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El artista pancatalanista fue abucheado por parte del público madrileño y repudiado por el diario valenciano LAS PROVINCIAS

Raimon la lía en el homenaje a Miguel Ángel Blanco de TVE en Las Ventas por aludir a la polémica catalán/valenciano

HECHOS

El 10.09.1997 RTVE transmitió un homenaje en Las Ventas de Madrid presentado por D. Matías Prats en memoria de D. Miguel Ángel Blanco. En el homenaje actuaron, entre otros, ‘Rafael’ , ‘Nacho Cano’ o ‘Raimon’.

La decisión del cantante ‘Raimon’ de cantar en catalán en su intervención en el homenaje a D. Miguel Ángel Blanco diciendo que el catalán era ‘la lengua de valencia’ fue respondida con abucheos y escuchada con indignación por cierto número de valencianos.

 D. Matías Prats – presentador de la gala de TVE juno a Dña. Ana Obregón y Dña. Concha Velasco –  también sería criticado (en especial por el buzón del diario LAS PROVINCIAS) por decir al presentar al valenciano Sr. Raimón que ‘venía de Catalunya’ y que gracias a él ‘muchos habíamos aprendido catalán’.

 D. Raimón antes de cantar en homenaje a D. Miguel Ángel Blanco remarcó que el idioma de Valencia era ‘el catalán’, desatando los silbidos de reproche de gran parte del público de Las Ventas que se mantuvieron durante casi toda su actuación.

 D. José Sacristán, que intervino en el acto de solidaridad con D. Miguel Ángel Blanco después de ‘Raimón’ no pudo evitar hacer un reproche al público y en tono muy severo exclamó: «¡Este es un acto en defensa de la libertad y la tolerancia! ¡No entiendo qué sentido de la libertad tienen los que silban a alguien por cantar en su idioma!»

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RAIMON Y LA PRENSA CATALANA CULPAN AL DIARIO DE MARÍA CONSUELO REYNA

El artista ‘Raimon’ responsabilizó al periódico valenciano LAS PROVINCIAS, dirigido por Dña. María Consuelo Reyna de ser culpable de la crispación contra él. Aseguró que LAS PROVINCIAS ‘era un diario peligroso’ y lo comparó con las serpientes por, según él, esparcir veneno. Sus declaraciones fueron reproducidas por la prensa catalana. Tanto LA VANGUARDIA como EL PERIÓDICO de Catalunya publicaron informaciones que culpaban de la crispación tanto al periódico de la Sra. Reyna como a su marido, el Sr. Sánchez Carrascosa, como máximo responsable de CANAL 9 (CANAL NOU), de fomentar el anticatalanismo.

EL PAÍS, TAMBIÉN CONTRA LAS PROVINCIAS

También el diario del Grupo PRISA, EL PAÍS publicó un pequeño reportaje contra el diario LAS PROVINCIAS que, en sintonía con las acusaciones desde Catalunya, vinculó a este periódico con los abucheos ‘y la intolerancia’. Se da la circunstancia de que PRISA era el máximo responsable de la plataforma digital CANAL SATÉLITE DIGITAL, mientras que LAS PROVINCIAS era accionista de la plataforma VÍA DIGITAL, principal competidora de la anterior.

LA COPE APOYA A RAIMON

También en la Cadena COPE, en contra de lo que pudiera esperarse, en la tertulia de D. Antonio Herrero, se apoyó a ‘Raimon’ y se presentó la actitud abucheadora de los madrileños como una actitud de «elementos intolerables aislados» que había que lamentar. En la sección ‘la Cabina’ de LAS PROVINCIAS se recogieron muchas cartas de valencianos que criticaron aquella actitud del Sr. Herrero y el resto de tertulianos de la emisora episcopal.

12 Septiembre 1997

El mitin filológico de Pelejero

María Consuelo Reyna

Pelejero necesitaba volver a hacer méritos ante el catalanismo rampante. Y los hizo dando la nota contra el Estatuto Valenciano la víspera de la Diada catalana.

Ayer había indignación y fuerte, contra Ramón Pelejero (Raimon). No porque cantara en catalán que, al fin y al cabo, es lo suyo. Como si quiere cantar en chino.

La indignación era porque el cantante – que desafinó por partida doble – aprovechó la audiencia de ocho millones de espectadores para llamarnos país valenciano y decir que el valenciano era catalán. Para provocar y ofender al pueblo valenciano, para negar a la Comunidad Valenciana la libertad que dice defender para el País Vasco. Para montarse un mitin filológico.

La verdad es que resultó grotesca su actitud. Totalmente trasnochada. Crispada y crispadora. Y su ‘gora Euskadi’, dicho en una canción de 1967, definida en sus libros como ‘de combate’ se le clavó a muchos como una puñalada en el corazón. Que el ‘gora Euskadi’ de 1967 era más independentista de lo que ahora es.

Los comentaristas de Madrid, listos ellos, no se enteraron. O no quisieron enterarse y convirtieron a Pelejero en una víctima de la intransigencia. Lo que faltaba por oír.

El público asistente, sí se enteró. Sí se dio cuenta que la actitud de Pelejero era provocativa, que sus palabras sobre valenciano y catalán llevaban gato encerrado. Vaya, que no era normal que un cantante se soltara en un discurso filológico en un acto contra ETA.

Fue chocante que Raimon, de repente y a última hora, se sumara al homenaje a Miguel Ángel Blanco. Abora todo se explica. Pelejero necesitaba volver a hacer méritos ante el catalanismo rampante. Y los hizo dando la nota contra el Estatuto Valenciano la víspera de la Diada catalana.

María Consuelo Reyna

12 Septiembre 1997

La fiesta de la polémica

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

Los poco halagüeños augurios que hacíamos en nuestro editorial de ayer se cumplieron con creces. La fiesta de homenaje a Miguel Angel Blanco tenía errores de concepción muy graves, que ya señalamos: la monopolización del acto por parte de RTVE, en detrimento de la audiencia de las demás cadenas; la invitación preferente a estrellas y artistas identificados con la derecha política; la foto de José María Aznar en La Moncloa con un grupo de ellos… El PP -de modo premeditado o empujado parcialmente por las circunstancias- acabó adueñándose del acto, con la colaboración de RTVE. Tras de lo cual, no le queda más remedio que asumir las consecuencias.

Porque luego ocurrió lo que ocurrió. Es sin duda cierto que Raimon y José Sacristán fueron abroncados por una minoría del público que abarrotaba Las Ventas. Pero el hecho es que el coro de silbidos se hizo notar llamativamente. Y que los integrantes de ese coro también estaban allí en respuesta a la convocatoria del PP y RTVE. Algunos dirigentes del PP se niegan a dar importancia a lo sucedido, e incluso se declaran satisfechísimos del acto, y hasta felicitan a RTVE por su éxito, pero los más perspicaces no dejarán de darse cuenta de que, con pifias como ésa, la imagen centrista y tolerante que tanto busca la dirección aznarista se emborrona lamentablemente.

Es la segunda edición de aquel «¡Pujol, enano, habla en castellano!» de triste memoria. Aunque en este caso la bronca tenga un añadido doblemente turbio, porque la primera tanda de silbidos surgió antes de que Raimon se pusiera a cantar en catalán, cuando aludió críticamente a la dictadura franquista. Y Sacristán fue silbado porque leyó un poema de Bertholt Brecht -un bellísimo poema, dicho sea de paso- en el que se habla de «los comunistas». El PP tiene un sector de simpatizantes que, o lo educa pronto en el significado de la palabra libertad, o va a penar por él más de lo que está escrito.

En todo caso, y al margen de lo que esa parte del público hiciera o dejara de hacer en un acto que se presumía unitario, lo que está también en cuestión es el tipo de propuesta cultural que el PP enarbola. Porque la apoteosis de Raphael que se vivió en el acto del miércoles fue muy significativa. No se trata de negar su indudable talento artístico, ni el tirón que tiene incluso entre una parte de la juventud. Pero que la práctica totalidad del público se entusiasmara con su actuación revela la existencia de una evidente distorsión. De haberse logrado una audiencia más representativa, hubiera habido también un significativo sector de ella que se habría sentido de excursión por el túnel del tiempo.

Aunque tampoco hay por qué centrarse en Raphael. Es el conjunto medio del elenco el que producía una sensación de déjà-vu, e incluso -por utilizar el mismo piropo que López-Amor dedicó exageradamente a Radio Nacional- de «olor a naftalina».

Cabría poner más objeciones, y no menores. Por ejemplo: ¿sólo había que homenajear a Miguel Angel Blanco? Y también: ¿era precisamente una fiesta lo más adecuado para el homenaje? ¿No hubiera sido preferible un concierto de música menos frívola, que diera al acto un algo de solemnidad? Entre los fastos de la abadía de Westminster en honor de Diana de Gales y esta Macarena colectiva, ¿no hubiera podido encontrarse algún punto intermedio?

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