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A De la Serna Arenillas le indignó que Lucas responsabilizara del terrorismo a Aznar y Bush

Gresca entre periodistas de EL MUNDO: Víctor de la Serna Arenillas acusa a Antonio Lucas de ser ’embajador de Podemos’

HECHOS

El 18.11.2015 EL MUNDO publicó el artículo ‘El Miedo’ de D. Antonio Lucas que fue citado en twitter por D. Víctor de la Serna Arenillas.

INTERCAMBIO DE TUITS

18 - Noviembre - 2015

El Miedo

Antonio Lucas

Alguien dijo que el miedo mueve la Historia. Y en eso estamos, avanzando a paso lento, a susto fuerte, al compás de la certeza de que temer es una forma de asumir que se ha perdido la defensa. Contra algunos miedos se inventó, por ejemplo, la democracia. Y luego algunas de ellas también dieron miedo. Después del 11-S vivimos algo acojonados, con los pantalones ligeramente caídos. El que nunca ha tenido miedo es un monstruo despreciable. Pero el que tiene demasiado es un holograma de sí mismo. Es difícil saber tener miedo, estar en el punto exacto donde las ideas oscuras no traen más oscuridad y así hasta jodernos todos. Yo tengo miedo porque no sé qué pasa y además nadie me convence. No sé si es una guerra justa, o un argumento de sangre, o una batalla perdida, o un intento final de matar las moscas a periodicazos.

Después de París iremos a peor. Eso lo sospecho. Hay un incesante enemigo nuevo, desconocido, dispersado, fantasmal, sentado en el rellano de la casa de al lado. Hay de fondo unas banderas y una religión cumpliendo con su causa de aupar muertos, de hacer de su dios un hacha. Es la escenografía del terror, la charca del fanatismo. El miedo humaniza, pero conviene vencerlo. Es el arma secreta de los que ahora atacan. Han modulado su pensamiento en acto y por ahí es por donde nos están doblando los calzoncillos y las bragas. Aquí tenemos demasiada coartada verbal para algo que no requiere más que temple en el oficio. En el oficio de defenderse. De no aceptar ser el perro que espera mientras se lame el cipote. Un asesino, un iluminado, un mártir que no se aguanta el miedo tan sólo es un pringao. Y ellos lo saben. Y conocen nuestra lenta cortesía. Los resortes de una diplomacia que se ha ido de vareta. Europa tendrá que contradecirse si quiere mantenerse. Ellos no atancan a los fuertes ni a lo fuerte, sino a lo normal y lo inmediato. A usted. Al que baila. A cualquiera.

Después de la foto de los mambrúes en las Azores resurgió un viejo enemigo nuevo. Y llegó con más potencia, intentando que todo se venga abajo por sí solo. Se lo debemos un poco a Bush, a Aznar, a Blair. Dos taimados y un falsario que confundieron su responsabilidad con sus delirios.

Ahora la lucha está entre quienes afianzamos como continente los derechos humanos, la diplomacia, los acuerdos, las guerras con sus firmas de paz, la convivencia y demás palabra sobre palabra, y esos otros que trabajan con el pánico, los únicos dueños del miedo, que lo distribuyen, que lo asestan, que hacen hombres capaces de infundirlo sin que los notes cuando están muy cerca. Si esta es la guerra que dice Hollande lo tenemos jodido. Las guerras de antes se ganaban derribando la tapia moral e idológica del adversario. Esta de ahora no tiene esa arcilla y moja las balas.

Todo el mundo sabe que cuando más gratuito es el crimen resulta más alto el espanto que impone. Mejor que hacer el fundamentalismo es evitar que los demás hagan la democracia, por ahí lentamente se nos gana. La lóbrega ilusión de generar el caos absoluto puede durar años, con lo que ya estamos en el éxtasis del miedo, que además no es un miedo recíproco. Al fanatismo se llega por aburrimiento, incultura, carencias, hambre, humillación, delirio. Y es terco. No vale ya el pacifismo de guitarra en corro ni sirve el dudoso ambigú de la guerra justa. Todo esto es nuevo. Por eso se llama terror.

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