7 abril 1990
TELECINCO estrena el programa de fiesta «Tutti frutti» con el humor de ‘Cruz y Raya’ y el destape de las ‘Mama Chichos’ como iconos de la cadena
Hechos
El 7 de abril de 1990 la cadena TELECINCO estrena el programa ‘Tutti Frutti’.
Lecturas
El 7 de abril de 1990, apenas un mes después del nacimiento de Telecinco, la cadena privada estrenó Tutti Frutti, un gran espectáculo semanal de humor y variedades emitido inicialmente los sábados por la noche y convertido en una de las apuestas más características de su director general, Valerio Lazarov. El realizador rumano, encargado de trasladar a España el modelo de televisión comercial desarrollado por el grupo italiano Fininvest, prestó una atención especial al espacio, concebido como una sucesión de actuaciones musicales, números cómicos, parodias, imitaciones, concursos y vídeos domésticos divertidos. El programa reunía a numerosos humoristas de estilos diferentes, desde el humor costumbrista hasta el absurdo, y alternaba sus intervenciones con coreografías y números musicales. Sus primeros conductores fueron Juan Muñoz Martín y José Mota Salazar, integrantes del dúo Cruz y Raya, acompañados por Fabiola Toledo. En otoño de 1990 se incorporó Raúl Sender, junto con Ana Laida Shimose y Rocío Vial. Durante la temporada 1991-1992, el espacio experimentó una nueva renovación, con Pepe Viyuela, Esperanza Roy y Jordi LP entre sus figuras principales, además de colaboradores como Faemino y Cansado, Félix el Gato, Fedra Lorente, Juanito Navarro, Simón Cabido y los Farsantes Fingidos. También aparecían los muñecos satíricos conocidos como los Guguqús, una parodia de personajes públicos inspirada en fórmulas televisivas internacionales. El programa cambió varias veces de día de emisión, pasando de los sábados a los jueves y posteriormente a los viernes, hasta desaparecer de la programación en 1992.
Pero el elemento que terminó eclipsando a los propios presentadores fue el ballet de las Mama Chicho, un grupo de seis jóvenes bailarinas italianas que interpretaban números musicales con coreografías provocadoras, vestuario llamativo y una canción cuya pegadiza letra, «Mama Chicho me toca, me toca cada vez más», se convirtió en una de las melodías televisivas más reconocibles de los primeros años noventa. El grupo procedía de la tradición de bailarinas y azafatas de la televisión comercial italiana, y su incorporación a Tutti Frutti respondía a una estrategia de Fininvest que buscaba identificar el entretenimiento con la alegría, el erotismo ligero y el espectáculo visual. Su presencia era tan característica que acabó funcionando como un reclamo publicitario independiente de los sketches y de los humoristas. Las bailarinas también protagonizaron promociones de la cadena y se convirtieron en objeto de imitaciones, parodias y comentarios en otros medios. En la temporada 1991-1992 se organizaron incluso concursos para seleccionar nuevas Mama Chicho entre niñas, jóvenes y mujeres adultas, demostrando hasta qué punto la marca había desbordado el programa que le dio origen. Tutti Frutti consiguió destacar en la todavía incipiente competencia entre las televisiones españolas y contribuyó a dar a conocer a Telecinco, aunque su popularidad no debe confundirse con la rentabilidad económica de una cadena que, durante sus primeros años, tuvo que afrontar importantes inversiones y pérdidas. La imagen de las Mama Chicho, más que cualquier presentador o humorista, quedó asociada para siempre a aquella primera Telecinco de Lazarov.

Los humoristas Juan Muñoz y José Mota, cuyo nombre artístico es ‘Cruz y Raya’, fueron los presentadores de la primera temproada de ‘Tutti Frutti’.


07 Abril 1990
El humor de «Cruz y raya», en el programa «Tutti frutti»
La cadena privada Tele 5 estrena hoy el programa Tutti frutti, considerado por sus responsables como uno de los platos fuertes de la programación. El dúo humorístico Cruz y raya, que se dio a conocer en el programa de TVE Pero…¿esto qué es? y que hizo famosa la coletilla «i Ojo al dato!», serán los conductores del programa. La emisión de Tutti frutti ha sufrido varios retrasos debido, en palabras de Valerio Lazarov, director general de Tele 5, «a la dificultad de construcción de los decorados, ya que son muy sofisticados». Juan Muñoz y José Sánchez, Cruz y Raya, intercalarán además sus imitaciones. Particularmente conocida es la que realizan de José María García, aunque también tienen éxito las de Jesús Gil y Dyango. También forman parte del equipo de doblaje de los «Gugugús», una serie de muñecos flexibles y de manejo electrónico inspirados en los «Spitting image» ingleses, que parodiarán a los más famosos personajes de la vida pública. Los «Gugugús» fueron ideados para TVE, pero no se llegó a un acuerdo debido a la exigencia, por parte de Videocuarzo, su productora, de una total independencia en el contenido de los programas. Según los responsables de Tele 5, Tutti frutti, realizado por Carlos Pécker y con guión de «Gag Madrid», es un programa de humor que quiere reflejar la comicidad de la calle. Por ello, uno de los apartados del programa es el de la «cámara oculta», en el que además de emitir situaciones grabadas en España, se incorporarán cámaras indiscretas de otros países como las realizadas por Buster Keaton en la última etapa de su carrera. Otra de las secciones del programa es la de los nuevos humoristas que intentarán darse a conocer con un número especialmente preparado para Tutti Frutti. El dúo Doble o nada será el encargado de inaugurar hoy este apartado. Entre los números del programa considerados como «más destacados» está el de «El Ballet Mamá Chicho», que incorporará los números que le han convertido en uno de los más populares en Italia. También se cuenta con la actuación de «El gran Gómez y su perro Aparicio», además de una recopilación de pruebas de unos concursos japoneses en los que lo macabro y el humor sádico están presentes. El programa se completa con «El juego de la seducción», realizado por Antonio del Real.


06 Noviembre 1990
Tutti-Frutti
SOLO existe una cosa más vana y estúpida que la polémica sobre los preservativos: el programa Tutti-Frutti. Aunque en realidad ambas cosas, la campaña y el programa, se inscribenen el mismo y desolador ámbito de la ignorancia y el mal gusto. Porque, ¿qué es más enervante? ¿Reducir la formación sexual de los adolescentes a cuatro consignas publicitarias a favor del condón, o el mercado de esclavas de las mamachichas? ¿La pastoral de los obispos que clama contra el dispendio de los caudales públicos en campañas infernales (y que olvida, de paso, que la Iglesia católica se financia de la misma manera), o el descerebrado guión del programa, pródigo en guiños a la subnormalidad más profunda? Mejor pensado, Tutti-Frutti no es más necio que la polémica sobre el condón: se sitúa, aproximadamente, al mismo nivel. Ambas manifestaciones de la majadería humana proyectan el mismo fondo de impostura: sobre los preservativos opinan sesudamente quienes no saben nada del asunto, pues si para opinar de una cosa es preciso conocerla, aunque sea un poco, resulta obvio que sus eminencias no controlan nada sobre el particular, aparte de que resulta chocante y zafio que unos entes castos, espirituales y célibes empleen sus pastorales en hablar de condones. Con Tutti-Frutti ocurre algo parecido, que está hecho por gente que tampoco sabe lo que se trae entre manos. Puestos a buscar más Concomitancias entre la polémica sobre las gomas y el engendro llamado Tutti-Frutti hay una que salta a la vista: todos quieren vender más. El Gobierno vende con el condón una imagen moderna, valiente y desprejuiciada que contrasta con su fósil conservadurismo en asuntos de más enjundia. Los fabricantes del látex está claro lo que venden. Los padres de la Iglesia emiten dicterios y anatemas de los que suponen han de venderse bien entre el colectivo de espiritualidad roma, superficial y maniquea que les escucha, y los cerebros privilegiados de Tele5 fabrican la bazofia que, según los sondeos y las estadísticas, tiene mucha demanda y fácil salida comercial. En cualquier caso, el último fin de semana televisivo se convirtió, entre los unos y los otros, en un martirio chino para el sentido común, que eso sí es lo que deberían de ponerse (póntelo, pónselo) en la cabeza. Un país donde el único debate que prospera es el que mantienen los partidarios y detractores del preservativo, donde un canal de televisión joven desciende a cimas tan lóbregas de rijosidad y cabaretismo camastrón, es un yermo donde se hiela la voz, el oído y la mirada. Y donde Hormaechea, por ejemplo, es el caudillo de una Autonomía.


25 Mayo 1991
Super ramba hinchable
Al parecer, Tutti Frutti 1 es el programa favorito de Valerio Lazarov/Tele5, y lo supervisa y lo controla al detalle. Un programa de estas características debe esforzare cada sábado por traer las celebridades más célebres del mundo del espectáculo. No debe dormirse en los laureles, no pensar que porque estén situados -los cráneos privilegiados que lo hacen- en la cota más alta de la telebasura, nadie les va a hacer sombra. Y es un error, porque siempre, por muy burdo y zafio que se sea, hay detrás de ti otro más burdo y zafio, que mastica las ideas que el otro ha descartado. Lejos de mí la intención de reencarnarme en aquella feminista loca no es que sean palabras que vayan juntas, pero en aquel caso sí- que quiso atentar contra Andy Warhol (¿o fue contra Norman Mailer, o la de éste fue una esposa a la que no le llegaba la pensión?), pero la base de carne hinchable que se ofrece en este programa de las noches de los sábados atenta no sólo contra la dignidad femenina, que merece todo nuestro respeto, sino contra el buen gusto, que es patrimonio de todos, sin distinción de sexo. Ya teníamos las «mamachicho», envueltas en su distante celofán se ven pero no se tocan, dejándose enamorar por el corazón solitario exhibicionista de turno, entre los que destacó, en su día, un joven «extraño» -nunca supe si era un niño con rasgos de adulto o un adulto con hechuras de niño, dicho sea con un mínimo respeto- que nunca pudo alcanzar a su amada «mamachicho» ni aguantar el tipo en el toroloco al que le subían, con ayuda, cual caballero andante que se prueba en el Juicio de Dios. Lamentable. Al bochorno de las «mamachichos» hay que sumar, desde el sábado pasado, a una Super Ramba hinchable, que apenas se mueve, menos canta, inútil que sonría, pero que muestra su poderío por la ventana -abierta de par en par- de su camisa de combate. Porta, además de las supuestas, una terrible arma de plástico, blando supongo, y con ella simula una lambada a la altura de la cintura, que es, como es sabido, donde algunos- tienen el cerebro. Un «playback» que no intenta disimular acompaña a la hinchable, que se ha traído «papachichovalerio». No hay duda de que la Super Ramba hinchable es el aperitivo adecuado, dentro de un horario sabatino más o menos familiar, para las muñecas hinchables y desplegables del Playboy/Tele5 de la primera madrugada. Imagino que Banesto -por citar una firma-, que ha retirado la publicidad a la hora de Ay qué calor, reaccionará de igual modo retirando la publicidad de este programa, enriquecido con la Super Ramba. No por escrúpulos morales, sino porque una publicidad inteligente debe ir en un programa inteligente para televidentes inteligentes. En este caso es pedir demasiado.
El Análisis
Pocas decisiones han resultado tan eficaces para dar a conocer una cadena como la de Valerio Lazarov al convertir a las Mama Chicho en uno de los principales atractivos de Tutti Frutti. Las bailarinas italianas, con sus coreografías provocadoras y su canción pegadiza, representan perfectamente la televisión que el grupo de Silvio Berlusconi quiere implantar en España: entretenimiento inmediato, humor popular, erotismo ligero y una clara voluntad de diferenciarse de la televisión pública. La fórmula funciona, atrae espectadores y proporciona a Telecinco una identidad reconocible, aunque el éxito de audiencia no equivale necesariamente a rentabilidad empresarial. Sin embargo, Lazarov está construyendo una imagen que puede terminar convirtiéndose en una pesada herencia. Las Mama Chicho acabarán simbolizando no solo un programa, sino toda una forma de entender la televisión, hasta alimentar el despectivo sobrenombre de «Teta 5». Cuando la cadena quiera presentarse como una televisión generalista más madura, con informativos, ficción y producciones de prestigio, descubrirá que resulta mucho más fácil conquistar al público con una imagen provocadora que desprenderse de ella. Y Lazarov, que habrá contribuido decisivamente a popularizar Telecinco, correrá el riesgo de quedar reducido en la memoria colectiva al hombre de las Mama Chicho, por encima de cualquier otro mérito de su trayectoria profesional. La gran paradoja es que aquello que sirve para hacer famosa a una televisión puede convertirse después en el principal obstáculo para cambiar su reputación.
J. F.
