30 agosto 2012

Acusan al Gobierno Rajoy de estar en nuevo acto de 'purga' política tras las salidas en RTVE de Fran Llorente, Pepa Bueno o Juan Ramón Lucas,

El director de Radio 3 (de RNE) Tomás Fernando Flores suprime el programa de Javier Gallego ‘Carne Cruda’

Hechos

En agosto de 2012 el director de Radio 3 D. Tomás Fernando Flores comunicó a D. Javier Gallego que suprimía su programa ‘Carne Cruda’.

Lecturas

El 31 de agosto de 2012 es D. Javier Gallego Crudo, conductor y director del programa ‘Carne Cruda’ de Radio 3 (emisora de RNE) el que comunica que su programa ha sido retirado por decisión del responsable de Radio 3, D. Tomás Fernando Flores.

Las destituciones son criticadas por por El País y otros medios progresistas en contraposición a los que se produjeron en 2004 cuando el Gobierno Zapatero tomó RTVE despidiendo a los principales referentes de la etapa Aznar, que entonces sí fueron respaldados por estos medios.

En el caso concreto de D. Javier Gallego Crudo su despido si fue respaldado desde El Mundo por el Sr. Quico Alsedo por haber convertido un espacio de la radio pública en un programa a favor del 15-M y la ‘izquierda anti-partidos’.

31 Agosto 2012

RADIO3 CANCELA CARNE CRUDA: NI VENCÉIS, NI CONVENCÉIS

Javier Gallego

eldiario.es

Leer

Queridérrimos oyentes,

Lamento muchísimo tener que comunicaros que la nueva dirección de Radio 3 y de RNE me acaba de despedir y ha levantado el programa «Carne Cruda» de su parrilla de emisión. Se cumplen desgraciadamente los temores que muchos me habíais manifestado y que yo había desestimado pues creí en la palabra del recién nombrado director de la emisora, Tomás Fernando Flores, que aseguró hace un mes que el programa continuaría la próxima temporada. A la manera del presidente del Gobierno, el nuevo responsable de Radio 3 responde lamentablemente al dicho «Donde dijo digo, digo Diego» aunque en su caso sería más apropiado decir «Donde dije digo, digo Tomás Fernando». Así, cuando fue nombrado director se comprometió conmigo a mantenerme en antena y a solo dos días de terminar el curso (y con todas las programaciones de radio cerradas, por cierto), me echa sin darme ni siquiera la oportunidad de despedirme en antena de vosotros, pues los programas de final del verano son grabados. Por eso lo hago desde aquí. Me pueden quitar el micrófono pero no la palabra. Y mucho menos, quienes no cumplen la suya.

La nueva dirección de la emisora, formada por Tomás Fernando y su segundo, Benito Pinilla, ha alegado motivos económicos para justificar mi cese y la retirada del programa. Por esa misma razón, hace un mes acepté una rebaja del 20% de mi sueldo y de la retribución del resto de colaboradores del programa, condición que hemos tenido que asumir todos los trabajadores externos de la casa para continuar en antena. Se supone que así cuadrábamos el exiguo presupuesto de la emisora. Pero ahora el equipo directivo dice haber encontrado inesperadamente un nuevo agujero presupuestario mayor del que creía y culpa a la anterior dirección de no haberle dejado las cuentas a su disposición. Solo le faltó a Tomás Fernando decirme que la culpa es de la «herencia recibida», por utilizar la terminología oficial del partido. La culpa es de la herencia y el culpable es Carne Cruda, por lo visto, pues es el único programa diario que va a ser suprimido de la parrilla, a pesar de haber doblado la «audiencia recibida» y de ser el espacio más seguido en Facebook de todo Radio Nacional. Pero no nos echaremos flores nosotros. Para echarnos ya esta Flores. Sí, nos ha echado Flores. Pero llenas de espinas. Dice que nos echa porque el programa sale muy caro. No tengo ningún problema en publicar mi sueldo de autónomo, sin pagas extras ni derecho a vacaciones. Cobro alrededor de 1.400 euros mensuales limpios después de pagar Seguridad Social, IRPF, el impuesto de sociedades y el resto de gastos de la empresa que tuve que constituir por exigencia de Radio Nacional, que trata así de evitar una relación directa con la persona física. Muchos de los colaboradores contribuyen desinteresadamente al programa y tres cobran una cantidad simbólica de 50 euros por colaboración después de haber trabajado gratis las dos primeras temporadas. El resto del equipo son contratados de RNE cuyos contratos siguen vigentes. Además, tras la noticia del despido, yo he ofrecido a Tomás Fernando Flores la posibilidad de negociar, lo que a él no parece habérsele ocurrido como solución. Me ha prometido consultarlo y llamarme. No lo ha hecho. No he vuelto a tener noticias suyas. Ni las puedo esperar de quien ya ha demostrado que no cumple lo que promete.

Por todas estas razones y por la forma poco verosímil en que me justificó su decisión, no pude creer a Tomás Fernando cuando se apresuró a decirme al cesarme que no era por motivos políticos, aunque yo ni siquiera los había sugerido. ‘Excusatio non petita, acusatio manifesta’ que decían los latinos, es decir, dime de qué te excusas y te diré de qué te acuso. Yo acuso a la nueva dirección de Radio 3 de haberme engañado dos veces: cuando me dijo que seguiría y cuando me dice que no hay motivos ideológicos para que no continúe. Fui un ingenuo al creerle la primera vez. No seré tan idiota de creerle una segunda.

Su discurso y maneras se parecen tanto a las del actual Gobierno que cualquiera diría que el Gobierno está detrás. No voy a ser tan mal pensado. No está detrás. Está delante porque ni siquiera se molesta en ocultarlo. No han ocultado que les estorbaban periodistas que pueden ponerles en tela de juicio, como Ana Pastor, Toni Garrido o Juan Ramón Lucas, a los que han despedido cuando más éxito tenían sus respectivos programas. Para ellos, mi respeto y admiración porque han caído por una causa digna y que los periodistas debemos dignificar: hacer periodismo. Lo dije cuando el Gobierno decidió tomar el control de la radio televisión pública gracias a su mayoria absoluta: veenceréis pero no convenceréis, como afirmó Unamuno. Hoy pienso que me equivoqué: ni vencen ni convencen. Convence el que tiene razones y ellos han demostrado que solo saben responder a los argumentos del contrario con la fuerza. Y no vencen porque cada decisión que toman les hace perder el escaso crédito que tienen entre gran parte de la ciudadanía, incluidos algunos de sus votantes.

Yo sí que siento que he ganado muchísimo en estos tres años fabulosos de radio. He ganado a la audiencia más viva, inquieta, exigente, combativa y bulliciosa que un programa puede desear, incluidos algunos críticos feroces que siempre conviene tener para la sana confrontación de opiniones. He ganado la posibilidad de hacer radio en libertad y el privilegio de compartirlo con un equipo esforzado y talentoso que se ha dejado la piel en las ondas. Ha sido un placer inconmensurable y un privilegio compartir con ellos y con vosotros tantas experiencias radiofónicas y periodísticas estimulantes y emotivas, tantas horas de discusión, ideas, lucha, indignación y pensamiento crítico. Ha sido una satisfacción aprender de los muchos errores y tener la oportunidad de enmendarlos y tratar de mejorarnos a cada paso. Os doy mi palabra de que lo hemos hecho lo mejor que hemos sabido. A los que dirán que tengo lo que me merezco, solo puedo darles la razón. De hecho, este programa y su audiencia es mucho mas de lo que esperaba como recompensa. Por eso sigo contento en este momento triste. Puede que me hayan quitado el programa y el trabajo pero ya no me pueden quitar lo radiado.

Sé que solo soy uno de tantos que pierde su empleo en estos días amargos. Sé que solo soy uno de tantos periodistas que pierde su trabajo en este país precario. Y sé que Radio 3 seguirá siendo una grandísima emisora sin el programa pues cuenta con una plantilla con mucho talento que hace un enorme trabajo con muy pocos medios. Lo que quiero decir es que yo soy uno más. Pero aparte de mi pena personal y de la que sentiréis muchos por la pérdida de Carne Cruda, creo que hay algo más importante que todos tenemos que defender. Parafraseando mi adorada película «Amanece que no es poco», todos somos contingentes pero la radiotelevisión pública es necesaria. Es necesario un medio de comunicación público, independiente y crítico que sirva a los ciudadanos para controlar a este Poder. Y es más necesario que nunca cuando el Poder trata de gobernar a golpe de decreto y tijeretazo, sin control por parte del ciudadano y tratando de controlar hasta los pensamientos que éste tiene. Hay compañeros en Radio Nacional que tratan de salvaguardar su dignidad profesional y un periodismo decente en estos tiempos oscuros de purgas, censuras y consignas informativas que ya se están imponiendo en Radio Nacional. Les deseo suerte, fuerza y, sobre todo, valor. Valor es lo que más necesitamos en estos tiempos. Yo creo haber luchado por la radio pública desde dentro. Ahora me toca hacerlo desde fuera. Cuento con vosotros. Que la radio nos acompañe.

Javier Gallego

04 Septiembre 2012

JAVIER GALLEGO SE LO BUSCÓ

Quico Alsedo

Leer

Estoy triste por el fin de ‘Carne cruda’ en Radio 3: me divertía mucho.

No es sólo que Javier Gallego sea un comunicador cojonudo: talentoso, electrizante, que te la pone dura, dura, dura. No es sólo la habitualmente brutal, poderosa selección musical del programa. Es que veo la realidad, en general, bastante como él. Yo también opino que estamos viviendo un gran robo. No una crisis, sino otro paso hacia la medievalización social.

Ahora bien, estoy contento por el fin de ‘Carne cruda’ en Radio 3.

Porque lo que hacía Crudo en Radio 3 desde el 15-M no se puede hacer en un medio público. Con dinero de todos, ni propaganda de la izquierda apartidista, ni del Opus, ni de nadie.

Preguntas, todas. Púlpitos, ninguno. Demagogia, menos, please. Por muy a favor de obra que yo mismo esté. Luego hacen un ‘Carne cruda’ desde otras trincheras y me cago en todos sus muertos.

En realidad, sospecho que Gallego tendrá esta misma ambigua sensación estos días. Estará triste sin su juguete, pero probablemente alegre con su martirologio, tan buscado. Es mi tesis: que ‘Carne cruda’ era un programa situacionista que perseguía su propia autodestrucción.

La deseaban morbosamente muchos oyentes, que insistían freudianamente en preguntar por ella, en internet, durante el verano. Y la deseaba el propio Gallego de forma mucho más consciente, estirando la cuerda hasta romperla. Por un motivo simple: su cese justificaba su subida al monte. Extremo genera extremo.

Durante los últimos meses, Gallego ha sido el niño que rompe cosas por el salón mientras los padres se contienen sentados en el sofá, mirando para otro lado. Hasta que se levantan.

Dicho lo cual, sí, creo que el cese de Gallego es político. Sólo que él mismo fue cooperador necesario. «Sensacionalista», le llamaba Tomás Fernando Flores, nuevo jefe de Radio 3, el otro día en este diario. Pero algo mucho más certero: «Kamikaze». Flores, que no está ideológicamente muy lejos de Gallego, venía a decir: «No me has dejado opción».

La ecuación es fácil: el cese ideológico, probablemente decidido arriba, se ha apoyado en el cese ejecutado por Flores, que es de cajón: un cese estricta y pulcramente profesional.

Y es que periodismo crítico es plantear todas las preguntas sin pontificar todas las respuestas. No se puede adoctrinar, desde lo público, a lo Jiménez Losantos: el pluralismo lo exige. Y ya dentro del magma de la izquierda antipartidos: no vale liofilizar y pancartizar todo argumento para convertirlo en una pelota de goma. No todo en esta vida es blanco o negro. Eso ciertamente se llama sensacionalismo, y de ello sabe mucho este blog (hay para todos).

Uno de los peores problemas de este país (ahora voy a pontificar yo, sí) es el corporativismo. Gallego lo señaló y fue víctima de él. Pero no sólo del corporativismo de la derecha: también de su propio corporativismo. Igual que él barría ideológicamente para su casa, barren los que llegan ahora.

Es la gran diferencia con, por ejemplo, Ana Pastor. Ella hacía todas las preguntas adecuadas. Gallego sermoneaba (con gran talento para el artificio, pero sermoneaba) todas las respuestas.

Recuerdo muy bien el inicio de ‘Carne cruda’. Soy muy oyente de Radio 3 (la única radio que no se oye: se escucha) y hasta conozco a alguien que trabajó con él. Al principio, el programa tenía poco que ver con el que Gallego -un tipo no precisamente querido en la cadena, por cierto- comenzó a hacer a partir del 15-M. Se convirtió en un mesías populista, tal vez cegado por su propio reflejo en las redes sociales, ese holograma traicionero y falaz. Ese bar.

Medir es la base del periodismo crítico responsable. Los oyentes que lloran ahora deberían pedirle cuentas al propio Crudo. Medir el cómo, el qué, el cuándo y el hasta dónde. Obviar esto sólo se explica por una disyuntiva: o bien por el infantilismo ególatra de ‘aquí estoy yo y cómo mola mi pistola’, o bien por perseguir otro interés.

No creo a Gallego tan tonto como para elegir la primera opción.

Por eso quiero pensar que le podré escuchar en breve, de una forma u otra, en otra cadena.

Quico Alsedo

01 Septiembre 2012

Carne cruda

Manuel Rivas

Leer

En los últimos meses, en un país del Occidente más próximo, se ha liquidado una experiencia neutral e independiente de medios de comunicación públicos. Un país donde el Gobierno ha fulminado ese modelo de pluralismo y rigor, tan laboriosamente conseguido, y lo ha hecho utilizando un procedimiento de excepción, por decreto-ley, para reventar uno de los cimientos de la confianza básica que sostiene una democracia. Esa alteración ha sido seguida de inmediato de una cadena de ceses y nombramientos basada en la política de amigo/enemigo, tan cara a los patrones autoritarios.

Si nos atenemos a la precisión histórica, lo que se ha producido es un proceso de purgas y de apropiación sectaria de la televisión y radio públicas. No hablo de la Venezuela de Chávez. Ni de la Hungría de Orbán. Hablo de la España del Como Dios Manda. Este ha sido un verano de incendios forestales. Pero también se ha quemado parte de la mejor madera del periodismo español: Ana Pastor, Juan Ramón Lucas, Xavier Fortes y los editores y presentadores del equipo que dirigía Fran Llorente.

El cinismo imperante pretende hacernos creer que hay una lógica interna en los relevos de RTVE después del cambio político. Pero los cesados no son políticos. Son periodistas con un balance inapelable. Con menos medios que en tiempos pasados, colocaron a RTVE en su mejor momento. Nunca los informativos estatales habían sido tan fiables, ni tampoco, desde que existe pluralidad de cadenas, se habían mantenido tanto tiempo a la cabeza de audiencia.

Por decirlo a la manera olímpica, tan del gusto de Rajoy, se les despide después de ganar una medalla. No, no es un relevo. Es una caza de brujas. Las purgas se han ido produciendo sin apenas respuesta en la opinión que se reclama liberal, en un escandaloso silencio de vacaciones morales. Qué vergüenza. Hay quien ve todo esto como parte del paisaje natural. El que el partido vencedor, además por mayoría absoluta, actúe siempre como una facción de intereses. Lo siento, pero no me acostumbro a este triunfo del dopaje ideológico. A esta pulsión cainita. Además de injusto, todo esto es absurdo.

Los conservadores ganaron las elecciones con el defenestrado modelo público. Y antes las habían perdido por causa del servicio de manipulación, que ahora está de vuelta. Hay días en que se retrocede siglos. No aconsejaría a las dos chicas punkies del grupo Pussy Riot, huidas de Rusia, acercarse por aquí. ¡El último programa inteligente devorado, en Radio 3, se llama Carne cruda!