada no durmieron nada, y Rebeca estuvo toda la noche chupándomela a ver si me daba sueño, pero qué va, no pude pegar ojo en toda la noche’. Yo le contestaba como si fuera broma. Él siempre hacía este tipo de comentarios y luego decía que era broma”, dice la fisioterapeuta.

Además de estos episodios que sucedían lejos de las miradas de los otros, también en público Julio Iglesias trataba a Rebeca de una manera que a ella le hacía sufrir delante de sus compañeras. “Me decía cosas feas, como que yo no era quién”, y estos comentarios le afectaban en particular cuando sucedían en Bahamas, un país que no era el suyo. “Estaba en su casa tratándome fatal, hablándome mal, regañándome y ofendiéndome delante de las otras chicas, y lo que hacía era llorar porque, ¿qué iba a hacer yo?”.

“Te sientes obligada a hacerlo”, dice Rebeca respecto a las presiones sexuales. “La mayor parte de las veces […], nunca pensé en el temor a perder mi trabajo. Era algo que él te forzaba a hacer. Generaba como un poder en ti, de que tú lo tenías que hacer sí o sí”, explica.

Llegó un momento en el que sintió que no podía más. Ya había renunciado varias veces al trabajo, pero sus empleadores la convencían para que continuara. Sufrió episodios de presión en el pecho y taquicardia, lo que le llevó a realizarse unas pruebas médicas, las cuales ha podido comprobar este periódico. En una llamada telefónica, Rebeca le contó a Julio Iglesias, llorando, que quería abandonar el empleo por sentirse mal y cansada, mientras él insistía en retenerla.

En las semanas que vinieron después de su salida de la casa, Rebeca no podía parar de llorar. “Yo era una chica de barrio, ignorante, por decirlo así”, recuerda. “Él abusó de mi inocencia”, dice. “Me utilizaron, me pisotearon, hicieron lo que quisieron conmigo en ese tiempo. Yo me acuerdo de mí misma más atrás y me tengo lástima”, añade. “Sufrí mucho”. Rebeca necesitó terapia psicológica para procesar todo lo que vivió en las casas de Julio Iglesias.

Entre agosto y diciembre de 2022, Rebeca mantuvo una terapia psicológica con el neuropsicólogo de iniciales A. M. (su nombre se ha ocultado para proteger la identidad de Rebeca). Con su autorización, elDiario.es y Univision Noticias han confirmado con el especialista que Rebeca le relató los abusos sexuales que, según ella, vivió en la casa de Julio Iglesias. El terapeuta, licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma de Santo Domingo, y máster en Neuropsicología por la Universidad de Salamanca, aseguró que, cuando Rebeca contó lo sucedido, lo hizo “con mucha vergüenza” y que llegó a la terapia con un “trastorno de ansiedad”. Él recuerda cómo ella le contó que sufrió “penetración con los dedos” y que Iglesias “la obligó a estar con otra chica”.

“Ella podía decir que se sentía obligada aunque no supiera decir exactamente por qué. Porque no era que le pusieran una pistola en la cabeza ni que le pusieran un cuchillo. […] Él le hacía sentir muy mal”, añade.

El neuropsicólogo concluyó que Rebeca sufría depresión por distimia, un tipo de depresión “persistente a lo largo del tiempo”, incluso antes de su paso por la casa de Julio Iglesias. Consultado sobre si ese trastorno pudo haberse agravado a raíz de las agresiones que ella denuncia, A. M. responde afirmativamente: “Le había afectado enormemente, sobre todo en síntomas relacionados con autoestima […]. Muchos de los síntomas que se encuentran en una persona con depresión se habían agravado en el caso de [Rebeca] de manera significativa”.

Un abuso de poder

Pese a que iba en contra de las normas de la casa, Rebeca mantuvo una relación con un hombre de nacionalidad española cuando aún trabajaba para Julio Iglesias. elDiario.es se ha puesto en contacto con esa persona, que confirma que la mujer le contó entonces lo que estaba sucediendo en la casa. Raúl (nombre ficticio) la empujó a irse de allí y la animó a denunciar, según han contado ambos, pero Rebeca sentía miedo y no lo hizo. “Me decía que en cierto momento ella le había dicho que no quería hacer eso más [permitir las agresiones sexuales], y que el otro [Iglesias] se había cabreado”, recordó Raúl. “Lo que pasaba es que él [Iglesias] estaba abusando de una situación de poder muy grande. Cualquier cosa que él dijera tenía mucho impacto sobre ella, había una manipulación ahí”, dice este hombre, tres años después de lo ocurrido.

Este periódico ha cotejado con Raúl el relato que Rebeca ha proporcionado en varias entrevistas a lo largo de dos años. Además, esta persona ha aportado diferentes pruebas documentales registradas en 2021 y que son coincidentes con los testimonios.

Además de Raúl, cuatro personas contactadas por elDiario.es afirman que conocieron a Rebeca mientras trabajaba para Julio Iglesias. Una de ellas confirma que era llamada a su habitación por las noches y que Rebeca comenzó a manifestar síntomas preocupantes, como agotamiento, tristeza y episodios de llanto.

Este medio ha accedido a dos pruebas documentales que constatan la relación laboral de Rebeca con Julio Iglesias: la constancia de trabajo, un documento firmado por los empleadores que da fe de dónde, cuándo y para quién se ha desarrollado el trabajo, así como un visado laboral como empleada de Julio Iglesias en Bahamas. Además, este periódico ha tenido acceso a reconocimientos médicos, fotografías y conversaciones de WhatsApp que prueban cómo se desarrollaba la relación laboral.

Rebeca interactuó con Julio Iglesias tiempo después de haber abandonado la casa, en marzo de 2023. Ella explicó que, antes de ser contactada por elDiario.es y en un esfuerzo por conseguir pruebas de lo sucedido, le envió un mensaje de WhatsApp diciéndole que lo quería mucho y que quería hablar con él. Iglesias la llamó, pero ella no pudo responder. Rebeca afirma que no insistió más. En octubre de 2024 ella dio la primera entrevista a este periódico y, en septiembre de 2025, a Univision Noticias.

Las ‘señoritas’

Laura trabajó como fisioterapeuta personal de Julio Iglesias durante varios meses, tanto en la casa de República Dominicana como en la de Bahamas. Ella pertenecía al grupo de empleadas a las que llamaban “señoritas” y que contaban con más estatus y mejores condiciones laborales que “el servicio”, las empleadas domésticas. Mientras estas últimas compartían baño y habitación, las “señoritas” tenían un espacio para ellas solas y más tiempo libre. Una separación “muy clasista”, según Laura, a quien también llamaba la atención la manera en la que las chicas del servicio recibían a Julio Iglesias: todas en línea en la puerta, con las manos a la espalda, sonriendo, vestidas con ese uniforme que a Laura le recordaba a las esclavas de la época del libertador venezolano Simón Bolívar.

A diferencia de las empleadas domésticas, que trataban con la house manager para acordar las condiciones del trabajo, Laura recibió directamente la llamada de un hombre “con acento español muy marcado”. “Me dijo ‘te habla Julio Iglesias, ¿estás lista para que te cambie la vida?’ […] y vaya si me cambió la vida”, recuerda. Eran los primeros días de enero de 2021.

Si bien, al principio, él se mostró “servicial”, más adelante la fisioterapeuta asegura que fue humillada en repetidas ocasiones. En la primera semana de trabajo en Punta Cana, Iglesias le mostró una nevera donde guardaba cervezas de una marca española y le ofreció que tomara una siempre que quisiera. Poco después, cuando vio cómo Laura se servía una, le gritó y le reprendió por ello delante de otras “señoritas”, las cuales “bajaron la cabeza”, según cuenta Laura. En otra ocasión, el cantante la regañó por tomarse una sopa que él había dicho que estaba aguada. “¿Me estás dejando mal a mí?”, recuerda Laura que le dijo. “Se enojó mucho y me hizo abandonar la mesa. Cogí mi plato y me fui a terminar de comer a la cocina. Yo hasta ese momento no había entendido que vivíamos en dictadura, o sea que debíamos simplemente decir o hacer lo que él decía, no importaba el criterio propio”, explica.

“Cuando se molestaba, era muy ofensivo. Un día nos peleamos muy feo porque no le retiré a tiempo una compresa fría durante la sesión de fisioterapia. Me encerré a llorar en una habitación. Él me llamaba y yo decía que no iba a salir porque no quería seguir escuchando sus ataques. Entonces, una de las chicas vino a buscarme. Me dijo que yo necesitaba ser valiente y que tenía que ir porque si no iba, iba a ser peor”. Laura accedió y salió de esa estancia, que era una despensa refrigerada. “Después de eso, él me llevó en el carrito de golf por el jardín hasta la habitación en la que yo dormía, ya que es una casa muy grande. Me dijo muchas cosas y, al final, me agarró la rodilla y me dijo ‘yo te perdono, y te voy a dar una segunda oportunidad’. Entonces, me pregunté qué estaba pasando ahí. Yo pude haber cometido un error, pero él me estaba humillando, ofendiéndome, gritándome”.

Laura tenía que atender al cantante dos veces al día. “Por la mañana pensaba ‘Dios mío, ya amaneció. No quiero salir de aquí’ [de la habitación]. Siempre estaba con miedo a qué hacer o qué decir y acabé entrando en una depresión muy fuerte”, recuerda. “Te llamaba la atención y te humillaba en público, a la hora de comer, delante de todos los que estuvieran en la mesa, porque esas cosas no te las decía en privado. Casi siempre la hora de comer era una tragedia. Si comías mucho era porque comías mucho. Él siempre decía que estaba gorda y que tenía que bajar de peso”, señala Laura. Varias mujeres señalan que la obsesión de Julio Iglesias con que sus empleadas estuvieran “flacas”: una asegura que incluso las hacía pasar por la báscula para controlarles el peso. La fisioterapeuta recuerda que las mesas a la hora de la comida eran opulentas, se ponían en el centro varios platos y los comensales –Julio Iglesias rodeado de un grupo de mujeres, casi siempre empleadas pero en ocasiones también invitadas– se servían.

Dos semanas después de comenzar a trabajar para el artista, durante un almuerzo y delante de varias personas, Julio Iglesias le preguntó a Laura si sus pechos eran “naturales u operados”. “Yo me había operado, así que él me dijo ‘muéstralos’”, relata. Dice Laura que era difícil saber cuándo Iglesias hablaba en serio y cuándo en broma. Laura se negó pero él la llamó “boluda” y le aseguró que “todas” los mostraban, y que en España era “normal” porque las mujeres “andan con los senos al aire en las playas”. Algunas de las mujeres que había en la mesa, entre ellas dos encargadas, le animaron a hacerlo. “Entonces yo, por presión o por no decir que no, me levanté y los enseñé. A mí me parecía que no era normal, pero desde que entré a esa casa me di cuenta de que todo era fuera de lo común, que no se maneja de la manera profesional que tú esperas”, dice. “Te hacen creer que es una familia, pero hay límites, hay reglas, hay cosas que vas aprendiendo a golpes”.

Después de estos episodios, Julio Iglesias fue más allá. “Hubo varias ocasiones donde él me decía ‘ven acá, acércate’. Estábamos en la playa, se acercaba y me tocaba los pezones, me los apretaba”, explica. Según Laura, ella se sintió paralizada, pero le dijo a Iglesias que le estaba haciendo daño: “No es solamente que te toque, es que te lastima… Me apretó durísimo.”

Laura afirma que él enmascaraba estos tocamientos como “una curiosidad médica” por cómo le habían dejado los pechos tras la operación, preguntándole si había perdido la sensibilidad. “También me preguntaba, cuando estábamos en privado, si me gustaban los tríos, si me gustaban las mujeres y si era de mente abierta”. En otras ocasiones, le hacía preguntas personales como “¿en qué momento te haces la pajita?”. Conversaciones que Laura define como “incómodas” y que no quería mantener con su jefe, por lo que eludía las respuestas de manera “cortante”. Un jefe que ella define como “volátil, agresivo y humillante”.

Laura cuenta que en una ocasión, a finales del verano de 2021, estando en la habitación de Iglesias, este le agarró muy fuerte la cabeza, de manera inesperada, y le metió “la lengua hasta las amígdalas”. Tras ese incidente, según ella, Iglesias le propuso que se acostara con otra empleada suya y con él al mismo tiempo esa noche. Ella le dijo que no, pero él insistió múltiples veces. A pesar de las negativas, durante la cena, él le dijo que la esperaba después en su habitación. Cuando ella fue tajante en su respuesta negativa, él le dijo que estaba bromeando.

Poco a poco, se fue dando cuenta de que no eran bromas. “Debí haber notado que los abusos, tanto verbales como físicos y sexuales, eran reales y no solamente sucedían conmigo”, reflexiona ahora Laura. “Yo pude decir no y, hasta cierto punto, él respetó ese no. Pero hubo chicas que no pudieron decir no. Y él hizo lo que quiso con ellas”.

elDiario.es y Univision Noticias corroboraron este testimonio con una amiga de Laura con la que mantenía conversaciones telefónicas con mucha frecuencia durante su estancia en Punta Cana. Esta mujer, que responde a las iniciales P. M. (su nombre se ha ocultado con el objetivo de dificultar la identificación de Laura) había estudiado psicología. Por los síntomas que su amiga le describía —“le faltaba el aire y le sudaban las manos”—, dedujo que la fisioterapeuta tenía ansiedad y ataques de pánico. “Ella trataba de normalizarlo porque quería mantener ese trabajo, a costa de su salud mental”, afirma.

P. M. recuerda que Laura le fue informando de cosas más concretas sobre el comportamiento de Julio Iglesias, como que este la llamaba “estúpida o inútil” y que le había pedido ver sus pechos. Especialmente le impactó cuando Laura le dijo que él le había “tocado un pezón”. “Ella quedó medio deprimida”, dice la amiga al describir el estado de Laura tras abandonar la casa. “Nadie puede salir ileso de un abuso”.

Una tercera mujer, exempleada de la limpieza en la casa de Punta Cana de Julio Iglesias, ha confirmado a elDiario.es los episodios de gritos y humillaciones a ella y a sus compañeras: “Vi llorar a casi todas porque a nivel verbal recibimos maltratos. Él, cuando se enojaba, le decía cosas feas a las chicas. Un día se levantaba de mal humor y quería despedir a alguien, la despedía hasta sin hacerle nada. Era muy grosero”, relata Carolina —nombre ficticio—, una mujer dominicana de 30 años.

Esta extrabajadora doméstica se dio cuenta de que pasaba algo “extraño” en la casa, pues recibía muchas advertencias, como que las empleadas hablaran entre ellas. Mucho menos que tomaran fotos o vídeos. “Teníamos prohibido hablar de lo que pasara allá”, recalca Carolina. A pesar de la prohibición, los comentarios en voz baja tenían lugar, afirma esta mujer, que fue testigo de los paseos de Iglesias en el carrito de golf acompañado de algunas de sus empleadas, así como de los mensajes o las llamadas para que Rebeca acudiera a la habitación de Julio Iglesias. Carolina señala que en al menos tres ocasiones la vio dirigirse hacia su alcoba a eso de las once de la noche.

“Nosotras pensábamos que ellos tenían tal vez una relación sentimental consentida”, dice Carolina. Tiempo después, cuando ni ella ni Rebeca trabajaban en la casa, supo por esta última que no era así. “Ella me confirmó que tuvieron una relación íntima, pero que no fue por voluntad propia, como yo pensaba”, señala. “Ella me confirmó que no, que fue un abuso en verdad”. Carolina afirma que nunca sufrió abusos sexuales por parte de Julio Iglesias.

Gladys (nombre ficticio), una excocinera de la casa entrevistada por elDiario.es y Univision Noticias en la región dominicana de La Altagracia, afirma que ya en 1999, cuando ella trabajó en la villa de Punta Cana, Julio Iglesias era “una persona muy agresiva” y que “siempre andaba por el patio peleando y vociferando”.

El testimonio de la cocinera apunta que el ambiente de la casa de Punta Cana le hizo sentir incómoda y que como además el horario se extendía hasta tarde para servir la cena cerca de las once de la noche, acabó abandonando este trabajo tan solo seis meses después.

La mayoría de los testimonios recogidos en este reportaje son mucho más recientes, pero coinciden en señalar que esa casa no era un lugar fácil donde trabajar. Gladys afirma que a uno de los empleados con los que coincidió en 1999 se le estaba cayendo el pelo por el “ajetreo” y los insultos del cantante. “Por cualquier cosa se irrita”, recalca. Univision Noticias corroboró el testimonio con ese exempleado, quien confirma haber perdido parte del cabello por el estrés causado por los brotes de ira de Iglesias.

A pesar del poco tiempo que ha pasado, Rebeca y Laura sienten que han vivido una transformación tras su salida de la casa. “Ahora soy una mujer y he aprendido muchas cosas”, dice Rebeca, “pero cuando llegué allí tenía 22 años y mucha inocencia, él jugó con eso”. Ha dado el paso de hablar para estar “en paz” consigo misma y por un pensamiento que no le abandona: “Que haya una Rebeca como yo que no se sepa defender”. A esa otra Rebeca quiere decirle “que no se quede callada”. “Quiero mandarle un mensaje a las chicas que están allí dentro, que piensan que no tienen salida, que tienen miedo a hablarle. Me gustaría hablarle a una chica que en un futuro piense ir a trabajar allí, que sepa cómo es la vida allí, que no vaya ciega como yo”, añade. “Fui buscando un trabajo, buscando una manera de crecer y me encontré con alguien que me destrozó la vida”.

13 Enero 2026

Tres años de investigación para poner a Julio Iglesias en este titular

Ignacio Esoclar

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Nos jugamos mucho con esta exclusiva. Nos enfrentamos a alguien que nos podría arrollar con demandas judiciales e indemnizaciones millonarias. No hemos dado este paso sin estar muy seguros de que podemos defender nuestra información

Hay investigaciones periodísticas que duran semanas. O meses. Esta nos ha llevado tres años. Es una gran exclusiva: Extrabajadoras de las mansiones de Julio Iglesias acusan al cantante de agresiones sexuales.

Nunca contamos las cosas a la ligera. Y con asuntos así, menos aún. Hemos hablado directamente con estas mujeres. Las hemos entrevistado durante meses. Hemos viajado a Punta Cana, a Nassau, a Miami… para localizarlas y contrastar sus testimonios.

Dos de ellas han accedido a hablar directamente ante la cámara sobre las penetraciones, tocamientos, bofetadas y vejaciones físicas y verbales de las que acusan a Julio Iglesias. Pero no es solo su palabra. Sus testimonios son consistentes y coinciden con otros relatos a los que hemos accedido en esta investigación. No nos hemos limitado a recoger sus acusaciones. Hemos contactado con más de una docena de extrabajadores de Julio Iglesias. Y hemos accedido a documentación, pruebas médicas y otras evidencias que respaldan los testimonios de estas mujeres.

“Me usaba casi todas las noches”, dice una de ellas. “Me sentía como un objeto, como una esclava”. Describen un ambiente de trabajo de acoso y control continuo. Y también las presiones para mantener encuentros sexuales con el cantante, su jefe, contra su voluntad.

Hemos intentado recabar la versión de Julio Iglesias. Tiene nuestras preguntas desde hace diez días. No hay respuesta.

No es una vieja historia del siglo pasado. Es de 2021, cuando Julio Iglesias tenía 77 años. Son mujeres que trabajan a su servicio en sus mansiones de República Dominicana y Bahamas.

No es vida privada. Hablamos de mujeres que han sufrido después secuelas por lo ocurrido. Que cuentan esto para que no vuelva a suceder. Que relatan una serie de agresiones y abusos intolerables, que distan mucho de una relación laboral normal.

Todas ellas responden a un patrón común: son muy jóvenes, de barrios muy precarios. Mujeres vulnerables que trabajaban como internas, de sol a sol, y a las que seleccionaban por su aspecto: lo primero que pedían a quienes respondían a los anuncios de trabajo eran cinco fotografías. En el tiempo en que estaban en la mansión tenían prohibido tener novio. Durante largas temporadas ni siquiera podían salir.

El primer indicio de esta historia nos llegó en enero de 2023. Una fuente cercana a una de estas mujeres contactó con elDiario.es. Esa persona conocía nuestro trabajo. Confiaba en él.

Nuestra redactora jefa de Cultura, Elena Cabrera, respondió a esa llamada. Y en esa primera conversación, le relató buena parte de la historia que hoy publicamos.

Elena Cabrera me puso al corriente del testimonio de esa primera fuente poco después. Le animé a seguir esa pista, aunque confieso que en aquel momento pensaba que nunca lo podríamos publicar. Que era otra más de esas historias increíbles que todo periodista se lleva a la tumba porque no la puede contrastar.

En 2023 solo teníamos un testimonio indirecto, de alguien que ni siquiera había trabajado allí. Era una historia tan dura que íbamos a necesitar muchísimas evidencias más. Solo encontrar a esas mujeres, de países como República Dominicana, Venezuela, Bahamas, Brasil o Colombia, iba a ser muy difícil. Y esa era solo la primera parte del trabajo. Después necesitábamos ganarnos su confianza y encontrar otras pruebas que reforzaran la solidez de sus testimonios.

Pero Elena Cabrera tiró del hilo y lo logró. Consiguió localizar a varias de esas chicas, hablar con ellas, que confiaran en su palabra y en su honestidad. Lo que era solo una pista fue creciendo. Así que movilizamos a más periodistas de la redacción: Ana Requena, María Ramírez, Izaskun Pérez, Raquel Ejerique y Natalia Chientaroli. Y en 2025 implicamos también a un medio estadounidense, Univision Noticias, que ha colaborado con nosotros en esta investigación.

Hemos llevado esta exclusiva con tanto secreto que buena parte de los periodistas de elDiario.es ni siquiera sabía de su existencia. Algunos días que necesitábamos grabar en la redacción mandábamos al resto de los compañeros a teletrabajar desde casa, con la excusa de que había un corte de agua.

Han pasado tres años y hoy, al fin, estamos listos para publicar. En este tiempo hemos localizado a varias de esas mujeres. Las hemos entrevistado en numerosas ocasiones a lo largo de un año y hemos comprobado que su testimonio era consistente: que no cambiaba con el tiempo. Hemos hablado también con otras personas cercanas a estas mujeres y a las que confiaron lo sucedido en un primer momento. Sus relatos coinciden con los de otros extrabajadores de Julio Iglesias a los que hemos entrevistado y que estuvieron en esas mansiones a lo largo de las últimas décadas. Sus testimonios son coherentes, a pesar de que algunas de esas personas ni siquiera se conocen entre sí.

Julio Iglesias es uno de los españoles más famosos en todo el mundo. Alguien con mucho dinero, con muchos contactos, con mucho poder. Detrás de una historia así no solo hay un trabajo metódico y riguroso de nuestras periodistas y los de Univision: Federica Narancio, Esther Poveda, Gerardo Reyes y Margarita Rabin. También el de dos equipos de abogados, en España y en Estados Unidos. Durante meses hemos revisado cada dato, cada palabra, cada coma.

Nos jugamos mucho con esta exclusiva. Todo el prestigio de elDiario.es y algo más. Sabemos que nos enfrentamos a alguien que nos podría arrollar con demandas judiciales e indemnizaciones millonarias. No hemos dado este paso sin estar muy seguros de que podemos defender nuestra información.

No es solo una cuestión de valentía, o de trabajo, o de paciencia. Podemos investigar temas así porque contamos con el apoyo de más de 115.000 socios y socias.

13 Enero 2026

Comunicado de Libro del Asteroide e Ignacio Peyró

Libros del Asteroide

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Ante la exclusiva publicada hoy por ELDIARIO.ES sobre las acusaciones de agresiones sexuales y abuso de poder que señalan a Julio Iglesias, Libros del Asteroide e Ignacio Peyró, autor de ‘El español que enamoró al mundo’, reciente crónica vital del artista, queremos expresar nuestra profunda consternación.

Esta obra fue concebida a partir de la información pública disponible antes de que esta investigación periodística saliera a la luz, por lo que en el momento de su publicación no se conocían estas acusaciones ni existían referencias públicas que permitieran abordarlas en el texto.

Ante esta nueva y relevante información, tanto la editorial como el autor consideramos necesario ofrecer en cuanto sea posible una nueva edición revisada y actualizada.

Asimismo, condenamos de manera firme e inequívoca cualquier forma de abuso y expresamos nuestro apoyo y solidaridad con las víctimas.

15 Enero 2026

NOTA DE JULIO IGLESIAS EN INSTAGRAM

Julio Iglesias

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Nota de Julio Iglesias publicada en su Instagram el 15 de enero de 2026

«Con profundo pesar, respondo a las acusaciones realizadas por dos personas que anteriormente trabajaron en mi casa. Niego haber abusado, coaccionado o faltado el respeto a ninguna mujer. Esas acusaciones son absolutamente falsas y me causan una gran tristeza.

Nunca había sentido tanta maldad, pero aún me quedan fuerzas para que la gente conozca toda la verdad y defender mi dignidad ante un agravio tan grave.

No puedo olvidarme de tantas y tantas personas queridísimas que me han mandado mensajes de cariño y lealtad; he sentido mucho consuelo en ellas».

14 Enero 2026

Campañas anti-periodísticas

David Alandete

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De los negocios oscuros de determinados políticos, silencio. De los abusos de ministros y del familión, la nada. Pero para investigar durante tres años los supuestos abusos de un cantante, tiempo de sobra y portadas sin parar. Mientras tanto, miles de muertos en Irán, sin espacio ni interés. Y, de paso, se liquida la presunción de inocencia en España. Periodistas no son. Habrá que llamarlos de otra manera.

Mi razón para afirmar que determinadas campañas recientes son anti periodísticas es que rompen con los fundamentos esenciales del oficio. El periodismo no consiste en amplificar relatos, sino en verificarlos; no en creer, sino en comprobar; no en pasar años logrando una entrevista, sino en verificar que lo que se dice en ella es cierto. Cuando una cobertura se construye sobre testimonios no contrastados, presentados como hechos consumados y sin respaldo documental o judicial, se sustituye el método por la convicción y la información por el señalamiento.

Una lección básica de periodismo es distinguir con claridad entre hechos probados, acusaciones y opiniones. Confundir esas categorías desorienta al lector y erosiona la credibilidad del medio, además de la calidad democrática. También implica ignorar principios elementales como la presunción de inocencia, que no es una concesión ideológica, sino una garantía civilizatoria. El contraste de fuentes, la búsqueda de pruebas independientes y la contextualización no son adorno sino el núcleo fundamental del trabajo informativo.

Además, la repetición de una acusación no la convierte en verdad. El periodismo no es vehículo de acusaciones. La insistencia sin verificación puede generar ruido, pero no conocimiento. El periodismo responsable informa sobre lo que está acreditado, explica lo que está en disputa y señala lo que aún no se sabe. Cuando se abdica de esa disciplina, el resultado no es periodismo crítico, sino una campaña ideológica o política sin sustento, vulnerable a errores, manipulaciones e intereses ajenos a la información.

Y en fin, esto no es más que mi opinión y los principios por los que yo, desde todo el respeto, me conduzco.

15 Enero 2026

Me va, me va, me va

Luz Sánchez Mellado

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Respeto más el coraje de dos mujeres pobres que se juegan el pellejo que el silencio de un megamillonario pichabrava

En los buenos tiempos, Julio Iglesias felicitaba las Navidades a los periodistas con un tarjetón firmado de su puño y letra. Dentro, a modo de Sagrada Familia Pija, una foto del ídolo junto a su última mujer, la holandesa Miranda Rijnsburguer, rodeados de sus rubísimos querubines con el palmeral de su enésima mansión caribeña de fondo. Más que en el pétreo rostro de Julio, solía fijarme en el lánguido de Miranda. Una señora de quien la prensa rosa alababa su discreción y saber estar al lado de semejante macho ibérico, y en la que yo veía la manga ancha de las santas esposas que toleran las urgencias de entrepierna de sus maridos con tal de que vuelvan a casa. Nada que objetar. Julio era un poderoso golfo mimado por todos. Tanto que, cuando, en 2010, su exnovia Vaitiare Hirshon, con quien Iglesias empezó siendo ella menor, publicó sus memorias, Muñeca de trapo, donde relata abusos del cantante, no se le hizo mucho caso porque nadie le había puesto una pistola en el pecho y bien que se había aprovechado para vivir como una reina. Desde entonces, más o menos cuando el ídolo que solo se dejaba retratar por su lado bueno decidió desaparecer del foco y de mandar tarjetones para que no viéramos su decadencia, han cambiado las cosas.

Tanto que dos exempleadas se han atrevido a confiarle a eldiario.es y a Univisión el atroz relato de su vida en casa de Julio y a denunciarlo en la Audiencia Nacional por abusos sexuales y trata de personas. Las reacciones ante tal bomba informativa oscilan entre quienes se preguntan qué se han creído esas “panchas” para empañar la memoria del mito, y los que exigen que se le retiren al santo todas las peanas de cuajo. Ni una cosa ni otra. Pero, personalmente, y sin perjuicio de la presunción de inocencia, me merece más respeto el coraje de dos mujeres pobres que se juegan el pellejo al denunciar al examo que el silencio de un megamillonario pichabrava que aún no ha tenido los testículos de reconocer a un hijo bastardo cuarentón que es un clon de su calavera. Las sombras del hombre no apagan las luces de su obra y seguiré cantando Me va, me va, me va en el karaoke. Pero por fin parece llegado el ocaso de los truhanes y señoros encerrados en sus cárceles de oro, sea en Punta Cana, en el penal de Soto del Real o en Abu Dabi.

16 Enero 2026

O truhan o señor

Jorge Bustos

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No sé si Julio Iglesias es inocente o culpable. Estudiada la denuncia por quienes saben derecho, juzgan probable que la Fiscalía termine presentando una querella criminal contra el cantante. Se abrirá en tal supuesto un proceso penoso que amargará la última vejez del acusado pero no apagará el brillo de la mayor estrella latina de todos los tiempos, como no lo hizo la acusación de pedofilia con Michael Jackson.

No hay nada original en esta lección de antropología que los griegos cifraron en sus mitos. Si acaso sorprende la tardanza de las erinias en visitar al héroe que se creyó divino: quizá es que también ellas fueron seducidas por la dulzura de su voz. En el caso de Julio, el personaje devoró a la persona hace tantas décadas que un final así parecía escrito. Pero la leyenda seguirá imprimiéndose: si se archiva la causa como apoteosis, y como tragedia si sobreviene el procesamiento. En ambos casos el personaje mítico en el que la persona desapareció hace mucho permanecerá intacto.

A expensas del recorrido judicial, lo interesante del caso es la emoción política que despierta. No provengo de eso que llaman una familia acomodada, ni tampoco me ampara esa otra instancia de prestigio para quienes -con mayor orgullo todavía- se reivindican de clase obrera. Me temo que estoy condenado a la austeridad emocional de la mesocracia, aquella pequeña burguesía analógica que inculcaba un recelo creciente hacia las grandes causas. Mis certezas ideológicas llevan años cediendo a las lealtades personales, y estas a su vez se definen exclusivamente por la calidad moral que soy capaz de calibrar. De Julio Iglesias no me importa ni su género ni su dinero ni su ideología: solo saber si es un pobre miserable o una presa vistosa. Así que ante su caída no siento ni el desquite del envidioso ni la rabia del misógino, porque ambas emociones presuponen una ignorancia total de las circunstancias del caso y un empacho de prejuicios que solo movilizan a los corazones apasionados, precisamente como el del protagonista de las ficciones cantadas por Julio.

Ya sé que no es el siglo para hacerlo, pero yo recomendaría prudencia. Antes de cancelar, pensar en tu abuelo. Antes de absolver, pensar en tu hermana. Se puede ser un truhan y un señor a la vez, pero solo en las canciones. Fuera de ellas, que actúe la Justicia.

16 Enero 2026

Julio Iglesias: yo sí te creo, amigo

Ramón Arcusa

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En el asesinato moral y profesional de Julio Iglesias hay dos claros beneficiarios: el Gobierno, que tapa sus trapacerías, y las demandantes, que pueden llevarse un suculento puñado de dólares, opina Ramón Arcusa

Me han pedido que escriba algo sobre la denuncia que unas supuestas empleadas han puesto a Julio Iglesias a través de una enigmática asociación Women’s Links Worlwide, de corte feminista radical como avanzan orgullosamente en su ‘quiénes somos’.

Lo primero que voy a significar es que he estado trabajando con Julio casi 19 años seguidos como compositor, productor, arreglista musical, y, más tarde, ocasionalmente, cuando me lo ha pedido. Conozco bien a Julio. He convivido con él en sus casas, en hoteles e incluso en alguna vacación juntos, y pasado interminables horas trabajando en estudios de grabación. Sus casas no son «casas de horrores», como en TVE se han apresurado maliciosamente a adjetivar, sino unas bellísimas mansiones con media docena de perros, cuatro gatos, cinco adolescentes y mucha gente trabajando para que todo funcione, como es de suponer. Y donde reina la paz de un orden, que Julio propone y dispone.

El trato de Julio con las mujeres que se le han acercado, admirado, rodeado, querido, ha sido siempre cordial, amigable y respetuoso: hasta efusivo si me apuran.

Lo diré de una vez: no me cabe en la cabeza que Julio haya podido abusar sexualmente de ninguna mujer. Si ha habido algo, ha tenido que ser con tácito consentimiento. Y la razón primera es porque nunca lo ha necesitado, pero, sobre todo, porque no es su estilo. El relato de esa investigación (que, por lo leído, y si han tardado dos años en terminarla, podríamos decir sin lugar a equivocarnos que, en eldiario.es, o son vagos o ineficientes, ya que podían haberla escrito perfectamente en un par de tardes de café con esas mujeres), ese relato de las demandantes, repito, no se compadece, no se corresponde con el Julio que yo conozco. Para nada.

Pocas veces hemos visto en España a todas las cadenas de televisión a la vez, devorando detalles a fin de llenar sus horas y espacios con esta noticia y sus circunstancias. Ciertamente era golosa mediáticamente dada la importancia del demandado. Los buscadores de contenidos han escudriñado hasta el fondo el baúl de la intimidad de Julio en busca de cualquier cosa, cualquier indicio por nimio que fuera, que confirmase lo que ya habían decidido de antemano erigiéndose en jueces: que Julio era culpable. Eso, a pesar de blasonar over and over su querencia por la manida presunción de inocencia, para que no se diga, claro.

Yo he manifestado en casi todas mis apariciones que, de acuerdo con Agatha Christie, el primer sospechoso de un asesinato es el que puede resultar beneficiado de ello. En este caso (asesinato moral y profesional), existirían dos claros beneficiarios: en primer lugar, el Gobierno, que con ello consigue que la atención y difusión de sus trapacerías pasen a un segundo plano, y el nada desdeñable y suculento puñado de dólares de indemnización si las denunciantes consiguieran su objetivo.

Justamente, Teresa Giménez Barbat, escritora, exdiputada en Bruselas y cofundadora de Ciudadanos y yo, hemos terminado de escribir un libro de conversaciones (no aptas para progres), que hemos titulado No lo compres, no te va a gustar, donde nos metemos en todos los charcos sociales con la esperanza de que lo menos elegante que nos llamen sea facha. Lo digo porque allí, tratamos en varios capítulos de poner negro sobre blanco «la insoportable murga feminista» (© Josu de Miguel), y donde explicamos que en el mundo woke también existen los hombres, también a veces maltratados, y que están en teoría protegidos por la Ley de Igualdad, aunque haya casos que no siempre lo parezca. Y lo que quiero significar con eso es que hemos de creer en la presunción de inocencia del demandado con la misma inocente posibilidad de que haya sido un montaje más o menos organizado con intenciones espurias, cosa que la Justicia tendrá que desentrañar y sentenciar.

No sabemos cómo terminará esto, pero lo que sí queda claro es que han herido gravemente la carrera y la honorabilidad de Julio Iglesias. El estropicio es enorme, inconmensurable, dada la grandísima popularidad en todo el mundo de nuestro cantante más internacional. Le queda, pase lo que pase, el consuelo de los millones de adhesiones, que, aunque bienvenidas, no paliarán el destrozo ocasionado, aunque la sentencia lo declare inocente tal como esperamos.

Y permitan que repita mi comienzo: el relato de esta investigación, no se compadece con el Julio real que muchos conocemos y admiramos, y espero que la Justicia aclare lo que, sin duda para mí, es una denuncia abominable y falsa.