27 marzo 1990
Valerio Lazarov (TELECINCO) trae a España el programa de matrimonios ‘Su Media Naranja’ y elige al actor Jesús Puente para que sea su presentador estrella
Hechos
En marzo de 1990 inicia sus emisiones el programa de televisión ‘Su Media Naranja’ en TELECINCO.
Lecturas
El 27 de marzo de 1990, pocas semanas después del comienzo de sus emisiones, Telecinco, dirigida por Valerio Lazarov, estrenó Su media naranja, un concurso presentado por el veterano actor Jesús Puente Alzaga, que iniciaba así una nueva etapa profesional centrada en la presentación televisiva, después de una extensa trayectoria en el teatro, el cine y la televisión como intérprete. El espacio no era una creación original española, sino la adaptación del concurso estadounidense The Newlywed Game, estrenado en 1966, que también había tenido una versión italiana, Tra moglie e marito, emitida por Canale 5, la cadena del grupo de Silvio Berlusconi. La fórmula consistía en reunir a tres matrimonios para comprobar hasta qué punto se conocían realmente. Uno de los cónyuges abandonaba temporalmente el plató mientras su pareja respondía a preguntas sobre su convivencia, sus gustos, sus costumbres o los aspectos más íntimos de su relación. Posteriormente regresaba y debía contestar exactamente lo mismo. Cada coincidencia permitía sumar dinero, y el matrimonio que acumulaba más puntos o premios se convertía en ganador, con la posibilidad de continuar concursando en emisiones posteriores. Las preguntas podían resultar indiscretas, pero buena parte del atractivo procedía precisamente de las respuestas inesperadas, los reproches cariñosos y las discusiones que surgían cuando los esposos descubrían lo poco que, en ocasiones, conocían a sus respectivas parejas.
La personalidad de Jesús Puente fue fundamental para el éxito del concurso. Lejos de limitarse a leer preguntas, el actor ejercía como anfitrión, confidente y provocador, utilizando su experiencia interpretativa, su voz característica y una mezcla de cortesía e ironía para conseguir que matrimonios anónimos hablaran con naturalidad ante las cámaras. Puente sabía cuándo insistir en una respuesta comprometedora y cuándo convertir una discusión en una broma, sin perder el control del programa. Su estilo ayudó a transformar un mecanismo televisivo sencillo en uno de los espacios más populares de la primera Telecinco. Algunos matrimonios llegaron a permanecer numerosas semanas en competición, convirtiéndose en personajes familiares para los espectadores. El concurso alcanzó cuotas de audiencia muy elevadas durante sus primeros años y proporcionó a Puente el Premio Ondas de 1990. Inicialmente situado en las franjas de tarde y primeras horas de la noche, fue cambiando de horario a medida que evolucionaba la programación de la cadena, sin perder su condición de espacio cotidiano.
Puente permaneció al frente hasta septiembre de 1994, cuando abandonó Telecinco para incorporarse a Antena 3 . Su sustituto fue el cantante y presentador Tate Montoya, que asumió el concurso el 19 de septiembre de 1994 y lo condujo hasta su desaparición definitiva el 11 de julio de 1996. Años después, Antena 3 recuperaría una fórmula semejante con Tal para cual, presentado por Anabel Alonso en 2006. La trayectoria de Su media naranja demuestra cómo un concurso importado, de estructura aparentemente elemental, pudo convertirse en uno de los primeros grandes emblemas de la televisión privada española y transformar a un actor consagrado en una estrella de la presentación televisiva.

27 Marzo 1990
Jesús Puente «Hablando de los gustos sexuales, a veces tengo que parar a los concursantes»
EL MUNDO.- ¿Por qué cree que le eligieron precisamente a usted para presentar uno de los programas estrella de Tele 5?
JESUS PUENTE.- No lo sé. Y no conocía de nada a José Miguel Aizpiroz, directivo de la cadena, ni tampoco a Valerio Lazarov, más que de hola y adiós por los pasillos. Si me hubieran llamado de otra televisión me hubiera extrañado menos. Creo que les parecí apropiado y ya está.
EL MUNDO.- ¿Le apetecía trabajar en televisión?
J. P.- Sí. Me gusta más la televisión que los demás medios, el cine o el teatro, aunque resulte que los he trabajado más. Puedo ser yo mismo.
EL MUNDO.- ¿Se da cuenta del éxito que está teniendo el concurso que presenta?
J. P.- A mí lo del éxito es algo que me da mucho miedo. Lo difícil es mantenerse y cuando se tiene éxito se corre el riesgo de dormir en laureles y entonces la caída es mucho más dura. EL MUNDO.- ¿A qué cree que se debe la aceptación del programa?
J. P.- A la disparidad de la gente. Es un concurso, muy entretenido, en el que la gente se siente protagonista y eso está muy bien. La mayoría de los participantes no concursan por dinero, concursan porque les hace gracia. Hay que tener en cuenta que a quien sale en pantalla no se le olvida fácilmente. Supongo que mi forma de conducir el espacio también tendrá algo que ver.
EL MUNDO.- ¿En qué consiste exactamente su programa?
J. P.- Es muy sencillo. Se trata de dividir a tres matrimonios y preguntar, primero a las señoras, cosas íntimas a propósito de sus maridos. Después a ellos la misma pregunta y si coinciden, ganan 50.000 pesetas. Lo maravilloso es que casi nunca contestan lo mismo. Pero esto es normal. Si yo participara creo que tampoco respondería lo mismo que mi mujer. Además, la gente responde cosas que en otras circunstancias jamás se atrevería a responder. Es que dicen cosas increíbles, de tipo sexual, por ejemplo, gustos y preferencias…de comportamiento, de educación. A veces, incluso les tengo que parar.
EL MUNDO.- ¿Cree que triunfarán todas las privadas?
J. P.- Es difícil. Cada una deberá especializarse en una cosa diferente. La verdad es que si yo tuviera que hacer una televisión no sabría por dónde empezar ni cómo enfocarla. Por otra parte, es dificilísimo competir con TVE.
EL MUNDO.- ¿Ha tenido miedo en algún momento de que Tele 5 no saliera adelante?
J. P.- Sí. Yo sí tuve miedo. De todas formas aquella crisis quizá fue demasiado aireada por periódicos, no sé, La Vanguardia, periódicos socios o que tenían algo que ver con otras televisiones privadas y les interesaba airear los problemas ajenos. Afortunadamente todo salió bien.


07 Abril 1990
El matrimonio, al desnudo
Las miserias del matrimonio -no de éste o aquel: de la institución, como tal- son sobradamente conocidas, aunque no siempre el conocimiento se vuelva reconocimiento. El programaconcurso que presenta Jesús Puente en Tele 5 tiene la desagradable virtud de recordárnoslo incesantemente: él y ella no se entienden; se odian con ternura y se son, en suma -Angel González dixit, indiferentes. Lo malo es que esa tragedia se transforme a diario en concurso, destinado a premiar a aquellos que, aunque respondan a la norma uniforme, se sorprenden menos entre sí. Es un premio a la vulgaridad: concursen todos y todas
El Análisis
Hay algo fascinante en el éxito de Su media naranja que va más allá de sus audiencias o del talento de Jesús Puente: la facilidad con la que matrimonios completamente anónimos aceptan acudir a un plató para hablar públicamente de su convivencia, sus costumbres y, en ocasiones, de aspectos bastante íntimos de su relación. Podría pensarse que semejante exposición exigiría una compensación económica, pero, según se asegura, los concursantes no perciben un sueldo por contar sus intimidades, aunque puedan ganar dinero mediante los premios del concurso. Y algo parecido sucede con quienes acuden a Amor a primera vista o Vivan los novios, dispuestos a buscar pareja delante de miles de desconocidos. Conviene preguntarse qué lleva a personas corrientes a aceptar voluntariamente una experiencia que, fuera de un estudio de televisión, quizá considerarían indiscreta o incluso humillante. La respuesta parece encontrarse en el extraordinario prestigio social que todavía conserva el simple hecho de salir por la tele. La pequeña pantalla convierte a cualquier ciudadano en protagonista, aunque sea durante unos minutos, y ofrece una notoriedad que muchos parecen valorar tanto como una remuneración. La televisión privada ha descubierto así una materia prima prácticamente inagotable: las vidas de los propios espectadores, que dejan de limitarse a contemplar el espectáculo para convertirse en parte de él. Y lo más sorprendente es que, en muchas ocasiones, no necesitan que les paguen por hacerlo. Quizá el verdadero premio de estos concursos no sea el dinero que se entrega a los ganadores, sino la posibilidad de que un ciudadano anónimo se sienta, por un día, tan importante como las estrellas a las que habitualmente contempla desde su casa.
JF
