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Es hijo de la destronada reina, Isabel II, que se mantendrá en el exilio

El Golpe de Estado del General Martínez Campos proclama a Alfonso XII de Borbón nuevo Rey de España en una monarquía parlamentaria

HECHOS

El 29.12.1874 comenzó el reinado de D. Alfonso XII en España.

COMIENZA ‘LA RESTAURACIÓN’

 Con la proclamación de D. Alfonso de Borbón, hijo de la exiliada reina Dña. Isabel de Borbón, como nuevo Rey Alfonso XII se cumple el proyecto planificado por el historiador y político D. Antonio Canovas del Castillo.

30 DE DICIEMBRE

EL IMPARCIAL (Propietario: Eduardo Gasset y Artime)

30-12-1874

Cuando los españoles, ansiosos de ver terminada la guerra civil, tenían puesta la vista y el corazón en el Norte, un nuevo grito de rebeldía les ha hecho mirar indignados hacia Levante.

Los Sres. Martínez Campos y Jovellar han sublevado en Sagunto, por D. Alfonso de Borbón, algunas fuerzas del ejército del Centro destinadas a combatir al carlismo.

Inútil nos parece escribir un artículo para expresar el sentimiento que habrá producido en nuestra alma ese hecho, conocidos nuestros antecedentes políticos.

Como españoles, como liberales, como monárquicos y como revolucionarios estamos en el puesto que nos señalan nuestro patriotismo y nuestras convicciones, y de él no habremos de retroceder un ápice, deplorando amargamente en todos conceptos lo que es un infortunio para la patria, para la libertad, para la monarquía, y una nueva prueba para la revolución de Septiembre.

¡VIVA ALFONSO XII!

LA ÉPOCA (Propietario: Ignacio José Escobar, marqués de Valdeiglesias)

31-12-1874

En un solo día la nación española ha pasado de la negación de todo gobierno regular a la afirmación de la monarquía constitucional, vínculo que enlaza el pasado con el presente y garantía preciosa y universal de la moderna libertada; del reinado de la arbitrariedad al reinado del derecho y de la justicia; del vacío y de la postración a la única solución liberal y patriótica, superior y común a los partidos y la confianza.

Largos meses llevaba la revolución de setiembre de agitarse en el vacío y de luchar con el imposible, que no otro nombre que el de imposible merece su pretensión de que un pueblo, de carácter elevado y gloriosa historia, viviera sin ideas, sin instituciones, sin sentimientos y sin creencias, en perpetua interinidad y luchando al propio tiempo con las mayores dificultades. Ni aun grito de guerra, ni aun bandera se le daba a ese pueblo tan sufrido y pronto a los sacrificios, para rechazar la invasión del absolutismo, que la revolución extraviada resucitó  y que hasta los últimos tiempos no había cesado de crecer. Semejante situación era, repetimos, el vacío y el imposible; una muerte moral a que la nación española no podía aun hallándose abatida y postrada, resignarse. De ella han venido a sacarla después de la Providencia, apiadada de nosotros, el patriotismo y esfuerzo del ejército y la incontrastable influencia de opinión, bien comprendida e interpretada por el primero; elementos ambos que han bastado para cambiar en un momento la faz de España y que conseguirán, no los dudamos, nuestra rehabilitación ante la Europa y ante el mundo, en donde acaso se iba perdiendo la esperanza de que España se mostrara digna de sí y se salvará a si propia.

Un milagro parecía preciso para eso; más el milagro se ha hecho mediante aquellas fuerzas morales de que los partidos exaltados reían siempre que nos oían nombrarlas; fuerzas morales que se llaman el derecho, la monarquía, la justicia, la ley y el sentimiento monárquico, que no ha sido posible extinguir durante loos seis años trascurridos desde 1868 y que hoy se traduce por el grito consolador y nacional de

¡Viva Alfonso XII, rey de España!

Apenas verificado el movimiento que ha producido tan completa y gozosa transformación, nos apresuramos a repartir al público un suplemento en el que recopilábamos los principales hechos ocurridos y nuestras primeras impresiones. LE reproducimos en este lugar para conocimiento de nuestros suscritores, y como punto de partida de nuestros juicios y narraciones posteriores.

LA ÉPOCA

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