1 abril 1959

Polémica por los que consideran que sólo puede ser considerado homenaje a las víctimas del bando nacional por la presencia de simbología cristiana

Se inaugura el ‘Valle de los Caídos’ creado por orden del General Franco dedicado a la memoria de todas las víctimas de la Guerra Civil

Hechos

El 1.04.1959 se abrió al público con el Valle de los Caídos.

Lecturas

El 1 de abril de 1959, coincidiendo con el XX aniversario del fin de la Guerra Civil española, se inauguró la basílica de Santa María de la Cruz del Valle de los Caídos, un mausoleo en el Valle de Cuelgauros donde reposarán los restos mortales de D. José Antonio Primo de Rivera Sáenz de Heredia y otras víctimas de la Guerra Civil española.

El dictador de España, el generalísimo Franco ha inaugurado en un acto de extraordinaria solemnidad, la grandiosa cripta del Valle de los Caídos.

Al acto asistieron las primeras autoridades civiles, militares y religiosas españolas, así como del cuerpo diplomático acreditado en España.

Desde primeras horas de la madrugada ha comenzado la afluencia de público, llegado de todas partes del país, entre ellos unos ocho mil alféreces provisionales.

A las once y media llegó el Caudillo, acompañado de su esposa, y entró en el templo bajo palio.

Tras celebrarse la misa del réquiem gregoriana, oficiada por el doctor Pla y Deniel, y el responso por los Caídos, el generalísimo salió del templo y dirigió una alocución a los congregados.

En su discurso recordó que ‘nuestra guerra no fue una contienda civil más, sino una verdadera cruzada’, según su versión, en la Guerra Civil ‘la anti-España fue vencida y derrotada, pero no está muerta’, lo que hace ‘necesario cerrar el cuadro contra el desvarío de los malos educadores de las nuevas generaciones’. Es justo y necesario, para los franquistas.

El Análisis

EL FRACASO DEL SUEÑO DE UN MONUMENTO DE RECONCILIACIÓN

JF Lamata

Veinte años después del fin de la Guerra Civil Española, este 1 de abril de 1959 ha sido inaugurado oficialmente El Valle de los Caídos, colosal monumento levantado en el paraje de Cuelgamuros bajo la dirección sucesiva de Pedro Muguruza y Diego Méndez, y embellecido por las esculturas monumentales de Juan de Ávalos. La basílica excavada en la roca y coronada por una cruz de 150 metros —visible desde decenas de kilómetros— fue consagrada con solemnidad religiosa. El régimen franquista lo presenta como un “lugar de reconciliación”, concebido para honrar a los muertos de ambos bandos y devolver dignidad colectiva a una guerra que dividió a España en dos mitades irreconciliables.

Sin embargo, en la conciencia de buena parte de la sociedad, esa pretendida reconciliación nunca cuajó. A pesar de que restos de combatientes republicanos también fueron trasladados al lugar —muchas veces sin consentimiento de las familias—, y de que varios presos republicanos participaron en su construcción a cambio de reducción de condenas, El Valle ha sido percibido desde su concepción como un monumento al bando vencedor. La elección de José Antonio Primo de Rivera como figura central enterrada en el altar mayor, símbolo supremo del martirologio falangista, otorgó desde el principio al conjunto un sesgo político inequívoco. Y esa percepción solo se acentuará cuando, años más tarde, se entierren allí también los restos del propio general Franco.

Así, El Valle de los Caídos nace como un espacio de oración para algunos, de homenaje político para otros (los falangistas), y de herida abierta para muchos más. Lejos de ser símbolo de concordia, ha terminado convirtiéndose en un espejo tallado en piedra de las fracturas de la España del siglo XX. Si fue intención de sus creadores construir un mausoleo nacional para todos los caídos, la realidad ha demostrado que, incluso en la eternidad de la piedra, hay memoria que excluye.

J. F. Lamata