29 marzo 1988

Tiro en la nuca por la espalda

El General jubilado Luis Azcárraga, asesinado por terroristas a la salida de su Iglesia con toda su familia delante

Hechos

Hechos: El 28 de Marzo de 1988 fue asesinado a la salida de misa en Salvatierra  (Alava) el General de Brigada retirado Luis Azcárraga Pérez Caballero

Lecturas


Hechos: El 28 de Marzo de 1988 fue asesinado a la salida de misa en Salvatierra  (Alava) el General de Brigada retirado Luis Azcárraga Pérez Caballero, de 81 años de edad. Los dos asesinos se le acercaron por la espalda y dispararon en la nuca y a bocajarro, uno de ellos lo remató en el suelo. Como en otras ocasiones, el General Azcárraga moría con su familia como testigos (esposa, hermana, hijo, yerna y nietos).

Víctimas Mortales: D. Luis Azcárraga Pérez

Los Asesinos: El comando terrorista estaba formado por Juan Carlos Arruti ‘Paterra’ y Ramón Aldasoro, ambos condenados a 39 años de cárcel por la Audiencia Nacional.

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El Análisis

CUANDO MATAR ES, PARA LOS ETARRAS, "PEDIR NEGOCIAR"

JF Lamata

El general de brigada retirado Luis Azcárraga Pérez Caballero, de 81 años, salió el 28 de marzo de 1988 de una iglesia de Salvatierra acompañado de su familia. No llegó a su casa. Dos individuos se acercaron por la espalda y le dispararon a bocajarro en la nuca. Cuando ya estaba en el suelo, uno de ellos volvió a dispararle. Su esposa, su hermana, su hijo, su nuera y sus nietos fueron testigos de aquella ejecución. No era un combate, ni una acción militar, ni siquiera el asesinato de un hombre que representase en aquel momento una amenaza para nadie: era la muerte deliberada de un anciano, elegido por su condición de militar.

Y mientras ETA asesinaba, su dirección hablaba de negociación. El llamado Comité Ejecutivo de la organización, en el que figuraban dirigentes como Francisco Múgica Garmendia, «Pakito», o José Antonio Urrutikoetxea, «Josu Ternera», pretendía presentarse como interlocutor dispuesto a discutir con el Estado el futuro de Euskal Herria y las condiciones para alcanzar la independencia. Pero ésta era la contradicción monstruosa de aquel discurso: ETA decía querer una mesa de negociación mientras colocaba cadáveres sobre ella. Su manera de reclamar que el Estado escuchase sus exigencias consistía en acercarse por la espalda a un hombre de 81 años y dispararle en la nuca delante de su familia. No había negociación alguna en aquello. Sólo había terror.

ETA ya había matado durante años y nada había conseguido con ello. Había asesinado a militares, policías, guardias civiles, políticos, empresarios, funcionarios y ciudadanos que simplemente tuvieron la desgracia de cruzarse con su fanatismo. Cada asesinato era presentado como un paso hacia algún objetivo que nunca llegaba. Y el de Azcárraga tampoco acercaría un solo milímetro la independencia que la banda decía perseguir. Sin embargo, ETA continuaría matando. Lo haría durante años y años, prolongando una violencia que no podía conducir a ninguna victoria política, pero que seguiría dejando viudas, huérfanos, padres sin hijos y familias enteras marcadas para siempre. El general Azcárraga fue asesinado en nombre de una causa que pretendía convencer a los vivos mediante la muerte. Y cuando una causa necesita asesinar para ser escuchada, lo que está demostrando no es su fuerza, sino la absoluta miseria moral de quienes la defienden.

J. F. Lamata