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Kubati y Latasa usaron el sistema de 'moto coloca-bomba', el procedimiento que usó Parot en el atentado a Joaquín Valenzuela en 1981

El General Rafael Garrido y a su familia asesinados por el comando Goyerri-Costa de ETA que dirige Kubati

HECHOS

El 25.10.1986 un atentado terrorista en Guipuzcoa segó las vidas del General Rafael Garrido, su esposa, su hijo menor de edad y ciudadana portuguesa que paseaba por la zona al estallar la bomba.

Hechos: 25 de Octubre de 1986 durante un semáforo en rojo era colocada una bomba encima del coche del General de la Guardia Civil Rafael Garrido, gobernador militar de Guipúzcoa con el viajaba su esposa Isabel Velasco y su hijo Daniel, de 16 años, la bomba los mató a los tres, hirió al chofer, Norberto Jesús Ferrer y asesinó a una persona más, María Teixera, ciudadana portuguesa que paseaba por allí. Nuevamente los militares eran objetivos de los terroristas.

Víctimas Mortales: D. Rafael Garrido Gil, Dña. Daniela Velasco, D. Daniel Garrido Velasco y  Dña. María Teixera Goncalves

LOS ASESINOS:

santi_potros_detenido El miembro del Comité Ejecutivo de ETA, Santiago Arrospide ‘Santi Potros’ fue quien ordenó el asesinato del General Garrido. Por ello fue condenado a 171 años de cárcel en 2004.

kubati Los asesinos del ‘Comando Goyerri-Cosa’ liderados por José Antonio López Ruiz ‘Kubati’ fueron los encargados de llevar a cabo el asesinato. ‘Kubati’ colocó el explosivo con la ayuda de José Miguel Latasa ‘Fermín’ y Rafael Etxeveste Garmendi. Kubati y Latasa serian condenados en 1989 a 170 años por aquel crimen.

Rafael Etxeveste nunca sería juzgado al morir al estallarle uno de sus propios explosivos en la cara.

26 - Octubre - 1986

Bomba por la mañana y manifestación a la tarde

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián)

El Gobernador militar de San Sebastián, su esposa y su hijo de 16 años han sido las nuevas víctimas mortales de ETA. Junto a ellos, 14 personas más, entre ellas un niño de dos años, han resultado heridas, algunas de extrema gravedad. Esta vez, una bomba depositada sobre el techo del coche del general, cuando se encontraba detenido en un semáforo, ha causado el salvaje destrozo de cuerpos en pleno centro de la capital donostiarra. En ese mismo día se celebraba el séptimo aniversario de la aprobación del Estatuto de Autonomía de Guernica y se habían convocado dos manifestaciones, una por el PNV para pedir la liberación de Lucio Aguinagalde, secuestrado el pasado 15 de octubre, y otra patrocinada por Herri Batasuna requiriendo al Gobierno para negociar con los terroristas. Pero hay más, los asesinatos se perpetran cuando en la normalidad del funcionamiento del Estado democrático el Gobierno legítimo procede a relevos en los niveles directivos de los cuerpos de seguridad y las Fuerzas Armadas. Quienes asesinaban ayer por la mañana en San Sebastián pretendían también vanamente fomentar reacciones ilegítimas que acosaran la estabilidad del sistema de libertades.En las hipótesis del Ministerio del Interior se encontraba la previsión de que a la campaña en pro de la negociación que había emprendido Herri Batasuna se publicaran manifiestos y se organizaran manifestaciones públicas con la culminación de: algún atentado importante en la capital de España. La matanza se ha producido en San Sebastián y no en Madrid, pero poco importa a los, efectos de confirmar las tácticas del fanatismo político en sintonía Con el trabajo de los asesinos. Establecer el imperio del terror, y, a partir de ahí, fundar una negociación parecen ser las dos etapas en el proceso que se han fijado los terroristas y sus epígonos. Todo el horror y la sangre acumulada en la primera fase actuaría como patrimonio, en la segunda, al sentarse a la mesa de tina futura negociación. No entienden los terroristas, sumidos en el vértigo de su abyección, que tras cada uno de sus crímenes asolan la sociedad en donde buscan establecerse. No han de entender, puesto que su inspiración letal se lo impide, que su infamia secuestra día a día la libertad del pueblo vasco y que en su misma acción inhumana está inscrita la clase de gobierno que podrían amparar si alguna vez llegaran a negociar algo para el pueblo vasco. Sea cual sea la retórica con la que presenten sus propósitos, sus fines y su cumplimiento están ya indeleblemente teñidos con el talante criminal de unos medios en los que se han profesionalizado.

El laberinto en que está sumido el País Vasco, en vísperas de unas elecciones tan inciertas en sus resultados como delicadas para el equilibrio político en Euskadi, puede agravarse con este elemento de terror que inyecta ETA. Sin duda, en la pretensión del desconcierto y el caos se inspiran sus matanzas. Pero, a la vez, la sucesiva aportación de veneno social que introduce ETA ha de provocar un movimiento que la aísle en su misma repugnancia. Además de la bomba que causó muertos y heridos en San Sebastian, en el mismo día estalló una bomba en Ordizia, el pueblo de Yoyes, y otras dos en Vitoria, donde se celebraba la convocatoria del PNV. Los terroristas muestran así la violencia a toda razón que no sea la suya, a toda opción que no controlen, a todo ser vivo que desee una convivencia pacífica con grupos que no sean idénticos. Matar a quienes disienten, secuestrar a quienes no se pliegan a sus extorsiones económicas, destrozar familias en función de su dictadura es la barbarie con la que diseñan su política.

Los hechos del día de ayer muestran, por otra parte, que constituye todo un sarcasmo practicar el asesinato por la mañana y enrolarse por la tarde en manifestaciones para pedir negociaciones que pongan fin a esta espiral de terror y repugnancia que singulariza hoy por hoy la vida política del País Vasco. Quienes realizan este doble juego -la matanza y el supuesto debate político- sólo son simples mafiosos, cargados de una siniestra capacidad de simulación. La paz y la convivencia social se construyen con los hechos. Y los hechos concluyen que los matones de ETA y sus seguidores sólo persiguen la muerte. Ese conglomerado reunido en torno a Herri Batasuna puede tener algún planteamiento político que contar a la sociedad española, pero el silencio ante los asesinatos de ayer impide suponer que gocen de otra condición que la de compañeros de viaje de los matones de la bomba, el tiro y la extorsión. La sociedad vasca se merece alguna explicación de este contradictorio comportamiento.

La nueva cúpula encargada de la seguridad del Estado tiene ante sí un reto de complicada solución. Los presupuestos y mecanismos de un Estado democrático no son un inconveniente para su gestión, sino precisamente el fundamento de sus razones.

26 - Octubre - 1986

Para forzar la negociación

ABC (Director: Luis María Anson)

ETA desea negociar con el Gobierno de Felipe González, porque la actitud del Gabinete de Chirac en Francia y la acción de la Guardia Civil y Fuerzas de Seguridad han puesto contra las cuerdas a la banda terrorista de ultraizquierda. Con la negociación, ETA quiere ganar, por un lado, prestigio, y por otro lado, tiempo para reorganizarse y continuar su acción terrorista con mayor efectividad. Su objetivo final, inalcanzable, pero que conviene no olvidar para la reflexión de los nacionalistas vascos, no consiste en un País Vasco independiente gobernado por el PNV, sino en una República Socialista Soviética instalada en Vasconia para desde ella preparar las acciones terroristas contra Navarra y el País Vasco francés. Con el fin de forzar la negociación que tanto conviene a ETA, la banda terrorista trató ayer de demostrar su fuerza con el vil asesinato del Gobernador Militar de Guipúzcoa, Rafael Garrido, su hijo de dieciséis años y su esposa. El chofer, Norberto Jesús Ferrer, al cierre de estas páginas se encontraba gravemente herido en la Residencia Sanitaria de San Sebastián. El Gobierno socialista, por fortuna, ha acertado al negarse a negociar con los terroristas, negociación que sólo beneficiaría a ETA, y por eso ayer, horas después del crimen, Herri Batasuna se mantiene a favor de que se negocie con la banda de ultraizquierda. El jefe de nuestra sección de ilustración, Fernando Rubio, ha interpretado así el momento en que los terroristas hacen estallar a control remoto la bolsa que previamente, por medio de imanes, habían adherido el techo del automóvil de Rafael Garrido, al pasar junto a él a bordo de una moto.

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