La filipina estuvo casada anteriormente con el cantante Julio Iglesias, con el aristócrata Marqués de Griñón y con el político Miguel Boyer, con este último hasta su muerte

La revista ¡HOLA! airea la relación entre el nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa y la viuda Isabel Preysler

HECHOS

En su número de junio de 2015 la revista ¡HOLA! sacaba en portada a Dña. Isabel Preysler y a D. Mario Vargas Llosa.

14 - Junio - 2015

Preysler-Vargas Llosa: el último tren

Carmen Rigalt

Parecía mentira: 21 días después de las elecciones del 24-M sólo una noticia (entonces estancada en la categoría de rumor) logró frenar la pesadilla de los pactos municipales: Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa mantenían un romance. Fue un bombazo. Los mentideros hirvieron de excitación y durante 48 horas no se habló de otra cosa. Finalmente, hasta los amigos más incrédulos de la pareja recogieron velas ante la evidencia. Para la sociedad madrileña, Isabel Preysler volvía a aterrizar en la actualidad sin cortarse un pelo, como si no hubiera pasado el tiempo.

Todo fue muy rápido. Los sabuesos del periodismo sembraron la capital de espías y paparazzis, alertaron a los soplones nocturnos y se pusieron manos a la obra. Según las informaciones recogidas, los hechos narrados coincidían con el rumor, no así las interpretaciones y algunos aspectos colaterales del romance.

Todo empezó con una portada de la revista Hola en la que Isabel y Mario aparecían entrando o saliendo de un restaurante japonés (Sushi99), aunque también pudo haber empezado antes, en Buckingham Palace, con la pareja formando parte de la troupe de Porcelanosa que anualmente cena con el Príncipe Carlos de Inglaterra (ésa es otra: ¿qué pinta el Nobel Vargas Llosa en estos saraos?). Sin embargo, hay quien todavía va más atrás. A los años 80, por ejemplo, cuando Isabel entrevistó al escritor para su sección de Hola. Según algunas hipótesis, en aquel encuentro pudo germinar el romance; o al revés, pudo frustrarse y hasta ahora no se ha presentado la ocasión de darle continuidad.

La historia vuelve a repetirse. Seguramente Preysler y Vargas Llosa están viviendo la segunda edición de un affaire que no ha dado aún sus mejores páginas. Entre ellas estarían las del probable divorcio de su prima Patricia Llosa, de quien el Nobel ya se considera separado.

El escritor y Patricia Llosa se casaron hace 50 años y, fruto de la flexibilidad de ese matrimonio, han sido los numerosos escarceos que han alegrado el camino del escritor. Hay quien opina, no obstante, que el Nobel llevaba separado más de 20 años, si bien mantenía con su esposa una relación profesional estable (era secretaria, mánager, etc).

Pero lo último es lo que importa. Ahora el escritor vive en el apartahotel Eurobuilding, unos metros más arriba del restaurante donde estalló el escándalo. En los medios del colorín cobra importancia la gestión que se hace de las fotos: quién da el chivatazo, quién las hace, quién las vende y quién las firma. O sea, el mercadeo. No consta que en esta ocasión Isabel llevara el control de las fotos, aunque pudo haberlo intentado y no salir.

Ahora, Preysler y Vargas Llosa están viviendo los momentos más intensos de esa relación, que cobró forma coincidiendo con los preparativos del viaje de Porcelanosa a Londres, viaje que la pareja hizo separada del resto del grupo. Ahí está el quid. De vuelta en Madrid, todo estaba claro. Al día siguiente, almorzaron y cenaron juntos, como si les costara separarse. Seguramente les cuesta. En especial a él, que se ha enamorado como un adolescente.

Algunas amigas de Isabel todavía mantienen cierta incredulidad. Piensan que se ha dejado llevar por los acontecimientos y por la pasión del escritor, quien respondió al comunicado de Patricia Llosa dirigiéndose a una alcachofa de Sálvame. Lo hizo para reafirmar su condición de separado y defender el honor de Isabel, quien jamás irrumpiría en una pareja sin romper previamente.

El amor ha llamado a la puerta de Vargas Llosa. Era lo que le faltaba para sentirse sandiós. Tiene de todo: dinero, casas en Londres, en Nueva York, en Lima y en Madrid. Ha recorrido mundo, le han hecho doctor honoris causa de muchas universidades y a punto ha estado de ser presidente de Perú.

Vargas Llosa es tan atractivo como vanidoso y no parece que le cueste enamorarse. Empezó fugándose del país con su tía Julia y ahora está dispuesto a fugarse con Preysler al fin del mundo. El suyo es un amor sin miramientos, una necesidad existencial, un arrebato. Es el último tren.

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LA FAMILIA BORBÓN, A LA GREÑA

Pocas veces la Casa Real ha hecho un papelón tan chungo. ¿No queríamos transparencia? Pues ahí la tenemos. Transparente ha sido el cruce de acusaciones y desmentidos que se han atizado Felipe VI (representado por la Casa del Rey) y la Infanta Cristina (representada por Miquel Roca, su abogado) a cuenta de la revocación del Ducado de Palma.

Felipe VI sostuvo que la iniciativa de la revocación del ducado le pertenecía a él y en eso se mantiene. Pero Cristina de Borbón no aceptó la versión del Rey y dijo que de revocación, nada, monada, y que ella había renunciado primero. Acto seguido dio la cara Roca, diciendo que él no pensaba entrar en líos de fechas y así quedó la cosa. Triste, asistir a los enfrentamientos públicos de la familia Borbón, así como al espectáculo de la Reina Sofía actuando de correveidile entre Madrid y Ginebra.

Urdangarin se ha cansado de proclamar su inocencia. ¿Pretende acaso desviar la atención hacia las personas que, según él, le empujaron a amasar dinero? ¿Hasta dónde quieren llegar Iñaki y Cristina? ¿Quedará en evidencia Juan Carlos de Borbón, a quien Iñaki señala como inductor de algunas operaciones? ¿Se llegará más lejos por defender la verdad?

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