Columnistas de izquierda y derecha, desde EL PAÍS al Grupo16 sacan los colores al todavía presidente del Gobierno con UCD

Moción de Censura de Felipe González (PSOE) contra el presidente Adolfo Suárez (UCD), que evidencia su soledad parlamentaria

HECHOS

En mayo de 1980 el principal partido de la Oposición, el PSOE, presentó una moción de censura contra el Presidente del Gobierno, D. Adolfo Suárez, que no prosperó.

La decadencia parlamentaria del Gobierno Suárez tuvo su máximo exponente con la presentación de una moción de censura por parte del principal partido de la oposición, el PSOE, y su líder D. Felipe González, que era el candidato a reemplazar al Sr. Suárez si prosperaba la moción. La Constitución establecía la ‘moción de censura’ como fórmula para destituir al Presidente del Gobierno si la mayoría absoluta de la cámara lo respaldaba.

RESULTADOS DE LA MOCIÓN DE CENSURA (Necesita 176 votos a favor para prosperar):

Votos afirmativos a la moción: PSOE (120), PCE (23), PSA (5), UPC (1), EE (1), ERC (1) y 1 ex PSOE. (total 152 votos)

Votos negativos al a moción: UCD (166)

Abstenciones: Alianza Popular/Coalición Demócrata (9), CiU (7), PAR (1), Manuel Clavero (ex UCD) y Joaquim Molins (ex UCD)

Ausencias: PNV (11), Herri Batasuna (3) y MC (1)

ALFONSO GUERRA (PSOE): “LA DEMOCRACIA NO SOPORTA A SUÁREZ, CUALQUIER AVANCE DEMOCRÁTICO PASA POR LA DESAPARICIÓN DE SUÁREZ”

parlamento_guerra  El encargado de defender la moción de Censura contra D. Adolfo Suárez fue el Secretario de Organización del PSOE y diputado de este partido D. Alfonso Guerra, que defendió la necesidad de destituir al Sr. Suárez y reemplazarlo por D. Felipe González. Durante su intervención cargó contra el Sr. Suárez al que definió como ‘Tahúr del Mississippi’. Y aseguró que este ya no podía con la democracia: “El señor Suárez ha llegado al tope del grado de democracia que le es posible administrar; el señor Suárez no soporta más democracia; la democracia no soporta más al Sr. Suárez: cualquier avance en el camino de la democracia pasa por la desaparición del Sr. Suárez”.

SANTIAGO CARRILLO (PCE): “SUÁREZ HA FRACASADO, DESDE LA INVESTIDURA DE SUÁREZ LAS COSAS HAN IDO DE MAL EN PEOR”

CongresoCarrillo El Secretario General del Partido Comunista de España (PCE), D. Santiago Carrillo explicó su apoyo a la moción de censura en que desde la investidura del presidente Suárez “al dejar este las relaciones públicas y económicas en manos de D. Fernando Abril, las cosas han ido de mal en peor”, añadió además que “este Gobierno ha fracasado al dar la impresión de que aqí han cambiado algunas cosas formales, para que de esa forma no cambiara nada”.

MANUEL FRAGA (AP): “EL GOBIERNO SUÁREZ NO DA CONFIANZA NI CREDIBILIDAD”

consti_fraga El presidente de Alianza Popular y portavoz del grupo parlamentario de Coalición Democrática, que apoyó la investidura del Sr. Suárez en 1979, le negó su apoyo en la moción y se abstuvo. En su intervención el Sr. Fraga explicó que ‘el gesto de CD de dar su apoyo a UCD en la investidura habíar resultado inútil’. En su intervención cargó contra el presidente Sr. Suárez: “El Gobierno actual no está en situación de devolver confianza a los españoles ni de recuperar la credibilidad”. Y aseguró a los diputados de UCD que ‘gobernar no es aburrir”.

ROJAS MARCOS (PSA): “ADOLFO SUÁREZ ES UN ÁRBOL CAÍDO”

congresoRojasMarcos El portavoz del Grupo parlamentario del Partido Socialista Andaluz (PSA) pasó de apoyar la investidura del Sr. Suárez en 1979 a apoyar la moción de censura contra el Sr. Suárez en 1980. En su intervención el Secretario General del PSA, Sr. Rojas Marcos explicó que ‘Adolfo Suárez era, hoy un árbol caído fuera cual fuera el resultado de la votación’. “Al presidente Suárez lo ha tumbado Andalucía”. Y terminó con un enigmático “la moción socialista no es buena, ni mala, sino todo lo contrario”.

MIQUEL ROCA (CiU): “HAY QUE EVITAR LA DIVISIÓN DEL PAÍS EN DOS BLOQUES”

roca_consti2 El Grupo Parlamentario de Convergencia i Unió (‘Minoría Catalana’) se abstuvo en la votación. Su portavoz, D. Miquel Roca, explicó que los nacionalistas catalanes tenían como obsesión ‘evitar la división del país de dos grandes bloques radicalizados. Y que no renunciamos a tender puentes”.

BLAS PIÑAR (FN): “COMPARTIMOS LA CENSURA A SUÁREZ”

blas_pinar El presidente de Fuerza Nueva, D. Blas Piñar, anunció que estaba a favor de la moción de censura contra el presidente Suárez “compartí la censuraal Gobierno”, pero explicó que se abstenía de la moción de censura por no apoyar a D. Felipe González. Y prefería una ‘cuestión de confianza’ que una ‘moción de censura’ en la que votar contra el Sr. Suárez no significaba apoyar al PSOE.

FERNANDO SAGASETA (UPC) A FAVOR DE LA MOCIÓN DE CENSURA A SUÁREZ

sagaseta D. Fernando Sagaseta diputado de la izquierdista Unión del Pueblo Canario votó a favor de la moción de censura contra el Sr. Suárez denunciando “el intento de la oligarquía de colonizar a los demás’. Junto con él votaron los diputados de Euskadiko Ezkerra (EE) y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC=.

Aquella fue la primera moción de censura que se planteaba en España. En el congreso de los diputados no volvería a presentarse otra hasta el año 1986.

TODA LA PRENSA CONTRA SUÁREZ

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Aunque D. Adolfo Suárez ganó aquella votación, un vistazo a la prensa demuestra que todo el gremio se había colocado en su contra, basta revisar artículos de columnistas tan diversos como D. Emilio Romero (EL PAÍS), D. Juan Tomás de Salas (CAMBIO16), D. César Alonso de los Ríos (LA CALLE) o ‘Cándido’ (ABC) para entender que todos estaban pidiendo a gritos su dimisión, aunque por motivos distintos.

Un líder político que sirvió con excelencia al país en unas condiciones dadas, se ha convertido, al cambiar radicalmente las circunstancias, en una carga y un obstáculo grave para el futuro. Después de la última crisis de Gobierno no hay manera de ocultar esta triste evidencia. Tras un año de parálisis, con problemas que requerían un liderazgo claro. Suárez no sirve ya. (D. Juan Tomás de Salas, CAMBIO16, 14-5-1980)

Aún tendrían que esperar unos meses para que el Sr. Suárez tirara la toalla.

14 - Mayo - 1980

LA CRISIS DEL INVENTO

Emilio Romero

El «invento Suárez» era un invento de pequeño recorrido; el de la transición. Si el político «todo terreno» hubiera sabido el modo de fabricar el Estado y hubiera entendido y sabido que un presidente en una democracia tiene que ser, obligadamente, un parlamentario, si el «invento Suárez» hubiera sido esto, está a la vista que no.

En tanto no se diga claramente el origen y la naturaleza de UCD, no se pueden analizar seriamente «los aspectos esperpénticos» de la crisis de Gobierno, como muy acertadamente ha calificado Pedro Altares a los últimos episodios. La última carta abierta de Fernando Álvarez de Miranda a Joaquín Garrigues Walker es un triste modelo de ternurismo político que, independientemente de sus valores humanos, resulta escalofriante saber en las manos en las que está el pandero, puesto que este hombre es uno de losbarones del partido en el poder, representando -nada menos- que al sector democristiano, o siendo uno de sus personajes más notorios. La carta, como diría un guasón, «es un poema».El caso es que UCD, como nueva identidad de la derecha española clásica -cuyo gran innovador fue, en 1932, José María Gil-Robles- hacia formas más avanzadas, o modernas, o progresistas, para entender la libertad y las razones sociales de la economía, es necesaria en esta democracia con todos en el ruedo. Sus líderes naturales, bien equipados al empezar la transición, y que tenían aromas democráticos, no eran otros que Gil-Robles, Ruiz Giménez, Fraga y Areilza. Pero esto, para los españoles, era un sueño y una utopía. Aquí, a los calificados hay costumbre de descalificarlos o de impedirlos, y también los calificados en este país son muchas veces gentes intratables y con protagonismos excluyentes. El caso es que se había hecho el «invento Suárez» para que este invento no tuviera nada que ver con nada ni con nadie. Se había inventado el político «todo terreno» y se le había puesto en el poder para hacer desde allí todo lo que fuera necesario, y representando la multicolor derecha de Occidente, con vaselina para la izquierda, yodo para la derecha oriunda del antiguo régimen, rigodón para todas las naciones del mundo, altares para la inteligencia crítica, orgullosa y despectiva, barbacanas frente a competidores en buen uso y honras, y Aventinos y sarcófagos para ilustradas y no deslustradas gentes aficionadas a indagar las cosas del Estado y orientar a sus gentes. El «todo terreno» tenía que tener pocas creencias, mucha ambición de poder, ningún asidero entre las familias políticas, escasa fortaleza económica, una gran modestia externa, buenos ojos para pasar por carros y carretas, el olor del viento de los ciervos y una simpatía figurativa y extremada. El «invento Suárez» fue perfecto. ¡Ah!, pero era un invento de pequeño recorrido; sencillamente el recorrido de la transición. Si el político «todo terreno» hubiera sabido el modo de fabricar el Estado, y le hubiera sido familiar la economía, y entendiera la autoridad como el instrumento del valor político y personal, y hubiera tenido alguna curiosidad por la historia, y hubiera entendido y sabido que un presidente de Gobierno en una democracia tiene que ser, obligadamente, un parlamentario, el «invento Suárez» habría superado, sin los artilugios actuales, la transición; tendría a su partido en el bolsillo, se habría hecho respetar por sus adversarios y sería siempre una esperanza para el país. Si el «invento Suárez» hubiera sido todo esto -y está a la vista que no- habría sido un invento de largo recorrido.

El segundo análisis se refiere a UCD como tal. Se nutrió y constituyó, velozmente para el suceso electoral de 1977, y desde el poder, donde se encontraba el «invento Suárez». Hasta la fecha de su creación, eran familias políticas reducidas, tertulias, élites activas de conspiradores, partiditos de nombres y, a veces, hasta nombres solamente. Si hubiera ido cada uno por su lado en aquellas elecciones, no habría salido uno solo diputado o senador; el poder, el «invento Suárez», les llamó, les encandiló, les unió, y así es como triunfaron; el poder todavía era respetable y los recursos financieros fueron infinitos. Los ucederos tenían, por consiguiente, el deber de la gratitud, y el «todo terreno» tenía a su vez la obligación de retribuirlos con poder. No había otros lazos. En seguida ocuparon el Gobierno, las Cortes Generales y las altas presidencias del Congreso y del Senado, más todos los gajes de la Administración y aledaños. Las familias políticas básicas de este necesario conglomerado eran socialdemócratas, liberales, democristianos y sueltos.Luego estaban también los amigos del presidente, que es siempre, en política, otra familia. 0 se explica la política con este descaro o no entendemos nada.

Pero a medida que transcurría el tiempo y aparecían los problemas básicos de nuestra vida nacional -y algunos de ellos, transcendentales y graves- se fue deteriorando la imagen del Gobierno, como de cualquier Gobierno, y del partido que lo sostiene. El presidente y líder, sin aquellas condiciones necesarias para la postransición, y sin ningún deseo de remediar sus carencias con las colaboraciones necesarias, se recluyó en la Moncloa, como en su mansión dorada del amor físico al poder, al que se refería Clemenceau, se rodeó de confidentes irrelevantes; y acogió, y magnificó, y consagró, a dos hombres para que hicieran frente a sus dos grandes preocupaciones: la militar y seguridad y la política y económica. Estos fueron el teniente general Gutiérrez Mellado y Fernando Abril Martorell. Lo de este último rebasaba todos los niveles de la remuneración a la fidelidad. Gutiérrez Mellado no inquietaba al partido. Su figura era respetada. Fernando Abril Martorell, sí. Venía a ser como un ministro universal, pero tenía, como todos los personajes en esas circunstancias, servidores y temidos; la cayos y preteridos. Al final, y en el último año, después de las elecciones de 1979, UCD no era otra cosa que el tándem político Suárez-Abril. Lógicamente, el cotarro empezó a moverse. UCD, tras su rodaje de tres años, tiene ya una nómina estimable de políticos para cualquier circunstancia de Gobierno. Entre otros, Landelino Lavilla, Fernández Ordóñez, Martín Villa, Joaquín Garrigues Walker-lamentablemente enfermo- Pío Cabanillas, Rafael Calvo Ortega, Ricardo de la Cierva, Jaime García Añoveros, Leopoldo Calvo Sotelo, Marcelino Oreja, Manuel Clavero, Pérez-Llorca, Cecilio Valverde, Jiménez Blanco, Rovira Tarazona, Sánchez Terán y otra docena de personajes que han dado buenas medidas parlamentarias y pueden ser en cualquier momento buenos gestores de la Administración. Sería injusto no reconocer el hecho de promociones políticas nuevas y de personas de cierta estimación.

Todo esto, y las graves responsabilidades actuales, no pueden aceptar, sin hacer algo, el lamentable inventario de una gestión de tres años, el contratiempo de una estructura de poder cesárea e impropia de un partido democrático, Y unas fórmulas de elaboración de un Gobierno que no nacen de un examen a fondo de la realidad, de una comparecencia a tumba abierta» en el Congreso, y solamente después de todo eso, y de una honesta reconsideración de los hombres y de los equipos, solos o en compañía, disponerse a hacer de una vez el Estado -mediante el desarrollo constitucional-; afrontar la crisis y la quiebra económica en la que estamos; y hacer frente a la inseguridad ciudadana con todos los recursos de la autoridad y del derecho. Y, además de todo esto, dejar bien clara una política exterior que deje de hacer tartufadas y nos haga saber a todos dónde estamos, con quién estamos, a qué precio y a qué riesgos, y con qué beneficios.

Por esto decía al principio que no se podía hacer un análisis de situación sin antes partir de una indagación sobre el partido en el poder y sus episodios actuales. La consecuencia de todo esto es que no está solamente en apuros la democracia -y esto lo dicen todos los días los políticos-, y no está exclusivamente España atravesando una crisis profunda de muchas cosas, sino que también está en crisis evidente el «invento Suárez», que es donde, en alguna buena parte, está la causa de las otras crisis. Cada tiempo tiene su método de gobernar, e incluso sus gobernantes. Las demandas de ahora no son aquellas a las que fue muy acertadamente sensible el Rey en 1976, y para las cuales arbitró un remedio. Ya son otras. Entonces se hizo un invento, y lo que parece claro es que ese invento -me refiero ahora el método- ya no sirve. El Gobierno actual, y el modo de su fabricación, no hace otra cosa que prorrogar la agonía, o hacer más graves las cosas. Constituiría una torpeza que las iniciadas y necesarias conversaciones del Jefe del Estado con los dirigentes políticos resultaran inútiles; que la Constitución no proveyera de fórmulas políticas ese momento -que es el actual-, cuando un país puede encontrarse contra la pared; y que el propio partido en el poder no reclamara, desde ya mismo, su soberanía para adoptar soluciones colectivas, en el propósito de remediar su propio deterioro, o de buscar otros cauces para salir del atolladero. Platón decía «que Dios había concedido la adivinación al hombre para su falta de inteligencia». Pero ahora tampoco tenemos adivinos, o Dios nos ha dejado de la mano. No tenemos otro remedio que confiar en los inteligentes. ¿Y dónde están? Esa pregunta estoy seguro que se la haría Platón al «comité de los diez». Por lo pronto, uno de ellos ha dicho patéticamente a otro: «España requiere hombres como tú, y desgraciadamente no os prodigáis mucho». Al que llama con esa angustia está en una clínica, gravemente enfermo. ¿Pero a dónde hemos llegado?

Los políticos hace tiempo que andan más preocupados de sus intereses -de sus intereses políticos de estar y de alcanzar- que de los intereses del país. Cuando tenemos sobre nosotros los vendavales del paro, de las autonomías, del terrorismo, de la inseguridad ciudadana y de la amenaza de una guerra mundial, el presidente tarda en hacer una crisis mínima, interna, episódica y circunstancial, cerca de un mes, con una gigantesca paralización administrativa. Toda la «filosofía del compromiso», del recientemente fallecido Sartre, anima a preguntar a nuestros personajes actuales si no advierten que no hay otro compromiso que el de la política hacia fuera, hacia la sociedad, y no hacia los episodios sucios, o sin grandeza, de sus plataformas o de sus vanidades.

Emilio Romero

14 - Mayo - 1980

POR QUÉ NO SIRVE SUÁREZ

Juan Tomás de Salas

Suárez se ha convertido en una carga y un obstáculo grave para el futuro. Adolfo Suárez fue, pero ya ha dejado de serlo. No sirve, y hay que decirlo así.

Un líder político que sirvió con excelencia al país en unas condiciones dadas, se ha convertido, al cambiar radicalmente las circunstancias, en una carga y un obstáculo grave para el futuro. Eso es lo que le ha pasado al presidente Suárez. Después de la última crisis de Gobierno no hay manera de ocultar ni un día más esta triste evidencia.Tras casi un año de parálisis y silencio, con el país plagado de problemas que requerían un liderazgo claro, la fuerza de las cosas se tomó su revancha y le propinó tres sucesivos y sonados fracasos: votaciones en Andalucía, Cataluña y País Vasco. Y ahí llegó su hora de la verdad. O Suárez cambiaba radicalmente de política y de Gobierno o Suárez firmaba su sentencia de muerte política a más o menos breve plazo. Tras tres semanas de angustiosas vacilaciones, el solitario de la Moncloa logró, por fin, nombrar nuevo Gobierno; tan pobre, tan condicional y tan cualquier cosa que fue casi anunciar a campanazos la triste nueva de que Adolfo Suárez fue, pero ya ha dejado de serlo. No sirve, y hay que decirlo así. (…)

Una cosa fundamental hay que tener en cuenta: la mayoría relativa del país votó a UCD y no al PSOE. Traicionar esa voluntad puede traer consecuencias muy graves para el sistema. La sustitución de Suárez hay que hacerla implacablemente, pero sin prisas, en el seno de la mayoría.

(…) Primero fue De la Cierva. El nombramiento como ministro de Cultura del nuevo régimen de una personalidad que era conocida como apologista del dictador, y cuyo anterior paso por las cavernas de la censura había estado marcado por amenazas estrambóticas a intelectuales y prensa, no sólo era síntoma de que Suárez elegía mal y estaba cada vez más solo, sino prueba inquietante de que el espíritu de reforma hacía agua.Y lo demás vino en aluvión detrás. La ETA campa aún más por sus respetos, pero lo peor es que una ETA azul de enloquecidos armados empieza a matar por aquí con una frecuencia y una barbarie renovada. El gremialismo franquista, es decir, el sálvese quien pueda y este trozo de sociedad y Estado para mí, renace de sus cenizas. Los periodistas quieren la aduana del carné, los jueces condenan a periodistas que critican a los jueces, los militares procesan periodistas, prohíben películas y son benignos con otros militares acusados de preparar golpes de Estado más o menos de cafe. ¿Qué pasa aquí? Aquí, simplemente, pasa que Suárez no gobierna ni deja gobernar. Aquí llegó la crisis del gobierno y esta insólita historia de que un Parlamento, por unanimidad casi compleja, tenga que exigir al presidente del gobierno que hable por fin, por Dios, que hable. Es patético.

Y, sin embargo, señores, la respuesta y la salida tiene que estar en UCD. Mientras no haya nuevas elecciones – y el país no está para bromas ahora – hay que respetar la voluntad nacional que dio la victoria a UCD. ¿Qué hacer?

Juan Tomás de Salas

30 - Mayo - 1980

SUÁREZ YA NO ES SUÁREZ

César Alonso de los Ríos

Suárez ha demostrado que no vale para esto. Difícilmente se arranca de su escaño para subir al podio del Parlamento a defender la política del Gobierno. No es un parlamentario. Se siente investido por la Historia. Yo diría que le repugna justificarse.

Suárez ha quedado tocado. UCD, sola. Sin aliados a la derecha, sin aliados a la izquierda. En estos tres días de debate parlamentario, los fotógrafos tenían cada vez más fácil primer plano de un presidente preocupado, grave. Suárez se había acostumbrado al dorado aislamiento de la Moncloa (…). Había ido adoptando las formas de un Jefe de Estado, los juegos del franquismo, las maneras de autócrata. De ahí que lo normal en una democracia (el enfrentamiento con la oposición, la explicación de la política en la arena parlamentaria) ha sido para el Gobierno y especialmente para su presidente un trago malo, un larguísimo cáliz de tres días.

Porque Suárez ha demostrado que no vale para esto. Lo suyo es el gesto, el discurso dramático en vísperas de unas elecciones, la llamada al electorado en momentos de vacío político, de inseguridad. Lo suyo es la bajada del ejecutivo por las escalerillas del avión y, ¿por qué no decirlo también? el juego de despacho, la habilidad para los consensos. Una imagen dinámica y un hábil negociador. Así ha sorteado momentos muy difíciles en la transición política. Maneja los hombres. Los elije, los exprime, los abandona. Pero difícilmente se arranca de su escaño para subir al podio del Parlamento a defender la política del Gobierno. No es un parlamentario. Se siente investido por la Historia. Yo diría que le repugna justificarse. Quizá, casi seguro, está desprovisto de información y preparación para moverse en ciertos temas, los económicos, por ejemplo. Los socialistas le echaba el trapo y no entraba. El lanzaba a los ministros, uno tras otro. A Arias Salgado, nervioso por que las cornadas rozaban la familia (las acusaciones de Guerra a su hermano, el director general de Televisión, sobre la corrupción). A Abril Martorell, tosco y torpe, paternalista hasta la exasperación. Al joven Gamir – tres semanas de ministro – poseído por la eficacia del lenguaje tecnocrático, rictus de suficiencia. A Pérez Llorca, hábil, discreto, confesando insuficiencias. A Calvo Ortega, la cabeza más ordenada, más segura, más aparentemente honrada intelectualmente. De Calvo Ortega se dice que podría ser el sustituto de Suárez si tuviera otra imagen. Tiene demasiadas ojeras. No sonríe. (…)

César Alonso de los Ríos

01 - Junio - 1980

LA LECCIÓN

Carlos Luis Álvarez 'Cándido'

Adolfo Suárez ha fracasado porque fue establecido, con arrogancia y sin cautelas, la premisa de que sabía gobernar antes de haberlo demostrado.

Ningún partido del Congreso, excepto UCD, ha aprobado la gestión de Adolfo Suárez. Y si eso indica que Adolfo Suárez ha fracasado. Es porque fue establecida, con arrogancia y sin cautelas, la premisa de que sabía gobernar antes de haberlo demostrado.

La lección hay que ir a buscarla pensamiento arriba. Porque una vvez más se ha demostrado la tesis que durante su larga vida defendió Bertrand Russell y que es la base de su filosofía. Según Beltrand Russell en la teróa platónica hay una identificación de lo bueno con lo verdaderamente real. Esa identificación, ciertamente, ha sido absorbida por la gran tradición fiolosófica, y es aún, en gran parte, operativa en nuestros días. Y, no obstante, Platón, al permitir a lo ‘bueno’ una función legislativa y decisiva, divorció la fiolosofía de la realidad, por lo cual desde entonces viven distorsionadas la realidad y la fiolosofía.

(…)

La esencia de la política, igual que la de la filosofía es el análisis, y no la síntesis. Suárez fue vertiginosamente convertido en una síntesis que nadie se molestó en analizar reviamente. Se pasó por encima de sus carencias concretas y también de sus valores concretos para construir un hombre que no era Supreman, sumiéndole en la perpljeidad sistemática de lo que debía ser

La culpa no es suya. La culpa es de quienes, por interés y por temor, hicieron de él una síntesis que al parecer favorecía aquel interés y mitigaba aquel temor. Y por eso Suárez, habiendo realizado con brillantez la primera parte de la transición, no puedo más tarde evolucionar y terminó estancándose.

Al fin Suárez ha tenido que aceptar el cerco nixoniano de quienes creaorn su mito y le sostienen sin grandeza después de haberle convertido en una víctima. Pero él es diferente. Porque la otra noche, en el banco azul, y cuando subió a la tribuna, adquirió de pronto el paletismo del ecce homo que, siendo una sugestión antipolítica definitiva, señala muy bien cuál es su verdadero valor.

Cándido

JOSÉ LUIS GUTIÉRREZ A SUÁREZ: “¿ESTÁ K. O., PRESIDENTE?”

Suárez_Gutiérrez D. Adolfo Suárez y D. José Luis Gutiérrez

Durante una rueda de prensa tras la votación, el periodista de DIARIO16, sentado al lado del Sr. Suárez, le preguntó abiertamente al presidente hasta cuánto iba a seguir encajando golpes y se si se consideraba K. O. “¿Usted me considera K.O.?” respondió este.

El Análisis

LA PRENSA DECLARA LA GUERRA A SUÁREZ

JF Lamata

Suárez salió adelante de aquella moción de Censura, pero vistazo a la prensa demuestra que su imagen había quedado destrozada. Un presidente que durante su primera legislatura había gozado de un apoyo absoluto total de casi toda la prensa, ahora veía como toda la prensa le daba la espaldas. Por distintos motivos todos se habían convencido de que Suárez era un obstáculo para la continuación de la democracia, unos medios querían que un presidente a su derecha solucionara la solución, los ultras le consideraban ‘un traidor’), otros preferían un presidente de centro-izquierda (es decir, Felipe González). Y luego estaba el Grupo16  (CAMBIO16 & DIARIO16) del que la UCD era accionista. Este grupo mediático linchaba a Suárez a la vez que insistía en que UCD siguiera en el poder ¿cuál era su objetivo? Un golpe interno por el cual Suárez fuera reemplazado por Joaquín Garrigues Walker en la presidencia del Gobierno. Por unos motivos u otros, el caso es que toda la prensa contribuyó a hacer la vida imposible a Suárez.

Alguno de los periodistas que participó en la campaña como aquel presidente del Gobierno como ‘Cándido’ reconocería que años después se disculpó con el Duque de Suárez por su agresividad con él.

J. F. Lamata

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