Search
Impresionante derrota del fundador del partido en el 4º Congreso del CDS

4º Congreso del CDS – Rafael Calvo Ortega elegido presidente derrotando al candidato del Duque de Suárez, Raúl Morodo

HECHOS

  • El IV Congreso del CDS (‘extraordinario’) celebrado en septiembre de 1991 eligió a D. Rafael Calvo Ortega nuevo Presidente (derrotando a D. Raúl Morodo) y a D. Antoni Fernández Teixido nuevo Secretario General (derrotando a Dña. Rosa Posada y D. Rafael Arias Salgado).

Dos candidaturas se presentaban para suceder al Duque de Suárez como presidente del CDS: la del antiguo socialista D. Raúl Morodo, apoyada directamente por el Duque y la de D. Rafael Calvo Ortega.

Igualmente tres candidaturas se presentaban para el cargo de Secretario General: las de Doña Rosa Posada (apoyada por D. José Ramón Caso y el Duque de Suárez), la de D. Rafael Arias Salgado (apoyado por D. Rafael Calvo Ortega) y la de D. Antoni Fernández Teixido, líder de la llamada ‘Plataforma Renovadora’.

El resultado del congreso eligiendo a D. Rafael Calvo Ortega como Presidente y al Sr. Fernández Teixido como Secretario General supone una bofetada para el fundador del partido, que ha visto como perdían los candidatos a los que apoyó.

VOTACIÓN PARA PRESIDENTE DEL CDS

  • RafaelismoCalvoOrtega D. Rafael Calvo Ortega – 445 votos
  • raul_morodo D. Raúl Morodo  (apoyado por Suárez) – 339 votos

VOTACIÓN PARA SECRETARIO GENERAL DEL CDS 

  • antoni_Fernandez_teixido_cds D. Antoni Fernández Teixido – 290 votos
  • RafaelAriasSalgado D. Rafael Arias Salgado (apoyado por Calvo Ortega) – 279 votos
  • CDS_rosa_posada Dña. Rosa Posada (apoyada por Suárez) – 222 votos
28 - Septiembre - 1991

CDS, Una renovación necesaria

Rafael Calvo Ortega

La dimisión de Adolfo Suárez, como consecuencia del fracaso cosechado en las elecciones municipales y autonómicas del 26 de mayo, abrió las puertas a la auto-crítica y al debate interno. Este Congreso, fruto de la reflexión y de la aspiración de todos los militantes, debe de ser la afirmación clara y decidida de la permanencia del CDS.

La dimisión de Adolfo Suárez, como consecuencia del fracaso cosechado en las elecciones municipales y autonómicas del 26 de mayo, abrió las puertas a la auto-crítica y al debate interno en el CDS. Su posterior silencio, sabia actitud, mal interpretado y manipulado por algunos, ha contribuido de manera positiva en la preparación sosegada de un congreso extraordinario de máxima importancia. Su fe en el proyecto, su papel político y su futura participación en los próximos comicios seguirán siendo el referente incuestionable de Centro Democrático y Social. Este Congreso, fruto de la reflexión y de la aspiración de todos los militantes, debe de ser la afirmación clara y decidida de la permanencia del CDS, de su relanzamiento y de su renovación. El panorama político español está en crisis, con sus prepotencias, sus corrupciones, su estancamiento y su incapacidad para resolver los problemas más acuciantes de la sociedad. La lógica pues y el sentido de la responsabilidad están a favor de la existencia de este proyecto político de centro, liberal y progresista, con vocación regeneradora de la vida política de nuestro país. Los compromisarios afrontan esta nueva etapa con humildad política, voluntad de renovación y sentido de la responsabilidad. Humildad política para reconocer que ha habido errores en repetidas ocasiones y que las sanciones electorales han sido un constante llamamiento a la rectificación. Voluntad de renovación que va más allá de la sustitución de las personas. Si bien es verdad, que la renovación del presidente, del secretario general y del Comité Nacional serán la señal visible del cambio que percibirá la opinión pública. Pero la renovación no es un problema exclusivo de imagen sino que, en el sentido más amplio, debe caracterizar también el talante y el comportamiento del equipo que surja de este Congreso. Un equipo de personas, con la necesaria convergencia en ideas y programas, que articulen una organización participativa y respetuosa consigo misma. Porque en esta etapa de relanzamiento, la participación será el canal privilegiado para poner la preparación y la calificación de los militantes al servicio del partido. Porque en este momento de nuevo impulso político se trata de llegar a un mayor grado de democracia interna, atentos a la crítica y respetuosos para con las discrepancias. Esta renovación en profundidad hará que CDS recupere la credibilidad en la sociedad y vuelva a tener, merced a la justa valoración del elector que en su día le otorgó el 10% de los votos, el papel de partido nacional necesario para el equilibrio y la gobernabilidad del país. El sentido de la responsabilidad exige el abandono de lo que algunos llamaron la estrategia del silencio y de la ambigüedad, para volcarse hacia fuera, centrarse en los problemas reales de la sociedad. CDS debe dar la imagen de un partido serio, responsable e ilusionado. Un partido serio donde primen los análisis rigurosos de los problemas sociales y se articulen y se propongan las soluciones más idóneas. Un partido presente en los grandes debates de la sociedad y en la resolución de los temas concretos, más cotidianos, que afectan al ciudadano. Un partido ilusionado, con una actuación política coherente y constante, convencido de la necesidad de su existencia, del valor de sus hombres y mujeres y de lo acertado de sus planteamientos políticos.

Rafael Calvo Ortega

28 - Septiembre - 1991

Reflexiones sobre el poscongreso del CDS

Raúl Morodo

Contra Suárez o sin Suárez, es prácticamente, imposible que el CDS se mantenga: Se puede montar otra cosa, pero no sería ya el CDS. El factor denominador común se puede calificar de liberalprogresista.

En estos últimos días, previos al congreso extraordinario del CDS, la confusión y la incertidumbre, las cábalas y los recuentos de promesas, continúan y avanzan. Un lúcido portugués, Fernando Pessoa, solía recordar a los agoreros: «Ainda bem que isto vai mal, porque isso é a salvagao». Desde este hecho (la confusión), que afecta a candidatos, precandidatos y compromisarios, la cuestión es ver si esta situación, compleja, porque las causas y opciones son complejas, se puede enderezar y si, con sentido común, podemos entrar en una lógica de la racionalidad. Candidatos, precandidatos, plataformas, juntas y convergencias -nos cuesta salir de las transición y conseguir, en todo caso, una platajunta-, coinciden todos en un dato que parece muy extendido: rechazo de la autodisolución del partido. En este deseo, voluntarismo honesto y convicción profunda, se entremezclan sutilmente: la disolución es vista, así, como una última ratio, que hay que evitar. Pero, de esta forma planteado el problema, éste nos remite a un método coherente: no a la autodisolución, pero no, entonces, a las lógicas y dinámicas que, mecánica y dialécticamente, hacen inviable -o poco viable- una salida de relanzamiento. En otro lugar, he señalado que, como todo partido, el CDS descansa en un corpus ideológico, en un modelo organizativo y en un colectivo políticosocial. Estos tres elementos, en el caso del CDS, se ven, con la dimisión de Adolfo Suárez, profundamente alterados. Es difícil, incluso ahora, hablar del CDS y no referirse a Suárez: para bien o para mal, Adolfo Suárez es un elementoclave. ¿Qué quiero decir con esto? Que contra Suárez o sin Suárez, es prácticamente, imposible que el CDS se mantenga: no es necesario ir a Delfos para constatar esta aseveración. Se puede montar otra cosa, pero no sería ya el CDS. No significa tampoco que simplemente con Suárez, en sus distintas formas de colaboración, el proyecto automáticamente se relance, pero, al menos, cae dentro de lo posible, y, dentro de este optimismo razonable, muy probable si Suárez también cambia ya que la renovación debe afectar a todos. Sobre este punto, hasta ahora, creo percibir diferencias de criterios entre los amigos y compañeros que, por distintas causas, nos han metido en esta aventura. Ideológicamente, el CDS, es, como ya casi todos los partidos, en que las concepciones del mundo globales se relativizan o devalúan, un partido sincrético. En el CDS coincidimos, en buena armonía, personas de distintas procedencias, de la derecha, el centro y la izquierda. Y, así, convivimos, sin dramatismo, radicales y moderados, socialcristianos y liberalesprogresistas, creyentes y agnósticos. Creo que el factor denominador común, al menos el menos conflictivo, es el que se puede calificar de liberalprogresista: no un liberalismo conservador, sino un liberalismo, que es tolerancia, social y progresista y avanzado. El CDS, como partido de las libertades, nadie, internamente, lo cuestiona: nos diferenciamos, así, claramente, por talante y contenido, de conservadores y socialistas. Las candidaturas en liza, sobre este punto, desde estas diferencias legítimas, manifiestan un acuerdo aceptable. La cuestión que, a mi juicio, plantea mayores divergencias, y de ahí nombres distintos para dirigir el partido, es la renovación o el continuismo en el modelo organizativo operativo. En otras palabras: si se debe renovar, cambiar, el presidencialismo, hasta ahora vigente, o reafirmarlo. Mi criterio es, en este sentido, radical, probablemente, el único punto que creo de modo firme: no al neopresidencialismo. ¿Por qué? Por dos razones: la primera, porque un neopresidencialismo puede incidir, aun no deseándolo, en los pasados esquemas, al margen de la bondad de la dirección; la segunda, inevitablemente, este esquema -dados los sectores enfrentados-, puede dividir al partido, ya que la figura del presidente deja de ser moderadora y arbitral, al estar implicado en uno de los sectores. Yo tengo la certeza que, conscientemente, no hay en ningún candidato la idea remota de dividir, sino de integrar, pero el hecho de las polarizaciones inevitables -cruzadas frentistas o provindencialismos salvadores-, puede ante un poscongreso hacer difícil la articulación de una convivencia, base inexcusable para el relanzamiento por el que todos apostamos. Dicho en otras palabras: integración y competitividad no son opciones excluyentes o negativas, en situaciones normales, pero la excepcionalidad de este congreso a nadie se le escapa, y, sobre todo, a la situación poscongresual. Salvo que Adolfo Suárez manifieste explícitamente su voluntad de reincorporarse activamente al partido, no sólo a la acción política genérica, es necesario salvaguardar, como reaseguro, una instancia institucional, que arbitre, modere y coordine los distintos sectores del partido: que no sea parte de un grupo. Más claramente: una presidencia por encima de las comisiones ejecutivas. Si, por último, y coherente con esta filosofía, no es posible conseguir, por consenso, un presidente con esta función moderadora -sea yo o sea otra persona, y, por ello, mantendré hasta el final, mi posición abierta de simple precandidato-, y me presentase, sólo lo haría si aquellos que han lanzado mi nombre aceptasen que mi candidatura no será conjunta presidencia-comisión ejecutiva. No estoy en ningún frente anti nadie, ni tampoco creo en soluciones electorales providenciales o salvadoras. Pienso, sobre todo, en el poscongreso.

Raúl Morodo

26 - Septiembre - 1991

¿Qué hacer con el CDS?

Rafael Arias Salgado

El autor cree que el CDS -que celebra un congreso extraordinario el próximo fin de semana- se encuentra “al borde de la extinción”, por lo que es preciso un cambio drástico, que implique la sustitución de su actual equipo directivo.

No es exagerado afirmar que, políticamente, el CDS está al borde de la extinción. De ahí la necesidad de que el próximo congreso extraordinario genere un cambio drástico de su desfalleciente imagen. Sustituir al equipo de dirección es condición indispensable para renovar el perfil político del partido y trasmitir a la opinión pública que todo en el CDS va a transcurrir de manera muy distinta a como hasta ahora había transcurrido. Los electores no entenderían que los afiliados reeligieran a los responsables de la situación de quiebra en que se encuentra la formación centrista. No habría posibilidad real de resurgimiento porque sería casi imposible recuperar la credibilidad.El CDS, sin embargo, no se enfrenta sólo a un problema de sucesión de sus dirigentes. Recuperar la credibilidad para concurrir en condiciones adecuadas a la próxima consulta electoral requiere algo más. Al menos estas tres cosas: proyectar una identidad clara, hasta ahora diluida por el carisma arrollador de Adolfo Suárez como fuente de atracción de los votos del CDS, para que el elector sepa con certeza lo que vota cuando emite su voto a favor del CDS; dar coherencia, constancia, y rigor a su acción política, de tal modo que el votante centrista sepa que su voto no se va a pasear erráticamente de un lado a otro en apoyo de no se sabe qué o quién; lograr ser percibido como un partido, serio, de gobierno, es decir, con proyecto propio y autonómico, la proyección exterior de España, la inflación, las dificultades de la pequeña empresa, la droga o el paro no pueden encontrar soluciones viables, rigurosas y coherentes en unos planteamientos de épocas pasadas. Los objetivos de profundización de las libertades, de disminución de desigualdades sociales o de justicia distributiva, reclaman hoy enfoques, caminos y métodos muy diferentes de los que se han seguido hasta hace escasos años. Hay una cierta retórica que probablemente ha muerto para siempre, aunque todavía circule como residuo un lenguaje de nada fácil sustitución.

Marco ideológico

Definido pues como está el marco ideológico, ser útil en la actual coyuntura política española implica ofrecer al electorado soluciones propias y mejores para afrontar los problemas más importantes: el deterioro de las instituciones, muy acusado en algunos supuestos como el de la Administración de Justicia; la competitividad de nuestro aparato productivo, el empeoramiento de los servicios públicos o la inadecuación de nuestras infraestructuras; el replanteamiento de la relación Estado / sociedad y la redefinición del irrenunciable Estado de bienestar; la disolución gradual del concepto de interés general, sin el que es imposible levantar una Administración moderna, y la corrupción que se extiende por la vida pública; la recuperación de un sentido nacional no patriotero y la recomposición de una mínima moral social sin la cual la sociedad es terreno abonado en momentos de crisis para diversas formas de autoritarismo. La ejemplaridad y la austeridad de quienes encarnan los poderes públicos, la profesionalidad o el sentimiento de lo colectivo o de lo público como algo propio; el sentido de la responsabilidad y de la solidaridad son puntos de referencia hacía los que hay que orientar la vida española. Sólo así se tendrá autoridad para pedir a los sindicatos que acepten la moderación salarial o a los contribuyentes que paguen sus impuestos. Sólo así España alcanzará la verdadera modernidad.

A través de este planteamiento se puede y se debe, a mi entender, relanzar la identidad de un partido de centro, liberal-progresista, riguroso en sus propuestas, abierto y de progreso, con capacidad para movilizar a sectores más o menos amplios de la sociedad española, pero en todo caso activos en la vida pública e imprescindibles como apoyo social del contrapunto a un socialismo que después de una década de gobierno empieza a estar desgastado.

Los números que arrojan las últimas elecciones locales y autonómicas hablan por sí solos de la necesidad de un partido centrista. La sociedad tendrá que valorar y decidir si el equilibrio político en la gobernación de España, después de las próximas elecciones generales, lo determina una agrupación de izquierdas como Izquierda Unida, una pluralidad de partidos regionalistas y nacionalistas, o capacidad para contribuir al progreso, a la justicia, al bienestar y a la estabilidad política de España. En suma, reconstruir un partido útil volcado hacia afuera, hacia los problemas reales de los ciudadanos, que aspire a representar a un segmento de la sociedad española, nutriéndose así de un electorado estable. Todo ello implica un profundo cambio de estilo, talante, actitudes y comportamientos. Exige asimismo una amplia modificación de los estatutos del partido para descentralizar su organización, colegiar la dirección en mucha mayor medida y reequilibrar o sustituir un presidencialismo excesivo.

Desde un punto de vista ideológico-programático, la renovación demanda una profundización y desarrollo de los rasgos y orientaciones que aparecen en sus ponencias y programas. No sería conveniente, a mi entender, cifrar las perspectivas del partido en una redefinición ideológica, no sólo porque la evolución del mundo y del pensamiento hacen cada vez más difíciles o imprecisos los enunciados meramente ideológicos, sino porque resulta preferible ahondar en el estudio y reflexión sobre los problemas reales de nuestro tiempo y de nuestro país en un marco antidogmático, flexible y abierto en el que la creatividad y la innovación encuentren terreno abonado. Sumergir se en un debate ideológico abstracto es en los tiempos que corren bastante estéril. Enlazar conceptualmente, como propone algún sector del partido, con lo radical, lo burgués-ilustrado, lo pequeño burgués o expresiones de similar índole es, en el fondo, incapacidad para sustraerse a un planteamiento decimonónico ajeno a la naturaleza real de la sociedad posindustrial. La unión monetaria europea, el pacto de un partido de centro, liberal-progresista, de ámbito nacional que recoja lo mejor de la herencia de Suárez y sirva para construir un gobierno estable y de progreso. Los compromisarios tienen la palabra.

Rafael Arias-Salgado

by BeHappy Co.