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Tercera manifestación de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) de Francisco José Alcáraz contra el Gobierno Zapatero al que acusan de pretender ceder ante ETA

HECHOS

El 10 de junio de 2006 se celebró una manifestación de la Asociación de Víctimas del Terrorismo convocada para reclamar que los crímenes de ETA no quedaran impunes.

11 Junio 2006

Juicio de intenciones permanente

EL PAÍS (Director: Javier Moreno)

Por tercera vez en un año, muchos miles de personas convocadas por la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT), con el apoyo expreso del Partido Popular (PP), se movilizaron ayer contra la política antiterrorista del Gobierno, y en particular contra la posibilidad de una negociación política con ETA en el marco del alto el fuego permanente anunciado por la banda hace dos meses y medio. A esa consigna se añadió esta vez la exigencia de investigación sobre la autoría de los atentados del 11-M. Este añadido, que parecía circunstancial en el momento en que fue incluido en la convocatoria, se convirtió sin embargo en uno de los temas centrales de los discursos y pancartas.

La autoría del 11-M está esclarecida por una larga investigación policial, judicial y parlamentaria; lo está en mayor medida que la mayoría de los grandes atentados islamistas perpetrados en los últimos años. Sólo personas con tendencias lunáticas o muy malintencionadas, que suponen que un atentado de tan trágicas consecuencias merece una autoría sorprendente y tremenda, llevan meses negando eso en nombre de teorías inverosímiles. La investigación de los atentados de Londres del pasado mes de julio ha demostrado que, efectivamente, células terroristas locales sin apenas medios económicos son capaces de organizar masacres impresionantes.

Pero ayer se dijo desde la tribuna que presidía la concentración que no se puede asegurar que no hayan sido otros distintos a los identificados los verdaderos autores o instigadores de la matanza, y que por ello hay que comenzar de nuevo desde cero la investigación en esos tres niveles. Semejante afirmación carece de lógica la diga quien la diga, pero no es lo mismo que la sostenga el padre de una víctima de los trenes de la muerte a que sea respaldada, de palabra y por escrito, por personas con fuerte influencia social que carecen de esa condición y tienen motivos para conocer los resultados de la investigación. En este caso resulta gravemente irresponsable.

Esas personas llevan casi dos años sembrando imaginativas insidias sobre una gran conspiración de la que formaría parte ETA (esto para darse la razón retrospectivamente) y también los socialistas como beneficiarios finales de la conmoción del 11-M. En un panfleto distribuido estos días por la AVT se incluyen afirmaciones como que el suicidio de los autores en Leganés «nada tiene que ver con lo que nos contaron».

En su discurso de ayer, el presidente de la AVT, Francisco Alcaraz, sólo se refirió al 11-M de manera oblicua: insinuó que ETA chantajea al Gobierno con lo que sabe; pareció referirse a lo que ETA sabe sobre el 11-M, siguiendo la doctrina más fantástica de las que compiten en el mercado de los dislates. La obsesión de Alcaraz por el tema es antigua: a la salida de su entrevista con Zapatero, hace un año, emplazó al Gobierno a prolongar la comisión de investigación del 11-M bajo amenaza de convocar manifestaciones si no se le hacía caso. Sin embargo, más penoso que las obsesiones de Alcaraz es que un partido democrático y con experiencia de Gobierno como el PP sea incapaz de desmarcarse de esa demagogia infame; especialmente de tomar distancias con los influyentes sembradores de perfidias que ya van incluso contra aquellos de los suyos, como Ruiz-Gallardón, que no les obedecen.

Algo parecido cabe decir respecto al tema de la negociación. Puede entenderse que las víctimas vean con desconfianza ciertos movimientos destinados a convertir la derrota política de ETA en compromiso pactado de disolución de la banda. Pero es injustificable que un partido que conoce las dificultades del empeño opte por el trazo grueso y desbarre con afirmaciones como que el proyecto de Zapatero es el mismo de ETA o que el Gobierno ya ha pagado el precio político de legalizar a Batasuna y está dispuesto a pagar lo que ETA pida: esto sí que fortalece a los terroristas, convenciéndoles de que, efectivamente, si lo dice el PP, no debe de ser tan difícil obtener contrapartidas políticas como la autodeterminación o Navarra.

También les reconforta comprobar que la antigua movilización unitaria planteada en términos de «con las víctimas o con los verdugos» se ha transformado en una artificiosa alternativa de «con las víctimas o con el Gobierno». Esto puede ser consecuencia en parte de equivocaciones del propio Gobierno, pero lo es más todavía de la torpe magnificación que realiza el primer partido de la oposición. José Blanco ha esbozado recientemente sus disculpas por la falta de comunicación con Rajoy, y éste ha insinuado que pese a la ruptura de relaciones, acudiría si el presidente le convoca para hablar del asunto. En esto sí que habría que empezar desde cero, restableciendo el clima de confianza y situándolo a resguardo de episodios de recorrido y de zancadillas, que no faltarán, y que tendrá que resolver el Gobierno como mejor pueda. Aunque para que funcione deberá contar e informar al PP. Si hay un motivo que convocaría hoy a más manifestantes que los reunidos ayer en Madrid, lo es sin duda el deseo de que los dos grandes partidos establezcan una tregua en este asunto.

12 Junio 2006

Algo habrá que darles

Maite Pagazaurtundua

En el diccionario de la RALE, la voz «pragmatismo» señala que se trata del «método filosófico según el cual el único criterio válido para juzgar de la verdad de toda doctrina científica, moral o religiosa se ha de fundar en sus efectos prácticos». Detrás de la expresión «doctrina científica, moral o religiosa» de la definición anterior podríamos añadir el adjetivo «política» a los efectos de este artículo. Este diccionario también identifica como pragmatismo la «propensión a adaptarse a las condiciones reales».

¿Cuál es el efecto práctico que buscamos con respecto a ETA y Batasuna? Hay distintas posibilidades; por tanto, permítanme que señale algunas de las que podrían ser más comunes: a) Que dejen de matar. b) Que dejen de matar y que los principios democráticos borren todo resto de autoritarismo en la sociedad vasca incluso durante su final. c) Que dejen de matar, que se borre todo resto de autoritarismo en la sociedad vasca incluso durante su final y dos huevos duros: que no se equipare a las víctimas y a los verdugos. Porque hemos tenido que escuchar a un obispo vasco nacionalista afirmar que víctimas y verdugos son ambas víctimas, aunque de distinta manera. La primera cuestión que debemos determinar con claridad meridiana es cuál es el efecto práctico que buscamos o con el que nos conformamos. No lo hemos hecho suficientemente y hablamos de cosas distintas, unos y otros, me parece.

La filosofía del «algo habrá que darles» a los etarras, miembros de Batasuna y nacionalistas en general corresponde al aliento pragmático de un número importante de ciudadanos y al primer objetivo, que dejen de matar. De sus palabras y coletillas se desprende que, aunque no olvidan que los etarras encarcelados merecen cumplir sus condenas hasta el final y los de Batasuna merecen el descrédito social durante largo tiempo por el horror inferido, finalmente algo habrá que darles para que dejen de matar y, si no condenan los asesinatos cometidos y el miedo y la tortura que han supuesto para tanta gente, habría que buscar fórmulas en que se encuentren cómodos. Los pragmáticos desean tan intensamente que no se frustre esta tregua que nos animan a «no hacer caso de las palabras (de Batasuna y ETA, se entiende), sino de los hechos» (que no están matando). Considero que lo que se pretende es alargar los días sin muertos para que finalmente los de ETA no puedan dar marcha atrás; pero, claro, los estrategas del mundo de Batasuna y ETA también saben esto y cuentan con ello para no dejarse capturar por la administración de los tiempos del gobierno. De hecho, de momento, más bien parecen ir ganando los de Batasuna y ETA en ello, en la administración de los tiempos, muy especialmente si atendemos a lo que señalan hoy sus analistas afines con datos, muchos datos.

Permítanme una digresión. Estamos al inicio de un nuevo Campeonato Mundial de fútbol y España no lo ha ganado nunca, pese a contar con una liga de altísimo nivel. Mi marido dice que es comparable a las ligas italiana e inglesa. Mis escoltas dicen que es incluso mejor. Por los comentarios que les oigo durante estos días, no parece que ninguno de ellos apueste por que la Selección Española vaya a conseguir ganar el Mundial. Es, pues, un objetivo casi épico. Imaginemos que podemos llegar a ganar el Mundial de fútbol, metiendo un gol con la mano, sin que nos vea el árbitro o, al menos, no en el momento de dar por bueno el gol. Aunque me quede en minoría digo: así no. Y no se trata de que esté en contra de que España gane el Mundial.No habría utilizado el ejemplo anterior si no me pareciese detectar la existencia de derivas y fugas más o menos claras hacia el infantilismo psíquico en la actual estructura de la opinión pública española. Como reproduciendo una gran batalla que no atiende a hechos, sino a siglas de forma ciega, y a mantras cerrados, más que a argumentos, y una cierta tendencia que de seguir así puede llegar al delirio colectivo, entendido todo ello en los términos en que lo expresó Sigmund Freud en 1930 en «el malestar en la cultura» cuando se refería al fundamentalismo religioso, aunque lo denominaba religión a secas. Estaba, en realidad, definiendo los rasgos del forofismo, del sectarismo, de nuestro más genuino espíritu cainita.

Hay muchos pragmáticos que dicen que la transición se cerró con la desmemoria y que las viudas de los represaliados de la guerra civil ni hablaron mientras se fraguaba la Constitución del año 78, ni tuvieron voz durante la larguísima dictadura. Hablan del olvido necesario. Este, por ejemplo, es un mantra. Y la apelación a la amnesia surte el efecto placebo sobre algunas conciencias. Pero, claro, el nacionalcatolicismo fue derrotado como ideología, así que no podemos hablar de la existencia de ningún tipo de impunidad ideológica. Algunos heredamos en la familia la conciencia de que no debía pasar nunca más eso de no tener ni voz, ni libertad. En nuestra casa prevaleció la memoria del abuelo socialista, encarcelado y represaliado en la posguerra, y eso que también nos narraron las historias de los pragmáticos que estuvieron todo lo a bien que se podía con el régimen franquista mientras duró y sólo en sus estertores redescubrieron sus ideales políticos, el euskera para sus hijos… Con Franco se trataba de que faltaba la libertad. Con ETA se trata de lo mismo, de que amenazan con el asesinato para obligarnos a soluciones nacionalistas para el País Vasco. No es un secreto que pertenezco a la corriente de ciudadanos que se identifican con lo que ha dado en calificarse como partidarios de la «firmeza democrática» para derrotar a ETA. Yo, sin reservas, me apunto al objetivo c) del primer párrafo. Sé que es más difícil a corto plazo, pero me parece que contiene menos riesgos a medio plazo para preservar la calidad democrática de nuestro sistema político. Y sobre todo, consuela más a muchas víctimas y conforta más a los que más han aguantado el tipo por conseguir libertad para todos. No apacigua a los intolerantes. Eso es también así. Me parece un riesgo que debemos asumir. Es un riesgo.

En el asunto de que hablamos no todo es blanco o negro, por supuesto. Pero tenemos que elegir la información que nos parece relevante y, en mi opinión, lo primero que debemos tener en cuenta es que ETA no ha entregado las armas y que ha declarado una tregua condicionada y reversible. Por eso, muchas víctimas están tan susceptibles, con las heridas tan abiertas. Se les están deshaciendo sus sueños entre los dedos y Batasuna, con su chulería, les echa sal en las heridas, cada día. Dos generaciones de víctimas de ETA han soñado con derrotarlos y consideran que Batasuna no debe ser exonerada ahora de su responsabilidad en el horror por la puerta de atrás. La decisión de ser recibidos por los socialistas vascos sin haber renunciado a ese pasado -con la advertencia de que en caso contrario todo saltaría por los aires- es una conquista objetiva de Batasuna y no es una cuestión menor en mi humilde opinión. Hay muchas víctimas de ETA que temen que los de Batasuna terminen por ser aceptados con su teoría del conflicto y de los muertos como efectos colaterales indeseados, como ausentes involuntarios. Los pragmáticos pueden aceptar buscar únicamente el efecto práctico de evitar más muertos, aceptando para ello el diseño de Anoeta con sus dos mesas, el modelo de conciliación, sin «vencedores ni vencidos», o sea, la paz de Azkoitia más o menos maquillada. Al menos de momento, y esperar tiempos mejores. La opción primera de conformarse con que dejen de matar.

Pero esto lo saben los de Batasuna. Conocen a la perfección nuestra opinión pública, nuestro cainismo político, las dos grandes tendencias, la pragmática de la conciliación y la de la firmeza democrática. Y saben presionar y atornillar. La presión funciona en el juego con los pragmáticos, y Batasuna y ETA presionan. Así las cosas, y con todo respeto al Gobierno -no es blanco o negro, tal vez ellos tampoco esperaban que los pilotes del llamado proceso de paz estuvieran clavados en arenas movedizas-, yo considero que no se puede premiar la barbarie, ni a los bárbaros. Por un tema de calidad democrática. Porque no nos estallen los relatos en las manos en la siguiente generación… O en ésta.

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