19 octubre 1977
Otoño sangriendo en la República Federal Alemana por el terrorismo
Terrorismo en la República Federal de Alemania: Asesinado Hans Martin Schleyer por los herederos de la Baader-Meinhof
Hechos
El 5.09.1977 fue secuestrado en la República Federal de Alemania Hans Martin Schleyer. El 19.10.1977 apareció el cadáver de Hans Martin Schleyer, asesinado.
Lecturas
Ulrike Meinhof murió en mayo de 1976.
La policía alemana ha encontrado este 19 de octubre de 1977 el cadáver del industrial alemán Hans Martin Schleyer en el maletero de un automovil Audi 100 aprcado en las afueras de Mullhouse.
Desde hacia semanas la policía buscaba pistas sobre el paradero del industrial presidente de la Asociación de Empresarios Alemanes, la patronal de la Alemania occidental.
Schleyer fue secuestrado el 5 de septiembre pasado en Colonia y las cuatro personas que le acompañaban fueron asesinadas por los secuestradores integrantes en la Facción del Ejército Rojo (RAF).
Las negociaciones llevadas a cabo por el abogado Denis Payot y los autores del secuestro no dieron resultado; los raptores exigían como rescate el pago de varios millones de dólares y la liberación de terroristas detenidos de su banda.
La acción de la policía impidió que Payot entregar a los delincuentes la suma que reclamaban. Esta mañana, poco antes de que se produjera el hallazgo, los secuestradores anunciaron en una llamada telefónica la muerte del industrial.
Andreas Baader, Gudrun Ensslin y Jan-Carl Raspe fallecieron en octubre de 1977.
El Análisis
El 5 de septiembre de 1977 Alemania Federal entró en una de sus páginas más negras: el secuestro de Hans Martin Schleyer, presidente de la patronal, por un comando de la Rote Armee Fraktion (RAF). Aquel rapto no fue un hecho aislado, sino el clímax de lo que se conoció como el “Otoño Alemán”, una sucesión de crímenes que había empezado meses antes con el asesinato del fiscal general Siegfried Buback en abril, del banquero Jürgen Ponto en julio y del piloto Jürgen Schumann en octubre, tras el secuestro del avión de Lufthansa “Landshut” por un grupo palestino aliado de la RAF. Cada golpe pretendía lo mismo: exigir la liberación de los líderes encarcelados en Stuttgart-Stammheim, Andreas Baader y Gudrun Ensslin, tras la muerte en prisión de Ulrike Meinhof en 1976.
El comando que asesinó a Buback estaba encabezado por Christian Klar y Knut Folkerts; el de Ponto contó con la participación de Susanne Albrecht, amiga íntima de la familia y prueba de hasta qué punto la RAF era capaz de instrumentalizar vínculos personales en su cruzada ideológica. El secuestro y asesinato de Schleyer fue dirigido por Brigitte Mohnhaupt y Siegfried Haag, con la participación de Klar y otros veteranos, mostrando un salto cualitativo en la brutalidad de la organización. La violencia alcanzaba a todos: políticos, empresarios, funcionarios, incluso ciudadanos atrapados en medio de su estrategia del terror.
El canciller Helmut Schmidt respondió con una firmeza que aún hoy es objeto de debate. Se negó a negociar, convencido de que ceder a la extorsión significaba legitimar la violencia y condenar al Estado democrático a la debilidad permanente. La liberación final de los rehenes del “Landshut” por parte del comando antiterrorista GSG-9 fue presentada como un triunfo de esa línea dura, pero la ejecución de Schleyer y el suicidio colectivo de Baader, Ensslin y Jan-Carl Raspe en Stammheim dejaron una cicatriz dolorosa. Nunca se disiparon del todo las dudas sobre si aquellos líderes presos inspiraban los crímenes desde sus celdas, ni sobre las sombras en torno a sus muertes.
El Otoño Alemán fue, en definitiva, la constatación de que la RAF no era ya un grupo marginal de jóvenes exaltados, sino una máquina de terror capaz de poner en jaque a toda una democracia. Y, sin embargo, también marcó su principio del fin: la sociedad alemana, lejos de doblegarse, cerró filas con sus instituciones. A costa de vidas segadas, Alemania aprendió que la violencia política nunca abre caminos de justicia, sino que los clausura con sangre y horror.
J. F. Lamata