Las medidas judiciales contra el columnista - puestas en marcha por el ministerio de Defensa dirigido por Eduardo Serra - serán rechazadas por el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya

Demanda contra Juan José Millás por una columna crítica hacia el Ejército publicada en todos los periódicos del grupo Prensa Ibérica

HECHOS

El 9.12.1998 los periódicos de Prensa Ibérica publicaron el artículo ‘La Paciencia del Ejército’ de D. Juan José Millás.

EL ARTÍCULO DE LA POLÉMICA

Fue publicado en todos los periódicos del grupo Prensa Ibérica: DIARIO DE IBIZA, LA NUEVA ESPAÑA de Asturias, LEVANTE en la Comunidad Valenciana o DIARI DE GIRONA en Catalunya.

La Paciencia del Ejército

Juan José Millás, 9-12-1998

Digámoslo rápido: Un canalla como Dios manda no se hace en un día. Es preciso estudiar. Sin embargo, vivimos en un mundo en el que se valora por encima de todo el triunfo rápido, el ascenso vertiginoso, la eyaculación prematura. Ahí tienen a Miguel Ángel Rodríguez, que en apenas dos años ha logrado fracasar como secretario de Estado y como novelista. Ahora quiere hundirse también como director de una agencia que le han regalado sus protectores políticos. El afán de sufrimiento de este hombre no tiene límites, pero lo que más llama la atención es la velocidad con la que va de quebranto en quebranto. En ninguna desgracia profundiza: por eso no será nunca nadie, nada, aunque nade en la abundancia, que hoy por hoy cuesta su silencio.

En este sentido, jamás nos cansaremos de ponderar las virtudes de la milicia. El Ejército sabe que un Miravete no se hace en un año ni en dos. Para construir un Miravete capaz de cargarse sin escrúpulos a un soldado de reemplazo hay que tener la constancia de un artesano, la tenacidad de un investigador, la firmeza de un monje. Ahora mismo nos acabamos de enterar de que a Paulino Pérez Ruiz, un cabo de la Primera Bandera de la Brigada Paracaidista, con sede en Alcalá de Henares, se le ha renovado el contrato pese a agredir sistemáticamente a los soldados que caen bajo sus manos o pezuñas propiamente dichas. Este cabo ha sido denunciado por golpear con el Cetme a sus subordinados o súbditos, para ser exactos. A veces utiliza los puños también, pero no renuncia a dar patadas a coces, por hablar con propiedad. Todo un hombre, en fin, lleno de virtudes castrenses o castrantes, según se mire.

El Ejército podría haberle expulsado de sus filas por no golpear con la eficacia de Miravete, pero el Ejército sabe que un miravete no se construye en dos semanas, ni siquiera en dos años. Hay que tener paciencia: se empieza golpeando en la cabeza al soldado con la culata del fusil y cualquier día se le dispara en el pecho a bocajarro. No se ganó Zamora en una hora. Pues eso es lo que queríamos decir. Arriba España.

Juan José Millás

Aquel artículo motivó un gran malestar por miembros del Ejército, en especial en Catalunya, donde su artículo (reproducido en esa comunidad por DIARI DE GIRONA) fue replicado en una carta por el comandante militar de Girona, el General Fernando López de Castro y Fa, respondía a Millás:

“Efectivamente, en el Ejército hay mucha paciencia, pero no para lo que Millás apunta, sino para encajar, una y otra vez, injurias como la suya”.

Ante aquella indignación, el Ministerio de Defensa demandó al citado columnista por “Injurias” al Ejército. El Tribunal Superior de Justicia de Catalunya admitió a tramite la denuncia y citó a Millás para declarar. “Me sorprende ver cómo el ejército es tan lento para tratar casos de maltrato hechos por oficiales o suboficiales y, en cambio, reacciona muy rápidamente por un artículo que les puede gustar o no, pero no tiene materia de delito”, declaraba el periodista al conocer el pleito. Al final la demanda le fue archivada.

23 - Enero - 1999

A la vieja usanza

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

Como en los viejos tiempos, un fiscal militar cree haber encontrado materia de delito (injurias al Ejército) en un artículo de opinión firmado por Juan José Millás a raíz del juicio al sargento Miravete. Artículo que, por otra parte, fue contestado mediante una carta promovida desde la Capitanía General de Cataluña. Pero el fiscal togado de Barcelona no debió considerar suficiente esta reparación y presentó denuncia ante la fiscalía. Defensa dice desconocer el caso y se desmarca de la iniciativa, pero debería aclarar si el fiscal militar ha actuado por iniciativa propia o a petición de sus mandos jerárquicos.Sólo desde la supervivencia de reflejos autoritarios en determinados estamentos militares se puede explicar que un artículo como el citado pueda dar pie a un procedimiento penal por injurias. El juicio del sargento Miravete por el homicidio de un soldado en el cuartel, bajo un estado de embriaguez que era habitual en él, dio pie a multitud de artículos en los que se abordaba de forma muy crítica la actuación tolerante de unos jefes militares que no tomaron medidas contra un hombre cuya adicción al alcohol era de todos conocida.

Aunque el sentido común se imponga y se archiven las diligencias abiertas, la denuncia es preocupante en sí misma. Revela que al menos en alguna instancia de la jurisdicción militar no ha calado la jurisprudencia establecida por el Tribunal Constitucional sobre el ejercicio de la libertad de expresión. Sentencias condenatorias como la de Els Joglars fueron posibles en la España de hace treinta años. Hoy serían impensables. Ninguna institución, tampoco el Ejército, puede invocar bulas que le liberen de la crítica. Por molesta que ésta sea.

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