La escritora tuvo que reconocer que aunque firmaba el libro no era el autor, sino que había prestado su firma a su cuñado, responsable del plagio de varios capitulos

INTERVIÚ desvela que el libro de Ana Rosa Quintana (ANTENA 3) ‘Sabor a Hiel’ es un plagio de Danielle Steel y Á. Mastretta

HECHOS

El 9.10.2000 la revista INTERVIÚ publicó en su portada que el libro ‘Sabor a Hiel’ de Dña. Ana Rosa Quintana incluía plagios a Danielle Steel. El 16.10.2000 la misma revista demostró que había plagios también de Ángeles Mastretta.

LA PRIMERA PISTA LA LANZÓ LA REVISTA EL CULTURAL:

AR_Inter2La revista EL CULTURAL fue la primera en deslizar la idea de Dña. Ana Rosa Quintana había usado un negro, vmeses antes de que saltara el escándalo al ser colocado en la portada de INTERVIÚ.

ANA ROSA QUINTANA REPLICÓ USANDO LAS CÁMARAS DE ANTENA 3 TV A LAS ACUSACIONES DE INTERVIÚ:

zap_2000_sabor6 Dña. Ana Rosa Quintana en el plató del programa ‘Sabor a Ti’, respondió a las acusaciones de plagio de INTERVIÚ asegurando que se debía a un error informático.

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Réplica de INTERVIÚ a la presentadora de ANTENA 3 TV:

LAS TRAMPAS DE ANA ROSA

Ana Rosa Quintana comenzó el pasado lunes su programa ‘Sabor a ti’, en ANTENA 3, intentando defender la ‘originalidad’ de su novela. La mayor parte de las declaraciones realizadas por Quintana, según demuestran las informaciones de INTERVIÚ, son falsas:

“En mi libro hay párrafos coincidentes con un best-seller americano”

La novela de Quintana no sólo contiene párrafos plagiados del best-seller americano ‘Album de familia’, sino también de la obra ‘Mujeres de ojos grandes’ de la escritora mexicana Ángeles Mastreta.

“Son unos párrafos de un capítulo de la transición”

No es cierto que sean sólo ‘unos párrafos’. De momento INTERVIÚ ha descubierto párrafos plagiados en 28 páginas de ‘Sabor a hiel’, lo que supone que más del 12% de las páginas del libro tienes textos copiados literalmente. Al menos 12 páginas están plagiadas de forma casi íntegra.

Tampoco es verdad que se trate de un solo capítulo, como pretende hacer creer Ana Rosa Quintana. Hay textos plagiados en los capítulos 6, 7, 8, 9, 10 y 12. En otras palabras, el plagio se extiende por seis de los 19 capítulos de la novela.

Finalmente, el capítulo al que se refiere Quintana no es ‘de transición’. En realidad, el capítulo 8 es, con 44 páginas, el más extenso de todo el libro.

“[En los párrafos coincidentes] no se habla de la historia que yo trato, que es la historia de un matrimonio donde existen los malos tratos”.

Ana Rosa Quintana, quizá por razones de marketing, ha pretendido dar a su novela un barniz progre, afirmando que es una historia sobre malos tratos. Esto es sólo parcialmente cierto. En las 140 primeras páginas del libro, sólo hay cinco breves escenas con referencias a los malos tratos. Todo lo demás es la típica historia de novela rosa.

La segunda parte de Sabor a hiel está formada por 110 páginas divididas en diez capítulos, de las que 28 se refieren a los malos tratos. Pues bien, al menos en tres de estos capítulos hay párrafos plagiados. Entre ellos dos páginas copiadas de forma casi íntegra a Steel en las que se describe la aventura amorosa entre Adriana y David, el joven en quien la protagonista busca refugio ante el fracaso de su matrimonio.

“Yo detecté ese error, se lo comuniqué a la editorial, se corrigió y en este momento está en imprenta. Quiero que mis lectoras sepan que dentro de una semana estará el libro ya otra vez en la calle con todo subsanado”

Una lectora comunicó a Quintana, el pasado 19 de junio, que un párrafo de su obra era idéntico a otro del libro ‘Mujeres de ojos grandes’. Desde entonces, Planeta publicó otras dos ediciones de ‘Sabor a hiel’ sin introducir ninguna modificación.

Por otra parte, si es cierto que la edición revisada del libro de Quintana estaba en imprenta la semana pasada y dado que la periodista no realizó ninguna referencia a Mastretta sólo caben dos opciones: o la edición revisada se difunde de nuevo con los párrafos plagiados a Mastretta, o Quintana ocultó conscientemente que también había copiado a la escritora mexicana.

EL NEGRO

David_rojo2 D. David Rojo, señalado por INTERVIÚ como verdadero autor del libro ‘Sabor a Hiel’, firmado por Dña. Ana Rosa Quintana.

10 - Octubre - 2000

De Ana Rosa Quintana a Julia Maura

Luis María Anson

Ana Rosa no se merece la jugarreta que le ha hecho el ‘negro’ merengoso, la faena que ella se ha hecho a sí misma.

Jullia Maura estrenaba en los años cincuenta, con notable éxito, comedias costumbristas y sentimentales. Se ponía un poco pesada con la moralina final, pero la dictadura no daba para más y la gente salfa satisfecha del teatro, Chocolate a la española, fue su obra más celebrada. También publicó novelas como ¡Quién supiera escribir! Julia Maura, además hacía artículos para ABC, más por el apellido que por la calidad, y como andaba todo el día acosada por los compromisos sociales, encargó a un ‘negro’ de cuyo nombre no quiero acordarme, que le prepararara los artículos. Ella lo firmaba y a otra cosa mariposa. EL ‘negro’ se aliviaba en el trabajo y copiaba como una fiera. Era un hideputa pero, al menos, nunca le hizo a Julia Maura la cabronada de plagiar a Danielle Steel ni a otras Corintellados. No bajaba de Oscar Wilde. Todavía hay clases. Pero como no sabía inglés, calcaba los textos de la versión española y el traductor advirtió la tropelía. Total, que Luis Calvo, que hacía un periodismo a veces de hierro, a veces de seda, empuñó el látigo y público en ABC a dos columnas enfrentadas y comporativas: “Dice Julia Maura”, “Dice Óscar Wilde”, el plagio más celebre de la historia literaria española del siglo XX. La República de las Letras envió a Julia Maura a las zahúrdas de Plutón. No levantó cabeza.

Ana Rosa Quintana escribe muy bien. Fue colaboradora conmigo de ABC y sus artículos semanales eran excelentes. Es una mujer sensible, culta, con sentido del humor, delicada y prudente. Ha conseguido el equilibrio en la pequeña pantalla entre la acidez hirsuta de unos y las componentas melifluas de otras. Su programa es un modelo en su género. Está agobiada de trabajos y compromisos, y dicen, dicen, que encargó a un negro la primera redacción de algunos capítulos de su novela ‘Sabor a Hiel’. EL CULTURAL detectó el asunto y Juan Palomo hizo una alusión a Rojo y negro que lo desenmasacaraba todo. Intelligenti pauca. La negritud de Ana Rosa Quintana, menos exigente que la de Julia Maura, se quedó en lo fácil: el caramelo de Danielle Steel. Y ha pasado lo que ha pasado. Hay que olvidarlo. Ana Rosa no se merece la jugarreta que le ha hecho el ‘negro’ merengoso, la faena que ella se ha hecho a sí misma.

Luis María Anson

16 - Octubre - 2000

El Negro de Ana Rosa está Rojo

Jesús Maraña

La verdad verdadera consiste en que el asesor literario de Ana Rosa se puso un buen día delante del ordenador y pulsó una sola tecla: copy. Los compradores de 'Sabor a Hiel' no tienen por qué sentirse estafados, han conseguido por un precio módico, un refrito de varias obras que, una a una les habrían resultado sensiblemente más caras

Dicen que el negro de Ana Rosa Quintana, verdadero autor del desaguisado, está rojo como un tomate maduro desde que se enteró de que esta revista iba a desvelar el pastel. Durante toda la semana, radios, teles y periódicos se han hecho eco del escándalo y todos han llegado a la misma conclusión que ya apuntábamos en esta página el lunes pasado. Nadie se ha creído la ridícula filfa del error informático, y hasta los menos enterados deducen que la verdad verdadera consiste en que el asesor literario o documentalista de Ana Rosa se puso un buen día delante del ordenador y pulsó una sola tecla: copy. Hoy aportamos pruebas de que este negro (tirando a colorado) hizo méritos para ganarse el sueldo, puesto que no manejó sólo un best-seller de Danielle Steel, sino que también aprovechó aportaciones de la literatura mexicana. De hecho, uno empieza a pensar que los compradores de ‘Sabor a Hiel’ no tienen por qué sentirse estafados después de soltar 2.500 pesetas. Más bien han conseguido por un precio módico, un verdadero compendio o refrito de varias obras singulares que, una a una les habrían resultado sensiblemente más caras.

El debate abierto en los medios a raíz de este escándalo incluye no pocas voces que rebajan las culpas de la exitosa locutora y reivindican la figura del negro como elemento imprescindible, casi de plantilla, en el proceso literario. Lo cual, nos consta, cabrea enormemente a quienes se dedican en cuerpo y alma al noble oficio de escribir y firmar los frutos de su trabajo.

Algún autor ilustre, con fina ironía, recuerda que hasta los grandes políticos y jefes de Estado tienen negros que les escriben los discursos. Y es cierto. Pero cabe imaginarse el jolgorio que se armaría si, por ejemplo, uno de los cerebros de la Moncloa se dedica a preparar las intervenciones públicas de Aznar  hubiera copiado 20 páginas de un discurso de González. O si el mensaje de Nochebuena de don Juan Carlos fuera una copia más o menos arreglada y traducida del ofrecido por el ‘honorable’ Pujol en Cataluña. Sin mencionar otra diferencia sustancial: estos señores no cobran por firmar esos textos, mientras que la presunta autora de ‘Sabor a Hiel’ y su editorial llevan meses recibiendo suculentas ganancias por los más de 100.000 ejemplares vendidos.

El otro argumento escgrimido o insinuado por Ana Rosa y varios mercenarios suyos se refiere al hecho de que ella sea un personaje famoso de la televisión y las revistas del corazón. Esa cualidad sería la causa de una mayor resonancia del escándalo. Es decir, con absoluto desparpajo difunden la especie de que muchos grandes escritores han plagiado o contratan negros, pero los periodistas canallas no los denunciamos porque ellos no dirigen éxitos televisivos.

Vaya por delante la obviedad de que los periodistas, canallas o no, tenemos la obligación de publicar lo que consideramos noticia con datos contrastados. Si Ana Rosa tiene información sobre el plagio perpetrado por algún conocido escritor y lo puede demostrar, su deber es denunciarlo. Lo demás consiste en la insinuación de calumnias que afectan al común de los novelistas profesionales y al prestigio de un oficio duro y poco rentable, salvo excepciones como la de la propia Ana Rosa.

Por lo demás, habrá que estar atentos esta semana al ordenador mágico de la presentadora. Quizás lo párrafos de Ángeles Mastretta misteriosamente aparecidos en ‘Sabor a Hiel’ sean fruto de otro error informático, aunque ella los conociera, al menos, desde el pasado mes de junio. Ya ha tenido tiempo de cambiar de ordenador. El ‘negro’ de Rosa se pondrá más rojo todavía y la imprensta de la edicitorial no dará abasto a cambiar párrafos. Será una edición imprescindible para coleccionistas..

Jesús Maraña

18 - Octubre - 2000

Rojo Y Negro

Luis María Anson

El negro Rojo había plagiado a distintos autores. Pero es lo que suele ocurrir. Cuando uno no firma lo que escribe y le ofrece el éxito a otros, tiende a trabajar lo menos posible. Y copia.

Al César lo que es del César, a la Steel lo que es de la Steel, a la Mastretta lo que es de la Mastretta y a EL CULTURAL lo que EL CULTURAL se ha ganado a pulso. El 17 de mayo pasado, la revista que dirige Blanca Berasátegui, publicó en ‘La papelera’ de Juan Palomo el siguiente comentario: “Me han dicho que Ana Rosa Quintana lee Rojo y Negro. Como ha demostrado Sabor a Hiel, la influencia de Stendhal, de Rojo y de negro, es más que notoria. Con razón la veía yo con tan buena cara dentro y fuera de su televisión. Determinadas dobles lecturas rejuvenecen…”. Era un aviso para navegantes.

EL CULTURAL anticipaba con ese párrafo, hace cinco meses, que Ana Rosa Quintana le había escrito la novela un negro y que el negro se llamaba Rojo. Gran éxito literario de EL CULTURAL, del sagaz Juan Palomo y también de Care Santos, que hizo una crítica clarividente. Lo que no anticipó la revista es que el negro Rojo había plagiado a distintos autores. Pero es lo que suele ocurrir. Cuando uno no firma lo que escribe y le ofrece el éxito a otros, tiende a trabajar lo menos posible. Y copia. Triste y desmayada historia ésta de ‘Sabor a hiel’ que llega a su fin sin gloria y con mucha pena. ‘Rojo y Negro’. Madame Renal era un poco melancólico y, tal vez por eso, Henri Beyle, ‘Stendhal’, la consideraba delicada y profunda. Pero denuncia a su amado Julián Sorel cuando se va a casar con la aristócrata Matilde, de la que tiene un hijo. El galán, después de alguna peripecia violenta, termina guillotinado y, al rodar la cabeza como un libro desechado, su enamorada la toma entre sus manos y llora sobre ella. Sabor a hiel.

Luis María Anson

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