9 marzo 1996

El diario MARCA pide que ambos sean expulsados del fútbol español por conducta impropia

Una pelea entre los presidentes del Atlético de Madrid y el Compostela, Jesús Gil y Caneda, acaba a puñetazos

Una pelea entre los presidentes del Atlético de Madrid y el Compostela, Jesús Gil y Caneda, acaba a puñetazos

Hechos

  • A las puertas de la sede de la Liga de Fútbol se produjo una discusión entre D. José María Caneda (presidente del Compostela Club de Fútbol), D. Jesús Gil (presidente del Atlético de Madrid) y el gerente del Compostela D. José González Fidalgo. Los tres lanzaron insultos y el Sr. Gil propinó un puñetazo en la cara al Sr. Fidalgo.

Lecturas

La mañana del 8 de marzo de 1996, la sede de la Liga Nacional de Fútbol Profesional, en la zona de Arturo Soria de Madrid, se convirtió en escenario de uno de los episodios más recordados y violentos de la historia de los despachos del fútbol español. El presidente del Atlético de Madrid y alcalde de Marbella, Jesús Gil y Gil, se enfrentó verbalmente con el presidente de la Sociedad Deportiva Compostela, José María Caneda Antelo, y acabó propinando un puñetazo en la cara al gerente del club gallego, José González Fidalgo. La agresión se produjo delante de periodistas, fotógrafos y cámaras de televisión que aguardaban la llegada de los dirigentes a una reunión de la Liga. Las imágenes del altercado ocuparon los informativos de aquella jornada y al día siguiente llegaron a las portadas de la prensa nacional

Los presidentes de los clubes profesionales habían sido convocados para abordar cuestiones de gran importancia económica e institucional, especialmente el reparto de los ingresos de los derechos de televisión y la posible reducción de una Primera División que aquella temporada contaba con 22 equipos. La reunión pretendía acercar posiciones entre los clubes, en un momento de disputas por el futuro modelo de explotación comercial del campeonato. Sin embargo, Gil y Caneda llegaban enfrentados por motivos personales. Días antes, Caneda había criticado en Radio Nacional de España que los ciudadanos de Marbella hubieran elegido alcalde a Gil, llegando a calificarlos de tontos. El presidente atlético consideró aquellas palabras una ofensa no solo contra él, sino también contra sus votantes.

El conflicto tenía otro antecedente que Caneda explicó años después. Según su relato, durante una reunión celebrada en Toledo sobre las quinielas, Gil lo había llamado pelota por intervenir en una discusión con Augusto César Lendoiro, presidente del Deportivo de La Coruña. Caneda respondió calificándolo de bulto de carne con ojos. También aseguró que Gil lo había amenazado antes de la reunión madrileña. Se trata de la versión retrospectiva de Caneda, no de una amenaza acreditada mediante una resolución judicial.

marcassopapos

Hacia las 10.30 horas, Caneda llegó a la sede de la Liga acompañado de González Fidalgo y se detuvo a hablar con un periodista. Poco después apareció Gil en un Mercedes, acompañado por personal de seguridad. Las crónicas de la época describen a dos guardaespaldas protegiéndolo durante la discusión, aunque la reconstrucción publicada por El País al día siguiente menciona que del vehículo descendieron tres escoltas.

Gil se dirigió directamente a Caneda y le reprochó sus declaraciones sobre Marbella, amenazándolo con arrancarle la cabeza si volvía a mencionar su nombre. Caneda no se amilanó y respondió en términos igualmente desafiantes. Cuando González Fidalgo intervino para respaldar a su presidente, Gil lo insultó llamándolo chorizo; el gerente replicó llamándolo hijo de puta. En ese momento, Gil lanzó un puñetazo con la mano derecha que alcanzó la cara de Fidalgo.
La agresión no puso fin al enfrentamiento. Los tres continuaron intercambiando insultos y amenazas mientras los guardaespaldas y otras personas intentaban mantenerlos separados. Caneda acusó a Gil de comportarse con valentía únicamente porque iba protegido, mientras que el presidente atlético lo retaba a salir a la calle sin escoltas. Fidalgo, pese al golpe recibido, siguió respondiendo a las provocaciones. La bronca continuó durante varios minutos hasta la entrada en la sala de reuniones.

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J. J. SANTOS: «NO TODOS HAN TENIDO EL MISMO GRADO DE CULPA»

Jota_Jota_Santos_A3 En el informativo de deportes TELECINCO, D. J. J. Santos emitió al igual que el resto de cadenas el incidente entre el Sr. Gil y el Sr. Caneda, ahora bien, el Sr. Santos optó por añadir su punto de vista dejando claro que, a su criterio, estaba claro que había sido el Sr. Gil y Gil el responsable de que el incidente acabara de la manera en que acabó.

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PROCESO CONTRA GIL Y CANEDA

Fecha Actuación Resultado
13.03.1996 El Comité de Competición de la RFEF abre expediente extraordinario a los tres protagonistas por la notoriedad y alarma social del incidente. Se designa instructor a Pedro García Pérez.
29.03.1996 El instructor propone sanciones. 14 meses para Gil y cuatro para Caneda y Fidalgo. No se adopta inhabilitación cautelar.
25.04.1996 El Comité de Competición resuelve el expediente. 10 meses de inhabilitación para Gil y cuatro meses para Caneda y Fidalgo, sin multa económica.
27.05.1996 El Comité de Apelación de la RFEF resuelve los recursos. Confirma las tres sanciones.
MARCA (Director: Luis Infante)

09 Marzo 1996

Ellos no son el fútbol

MARCA (Director: Luis Infante)

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Quien primero se ha avergonzado del bochornoso incidente que han protagonizado Jesús Gil, José María Caneda y el gerente José Fidalgo ha sido el fútbol. ¡Fuera! Les dice MARCA haciendo de altavoz de lo que piensan los aficionados y deportistas cansados  de que se repitan estas o parecida escenas en las que los directivos ensucian la imagen del fútbol.

Después de lo que ha visto toda España, y verá todo el mundo por televisión, no vamos a entrar en si alguno, Gil o Caneda, tienen ni siquiera una pizca de razón en la disputa que desde hace tiempo les enfrenta. ¿Qué importa cuando dos presidentes, que presentan a sus clubes, a sus aficiones se dirigen las mayores groserías y uno de ellos lanza un puñetazo? ¡Fuera!

Estos días, quienes se acercan al fútbol con la bandera de la intelectualidad, dirigirán sus comentarios hacia la obviedad del bochornoso espectáculo que nos han ofrecido estos dirigentes con el riesgo de caer en la injusta generalización. Pongamos nombres y apellidos a los maleducados, en este caso Gil, Caneda y Fidalgo, a los groseros, a quienes no son deportistas ni nunca lo serán, pero no caigamos en el error de ver en ellos la imagen del fútbol. No son ni siquiera el espejo de sus clubes y sus aficiones.

Que nadie vea peligro de que transmita esta violencia verbal y ya física a aficiones y jugadores. Salvo excepciones marginales, afortunadamente este no es el clima que se vine en el fútbol. Todo lo contrario. Las gradas están cada día más pobladas de jóvenes que disfrutan con el espectáculo, con sus ídolos y le dan la espalda a quienes se mueven por otros intereses. Las aficiones del Atlético y Compostela estarán tan avergonzadas como todas de este bochornoso incidente que nos ha impedido entrar en la jornada de este fin de semana hablando, escribiendo, sencillamente de fútbol.

¡Fuera! Todos estos personajes. Sobran del fútbol. Tarjeta roja directa.

 

Julián García Candau

09 Marzo 1996

Los grandes tienen derecho a más ingresos

Julián García Candau

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El combate no estaba anunciado y ni siquiera se contaba con un émulo de Paco Torres para que presentara a los púgiles. Que nos estábamos acercando a una pérdida de nervios era evidente. Antecedentes cercanos de riñas sin reglamentar ya habíamos tenido. La presencia de presidentes peculiares, insólitos, llegados de improviso, daba que pensar. Hace unos años había dirigentes que se quejaban, o presumían, intención última de ponder dinero. En los últimos tiempos nos hemos topado con presidentes que cobran. Que tienen sueldo y alguno gozoso, aunque tales ingresos figuren como gastos de representación. Y hay algún presidente al que se acusa desde la segunda parte de la parte contratante, de participar en una parte alícuota de un traspaso. No hay entre los actuales dirigentes del fútbol  español, hombres que induzcan al pacto que preconicen el entendimiento y el diálogo civilizado. Ahora los hay que atizan el fuego para que las llamas no dejen ver paisajes y paisanaje.

Dos propuestas han encendido la hoguera: el deseo razonable de los grandes clubes de percibir por derechos de televisión un porcentaje acorde con el interés que suscitan en la audiencia y visionarios que quieren acabar con el Plan de Saneamiento  por la vía de la urgencia, para alcanzar pactos que, en algún caso, resultan sospechosos. Los primeros van a tener difícil que se acepte teoría tan razonable y los segundos ya han asomado el plumero: unos por la vía de la política, y ahora tendrán la ocasión de lucirse porque van a mandar gentes de su cuerda, y otros, por la oscura e incierta senda de ofertas con aire de interés muy interesado.

Desconozco quien lanzó ayer la primera piedra, aunque sí he visto, como toda España, el capón de Jesús Gil al gerente del Compostela, improcedente porque se trataba de púgiles de muy distinto peso. También oí como todo el país, el recitado del Diccionario secreto, ahora no tan secreto, de Camilo José Cela, autor de Once cuentos de fútbol, entre los que no recuerdo ningún episodio final.

Hay también una notable diferencia entre los actuales presidente de sociedades anónimas deportivas; los que se juegan su dinero como Jesús Gil y los que desean derogar la Ley del Deporte, a fin de volver a las impunidades pasadas.

El reparto de los ingresos por derechos televisivos es injusto y lesivo para aquellos que, como demuestran las audiencias, tienen mayor interés para los telespectadores. En el mundo del espectáculo las diferencias existen y nadie se rasga por ello las vestiduras. Montserrat Caballé, pongamos por caso, gana mucho más que su hija, que es más joven y guapa y canta maravillosamente. El Madrid, el Barça y otros pocos, siempre tendrán más interés que la mayoría de los clubes de primera, dicho con el mayor respeto y la debida consideración. Quienes se obcecan en opinar lo contrario tienen perdida la guerra porque a los contrarios, además de la fuerza, les asiste la razón.

J. García Candau

Alfonso Azuara

10 Marzo 1996

El Puñetazo

Alfonso Azuara

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El puñetazo fue la agresión premeditada, alevosa ¿impune? de quien, con las espaldas bien guardadas, berreó ‘urbi es orbi’ las expresiones más vulgares, zafias y sórdidas.

El puñetazo fue la explicación de las agresiones verbales a futbolistas, entrenadores, árbitros, votantes socialistas, presidentes y periodistas que primero crearon el monstruo, después le rieron sus gracias y ahora se rasgan las vestiduras.

El puñetazo se emparenta con esa dialéctica de los puños y las pistolas de quien cree que el destino de las urnas es romperlas.

El puñetazo es la firma, de puño y letra, que justifica las pintadas xenófobas, las amenazas de muerte, las pancartas con simbología nazi y fascista, las piedras contra el autobús del rival y otra noche de cristales rotos.

El puñetazo es un escupitajo a la libertad del otro, al respeto mutuo, a la convivencia pacífica, al juego limpio, y a la sana pasión por unos colores deportivos. Es una acción vil y quien no la repudia resulta envilecido.

El puñetazo es el bípedo implume que, al modo barojiano, sitúa al hombre un milímetro por encima del mono cuando no un centímetro por debajo del cerdo.

El puñetazo debe servir para recuperar la memoria de quienes, por acción u omisión permiten que la cabeza de un sonajero les presida o gobierne.

El puñetazo es un golpe bajo a las nobles aspiraciones de unos jugadores, técnicos, directivos y aficionados que sueñan con el título de campeón.

El mamporro radiotelevisado podría sembrar unos vientos cuyas tempestades recogerían los que sólo juegan y que ganen o pierdan, estrechan la mano del adversario.

Y como la mano del puñetazo podría ser la misma que el Rey se encontrase, cuando dentro de unos días el fútbol vuelva a ser en Zaragoza fiesta y no camorra, recuerdo que a pesar del puñetazo y al modo calderoniano, la historia del Atlético también es una religión de hombres honrados cuyo sino será sufrir siempre.

Mientras la paloma de la paz se posa en el puño agresor y el estadio de San Lázaro se hace Plaza del Obradoiro peregrino a Santiago, aprieto los puños y me postro humildemente de rodillas ante el Apóstol compostelano.

Le doy un abrazo nacional con redoble y le susurro: perdónale porque no sabe lo que hace. Espero que me haya oído.

Alfonso Azuara

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

09 Marzo 1996

La camorra de Gil

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

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EL PRESIDENTE del Atlético de Madrid y alcalde de Marbella, Jesús Gil y Gil, tiene arraigadas costumbres de insultar y amenazar. Ayer combinó ambas y añadió la agresión física a un directivo del Compostela en una discusión que sería caritativo llamar de rufianes. Las imágenes de la agresión son muy reveladoras. Ninguna persona decente puede contemplar sin repugnancia ese alarde de brutalidad, ese matonismo de camorrista acostumbrado a pisar fuerte, eso sí, bajo la protección de guardaespaldas de no menos chulesca conducta. Cualesquiera que sean las razones que Gil y Gil pueda esgrimir -ayer invocó a los ciudadanos de Marbella que le habían elegido alcalde-, nada justifica tan penoso espectáculo.Ayer mismo se celebraba en Sevilla un juicio -que fue aplazado a petición del fiscal- contra tres seguidores del Atlético de Madrid acusados de haber apuñalado y herido gravemente a un ciudadano que había salido en defensa de otro de color al que los agresores golpeaban al grito de «Ku Klux Klan». Hace un año, el presidente del Atlético de Madrid amenazó con «cortar la cabe za a ese negro», en referencia al jugador colombiano Valencia. Antes había dedicado comentarios despectivos -«muerto de hambre?’ era el más civilizado- a otros jugadores extranjeros del club que preside, como Donato o Kosecki. La UEFA le sancionó por haber llamado maricón a un árbitro francés. A jóvenes de Marbella que se habían manifestado contra determinadas iniciativas suyas los llamó babosos, escoria, drogadictos e hijos de puta, entre otras cosas.

¿Con qué autoridad puede pedir comportamiento civilizado a los jóvenes seguidores de su club un presidente con semejantes antecedentes? En vísperas de las elecciones del 3-M anuncio públicamente su apoyo al PP, y hubo quienes le rieron la explicación de que lo hacía «para castigar a esos hijos de puta del PSOE». Nadie levantó la voz para rechazar tal apoyo y sus sutiles argumentos. Los matones ¿nacen o se hacen? Más bien los hacen quienes les toleran cualquier abuso y les ríen las gracias.

El Análisis

Los amigos que convirtieron el fútbol en pelea callejera

JF Lamata

La pelea protagonizada por Jesús Gil, José María Caneda y José González Fidalgo ante la sede de la Liga de Fútbol Profesional constituye una demostración de hasta qué punto algunos dirigentes del fútbol español han confundido la representación institucional de sus clubes con la exhibición pública de su temperamento. La imagen de Jesús Gil, presidente del Atlético de Madrid y alcalde de Marbella, avanzando entre dos corpulentos guardaespaldas mientras amenaza a otro presidente y acaba golpeando al gerente que lo acompaña, ofrece una estampa más propia de una película de gánsteres que de una reunión de responsables deportivos.

Gil parece entender la autoridad como una cuestión de fuerza personal y capacidad para amedrentar al adversario. Sus escoltas, que deberían cumplir una función de protección, terminan convirtiéndose visualmente en parte de esa demostración de poder. Resulta especialmente grave que quien protagoniza la agresión sea también un alcalde, representante de una institución pública, al que debería exigirse una conducta respetuosa con las normas de convivencia. Su pretensión de justificar el puñetazo como una reacción defensiva no elimina el hecho de que las cámaras han registrado cómo un dirigente deportivo responde físicamente a los insultos de otro.

Pero sería igualmente equivocado presentar a José María Caneda y a su gerente como modelos de serenidad institucional. El presidente del Compostela había contribuido al enfrentamiento mediante descalificaciones personales contra Gil y sus votantes, mientras que González Fidalgo intervino en la discusión con insultos que agravaron la tensión. El comportamiento de los tres protagonistas revela una alarmante incapacidad para distinguir entre la discrepancia y el enfrentamiento personal. La escena resulta todavía más lamentable porque se produce mientras los clubes intentan alcanzar acuerdos sobre cuestiones económicas fundamentales para el futuro del campeonato. En lugar de debatir el reparto de los derechos televisivos, los presidentes se ven obligados a interrumpir su reunión por una pelea que termina ocupando las portadas de los periódicos y los telediarios. Luego resultó que acabaron siendo muy amigos, pero la imagen de su bronca quedará para la historia.

J. F.