1 febrero 2005

Alegato de Carlos Boyero (El Mundo) contra el guionista Antonio Albert: «es un ratonero y modernuki contertulio de Terelu que ha ignorado la muerte de Ángel Fernández Santos»

Hechos

El 1 de febrero de 2005 D. Carlos Sánchez Boyero publica en EL MUNDO un artículo en el que citaba a D. Antonio Albert Brotons.

Lecturas

Entrevista a D. Antonio Albert Brotons en el digital VERTELE el 12 de febrero de 2005:

¿Qué opinas de las críticas vertidas contra la gala de los Goya?

Por de pronto me sorprende la agresividad con la que se escriben las crónicas sobre la ceremonia. Siempre me ha parecido que la prensa en general es un poco excesiva con este tema. Por ejemplo, Diego Galán escribió una crónica muy bruta de la gala y encima demostró que no sabía quién es Paco León ni el personaje de Raquel Revuelta.

¿Crees que ha habido demasiadas críticas?

No entiendo la coincidencia de algunos medios, en particular de El País y El Mundo, en decir que se había olvidado por parte de los guionistas el nombre de Ángel Fernández Santos, porque no es verdad.

¿Se recordó entonces al crítico fallecido Ángel Fernández Santos?

Suele ocurrir que la gente no está en la gala y la ve por televisión, como es el caso de Carlos Boyero (El Mundo) y Diego Galán (El País). Ellos vieron un error de emisión y no del guión de la gala. Ocurrió durante la actuación de Amaral, había tres pantallas y TVE iba pinchando los distintos vídeos, hubo un fallo y uno se pinchó dos veces. Entonces cuatro nombres no aparecieron, entre ellos el de Ángel Fernández Santos y también el de Agustín González. Esto también me llamó la atención: sólo se fijaron en el del compañero Fernández Santos, al que yo tengo mucho cariño porque trabajé con él en él en El País, pero me llama la atención que se fijaran tanto en él y se olvidaran por completo del de, por ejemplo, Agustín González.

La polémica

En la crónica que publicó Carlos Boyero en El Mundo se vertían críticas contra la gala pero también contra tu persona…

Lo de Boyero es sencillamente algo personal. Lleva sin hablarme unos cuantos años.

Pero, ¿os conocéis personalmente? ¿Has trabajado con él?

Muchísimo. Yo me he ido a cenar y comer con él… Ahora hace como que no me conoce, como que no sabe quién soy. Es el típico gesto un poco infantil por otra parte. Lo de su crítica responde a un tema absolutamente personal, aunque no cuál es la causa y me trae sin cuidado. Eso sí, me parece que una cosa es una cuestión personal y otra el tema profesional. Yo puedo caerle antipático o que me odie por lo que sea, pero eso no quiere decir que tenga que buscarme como cabeza de turco de cualquier error, un error que además no se ha producido y sin embargo me lo achaca a mí. Ni me llamó para preguntar qué había pasado, directamente dijo que había sido yo. Después se publicó una carta tuya en El Mundo en la que contestabas a Boyero. Sí. Para aclararle que yo no había sido el responsable, y que no se había producido un error de guión porque el nombre de Fernández Santos aparecía en el vídeo. Otra cosa es que no saliera emitido en televisión. También quise dejar claro que ese vídeo no lo hacemos los guionistas sino la Academia, así que de haber sido olvidado el nombre la responsabilidad sería de la Academia, no mía. Pero Boyero en ningún momento se preocupó por saber a quién se debía la responsabilidad y qué es lo que había pasado, directamente dijo que había sido yo.

También hubo una carta de la Academia que salía en tu defensa…

Claro, porque la Academia sabía que lo que pasó no tenía nada que ver con mi trabajo. Fue una cuestión de TVE, que por otra parte en un retransmisión de ese tipo, con tantísimos vídeos, es absolutamente normal. Cuando se maneja tanto material audiovisual ocurren esas cosas, como en cualquier programa en directo, y no pasa nada.

Al margen de esta cuestión, ¿crees que se critica mucho a la gala de los Goya?

Sobre todo pienso que son excesivamente duras las críticas. Y me hace gracia que se diga que los Goya es una gala demasiado larga y no se diga nada de los Oscar, que han durado tres y cuatro horas toda la vida. En los Goya se entregan 29 premios, ¿cómo va a durar poco? Eso es matemáticamente imposible. Y cuando dicen que dura tres hora y pico incluyen la publicidad, que ocupa una hora.

Los críticos de cine, “condicionados” 

Durante algunos años te has dedicado a la crítica de cine y televisión. ¿Cómo se ejerce esta profesión en España? ¿Hay total libertad para escribir?

Yo creo que no. Al final de mi etapa como crítico ya vi que hay presiones, no solo por parte de la empresa para la que trabajas, sino que los implicados en la crítica también se preocupaban muy mucho de presionar para que tomaran medidas contra ti. Creo que en los últimos años la transformación de los medios de comunicación en grandes empresas que tienen intereses en la industria audiovisual ha hecho que todo lo que es la crítica y la información cinematográfica y de televisión esté absolutamente mediatizada por los intereses de las empresas.

¿Es cierto que la crítica suele ser demasiado benévola con las películas españolas?

No necesariamente. Depende de qué películas españolas. Las que tienen detrás ciertos nombres o están asociadas a determinadas productoras sí reciben siempre buenas críticas. Otras, más que recibir peores críticas, tienen menos cobertura informativa. Las grandes productoras nacionales tienen más posibilidades de conseguir publicidad. No creo que la crítica esté comprada en ese sentido, pero sí un poco condicionada. Sobre todo me parece que cada uno arrima el ascua a su sardina; es muy difícil ser independiente hoy en día. Alguna vez he hecho una crítica dura a una película de un director famoso y éste ha llamado al periódico donde yo estaba para que me echaran.

¿Hasta ese punto llegan las presiones?

Eso yo le he vivido. Ahora ya ni se molestan en llamar porque como las películas las produce el propio periódico todo queda en casa. Hay unos nombres que son intocables y otros que no aparecen nunca porque no tienen apoyo de nadie.

¿Cuáles son tus proyectos en este momento?

Ahora colaboro en el programa ‘De Cine’ de Telemadrid, que presenta Pastora Vega. También escribo guiones de cine.

01 Febrero 2005

'Mar adentro' somos todos, compañero Zapatero

Carlos Boyero

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Cuenta la gente racional y pragmática que en la política y en la vida son exigibles las soluciones salomónicas, los pactos, la negociación, el reparto equitativo, pero dudo que esa norma también deba ser aplicable al arte. Consecuentemente, la gran familia (¿se dice así?) del cine español, al igual que el sabio o caprichoso público (esa calificación depende exclusivamente para los creadores y los productores de si el personal ha decidido gastarse seis euros viendo tu película, o en su lamentable ceguera se han metido en la del otro), los premios internacionales, la bendición de la crítica, y esa cosa tan opiácea del triunfo absoluto, han decidido en esta soportable edición de los Goya apuntarse abrumadoramente al caballo ganador, premiar con 14 y excesivos galardones al más listo de la clase, al que representa el éxito y la salud de esa cosa tan abstracta, brillante, aceptable, mediocre o insufrible llamada cine español.

Conclusión: Mar adentro somos todos. Y una leche, excepcioneros culturales, palmeros estratégicos de los que administran la Cultura y el Gobierno. El talento les pertenece exclusivamente a ellos, no lo ha engendrado el proteccionismo estatal, no es cuestión de que hayan sido paridos aquí o allá. Se llaman Buñuel, Berlanga, Fernán-Gómez, Erice, Trueba, Almodóvar (lo tiene, aunque sea de un tipo que a mí no me interesa), León y Amenábar.

Y abreviando, que me enrollo mucho sin conseguir explicarme.Me he partido de risa con el vídeo de esos hilarantes y maravillosos críos explicándonos qué son las películas, los directores y los guionistas. Me ha parecido digna de las mejores comedias la agilidad mental, la ironía y la gracia del intruso Antonio Gala para salir indemne y glorioso de una situación grotesca. Me ha sorprendido la dulce socarronería de Monserrrat Caballé («estoy gorda, soy mayor y no soy guapa, pero gano con el maquillaje que me habéis puesto y es que el cine lo cambia todo»). Estoy encantado de que el poder de conmoción, la sensibilidad y la inteligencia de Mar adentro nos haya derretido el corazón a casi todos los espectadores de cualquier parte. Me gusta la reivindicación de Mabel Ribera sobre esos actores secundarios en los que jamás se fija nadie. Fue bonita la exaltación de Trueba de «aquellos que intentan mejorar el trocito de mundo que les corresponde sin hacer daño a nadie». Me creo la legalidad que desprenden como seres humanos dos artistas de primera clase como Javier Bardem y Alejandro Amenábar.

¿Y qué lamento?: el desprecio hacia películas tan estimulantes, profundas, complejas o inquietantes como Héctor, Nubes de verano, Frío sol de invierno, Horas de luz y alguna otra que mi selectiva memoria imperdonablemente olvida. ¿Y qué me indigna?: que los mezquinos guionistas (andaba por ahí un ratonero y modernuki contertulio de Terelu llamado Albert, o algo así) hayan tenido la patética audacia de ignorar en las siempre floridas necrológicas a un difunto llamado Angel Fernández-Santos (a él se la sudaría, esté en el cielo, en el infierno o en la nada, pero a mí no), alguien que además de escribir con irrepetible autoridad, fuerza expresiva y estilo sobre cine (incluida su indulgencia ante tanta mediocridad con pretensiones del cine español) fue el coautor de historias tan memorables como las de El espíritu de la colmena y Padre nuestro.

¿ Y qué me provoca algo cercano al vómito?: la indefendible promoción que hace una cerveza olvidable del grimoso axioma: «Muchachote, en el cine español no pasan esas tonterías del cine norteamericano, porque nosotros pensamos, sentimos y actuamos de forma diferente». Qué vergüenza ajena cada vez que escucho esa estupidez con guiño en la muy profesional boca de mi amigo Antonio Resines. El admirable y sufridor eunuco y la tuerta sensual que no pudo mantener su lugar en el mundo en La buena estrella lo hicieron bien, sin abusar del gimoteo ritual sobre lo incomprendido y desamparado que se siente el gremio o de la ridícula exaltación del lema: «Somos la bomba aunque los que pasan por taquilla no piensen lo mismo, o los voraces dueños del Imperio les hayan comido el tarro con sus privilegios y su publicidad». Dicen que fue un espectáculo sobrio, pero a mí estas fiestas siempre me parecen eternas.

03 Febrero 2005

La Academia de Cine responde

Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España

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En contestación al artículo ‘Mar adentro’ somos todos, compañero Zapatero (EL MUNDO, 1 de febrero de 2005) escrito por Carlos Boyero sobre la Gala de los Premios Anuales de la Academia de Cine, en el que culpa a uno de los responsables de la misma por el hecho de que el guionista y crítico de cine Angel Fernández-Santos no fuera incluido en el vídeo de recuerdo a los cineastas fallecidos a lo largo del año, queremos aclarar que tanto Angel Fernández Santos como Agustín González, Alejandro Ulloa, Angel Ampuero y Federico Vaquero, todos ellos profesionales queridos y admirados por la profesión, estaban, por supuesto, incluidos en el vídeo in memoriam que se proyectó durante la ceremonia, de hecho los asistentes a la gala pudieron verlo.

No obstante, y debido a un fallo técnico, estas personalidades no aparecieron en la emisión televisada.

Conviene dejar muy claro que estos nombres sí formaban parte del vídeo recordatorio y su ausencia se debió a un inoportuno error técnico que la Academia, como es obvio, lamenta más que nadie.

Consideramos esta aclaración irrenunciable para exculpar a un profesional [Antonio Albert] que fue acusado con dureza, y creemos que injustamente, en el citado artículo por un error que en absoluto es atribuible a ninguno de los responsables de la gala.

Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España.

05 Febrero 2005

El guionista de los Goya responde a Boyero

Antonio Albert Brotons

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Como Carlos Boyero, también lamento que la imagen del querido maestro Ángel Fernández-Santos no apareciera durante la emisión de la gala de los Goya pero, como bien explicó la Academia en una carta, lo sucedido no es responsabilidad de los guionistas. Pero ello, en una curiosa teoría conspirativa del señor Boyero, se debe a que soy «un ratero y modernuki».

Escribe en su columna de mi mezquindad por olvidar al que fuera maestro y compañero en mi etapa como crítico en el diario El País. Quisiera aclararle que no sólo no he olvidado el talento de Angel como guionista y periodista, sino que recuerdo perfectamente su inmensa talla como persona.

Una de las principales lecciones que aprendí de él fue que toda crítica resultaba desvirtuada por los ataques personales, pues ésta ha de ser siempre rigurosa y honesta, que no necesariamente blanda o generosa.

Señor Boyero, supongo que fue ignorancia y no mala fe su ataque, pues la mezquindad no nace del olvido, tan humano por otra parte, sino de la mentira y la manipulación.

Espero que en mis próximos trabajos su opinión sobre mi persona no me condene a una crítica funesta…

Antonio Albert. Guionista de la gala de los Premios Goya. Madrid.