Ocho meses después de ser forzado a dimitir recupera el poder

Pedro Sánchez vence en primarias a Susana Díaz por el liderazgo del PSOE venciendo al aparato, los barones y la ‘vieja guardia’

HECHOS

El 21.05.2017 se celebraron las primarias para el cargo de Secretario General del PSOE en las que fue elegido para el cargo D. Pedro Sánchez Castejón, derrotando a las candidaturas de Dña. Susana Díaz y D. Patxi López.

-Censo: 187.815 electores

-Censo escrutado: 187.815 electores (100%)

-Votos emitidos: 149.951 (79,83%)

-Votos en blanco: 977 (0,52%)

-Votos nulos: 125 (0,06%)

-Votos válidos a candidaturas: 148.849 (79,25%)

-VOTOS A FAVOR DE D. PEDRO SÁNCHEZ: 74.805 (50,26%)

-VOTOS A FAVOR DE Dña. SUSANA DIAZ: 59.392 (39,90%)

-VOTOS A FAVOR DE D. PATXI LÓPEZ: 14.652 (9,84%)

LA NUEVA EJECUTIVA DEL PSOE

  • Presidenta: Cristina Narbona.
  • Secretario general: Pedro Sánchez.
  • Vicesecretaria general: Adriana Lastra.
  • Organización: José Luis Ábalos.
  • Coordinación Territorial: Santos Cerdán.
  • Acción Electoral: Francisco Salazar.
  • Dinamización de Agrupaciones Locales: José Antonio Rodríguez.
  • Formación: Javier Izquierdo.
  • Política Federal: Patxi López.
  • Portavoz: Óscar Puente.
  • Igualdad: Carmen Calvo.
  • Violencia de Género: Susana Ros.
  • Política Institucional y Administraciones Públicas: Alfonso Gómez de Celis.
  • Función Pública: Isaura Leal.
  • Transición Ecológica de la Economía: Hugo Morán.
  • Mundo Rural: Concha Andreu.
  • Montaña: Francés Boya.
  • Transportes e Infraestructuras: Pedro Casares.
  • Agricultura, Ganadería y Pesca: Manuel González.
  • Pesca: María Luisa Faneca.
  • Política Migratorias y PSOE del Exterior: Pilar Cancela.
  • Política de Refugiados: Luc André Diouf.
  • Ordenación Territorial y Políticas Públicas de Vivienda: Beatriz Corredor.
  • Cohesión Social e Integración: Núria Parlón.
  • Sanidad y Consumo: María Luisa Carcedo.
  • Servicios Sociales, Dependencia y Discapacidad: Begoña García Retegui.
  • Cultura y Deportes: Ibán García del Blanco.
  • Educación y Universidades: Luz Martínez Seijo.
  • Política Municipal: Susana Sumelzo.
  • Adjunto de Política Municipal: Alejandro Soler.
  • Pequeños Municipios: José Vélez.
  • Provincias, Cabildos y Consells: Vicent Torres.
  • Relaciones Internacionales: Héctor Gómez.
  • Unión Europea: Iratxe García.
  • Cooperación y Desarrollo: Belén Fernández.
  • Movimientos Sociales y Diversidad: Mónica Silvana.
  • Mayores: María Jesús Castro.
  • Movimientos Sociales: Ignacio López.
  • Política Económica y Empleo: Manuel Escudero.
  • Empleo y Relaciones Laborales: Toni Ferrer.
  • Industria, Comercio y Turismo: Carles Ruiz.
  • Economía de las Ciudades: Milagros Tolón.
  • Seguridad Social y Pacto de Toledo: Magdalena Valerio.
  • Emprendimiento, Ciencia e Innovación: Francisco Polo.
  • Estudios y Programas: José Félix Tezanos.
  • Transparencia y Democracia Participativa: Odón Elorza.
  • Justicia y Nuevos Derechos: Andrés Perelló.
  • Laicidad: José Manuel Rodríguez Uribe.
  • Memoria Histórica: Fernando Martínez.
22 - Mayo - 2017

El ‘Brexit’ del PSOE

EL PAÍS (Director: Antonio Caño)

La victoria de Pedro Sánchez en las primarias del partido socialista sitúa al PSOE en una de las coyunturas más difíciles de su larga historia. El retorno a la secretaría general de un líder con un legado tan marcado por las derrotas electorales, las divisiones internas y los vaivenes ideológicos no puede sino provocar una profunda preocupación.

La propuesta programática y organizativa de Sánchez ha recogido con suma eficacia otras experiencias de nuestro entorno, desde el Brexit hasta el referéndum colombiano o la victoria de Trump, donde la emoción y la indignación ciega se han contrapuesto exitosamente a la razón, los argumentos y el contraste de los hechos. En este sentido, la victoria de Sánchez no es ajena al contexto político de crisis de la democracia representativa, en el que se imponen con suma facilidad la demagogia, las medias o falsas verdades y las promesas de imposible cumplimiento.

Finalmente España ha sufrido también su momento populista. Y lo ha sufrido en el corazón de un partido esencial para la gobernabilidad de nuestro país, un partido que desde la moderación ha protagonizado algunos de los años más prósperos y renovadores de nuestra historia reciente. Lo mismo le ocurrió en los meses pasados al socialismo francés, que se encuentra al borde de la desaparición de la mano del radical Benoît Hamon. Y un desastre parecido se avecina en el laborismo británico, dirigido por el populista Jeremy Corbyn. Sería ilusorio pensar que el PSOE no está en este momento ante un riesgo de la misma naturaleza. En todos los casos, la demagogia —conocida en Podemos o Trump— de los de abajo contra los de arriba se ha impuesto a la evidencia de la verdad, los méritos y la razón. Debemos asumir que esto nos sitúa ante una situación muy difícil para nuestro sistema político.

Sánchez ha construido su campaña sobre dos promesas de imposible cumplimiento. Una, conformar, con la actual configuración del Parlamento, una mayoría de gobierno alternativa al Partido Popular. Pero aunque se haya pretendido convencer a la militancia de que entonces se pudo pero no se quiso, esa mayoría fue imposible en octubre pasado y lo es también ahora, pues el PSOE no tiene la fuerza ni la capacidad de construir una mayoría de gobierno estable.

La segunda promesa ha sido la de redibujar el Partido Socialista como una organización sin instancias intermedias en la que solo existe un líder, el secretario general, y los militantes. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja: el PSOE es un partido profundamente descentralizado, tanto desde el punto de vista orgánico como territorial, donde existen múltiples instancias de poder con las que es inevitable contar. No entender ni respetar esa pluralidad y complejidad es lo que le llevó a perder la secretaría general en octubre pasado.

Fue la combinación de esos dos hechos, la imposibilidad de gobernar y la negativa a aceptar las consecuencias, lo que llevó a Pedro Sánchez a perder el apoyo del comité federal y, eventualmente, a dimitir. Las circunstancias no han cambiado, así que Sánchez vuelve al punto de partida de octubre. Con una diferencia crucial: que lo hace después de una serie de giros ideológicos en cuestiones clave (las alianzas con Podemos y el concepto de nación) que le alejan aún más de la posibilidad de gobernar.

En un momento en el que España enfrenta un grave problema territorial en Cataluña, era más necesario que nunca que el PSOE se configurase como un partido estable y capaz de suscitar amplios apoyos. Lamentablemente, el proyecto de Sánchez, en el que no cuenta con nadie que represente el legado de 22 años de Gobierno del PSOE ni ningún poder territorial significativo, aboca al partido a la profundización de una ya gravísima crisis interna. Como demuestran las debacles electorales que sufren los socialistas en toda Europa, y como ya han experimentado los socialistas en España, los márgenes para la supervivencia y relevancia del proyecto que aspiran a encarnar son de por sí ya muy estrechos. En esas circunstancias, la confusión ideológica y el modelo de partido asambleario en el que se ha apoyado Sánchez fácilmente podrá desmovilizar aún más a sus votantes y alejar a los socialistas del poder

22 - Mayo - 2017

Las primarias dejan un PSOE roto que Sánchez deberá unificar

EL MUNDO (Director: Pedro. G Cuartango)

La rotunda victoria de Pedro Sánchez en la primarias celebradas anoche en el PSOE, por un contundente 50% de los votos frente al 40% obtenido por Susana Díaz, pone en evidencia el desencanto de la militancia con la política llevada a cabo por la Gestora del partido, cuya decisión de abstenerse en el debate de investidura facilitó la continuidad de Rajoy al frente del Gobierno. Cuando Sánchez fue apartado de la secretaria general el pasado 1 de octubre, la nueva dirección provisional decidió ganar tiempo dilatando el proceso de primarias con la esperanza de que la candidatura de Sánchez fuese perdiendo apoyos, pero esa estrategia se ha demostrado no sólo ineficaz sino también contraproducente. Porque las bases han decidido rechazar con su voto además de la línea política impulsada por Javier Fernández, el modelo de partido que representaba Susana Díaz y que quedó escenificado en Vistalegre, donde los históricos del socialismo desde la Transición, encabezados por Felipe González, y gran parte de los barones dieron su apoyo a Díaz. Una vez más, como ocurrió en las primarias entre Borrell y Almunia en 1998 y entre el propio Sánchez y Madina en 2014, los pronósticos han fallado.

A pesar de que durante la campaña los ataques personales primaron sobre el debate de ideas, lo cierto es que si algo quedó claro desde el principio es queambos candidatos defendían sistemas políticos y organizativos para el partido antagónicos. Ayer, los militantes dijeron con claridad que prefieren un partido donde las bases tengan más protagonismo, que sea más participativo y en el que los líderes regionales dejen de tener el peso determinante que han tenido hasta ahora. Es decir, quieren un partido nuevo con una estructura que refleje las demandas de democracia interna que exige la nueva realidad política y social del país. No obstante, Sánchez debería eludir la tentación populista de convertir la organización en una suerte de asamblea y rendirse a las formas de actuación política más propias de la izquierda radical que de un partido que aspira a gobernar.

Pero el primer gran reto al que se enfrentará el nuevo secretario general será el de recomponer la unidad interna quebrada desde hace años. El PSOE ha perdido la oportunidad de aprovechar un recomendable ejercicio de democracia interna como son las primarias para restañar las heridas abiertas desde el catastrófico fin del zapaterismo. Sánchez y Díaz han protagonizado una descarnada lucha por el poder propia de momentos fratricidas que creíamos felizmente superados. Ahora,Susana Díaz deberá ponerse al servicio de la candidatura ganadora para evitar una posible escisión, e incluso la desaparición del partido como está ocurriendo en muchos lugares de Europa, porque eso no sería perjudicial sólo para el socialismo español sino para la gobernabilidad de España.

Los militantes socialistas y sus dirigentes se enfrentan ahora al reto de reorientar la línea política del partido y refundarla sobre los principios de la socialdemocracia reformista, pragmática, europeísta y comprometida con el sistema constitucional, como ha sido su trayectoria desde la Transición. A pesar de la crisis que este resultado supone para el aparato, el PSOE no puede obviar su pasado reciente como el partido que más años ha gobernado durante la democracia convirtiéndose en uno de los pilares de la estabilidad política de la que hemos disfrutado hasta ahora.

De ahí se desprende el segundo gran reto al que tendrá que hacer frente Sánchez.El nuevo secretario general deberá liderar una oposición ilusionante y constructiva que ayude a la gobernabilidad del país. Durante la campaña, y especialmente en el debate, Pedro Sánchez defendió abiertamente la confluencia con el resto de las fuerzas políticas de la izquierda, pero se equivocaría si impulsase, como acaba de hacer Podemos, una moción de censura contra el Gobierno de Rajoy o un adelanto electoral. La oposición más constructiva y útil para España no pasa por el rechazo absoluto al Partido Popular, sino por consensuar con las fuerzas constitucionalistas las reformas de Estado que contribuyan a la regeneración política del país y a su unidad territorial, y que apuntalen los logros de la política actual económica.

Pedro Sánchez tiene ante sí la oportunidad de demostrar su talla de hombre de Estado y su altura de miras como político. Su principal objetivo será devolver al PSOE la relevancia política y social que llegó a mínimos históricos durante su anterior mandato al frente del partido.

22 - Mayo - 2017

El PSOE vuela los puentes

ABC (Director: Bieito Rubido)

A los militantes del PSOE no les ha imporado que Sánchez sea el peor dirigente del partido en cuanto a resultados electorales. Sánchez no les ofrecía ganar, sino echar al PP

Los militantes del PSOE han vuelto a confiar la Secretaría General a Pedro Sánchez. Una elección interna con consecuencias políticas a nivel nacional, porque es un resultado que despliega sus efectos en varios frentes. La alta participación legitima la victoria de Sánchez y pone en jaque al aparato del partido, que había confiado en la victoria de Susana Díaz, la gran derrotada de ayer. Sánchez, beneficiado por una espectacular movilización de las bases socialistas, sólo ha perdido frente a Díaz en Andalucía. También en el País Vasco, feudo de Patxi López. Especialmente contundente ha sido la victoria de Sánchez en Cataluña, destinataria de su confusa y peligrosa apuesta por la pluranacionalidad de España. En definitiva, los militantes socialistas han roto por el eje la relación con la dirección de los barones y de la gestora que preside el asturiano Javier Fernández, otro derrotado que tiene que tragar la victoria de Sánchez en su propio terreno. Las razones de este resultado se sitúan en la subestimación de las posibilidades de Pedro Sánchez. Susana Díaz se incorporó tarde a la pre campaña de las primarias y lo hizo con el exceso de confianza que le propició el apoyo del PSOE tradicional, que cada día dice menos a sus militantes. La corta diferencia entre sus avales y los de Sánchez fue un aviso de que entre su discurso y la militancia había falta de fluidez, porque había falta de mensaje político claro.

Sánchez no se anduvo con sutilezas y sí abanderó una opción. Enardeció a los militantes con el estímulo visceral que nunca falla en la izquierda: la aversión a la derecha. A los militantes del PSOE no les ha importado que Sánchez sea el peor dirigente del partido en cuanto a resultados electorales. Sánchez no les ofrecía ganar, sino echar al PP, porque son cosas distintas. Cuando pudo hacerlo, ni hizo una cosa ni otra y el PSOE sigue teniendo hoy en el Congreso de los Diputados el mismo pobre resultado de las pasadas elecciones: 85 escaños.

El PSOE sigue en crisis porque está polarizado, aunque la victoria de Sánchez es clara y pondrá sordina durante un tiempo a los resentimientos. Eso sí, tendrá un impacto imparable en la dirección del partido y del grupo parlamentario. Por lo pronto, su portavoz en el Congreso de los Diputados, Antonio Hernando, presentó ayer su dimisión. No será la única, porque Sánchez y Díaz representaban opciones incompatibles. La izquierda depura sin contemplaciones a los perdedores, como bien sabe Errejón. Susana Díaz y sus seguidores no estarán en condiciones de presentar más batalla frente a Pedro Sánchez hasta que el deterioro del PSOE vuelva a coger intensidad. Que lo hará, porque el nicho electoral de Pedro Sánchez está delimitado por dos elecciones generales.

Obviamente, la reorientación del PSOE supondrá el punto final a la política de oposición constructiva con el Gobierno. El objetivo de echar a Rajoy –así de simplemente formulado– va a justificar cualquier medio, porque esto, y no otra cosa, es lo que han votado los más de 67.000 militantes que han dado su respaldo a Sánchez. Todo valdrá contra el PP, desde formar con Podemos un frente de izquierda radical a retomar con los nacionalistas la fórmula del Tinell. Sánchez ha dejado abiertos los caminos que llevan a lo peor del zapaterismo, por más que ahora su padre político, Zapatero, apoyara a Susana Díaz. Puede decirse que ayer ganó el PSOE visceral, el que fue radicalizado por Zapatero en la cultura de la revancha histórica, de la impugnación de la Transición y del pacto constituyente, del intervencionismo social y del pacto con los separatistas. Reconducir a esta militancia al aprecio por los valores de la política de pacto con la derecha ha sido imposible. La división social está servida.

Por eso, la expectativa que se abre en la política española no es buena, porque Sánchez secundará en gran medida la política de Podemos de llevar a la calle lo que no logren en el Parlamento. El acoso judicial que sufre el PP por los casos de corrupción es una plataforma inmejorable para que la oposición de izquierdas lance sus mensajes de deslegitimación contra el Gobierno de Rajoy. A partir de ahora, al Gobierno se le ha acabado la interlocución civilizada con el PSOE y va a tener que hacer algo más que contemporizar con los acontecimientos. Habrá de fortalecer su presencia pública, mejorar su discurso y aumentar su habilidad pactista. En definitiva, ya no valdrá ver la discordia interna del PSOE desde la barrera, porque aunque este partido haya quedado herido, hay un vencedor que impondrá mano de hierro. Al PP le tocará hacer mucha más política y asumir con más intensidad y compromiso el debate ideológico que ha relegado en los últimos años. Y, sobre todo, aguantar la legislatura hasta el límite de lo razonable.

22 - Mayo - 2017

Sánchez tiene que unir al PSOE

LA RAZÓN (Director: Francisco Marhuenda)

La victoria de Pedro Sánchez en la pugna por la secretaría general del PSOE repite, en cierto modo, el guión de lo que viene ocurriendo con los distintos partidos socialdemócratas europeos: una militancia más radicalizada que el conjunto de sus votantes elige a unos líderes que, en lugar de enfrentarse a las consecuencias de la crisis económica y social que se abatió sobre Occidente mediante propuestas de gestión, prefieren unirse a la protesta «indignada», como si su proyecto ideológico fuera incapaz de aportar solución alguna. Ha sucedido en Francia, va a suceder lo mismo en Reino Unido y, en definitiva, puede repetirse en España, donde el PSOE, de la mano del candidato ayer ganador, ya había sufrido dos rotundas derrotas electorales, con sus peores resultados en la historia de la moderna democracia. El triundo de Sánchez no sólo pone al socialismo español en la tesitura de una dirección alejada de una mayoría de sus votantes, en un divorcio que le ha costado casi seis millones de votos desde 2008, sino que supone una mala noticia para la estabilidad política de la Nación, que precisa más que nunca de la existencia de una izquierda moderada, alternativa de Gobierno viable, que se aleje de las viejas fórmulas populistas que sólo suponen mayor presión fiscal sobre el sistema productivo, incremento de la deuda pública e, inevitablemente, estancamiento y recesión. Habrá que esperar, sin embargo, a que el nuevo secretario general explique su programa y dé cuenta de sus intenciones inmediatas para ponderar hasta qué punto el cambio en la dirección socialista puede trastornar el escenario político español, en el que ya no es posible descartar unas elecciones anticipadas. En cualquier caso, la victoria de Pedro Sánchez ha dejado patente la profunda división interna que vive el PSOE, con una clara disociación entre la mayoría de la militancia y los órganos de dirección del Partido, que se habían alineado directamente con la actual presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz. En este sentido, Pedro Sánchez ha sabido capitalizar el rechazo visceral a la derecha de unos militantes que no aceptaron que su partido permitiera con la abstención la investidura de Mariano Rajoy, pese a que se trataba de atender no sólo el resultado de las urnas, sino los intereses generales de los ciudadanos en unos momentos en que España, que se recuperaba a ojos vista de la crisis, necesitaba estabilidad. Fue una decisión política acertada y como tal reconocida por la mayoría de los votantes y simpatizantes socialistas, según recogen todas las encuestas. Pero esa mayoría no votaba ayer. La victoria de Sánchez es clara y, aún así, a nadie se le escapa que el riesgo de ruptura en el partido es elevado, a menos que el ganador actúe con generosidad y espíritu integrador, aceptando que más de la mitad de los militantes socialistas no le han votado y son contrarios a una política que les aproxime, siquiera tácticamente, a los extremistas de Podemos. Es preciso que el PSOE recupere la unidad y ello sólo es posible si se actúa desde la serenidad, la reflexión y la voluntad de acuerdo, sin escuchar los cantos de sirena que, sin duda, vendrán desde la izquierda de Pablo Iglesias, a quien siempre le ha convenido una socialdemocracia desdibujada y alejada de sus votantes y que no oculta las prisas por cambiar el actual equilibrio. Los próximos días darán la medida de lo que se puede esperar del nuevo secretario general socialista. Los antecedentes no son, precisamente alentadores, pero hay que confiar en que todos hayamos aprendido de los errores.

21 - Mayo - 2017

Sánchez derrota a las élites

Ignacio Escolar

Contra la mayoría de los dirigentes socialistas, contra casi todo el aparato, contra Suresnes, contra los barones, contra la gestora, contra la mayoría de los medios de comunicación, contra el poder económico, contra Cebrián, contra Felipe, contra Zapatero… contra unas élites tan alejadas siempre de los ciudadanos, sus preocupaciones y sus intereses. Pedro Sánchez renace de sus cenizas y regresa al frente del PSOE con una victoria incuestionable y más poder del que nunca tuvo antes. Ha recuperado Ferraz a lomos de la indignación de tantos socialistas por la abstención ante el PP y el golpe palaciego con el que se tumbó al primer secretario general elegido directamente por los militantes. Tiene una nueva oportunidad, aunque las élites que han perdido esta batalla volverán otra vez en su contra.

Susana Díaz, la candidata que prometía “un PSOE ganador”, ha sido incapaz de vencer en su propio partido. Solo se impone en su propia federación, Andalucía. Pierde en todas las demás y en la gran mayoría de las agrupaciones ha conseguido un resultado inferior incluso al número de avales que presentó con su nombre; un indicador bastante claro de hasta qué punto presionó a su favor el aparato. ¿El lugar donde más voto oculto había para Pedro Sánchez respecto a los avales? Es fácil de imaginar: en Andalucía.

Hasta hace dos semanas –con el recuento de esos avales, cuando se vio venir lo que finalmente ha pasado–, Susana Díaz pretendía ganar estas primarias sin despeinarse, sin competencia, sin molestarse siquiera en presentar un proyecto propio; solo Esperanza Aguirre había intentado antes ganar unas elecciones sin programa. Díaz solo presentó sus propuestas por escrito cuando la tozudez de los datos de los avales demostró que siempre es un error creerte tu propia propaganda.

La imagen de Susana Díaz es pésima entre los potenciales votantes del PSOE, según todas las encuestas. También salía peor que Pedro Sánchez en la valoración de todos los españoles, incluyendo a quienes no se plantean votar al PSOE. No era así entre las élites socialistas, donde nunca antes un candidato ha tenido apoyos tan unánimes, a pesar que muchos de ellos, en privado, admitían que la presidenta andaluza tenía los pies de barro. Ellos también han sido claramente derrotados y de la generosidad e inteligencia del nuevo secretario general dependerá que formen parte del futuro del PSOE o solo de su pasado.

Sánchez tiene en su mano el mandato más claro que ha tenido jamás un líder socialista desde que Zapatero perdió la presidencia. Ya había ganado antes unas primarias, con menos votos pero más margen frente a Eduardo Madina. Aunque en aquella ocasión Sánchez contaba con el apoyo mayoritario de un aparato que después consideró que la victoria era suya y quiso tutelar cada uno de sus pasos. Casi nadie de los que le apoyaron en aquellas primarias creía en él, empezando por la propia Susana Díaz, que solo le respaldó porque Madina le parecía poco dócil.

Los partidarios de la candidata derrotada tienen herramientas para limitar el poder del nuevo secretario general. En el grupo parlamentario –donde los de Pedro son minoría–, en los gobiernos autonómicos, en las federaciones… En teoría, Sánchez tendrá que pactar también los nombres de la nueva Ejecutiva socialista, que debe ser respaldada por los delegados en el próximo Congreso. En la práctica, el resultado le deja las manos casi libres, aunque la primera comparecencia de Susana Díaz tras su derrota –una intervención donde ni siquiera se ha referido a Pedro Sánchez por su nombre– no permite pronosticar que la presidenta andaluza no vaya a oponer resistencia.

A partir de hoy, Pedro Sánchez tiene una nueva oportunidad de la que, en esta ocasión, será plenamente responsable. Dentro de su equipo le aconsejarán dos cosas contradictorias: unos, que sea generoso e integre a los derrotados; otros, que aproveche esta victoria para regenerar el partido. Probablemente deba mezclar un poco de ambas recetas. De su éxito o fracaso dependerá en gran medida la posibilidad de un país donde el Partido Popular no siga para siempre en La Moncloa.

24 - Mayo - 2017

El enigma Sánchez

Jesús Maraña

La pregunta más repetida tras la contundente victoria de Pedro Sánchez en las primarias socialistas del domingo es: ¿Tiene arreglo la fractura del PSOE o va hacia la escisión o la irrelevancia? Algunos analistas sostienen esta segunda opción, supuestamente visualizada este martes por la baja voluntaria del exministro José Luis Corcuera como militante. Para muchos de los simpatizantes que le quedan al PSOE probablemente la sorpresa mayor haya sido enterarse de que Corcuera seguía militando en el partido, a juzgar por las opiniones que desde hace años se le venían escuchando en las TDT ultraconservadoras a las que suele acudir. No es el único caso. El tridente formado por Corcuera, Joaquín Leguina y Rodríguez Ibarra sobre asuntos capitales como Cataluña o la aparición de Podemos deja a veces a Rajoy y sus ministros como una pandilla de progres.

Las posibilidades de recuperación del PSOE son directamente proporcionales a la generosidad del ganador y a la humildad de los vencidos, pero sobre todo dependen de la credibilidad política que Pedro Sánchez y su equipo logren acumular a partir de ahora. La contundencia de su triunfo ha confirmado que el relato personificado por Sánchez como representante del “no es no” al PP y de las bases frente a “los notables” del partido es el que una amplísima mayoría de la militancia y de los potenciales votantes según las encuestas comparten.

Asombra la presbicia demostrada por Susana Díaz y los referentes históricos que la han arropado en los últimos meses a la hora de examinar la realidad de lo que piensa y siente su propia gente. Su actitud y sus decisiones en las próximas semanas y meses demostrarán si asumen de forma autocrítica lo ocurrido o si se empeñan en blindarse en la ya asediada y debilitada fortaleza andaluza.

Por su parte, Pedro Sánchez deberá despejar la legítima duda que puede afectar a su potencial electorado: ¿Es el verdadero Sánchez quien ha ganado a Díaz el domingo o se ha subido a la ola de la indignación de las bases como en su día Artur Mas cabalgó la ola del independentismo catalán en el que nunca hasta entonces había militado?

No es baladí la pregunta si recordamos simplemente tres comportamientos de Sánchez durante su anterior mandato.

1. Decapitó en febrero de 2015 a Tomás Gómez en el PSM exactamente de la misma forma que Sánchez relató su propio derrocamiento- dimisión ante Jordi Évole el 30 de octubre de 2016, incluyendo el papel jugado por las presiones del poder económico y del diario EL PAÍS.

2. El primer viaje de Sánchez tras las elecciones del 20-D y las líneas rojas decididas por el Comité Federal sobre posibles pactos tuvo como destino Lisboa, para escuchar los consejos de António Costas sobre la fórmula de gobierno de izquierdas. Después se produjo el “abrazo” a Ciudadanos y la investidura frustrada, para viajar antes del 26-J a Berlín y escuchar los consejos de Sigmar Gabriel, vicepresidente entonces de la Gran Coalición alemana.

3. Después del 26-J y antes de irse de vacaciones, Sánchez transmitió a varios interlocutores políticos y a su propio equipo su disposición a abstenerse en segunda votación para evitar unas terceras elecciones. A mediados de agosto convocó a su núcleo de confianza y argumentó su apuesta por el no a Rajoy: “Lo que quieren Susana y compañía es que yo me coma el marrón de la abstención y después liquidarme”*. Es obvio que en esa fecha su prioridad es mantener el liderazgo del partido, no tanto ser coherente con el “no es no” comprometido ante los electores y las bases.

Sostienen desde el entorno de Pedro Sánchez que es “muy consciente” de los errores cometidos y de sus incoherencias, que “ha aprendido”, que “ha madurado”. Es posible. Pero sobre todo es fundamental si quiere consolidar, esta vez sí, un liderazgo creíble, apoyado en equipos sólidos más que en personalísmos mesiánicos.

22 - Mayo - 2017

Réquiem por el PSOE

Tomás Gómez

Ayer el PSOE estaba citado con el destino, dos formas diferentes de entender la política y el papel del propio partido en España competían. El Sr. Pedro Sánchez ha sido capaz de que calen dos ideas: la primera, que es una víctima de las estructuras del partido, la segunda, que había que elegir entre malos socialistas, liderados por la mayoría de presidentes autonómicos y auténticas personas de izquierda, lideradas por el Sr. Sánchez.

Por otra parte, la Sra. Susana Díaz ha sido víctima de una falsa imagen de persona ambiciosa, en el peor sentido de la palabra, que le han fabricado concienzudamente.

Repetir una mentira mil veces no la convierte en realidad, pero sí consigue que muchos crean en su veracidad. Los militantes han votado y han decidido que el Sr. Sánchez sea el próximo secretario general. Es una decisión democrática que tendrá importantes consecuencias.

La primera de ellas tiene que ver con la estabilidad institucional del país. Todo apunta que el PSOE va a pasear del brazo de Podemos, lo que tiene como consecuencia unas nuevas elecciones generales y una más que probable mayoría holgada del Partido Popular y una nueva quiebra electoral de los socialistas. Ya los votantes han mostrado su rechazo al Sr. Sánchez en dos elecciones.

En cuanto a la convivencia en el Partido Socialista, es imposible imaginar en este momento el arreglo de las relaciones entre el Sr. Sánchez y los presidentes autonómicos. La consecuencia de esto puede ser terrible para algunos gobiernos regionales.

Cuando el líder socialista asegura que no atacará a un dirigente, este puede estar absolutamente seguro de que es objetivo a batir. Nunca ha dejado una cuita sin vengar.

La podemización del PSOE sumada a las batallas territoriales que lidiará el Sr. Sánchez auguran un futuro con negros nubarrones.

Muchos socialistas nos hemos identificado con la socialdemocracia, con un modelo de país que transformó España y que bebía del igualitarismo liberal y con la democracia representativa. La contaminación del PSOE por los virus populistas hará que muchos nos planteemos si queremos estar en un partido así.

22 - Mayo - 2017

La leyenda del Ave Fénix

Esther Palomera

Ocurrió en 1998 con Borrell; se repitió en el 2000 con Zapatero y lo mismo en las primarias que enfrentaron a Tomás Gómez con Trinidad Jiménez. En el PSOE siempre ocurre lo contrario a lo que sus dirigentes esperan. Con excepciones como la de 2014, pero casi siempre pierden los candidatos del “aparato”. La distancia que separa, desde hace lustros, a dirigentes con militantes no es nueva. Ha vuelto a explicitarse este domingo. Ni aprenden de sus errores ni entienden los códigos de una política. Y no será porque el mundo, Europa y los afiliados no hayan emitido señales desde hace tiempo. Pues nada. Ellos desplegaron ciegos su inmensa capacidad para la autodestrucción y el suicidio colectivo.

Por eso la noche del 21-M a Susana Díaz se le quedó cara de Hillary Clinton. La favorita de las élites, la que iba a devolver al PSOE la dignidad y las victorias perdidas, la que iba a levantar el socialismo para levantar España, la que creyó en su superioridad política por encima de los advenedizos, la que tenía el viento a favor y a su lado, al Ibex 35… Perdió, y su derrota fue sin paliativos, con menos votos que avales había conseguido.

Pedro Sánchez se ha impuesto a la favorita de los cuadros, los notables, los barones, y todos los despachos del poder político, empresarial y mediático. Nada que no se vislumbrara desde la recogida de los avales. En contra del pronóstico de los tótem y a pesar de que hace ahora siete meses todos le dieron por muerto, el ganador de estas primarias resurge como el Ave Fenix, aquél que alimentó varias doctrinas y concepciones religiosas de supervivencia en el más allá para primero morir y, después, renacer con toda su gloria de sus propias cenizas. En psicología se llama resilencia y es la capacidad de algunas personas para sobreponerse a situaciones traumáticas. Sánchez pasó por una de ellas el 1 de octubre cuando tuvo que dimitir como secretario general del PSOE tras un convulso Comité Federal y después de negarse a hacerlo por dos derrotas electorales consecutivas.

Sánchez regresa a Ferraz en medio de una guerra fratricida entre bandos cainitas

Ahora regresará al trono de Ferraz en medio de una guerra fratricida entre dos bandos cainitas que se han disparado sin piedad anteponiendo la lucha de poder a la supervivencia y la puesta a punto de un partido centenario e impasible a la inexorable pérdida de su hegemónica posición en el tablero político. Lo han querido así más de 74.000 militantes, que son 18.000 menos de los que le votaron en 2014, pero 15.000 más de los que apostaron por Díaz.

Si como decían sus críticos, la victoria de Sánchez supondrá el final del PSOE tal y como lo hemos conocido, vayan encargando el obituario. La defunción del viejo PSOE se ha consumado, y con ella la pérdida de las históricas referencias porque ya no es que esta partida la gane Sánchez, es que la pierde Díaz y con ella cuantos notables, barones y referentes se han implicado con la de Triana en una batalla cuyo único aliciente común era que Sánchez no regresara al podium.

El día que a Díaz se le quedó cara de Hillary

No lo han logrado y tendrán que hacerse mirar lo que ha fallado porque lo que se ventilaba en estas primarias era mucho más que un liderazgo. Eran dos modelos de partido, dos miradas distintas de la política, dos estrategias diferentes para afrontar el futuro, dos visiones sobre la cohabitación de la izquierda, dos caminos distintos para volver a habitar La Moncloa.

Se ha impuesto la visión de Sánchez y, ahora, sus críticos tendrán que hacer el necesario autoexamen, además de facilitar la unidad y la lealtad que prometieron para el día después, especialmente quien más contribuyó a la ruptura entre socialistas, que fue Susana Díaz desde los tiempos de Rubalcaba.

A la de Triana no le bastó con el “100 por 100 PSOE”, ni con las llamadas al miedo, ni con la alianza de defensiva para dar la puntilla al último secretario general, ni con la conjura de los “aparatos” territoriales. Quiera o no, tendrá que batirse en retirada después de hacer recuento de las bajas que deja en el campo de batalla, y dedicarse a Andalucía para hacer lo posible por sostener el principal bastión electoral de los socialistas. No parece que lo tenga fácil como tampoco será sencilla la continuidad de algunos de los que hicieron de la victoria de la sevillana una cuestión de vida o muerte para el socialismo.

Sólo una generosa gestión de la victoria hará que el PSOE pueda enderezar el rumbo

En lo que respecta al PSOE, desde hoy Díaz será una más y no podrá poner nuevos palos en las ruedas de un secretario general elegido, no una vez, sino dos con el voto de los militantes. La autoridad de Sánchez sale reforzada en lo interno. De él depende ahora la estabilidad de una legislatura convulsa en la que ni al PSOE le convienen elecciones tempranas ni a España, una nueva situación de bloqueo. Tanto es así que el nuevo Sánchez, hace semanas que ha empezado a construir una nueva versión de sí mismo para desmentir a quienes le han pintado de “radical”, “podemita” y de “peligro para la democracia española”.

Atentos porque el ya electo secretario general del PSOE no será ni de lejos el que hasta ahora hemos conocido. Si cumple con su palabra de las últimas semanas, no habrá ajustes de cuentas, ni iras, ni rencores, pero exigirá la lealtad que no tuvo en su primer mandato. Esto lo dijo el pasado martes, cinco días antes del recuento, cuando vaticinó seguro de sí mismo: “Voy a ganar por una diferencia superior a la que Susana espera”. Así ha sido.

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