4 febrero 1989
Considerado un dictador, oficialmente, había ganado elecciones en 1954, 1958, 1963, 1968, 1973, 1977, 1983 y 1988
Un Golpe de Estado en Paraguay del General Andrés Rodríguez acaba con 34 años de dictadura del General Alfredo Stroessner
Hechos
El 3.02.1989 un Golpe de Estado del General Andrés Rodríguez acabó con el mandato del General Alfredo Stroessner, Presidente desde 1954.
Lecturas
UN GOLPE DADO POR ANTIGUOS PARTIDARIOS DE STROESSNER:
– El líder militar del Golpe de Estado fue el General Andrés Rodríguez, que era consuegro del General Stroessner. Su hija Mirta Rodríguez estaba casada con la hija menor de Stroessner. Toda su carrera y su acceso a Ejército de Tierra se hizo gracias al General Stroessner, que tenía previsto situarle de ministro de Defensa. Había jurado ‘fidelidad eterna’ a Stroessner. E igualmente el militar que dirigió la detención de Stroessner, el General Lino Oviedo, había sido un colaborador con el régimen hasta ese momento y se le consideraba amigo del dictador de Chile, D. Augusto Pinochet.
– El líder civil del Golpe, Luis María Argaña, había sido presidente de la Corte Suprema de Justicia durante la dictatura y Secretario de la asamblea e impulsor de la reforma de 1977 que fue la que permitió al General Stroessner perpetuarse con el poder.
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ENFRENTADO A LA IGLESIA
Entre los enemigos destacados del dictador destacaba la Iglesia paraguaya que en 1985 denunció la existencia del empleo de tortura.
Entre los opositores al régimen también destacaron Napoleón Ortigoza, que estuvo detenido entre 1962 y 1985, Domingo Laino, exiliado o el intelectual Augusto Roa Bastos, este último muy jaleado por la prensa española.
Entre los medios de comunicación opositores destacó la Radio Nanduti, que llegó a ser clausurada por 10 días en agosto de 1985 acusada de ‘alentar la sublevación’. En mayo de 1986 fue destruida por partidarios de Stroessner.
04 Febrero 1989
FIN DEL TIRANOSAURIO
Parece ser que se ha venido al suelo la más antigua dictadura de las Américas, la paraguayas del general Alfredo Stroessner. Ya lo dijo Ronald Reagan en su discurso de despedida, que estaban llegando a su fin las dictaduras y los partidos únicos.
Esta veterana dictadura paraguaya duraba ya treinta y cinco años, desde 1954, cuando un desconocido general llamado Stroessner, hijo de un emigrante alemán, como su nombre indica y de una paraguaya dio el consabido golpe de Estado, aprovechando las aguas revueltas de la guerra civil, bajo la dictadura de otro general Morinigo. Desde entonces con una extraña fidelidad al sistema electoral democrático, Stroessner se ha hecho reelegir presidente en sucesivos plazos, hasta convertirse en vitalicio. Como es tradición en estos casos, el régimen político de Stroessner empezaba y terminaba en él. Su verdadero apoyo no era el popular, sino el de las Fuerzas Armadas (…).
El general nacido en 1912 cuenta ya setenta y siete años. No puede decirse que su carrera ha sido cortada en flor. Pasa, pues, a ostentar el nada ilustre decanato de las dictaduras hispanoamericanas Fidel Castro, que acaba de celebrar con pompa y circunstancia su trigésimo aniversario en el poder en Cuba y le sigue como vicedecano el chileno y también general Augusto Pinochet, tres años más joven que su colega paraguayo. El benjamín de los dictadores del ramo es ahora Daniel Ortega, de Nicaragua. Tenía razón Regan: esto (las dictaduras) se acaba.
Treinta y cinco años de Stroessner, dejan a Paraguay con una renta anual per cápita de mil doscientos dólares. Para ese viaje no se necesitaban tantas alforjas.
Manuel Blanco Tobío
04 Febrero 1989
El consuegro infiel
El nuevo presidente de la República del Paraguay, general de división Andrés Rodríguez, de 64 años, es consuegro del general Alfredo Stroessner, a quien rindió por la fuerza y obligó a renunciar ayer. Su hija Mirta Rodríguez está casada con Alfredo, hijo menor de Stroessner. Toda su carrera militar y su ascenso a la comandancia del primer cuerpo del Ejército de Tierra fue apoyada y estimulada por el propio Stroessner, quien tenía previsto designarlo ministro de Defensa.
El Gobierno de Estados Unidos acusó a Rodríguez, hace más de 10 años, de ser el jefe del llamado cartel de Paraguay y de proteger a las bandas de narcotraficantes que operan en ese país. Rodríguez rechazó las acusaciones y denunció a su vez a la Embajada de Estados Unidos en Paraguay por alentar a la «subversión política» tras los contactos que los embajadores Robert White y luego Clyde Donald Taylor mantuvieron con los dirigentes de la oposición política paraguaya.
El conflicto entre Rodríguez y Stroessner comenzó a hacerse público a fines de 1986, cuando el oficialista Partido Colorado se dividió entre militantes y tradicionalistas.Ambos decían defender la continuidad de Stroessner en el poder y se acusaban de haber sido infiltrados por el comunismo.
El control del Partido Colorado asegura a la vez el del Gobierno porque funciona de hecho corno partido único. El carné de afiliación se exige como requisito para estudiar o conseguir empleo.
El impulso de la Embajada de Estados Unidos en Paraguay a los partidos de la oposición que integran el Acuerdo Nacional, la reacción de la jerarquía eclesiástica -que comenzó a promover la democratización del país tras bendecir al régimen durante 30 años- y la impaciencia de los mandos intermedios de las Fuerzas Armadas, impedidos de ascender porque Stroessner no renovaba el generalato, contribuyeron a espesar el caldo de cultivo para el golpe.
Rodríguez se acercó a los tradicionalistas desplazados que lideraba Juan Ramón Chávez y al presidente de la Corte Suprema, Luis Mario Argaña, quienes ahora impulsan el apoyo civil al nuevo Gobierno.
«El sacrificio del soldado»
Por otra parte, según, informan las agencias internacionales, Rodríguez dijo que su levantamiento se produjo «por la iniciación de la democratización del Paraguay, por el respeto a los derechos humanos y por la defensa de nuestra religión cristiana, católica y romana». Y añadió: «Eso es lo que estoy ofreciendo con el sacrificio del soldado paraguayo a nuestro querido, valiente y noble pueblo paraguayo».
El general pidió ayuda «a los países amigos» en la tarea de defender la democracia «después de 35 años de dictadura». «Nuestra intención es poder servir y defender según la máxima del soldado paraguayo. Y para esto solicitamos vuestra cooperación, a fin de poder encontrar el lugar que nuestro país se merece en el círculo de las otras naciones».
04 Febrero 1989
El Fin del tiranosaurio
El general Alfredo Stroessner no ha podido satisfacer el último anhelo de todo dictador: morir en la cama por consunción vegetativa. Llevaba treinta y cinco años al frente de los destinos de Paraguay. Era el tiranosaurio por antonomasia. Y le ha venido a derrocar su antiguo ‘número dos’, su consuegro, con un golpe militar con un centenar de muertos.
Paraguay, un país casi tan extenso como España pero poblado por tan sólo 3.750.000 habitantes, ha respirado, aunque tampoco se ha desatado la euforia. La figura del general Andrés Rodríguez es todo un enigma. Vinculado al narcotráfico, hasta hace dos años era el lugarteniente de Stroessner. Pero cayó en desgracia y dentro de una semana tenía que pasar a la reserva. En su proclama, después de alzarse victorioso en el golpe de ayer, argumentaba razones tan diversas como ‘defender el honor de las Fuerzas Armadas, la unificación del Partido Colorado; la defensa de la santa, católica y apostólica Iglesia, y el inicio de la democratización del país”. ¿Por qué orden se avanzará hacia estos objetivos?
El régimen de Stroesner se cimentaba sobre estos dos pilares: el Ejército y el Partido Colorado. Facciones del Ejército se sentían un tanto molestos desde que el anciano dictador empezaba a dar muestras de flaqueza física, cercado por su cáncer de piel y sus problemas de próstata. En el Partido Colorado había una clara escisión entre los extremistas, incondicionales del dictador, y los tradicionalistas, fieles a los principios del populismo que alentó originariamente a este movimiento político.
Posiblemente el origen del golpe se haya debido a un motivo personal (la marginación del general Rodríguez) o a una lucha entre facciones rivales dentro del partido y del Ejército. De cualquier manera, lo cierto es que en Asunción ha dejado de gobernar el más veterano dictador del escalafón de los tiranos del mundo. El futuro del Paraguay está por escribir. Desaparecido Stroessner y con Pinochet emplazado a fecha fija para abandonar el poder, no hay en estos momentos más dictadores en Sudamérica. La oposición paraguaya aguarda con cautela, pero es evidente que por vez primera en muchas décadas, Paraguay afronta el porvenir sin estar atenazada por la tristeza y el pesimismo.
04 Febrero 1989
Tirano Banderas
LA «INICIACIÓN de la democratización» y el «respeto de los derechos humanos» fueron dos de las banderas esgrimidas de madrugada por el nuevo hombre fuertede Paraguay, general Andrés Rodríguez, para justificar el golpe de Estado que derrocó ayer al viejo dictador Stroessner. Tan nobles objetivos se veían sin embargo acompañados por un tercero, la «defensa del honor y de la dignidad de las fuerzas armadas», en cuyo nombre se han cometido muchos de los más criminales atentados contra esos mismos derechos humanos y valores democráticos. Existen sospechas fundadas, por lo demás, de que esa sensibilidad ante el honor del Ejército pueda estar relacionada con la intención de Alfredo Stroessner, consuegro del nuevo golpista, de pasar a éste a la reserva tras algunas disensiones surgidas entre ambos.Adelantándose a sus propósitos, ha sido Andrés Rodríguez quien ha mandado a la reserva al viejo dictador. Aunque las cosas difícilmente podrán ir a peor, no puede saberse, por el momento, si lo que empieza es más de lo mismo o el inicio de un proceso democratizador. El nuevo mandatario no inspira una desmesurada confianza. Es difícilmente concebible que un hombre que ha estado ligado durante años a una estructura de poder tan corrupta como la paraguaya como número dos del aparato militar haya conseguido permanecer impoluto, manteniendo sin tacha su honradez.
Paraguay no ha tenido muchas oportunidades de disfrutar de una vida civil pacífica. Tan pocas, que, según algunas estimaciones, más de la mitad de su población vive fuera del país, huyendo de la corrupción, la falta de libertad, la tortura y la pobreza endémica (no remediada por una economía que ha crecido a sobresaltos, en torno a la especulación y sin industrialización real, lo que incluye la incierta viabilidad económica del complejo eléctrico de Itaipú). Cuando el general Alfredo Stroessner dio un golpe de Estado en mayo de 1954, accedió al poder tras seis años de práctica guerra civil, que habían sido, a su vez, el resultado de ocho años de dictadura previa. Dispuesto a gobernar sin trabas, el nuevo autócrata asumió poderes absolutos en 1955 e impuso un estado de sitio que no levantó hasta 23 años más tarde. Por poco tiempo, porque el asesinato, en 1980, del ex dictador nicaragüense Somoza en Asunción hizo temer a Stroessner por su propia vida. En un momento dado, y a fin de demostrar su respeto exquisito de la legalidad, modificó la Constitución para poder ser reelegido indefinidamente. Lo ha sido en siete ocasiones, siempre por mayoría aplastante, hasta la última en 1988.
El país ha estado dividido tradicionalmente entre el derechista Partido Colorado -al que pertenece Stroessner- y una constelación de colorados disidentes, liberales, democristianos y radicales, que, en uno u otro momento, han actuado como oposición sin voz, o por lo menos con la voz muy afónica. La supresión de la Prensa crítica, del incipiente sindicalismo y de los propios disidentes (con altibajos de crueldad, condicionados por la presión internacional) ha definido la política del país durante 35 años. Ninguna evolución política hacia la pretendida democracia. Sólo la conjunción de tres elementos ha hecho posible la debilitación y, ahora, el derrocamiento. de Stroessner: la decrepitud del dictador -tiene 76 años y cáncer de piel-, la oposición declarada de la jerarquía de la Iglesia, abiertamente manifestada a partir de 1985, y las disensiones internas en el Partido Colorado. La estructura comenzaba a tambalearse. Queda por ver si lo que pretende el general Rodríguez es continuar mandando con lo que quede de ella o si, como promete, devolverá la soberanía al pueblo.
La prueba es bien fácil, porque no existen recetas nuevas: debe imponerse sin ambages la libertad de prensa, los presos políticos deben ser liberados, y los partidos, restablecidos en su dignidad y capacidad operativa. El Ejército debe reintegrarse a sus cuarteles. Y luego, deben convocarse elecciones generales.
El Análisis
La caída de Alfredo Stroessner pone fin a una de las dictaduras más longevas de América Latina: desde 1954 el general había convertido Paraguay en un régimen donde resultaba difícil distinguir entre Estado, Fuerzas Armadas y Partido Colorado, organización a la que incluso debían afiliarse quienes pretendían ingresar en la carrera militar. Anticomunista feroz y aliado de Estados Unidos durante buena parte de la Guerra Fría, Stroessner mantuvo elecciones y una fachada constitucional que nunca pusieron realmente en peligro su poder, mientras encarcelaba, torturaba, expulsaba o hacía desaparecer a sus adversarios. Analistas progresistas aseguran que las dictaduras militares colaboraban juntas para erradicar a opositores marxistas (la teoría de de Operación Cóndor).
Su represión no alcanzó la escala homicida de la guerra sucia argentina ni, en números absolutos, la de Pinochet en Chile, pero esa comparación puede resultar engañosa: el stronismo sometió a un país mucho menos poblado durante treinta y cuatro años, y la Comisión de Verdad y Justicia estimaría posteriormente en 20.090 las víctimas directas de violaciones de derechos humanos. Ahora cae precisamente cuando Chile está desmontando el pinochetismo mediante las urnas, pero Paraguay lo hace de una manera bastante menos edificante: Stroessner no ha perdido un plebiscito, sino una batalla entre militares. Su consuegro y hasta ayer hombre fundamental del régimen, el general Andrés Rodríguez, lanzó sus tanques contra él durante la noche del 2 al 3 de febrero; el coronel Lino César Oviedo, otro militar surgido del mismo sistema, participó decisivamente en su captura. Los combates fueron sangrientos y las estimaciones iniciales llegaron a hablar de centenares de muertos. Stroessner ha salvado al menos la vida: después de renunciar partirá al exilio en Brasil, donde acabará viviendo hasta su muerte en 2006.
Por eso sería precipitado celebrar lo ocurrido como una revolución democrática. Rodríguez no es un disidente que haya llegado de las cárceles de Stroessner: es uno de los generales que hicieron posible a Stroessner, su número dos, su consuegro y uno de los hombres más poderosos del Ejército; y el golpe responde también a una guerra interna entre las facciones militante y tradicionalista del propio Partido Colorado. Tampoco Luis María Argaña, importante dirigente colorado y antiguo presidente de la Corte Suprema, representa una ruptura limpia con el sistema, mientras que Oviedo procede directamente de sus Fuerzas Armadas. Lo ocurrido es, por tanto, un cuartelazo que puede abrir una democracia, no todavía un triunfo democrático. Rodríguez promete libertades, respeto a los derechos humanos, pluralismo y elecciones; si cumple, la Historia podrá recordar la madrugada de febrero como el extraño caso en que los hombres del régimen desmontaron desde dentro una parte del régimen. De hecho, la apertura comenzará inmediatamente y las elecciones de mayo de 1989 serán consideradas relativamente libres, aunque Rodríguez concurrirá a ellas como candidato del mismo Partido Colorado y Ejército y coloradismo conservarán un poder formidable. Ahí está el verdadero examen. Es relativamente sencillo derribar al dictador cuando uno dispone de más tanques que él; democratizar el país exige renunciar después a utilizar esos tanques para conservar el poder. Paraguay se ha librado de Stroessner. Todavía está por demostrar que se haya librado del stronismo.
JF