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La ex jefa de Gabinete de Suárez se mantendrá como eurodiputada y se pasara al PSOE

Suárez integra el CDS en la Internacional Liberal causando la marcha de Carmen Díez de Rivera del partido

HECHOS

  • El 16.09.1988 se conoció que la eurodiputada Dña. Carmen Díaz de Rivera, abandonaba la formación Centro Democrático y Social (CDS) tras su integración en la Internacional Liberal.

Suárez: «He dicho a Carmen que decida lo que decida sigo siendo amigo suyo»

16 Septiembre 1988

El gorro liberal

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

TRAS AMAGAR en otras direcciones, el Centro Democrático y Social (CDS) de Adolfo Suárez ha decidido esta vez calarse la gorra liberal. El Congreso de la Internacional Liberal, que estos días se reúne en Pisa, sancionó el ingreso del partido del ex presidente del Gobierno español, a quien se otorgará una de las vicepresidencias. La iniciativa, por la que venía pujando desde hace años el antiguo socialista de Tierno Raúl Morodo, constituye el principal movimiento estratégico de ese partido en su intento por dotarse de unas señas de identidad más consistentes que la simple adhesión al líder y la nostalgia de éste por los corredores de la Moncloa. Pero la propia forma en que fue adoptada -sin consultas previas con los dirigentes, muchos de los cuales se enteraron por los periódicos- nos habla del escaso talante liberal de un partido y unos dirigentes que se han distinguido en el pasado por su defensa de principios estatistas.La decisión ahora formalizada se presta, en efecto, a diversos sarcasmos, si se comparan los principios de defensa del individuo contra los grupos y el Estado, ahora asumidos, con el acusado intervencionismo programático con que Suárez regresó, en las legislativas de 1986, al escenario político. Pero quien esté libre del pecado de incoherencia, que tire la primera piedra. No podrán hacerlo los radicales socialistas del felipismo de Suresnes, pasados luego a la socialdemocracia templada, y mucho menos las antiguas huestes de los siete magníficos encabezados por Fraga. Tampoco resulta difícil ironizar sobre la ambigüedad de una definición, la de liberal, que sirve tanto para titular a los inspiradores de la política económica de Pinochet como para describir la ideología de un intelectual keynesiano como Galbraith. La etiqueta liberal resulta hoy tan genérica como lo sería a estas alturas proclamarse antiesclavista. Pero ¿no participó hace escasos meses Walid Jumblat en la cumbre de la Internacional Socialista? ¿Y no pertenecen a esa misma organización partidos como el Laborista de Israel? ¿Y Alianza Popular no envió una delegación a la convención del Partido Republicano de Estados Unidos tras haber enviado otra a la de los demócratas?

Las cosas son como son, y entre seguir cultivando el huerto de la melancolía silente y avanzar un paso hacia la definición ideológica, lo segundo es preferible. Si algo necesita ser inventado de la nada, en un momento dado, ese algo es la tradición. Las palabras acaban comprometiendo, y no es descartable que Suárez acabe siendo un ejemplar liberal, homologable con sus nuevos amigos británicos o germanos. Tal vez de aquella especie de falangismo con rostro humano que constituyó un tiempo la ideología de Adolfo Suárez pueda derivar un partido de centro -ahora sí- con vocación de bisagra. En esas mismas filas militaron en su tiempo auténticos liberales y arraigados demócratas que por necesidad y por solidaridad dieron su voto en 1982 a los socialistas, sin ser socialistas ellos, y creyendo en las promesas de difusión del poder y de devolución a la sociedad de su soberanía que luego ha roto el Gobierno de Felipe González.

El CDS no es ya sólo la envoltura de su líder, sino un partido con cierta implantación y algunos valiosos dirigentes, junto a mediocridades ilustres que inducen a la compasión política. Si en los meses que faltan hasta las elecciones sabe dosificar no sólo sus silencios, sino también sus intervenciones parlamentarias y pronunciamientos públicos en terrenos como el de las libertades y la transparencia en la Administración, Suárez puede aprovechar el desvanecimiento creciente de la derecha y la justificada decepción de muchos votantes socialistas. Pero queda por ver si el capelo liberal es capaz de amparar propuestas realistas que sean también diferentes de las que ofrecen Solchaga y los suyos. Y si el propio Suárez, un encantador de serpientes de corte populista, es capaz de acompasar su pensamiento, palabra y obra a las necesidades de los tiempos y no a las de la galería.

17 Octubre 1988

El liberalismo del CDS

Abel Cádiz

A Carmen Díaz de Rivera su abandono del partido 'por coherencia' no le impide, sin embargo, conservar el escaño y sueldo que obtuvo bajo las siglas del CDS, salvo que ella entienda que los cerca de 300.000 votos de costo/escaño fueron orientados a su persona por figurar en la candidatura.

Dice Carmen Díez de Rivera que, salvo en la actitud liberal que todos tenemos, el ingreso del CDS en la Internacional Liberal le obliga a abandonar el partido por coherencia ideológica. Desde esa misma actitud debo hacerle notar que la coherencia a la que apela presenta fuertes fisuras, cuando su abandono del partido no le impide, sin embargo, conservar el escaño y sueldo que obtuvo bajo las siglas del CDS, salvo que ella entienda que los cerca de 300.000 votos de costo/escaño fueron orientados a su persona por figurar en la candidatura.Sabe bien Carmen que sus declaraciones infligen daño al partido, especialmente porque muchos matices quedan ocultos. Por ejemplo, cuando la conciencia democrática sufre por no haberse producido debate para tal decisión (sin decir que la aprobó el comité nacional y la convención del partido), esa misma conciencia fue laxa en otra decisión que a ella le afectaba, la de ser incluida por delante de muchos militantes de prestigio probado sin que Carmen planteara en aquella ocasión ninguna duda sobre la decisión que entonces adoptaba Adolfo Suárez. Otro ejemplo: el ingreso del CDS en la Internacional Liberal no comporta para el partido una identidad monolítica en dicha ideología, máxime cuando la medida tuvo respuesta recíproca al ampliar la Internacional Liberal su denominación con la de «y partidos progresistas».

Sorprende que su legítimo amor al escaño y a su buen trabajo en él lleven a Carmen a emitir un guiño al PSOE, en cuyas próximas listas se sentiría a gusto, precisamente en la etapa en que más se ha alejado el PSOE de cualquier antigua afinidad con la anterior militancia de Carmen en el PSP. Acaso en la Internacional Socialista, donde convivirá con el FLN argelino, se sentirá mejor.

No hay razón para traumas a medias, como el que combina Carmen yéndose del partido pero no de la posición conseguida a su través. Habrá que recordarle que Indalecio Prieto se declaraba socialista a fuer de liberal y que el liberalismo moderno cubre abanicos tan amplios como para dar cabida al Partido Demócrata de Estados Unidos y a los socialdemócratas británicos, y ello en el contexto de un discurso político que pone más énfasis que ningún otro en la noción de la igualdad de oportunidades dentro de un Estado óptimo que garantice la eficacia socia

Abel Cádiz

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