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El asesinado era un hombre de confianza del Gobierno Adolfo Suárez - a quien ayudo a llegar a la presidencia - y del Rey Juan Carlos, que apoyaba el cambio democrático

ETA asesina al franquista vasco Juan María Araluce Villar, Presidente de la Diputación de Guipuzcoa y miembro del Consejo del Reino

HECHOS

El 4.10.1976 un comando terrorista asesinó a D. José María Araluce Villar, a su chofer y a tres periodistas de su escolta.

EL MINISTRO MARTÍN VILLA RECHAZA DECLARAR EL ESTADO DE EXCEPCIÓN



araluce

Hechos: El 4 de Octubre de 1976 un terrorista ametralló a cinco personas en San Sebastián una de ellas (el objetivo principal) era D. Juan María Araluce Villar, presidente de la Diputación de Guipúzcoa y Consejero del Reino (algo así como el senado de entonces). Araluce Villar había sido desde el principio uno de los objetivos prioritarios del terrorismo, ya que asumió el mando de la Diputación de Guipúzcoa precisamente por los misma época en que aparecía el terrorismo (que comenzó en Guipúzcoa con el asesinato de Melitón Manzanas y otros). A pesar de su otrora alineamiento con el franquismo, Araluce era partidario de la descentralización del estado y de los cambios democráticos que estaba haciendo el gobierno Suárez y un hombre “orgulloso de ser vasco”, eso sí, era un hombre radicalmente opuesto al terrorismo lo que le confirmó en la diana. Con él murió su chofer, D. Elicegui Díaz y tres policías, uno de los cuales (D. Francisco Sanz Flores) se acababa de casar apenas una semana antes. El asesinato del presidente de una diputación era el primer asesinato político desde la muerte del presidente Luis Carrero Blanco.

Víctimas Mortales: D. Juan María de Araluce Villar, D. Francisco Sanz Flores, D. Antonio Palomo Pérez, D. Alfredo García González y D. José María de Elicegui Díez.

Araluce2 Subinspector D. Antonio Palomo Pérez, Subinspector D. Luis Sanz Flores y Policía D. Alfredo García González. 

LOS ASESINOS: Pedro María Leguina Aurre fue identificado como uno de los integrantes del comando, pero nunca fue juzgado al verse beneficiado por la amnistía.

05 Octubre 1976

Los amigos de la sangre

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián)

EL ASESINATO de don Juan María de Araluce y la muerte de cuatro policías en el mismo atentado no son un mero eslabón más en la cadena de violencias que ha padecido y padece el País Vasco. Por el momento escogido de seria crisis política -y la personalidad de la víctima consejero del Reino – el atentado de San Sebastián va directamente dirigido contra los varios intentos de consolidar en este país una democracia.No basta con condenar el hecho, sino que es preciso establecer las motivaciones y objetivos del mismo. El caso es que al señor Araluce, quien quisiera matarle, pudo haberlo hecho hace tiempo en momentos acaso de mayor tensión en el País Vasco y con mayor facilidad que otros atentados célebres cometidos en aquella geografía. El señor Araluce era, obviamente vecino de San Sebastián y por la ciudad circulaba con coche oficial y banderín desplegado. Pudieron atentar contra él en infinidad de ocasiones pero lo han hecho ahora, precisamente ahora. ¿Por qué?

Por una parte, el crimen se produce después de que una parte de ETA-V había optado por abandonar la lucha armada para transformarse en partido de masas separatista y socialista. Tendencia largamente trabajada por el desaparecido -y quizá asesinado Moreno Bergareche, alias Pertur. Pero también después de que tres encapuchados declararan en San Juan de Luz que ETA-V volvía a la lucha armada y, por tanto, a las acciones terroristas.

De otra parte, este asesinato coincide con un movimiento de uniónvasquistas en solicitud de amnistía total para los presos vascos (los menos beneficiados por la reciente amnistía). El brutal atentado de ayer reduce el margen de maniobra del poder para ampliar sus capacidades de perdón.

Por último se mata a tiros a un consejero del Reino, el más alto cuerpo consultivo del Estado en un momento de difíciles maniobras políticas del poder hacia soluciones de pacto, de transigencia de moderación. Es como si los asesinos pretendieran poner al Gobierno contra la pared en momentos en los que más que nunca el poder necesita cauces de diálogo.

Un periódico no es una sala de justicia y su obligación es contar lo que pasa, no impartir sentencias. La autoría directa o inducida de la muerte del señor Araluce y sus acompañantes la dilucidarán los jueces no los periodistas. Lo que nosotros detectamos es que el viejo proceso de intentar que las reformas políticas patinen en sangre se reproducen. Y que es preciso detener cuanto antes a los autores del atentado, como a los asesinos del joven estudiante madrileño el pasado día 27, y ejercer una política de autoridad, que para nada está reñida con las libertades democráticas.

Casualmente cuando las Cortes votaban la reforma del Código Penal por la cual se daba entrada en la política real del país a todos los partidos, corrió por los escaños la noticia del asesinato del jefe local del Movimiento de Basauri. Aquella votación quedó bloqueada. Hoy, cuando el poder se autotransforma en la cúspide, venciendo severísimas reticencias para allanar el camino hacia esa denlocracia estable de la que escribimos asesinan a un consejero del Reino. ¿Quién se benefia del hecho?. los enemigos del cambio político. Aquellos que no quieren la democracia porque con la democracia perderían viejos privilegios o aquellos que la combaten porque es un entorpecimiento en su dialéctica revolucionaria. España es la que pierde. Y con España la mayoría de ciudadanos que desean una transición en paz, pero también una auténtica transición. Y que son conscientes de que este gravísinio atentado a la convivencia y la paz será utilizado por quienes durante tanto tiempo han hecho del totalitarismo dogma político. Sin reparar hasta qué punto el pasado es origen y causa del presente y como no puede haber soluciones por eso que repitan viejos errores.

En cualquier caso nos parece acertada la declaración del señor Martín Villa en el sentido de que El Gobierno no caerá en la trampa que se le quiere tender. El poder no debe aceptar provocaciones como las de ayer mismo, y no es con una represión indiscriminada y absurda como ha de contestar a los asesinos del señor Araluce.

La principal obligación del poder es mantener la cabeza fría, hacer oidos sordos a los catastrofistas, no olvidar que se pretende azuzar a amplias zonas de ciudadanos a patrocinar salidas parafascistas y rechazar con toda la trariquilidad posible la infernal dialéctica de una estrategia antigua: cuanto peor, mejor.

05 Octubre 1976

La moderación, asesinada

Ricardo de la Cierva

Hace unos días cayó un hombre víctima de la intransigencia de un extremismo. Hace unas horas ha caído un hombre víctima de otro extremismo; y acompañado por quienes le han ofrecido la suprema lealtad de una misma muerte.Un jalón, cinco jalones más en nuestro camino irreconciliable, excluyente, hacia una democracia que se hace más imposible y más ineludible a cada muerte. Y alrededor del aniversario de otras cinco muertes que venían, a su vez, de otras muertes, y de otras, y de otras. Hace unas horas se preguntaba este mismo cronista -ante una muerte que sabía no iba a ser la última- si éste era un país maldito una nación predilecta de la muerte, donde la muerte se va afirmando cada mes, cada semana, como el protagonista del camino a la democracia, tras haber ejercido como protagonista de la historia moderna.

Hoy, por encima del dolor que brota del nuevo crimen, del quíntuple crimen, por encima de cinco hombres muertos, vemos asesinada, en la víctima que dará nombre histórico al atentado, José María Araluce Villar. a la moderación misma; porque él era la moderación, dentro y fuera de su encuadramiento concreto personal. Y en los cuatro servidores del Estado que han caído con él puede que haya querido asesinarse también a la idea del Estado como estructura, posibilidad y cauce supremo del diálogo nacional hacia el futuro. Al Estado; no precisamente al régimen, o al Gobierno, o a cualquier ideología personal.

No sé si la comunicación, o después la justicia y la historia, establecerán alguna vez el móvil concreto de los asesinos. Pero es evidente que el crimen tratará de aprovecharse por quienes lo reivindiquen; y, en general, por los enemigos de una democracia moderada para España y el conjunto de sus pueblos.

El simple hecho de calificar como crimen a este atentado y como criminales a sus autores -matar a un padre ante sus hijos, sembrar de balazos una calle- puede dar idea del juicio que uno y otro nos merecen a quienes precisamente en momentos como éste persistimos en reafirmarnos en la moderación como único campo para la convivencia en libertad. Pero en estas primeras horas de sorpresa y desconcierto se detectan indicios cada vez más alarmantes de que los enemigos declarados y los enemigos encubiertos de la democracia y aun de la reforma política están montando una operación para el aprovechamiento desesperado del quíntuple crimen donostiarra. Los mismos indicios apuntan a un reconocimiento de la serenidad del Gobierno ante la agresión de un extremismo y la amenaza del otro. Esaserenidad, tan abucheada, a veces, por quienes la creen disfraz de indecisión y no, corno es realmente, principal atributo de la firmeza. La nota del Gobierno leída por el ministro de la Gobernación es una prueba evidente de esta hipótesis.

Por si puede servir de aliento a quienes, ni este suceso trágico ni otros algunos que por desgracia sobrevendrán, deben apartar del gran objetivo común amenazado. nos atrevemos a sugerir que aprovechar este crimen para cegar ese objetivo sería, además de oportunismo rastrero y cobarde, una paradójica aproximación, desde el plano político, a una especie de complicidad. Quienes por sentido del deber hemos denunciado desde hace meses los riesgos de una argentinización para nuestra convivencia, y hemos tratado de demostrar que la alternativa de nuestro futuro no se establece entre reforma y ruptura, sino entre reforma -verdadera, profunda y recaída en la dictadura, iniciamos la vela informativa de esta noche triste con preocupación rayana en una angustia que creíamos archivada.

05 Octubre 1976

ARALUCE ASESINADO

LA VOZ DE ESPAÑA de San Sebastián (Director: Jesús María Zuloaga)

¡Que tristeza la que nos brota hoy de lo más profundo del alma! Es tanto, que no sabemos si vamos a acertar con las palabras adecuadas para expresarla y para decir la amargura que nos invade.

Don Juan María de Araluce y Villar , Presidente de la Diputación de Guipuzcoa, Procurador en Cortes y Consejero el Reino, ha sido asesinado. En pleno centro de San Sebastián, en atentado montado con premeditación y alevosía, con la más depurada técnica terrorista cuando regresaba a su domicilio, tras una mañana de trabajo en el Palacio Provincial. Es corta la distancia entre la Plaza de Guipúzcoa y el número 7 de la Avenida de España: y en esos pocos metros estaban los dos centros vitalicios de Araluce:

El hogar familiar, una familia modelo, profundamente religiosa, a la cual, en esta hora trágica pedimos al Señor que le asista con su consuelo: el buen Jesús no dejará de tener en cuenta sus merecimientos, su devoción sincera, su afán de servirle bien, en toda hora y en todos sus quehaceres.

Y la Provincia de Guipúzcoa: a cuyo servicio también vivió entregado totalmente. Primero, en su faceta profesional, notaria en ejercicio durante treinta años, y ahora, iban a hacer yo ocho, presidiendo la Corporación Provincial, con una dedicación absoluta y desinteresada.

Más no era sólo esto – un buen padre, un Presidente de la Diputación – don Juan María de Araluce era una figura de categoría nacional: Procurador en Cortes por Guipúzcoa y Consejero del Reino elegido por los representantes de las Corporaciones Locales, desempeñaba con celo y eficacia difíciles de pondera una labor extraordinaria en las esferas centrales de la gobernación nacional. De ella muchas veces aquí, inmersos en nuestra óptica localista, no hemos sabido darnos cuenta ni agradecería suficientemente. Y en esta hora en que ha sido asesinado alevosamente es de absoluta justicia proclamar que a él se debió – la famosa moción Araluce en la Comisión de Gobernación de las Cortes – el que se volvieron a abrir la puerta hacia el viejo camino de la reivindicación foral. Otros, antes que él, lo intentaron: pero sólo Araluce lo consiguió a sus dotes de inteligencia y a su habilidad política le deben Guipúzcoa – su provincia adoptiva – y Vizcaya – su provincia natal – el que hoy estén en vía de lograr el retorno de su régimen tradicional. Probablemente por esto le han matado.

Y esta es la razón de nuestra amargura; que han asesinado a un buen servidor del pueblo vasco, y que lo han hecho quienes se escudan en nuestro nombre para dinamitar las vías hacia la reconciliación nacional.

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