Search

Francisco Umbral no será miembro de la Real Academia Española al ser derrotada su candidatura frente a José Luis Sampedro

HECHOS

El 1.02.1990 D. José Luis Sampedro fue elegido nuevo miembro de la Real Academia Española de la Lengua con 21 votos, derrotando a D. Francisco Umbral, que logró 12.

La candidatura de D. Francisco Umbral había sido presentada por D. Camilo José Cela, D. Miguel Delibes y D. José María de Areilza Conde de Motrico.

Frente a ellos la candidatura de D. José Luis Sampedro, ganadora, estaba presentada por D. Antonio Buero Vallejo, D. Rafael Lapesa (ex director de la RAE) y D. Gregorio Salvador.

24 - Enero - 1990

Es claro que Umbral

Damas Santos

NO es la primera vez que se da la doble concurrencia para un sillón de la Academia, poniendo en apuros a los instalados para decidir la opción del nuevo compañero, que a veces se resuelve con el compromiso de los vencedores para apoyar en la próxima intentona al derrotado, o el aviso de que no se le ocurra más, aunque a menudo el interfecto se llama andana y vuelve a probar fortuna. Ahora sería un caso de dejar amarrado para segunda vuelta el nombre de José Luis Sampedro. El ingreso de Umbral debe ser como el cumplimiento de algo naturalmente esperado. Ya tiene mérito, ya, el autor de El río que nos lleva, que tardío pero seguro, ha avanzado muy personalmente en la ya veterana «nueva novela española». Además no haría, no hará mal papel, pues la Academia de la Lengua necesita también científicos de otras especialidades, con su condición de economista y catedrático de muchas campanillas en la Economía Política; pero Umbral es un caso tan indiscutible como el de Azorín, que conocía de nacimiento a las palabras. Tan asumido tuvo siempre Umbral su papel preponderante y original, su hazaña de estirpe y parigual a la de Larra, que cuando se puso a firmar Fígaro para los periódicos, exclamó que ya, por fin, era periodista. Tan identificado y perfilado llegó a sentirse pronto Umbral como columnista, que llegó a enfadarse cuando, según él, se lo decíamos demasiado, como si de esta manera, en este reconocimiento y esta proclamación, fuéramos a disminuirle. Conmigo se enfadó la mar cuando mi comentario a El Giocondo, su aventura en la novela, en la biografía u el ensayo; cuando en realidad él ha sido, viene siendo, tan novelista, tan ensayista y crítico literario como lo fueran -lo son cada día mássus colegas a sueldo de columnario, de peristilo como fueron, sin ir demasiado lejos, Azorín, Ramón y el mismísimo padrino Camilo José Cela. También ruiseñor que bebe teletipo, el lírico -en la otra cara el humorista, y hasta el expresionista esperpéntico- aletea en Francisco Umbral y despliega su cantar no sólo en la rama de cada día del periódico, sino en la sinfonía del libro como en aquel Mortal y rosa, un confesional poema en prosa, que le emparentara fuertemente con Lope y con Pedro Salinas…Perdón, un momento, mi querido Sampedro, admiradísimo, qué bien estás en tu estupenda novela última; pero hay que dar al César del columnismo, sin pérdida de tiempo, lo que por su pastoreo primigenio de la palabra le corresponde.

24 - Enero - 1990

Sampedro, la singularidad

José Esteban

ES obvio referirse a la singularidad del novelista José Luis Sampedro. Economista de profesión ,y escritor de escasa obra, sus hasta ahora cuatro novelas, creo, (Nora habla de otra, La sombra de los días, finalista de un concurso en 1948, e inédita) dispares en técnicas y propósitos, y separadas en el tiempo de sus respectivas apariciones, le han llevado a un lugar de cierta singularidad en la novela española de estos años. Una novela marcada por el predominio de la juventud y que sólo mantiene en su cúspide a algunos escritores ya mayores (Cela, Torrente, Delibes, etc, y Sampedro). Su primera novela, Congreso en Estocolmo, con la que se dio a conocer en 1952, es ya un libro ciertamente sorprendente. Jugoso fresco y vitalista, es un recorrido por la ironía, como arma literaria. Anárquico y sobrio a la vez, alejado de toda pretensión intelectual, pero con cierto intelectualismo en sus planteamientos, daba o dejaba ya entrever a un escritor dotado de una prosa cálida, como amistosa, sobria y clásica. Constantes que, a pesar de los distintos alcances de sus otras novelas, ha sabido mantener incólumes y que, creo, son las que le han llevado al éxito, o al reconocimiento si prefieren, hoy difícil en nuestras letras para un hombre, ya dijimos, de cierta edad. Tuvieron que pasar nueve años para que Con el río que nos lleva (1961) volviera a hablarse de Sampedro como novelista. Crónica fiel de los madereros, que conducen sus troncos a lo largo y ancho del alto Tajo, entronca con la novela social, entonces tan en boga, a la que une algo de la típica narración de aventuras. También es un retrato de unos hombres y un paisaje, de rara y hasta cruel belleza y en el que la prosa, clásica, meditada, medida, sobria pero cálida, como decíamos, de José Luis Sampedro, alcanza ciertas cotas de perfección e ilustración narrativas. Muy distinta es su tercera novela, El caballo desnudo, publicada en 1970 y en la que el escritor vuelve a retomar la ironía de Congreso de Estocolmo para contamos la historia de un niño que señala la desnudez de la estatua de un caballo en el parque. Su tía Evangelina -nombre simbólico, sin duda- se escandaliza y con la ayuda de su confesor y de la Junta de Pías Damas, consigue lanzar una campaña en favor de cubrir las desnudeces animales. El tema, claro está, es la sátira de una sociedad corrompida y falsa, donde se vive sujeto a los imperativos de una moral tradicional. La prosa del novelista, aunque utilice aquí recursos paródicos, vuelve a ser como siempre lo fue, medida y meditada, clásica y cálida. Sin embargo, es en Octubre, Octubre (1981), donde todos los recursos narrativos y prosísticos de José Luis Sampedro llegan, hasta ahora, a su más convincente expresión. La prosa, aquí, se interioriza, intentando reflejar fielmente estados de ánimo, situaciones conflictivas, peregrinando al lado de sus protagonistas, como elemento clarificador, amistoso, entre el lector y sus trabajos y sus días, que les van trazando unas vidas singularmente paralelas. Sin olvidar la entrañable descripción de un barrio, de un cuartel de Madrid, el de Palacio, a cuya sombra y protección transcurre esta especie de leyenda, de saga amistosa, que es Octubre, octubre, como la prosa en que está descrito el lugar y están contadas las peripecias históricas. El resultado, pues, de una pasión expresiva.

02 - Febrero - 1990

Umbral, demasiado para la Academia

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

La negativa de la Real Academia de la Lengua a admitir en su seno a Francisco Umbral revela, sin que ello suponga demérito alguno para José Luis Sampedro, el admitido, las pocas intenciones que tiene la docta casa de irrumpir, de una vez por todas, en la realidad linguistica del tiempo presente. Francisco Umbral, brillante escritor y consumado vigía de los tiempos y las modas que se suceden a velocidad de vértigo, siempre entre el clasicismo y la experimentación, representa, también, un modo de ser que la Academia no ha podido, no ha sabido o no ha querido incorporar. Su actitud transgresora, libre, deshinibida, moderna, ha debido de resultar too much para la conspicua institución, que ha perdido con esta una maravillosa oportunidad para acercarse a la calle, al mundo rugiente que genera e inventa actitudes y objetos que necesitan un nombre. La presencia de Umbral en el viejo caserón hubiera sido buena para estar ahí, pero la Academia ha preferido seguir no estando.

by BeHappy Co.