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Muñoz Molina en EL PAÍS y Hermann Tertsch en ABC replican a la columnista

Almudena Grandes (EL PAÍS) se burla de las monjas violadas durante la Guerra Civil: «¿Imaginan el goce que sentirían?»

HECHOS

El 24.11.2008 Dña. Almudena Grandes publicó en EL PAÍS el artículo ‘México’, que fue replicado el día 25.11.2008 por los Sres. D. Antonio Muñoz Molina (en EL PAÍS) y D. Hermann Tertsch (en ABC).

El Sr. Muñoz Molina en EL PAÍS, el consejero de PRISA D. Gregorio Marañón (también en EL PAÍS) y el Sr. Hermann Tertsch (ex subdirector de EL PAÍS que recientemente se incorporó a ABC replican a la columnista por su columna a partir de Sor Maravillas.

El artículo de Dña. Almudena Grandes en El País el 24 de noviembre de 2008 burlándose de las monjas violadas por milicianos durante la Guerra Civil española a partir de una cita (errónea) de la madre Sor Maravillas es criticado desde ABC por D. Hermann Tertsch del Valle-Lersundi y desde el propio diario El País por D. Antonio Muñoz Molina y el consejero de PRISA D. Gregorio Marañón Beltrán de Lis.

El origen de la polémica era la decisión del presidente del Congreso, D. José Bono (PSOE) de conceder una placa a la monja Sor Maravillas. Dña. Almudena Grandes, enemiga habitual de la Iglesia cuestionó que la monja lo falleciera asegurando que había hecho alegatos machistas diciendo que las mujeres debían ser sumisas con su frase «Déjate mandar. Déjate sujetar y despreciar. Y serás perfecta». En realidad, la Sra. Grandes se confundía, dado que esa frase no era de Sor Maravillas a las mujeres, sino de San Juan de la Cruz y su destinatario, en femenino, es el alma.

24 Noviembre 2008

MÉXICO

Almudena Grandes

Un tribunal ha constatado la muerte de Franco. Qué risa, dicen algunos. Yo prefiero reírme de otras cosas. «Déjate mandar. Déjate sujetar y despreciar. Y serás perfecta». Parece un contrato sadomasoquista, pero es un consejo de la madre Maravillas. ¿Imaginan el goce que sentiría al caer en manos de una patrulla de milicianos jóvenes, armados y -¡mmm!- sudorosos? En 1974, al morir en su cama, recordaría con placer inefable aquel intenso desprecio, fuente de la suprema perfección. Que la desbeatifiquen, por favor. A cambio, pueden beatificar a Bono, porque la pequeña vanidad de su implante capilar es pecado venial frente a tamaña perversión.

Ríanse. Es lo mejor porque, más allá de la risa, se extienden el llanto y la úlcera de estómago. Quizás, también, el exilio de este país humillado, que debería ser el nuestro, pero no nos pertenece. Sus eternos propietarios, entre ellos quienes hacían el saludo fascista para celebrar el ingreso bajo palio de un asesino en sus templos, siguen disfrutándolo. A los demás nos queda madrugar, y que los capataces, con toga o sin ella, de los señoritos obispos, nos señalen con el dedo para decirnos si hoy trabajamos o no. Últimamente, es que no.

 A mí, Franco no me da risa ni muerto. Y si la legalidad es que la amnistía del 77 sirva para exculpar, entre otros culpables, a quienes mataban a manifestantes pro-amnistía, esa legalidad me parece una tragedia. Pero que nadie se equivoque. No es cuestión de jurisprudencia, sino de política. El Parlamento hace las leyes, y si hace falta, las deshace, y los jueces se limitan a aplicarlas. Por eso, cada vez es más difícil vivir en una democracia que desprecia su propio honor, para reverenciar sumisamente el de sus verdugos. Habrá quien, como Maravillas, le vea la gracia a esta humillación. Yo no, así que, por si toca exiliarse, me voy pidiendo México.

Almudena Grandes

25 Noviembre 2008

¿CHISTES VIEJOS?

Muñoz Molina

En su artículo del 24 de noviembre, Almudena Grandes hace lo que tal vez intente ser una broma acerca de una monja en el Madrid del comienzo de la Guerra Civil: «¿Imaginan el goce que sentiría al caer en manos de una pandilla de milicianos jóvenes, armados y -¡mmm!- sudorosos?». ¿Estamos ante la repetición del viejo y querido chiste español sobre el disfrute de las monjas violadas? No hace falta imaginar lo que sintieron, en los meses atroces del principio de la guerra, millares de personas al caer en manos de pandillas de milicianos, armados y casi siempre jóvenes, aunque tal vez no siempre sudorosos.

Basta consultar a historiadores fuera de toda sospecha o -ya que nos preocupa tanto la recuperación de la memoria- recuperar el testimonio de republicanos y socialistas sin tacha que vieron con horror los crímenes que se estaban cometiendo en Madrid al amparo del colapso de la legalidad provocado por el levantamiento militar.

Ni a Manuel Azaña, ni a Indalecio Prieto, ni a Arturo Barea, ni a Julián Zugazagoitia les costó nada imaginar la tragedia de tantas personas asesinadas por esas pandillas no siempre incontroladas que preferían mostrar su coraje sembrando el terror en Madrid en vez de combatiendo al enemigo en la sierra. Casi todos ellos hicieron lo poco que podían por salvar a inocentes: a Juan Negrín no le fue nada fácil evitar que asesinaran a su propio hermano fraile. Y todos ellos sabían el daño que esos crímenes estaban haciendo internacionalmente a la justa causa de un régimen legítimo asaltado por una sublevación sanguinaria e inicua. Almudena Grandes habla de exiliarse a México: cuando leemos artículos como el suyo y como tantos otros que por un lado o por otro parecen empeñados en revivir las peores intransigencias de otros tiempos, algunas personas nos sentimos cada vez más extrañas en nuestro propio país.

Antonio Muñoz Molina

26 Noviembre 2008

RESPUESTA A MUÑOZ MOLINA

Almudena Grandes

En su furioso ataque a mi columna del lunes pasado, publicado ayer en esta sección, Antonio Muñoz Molina omitió el consejo de la madre Maravillas a sus hijas espirituales -«Déjate mandar. Déjate sujetar y despreciar. Y serás perfecta»- con el que, en mi opinión, era ella la que se ponía a la altura de los viejos chistes sobre la condición femenina en general y sobre las monjas, en particular.

Si no supe expresarlo con la suficiente claridad, lo siento. Si, como sospecho, Antonio Muñoz Molina ha aprovechado la ocasión para construir un discurso demagógico sobre la violencia y la memoria histórica, todavía lo siento mucho más.

Almudena Grandes

27 Noviembre 2008

UNA FRASE DE SAN JUAN DE LA CRUZ

Antonio Muñoz Molina

Un lector me hace llegar amablemente una información que yo desconocía, y que me parece adecuado compartir con Almudena Grandes: la frase «Déjate enseñar, déjate mandar, déjate sujetar y despreciar y serás perfecta» no es de la madre Maravillas, ni se dirige a sus monjas. Es uno de los Avisos Espirituales de san Juan de la Cruz, y su destinatario, en femenino, es el alma.

Antonio Muñoz Molina

27 Noviembre 2008

Rectificar

Gregorio Marañón Beltrán de Lis

Ser capaz de rectificar es una cualidad de la que carecen los sectarios. Almudena Grandes debería haber asumido que Muñoz Molina tenía razón en su crítica: es éticamente intolerable que se ridiculice a una mujer -también a una santa católica- escribiendo que hubiese disfrutado siendo violada. Los lectores de la escritora -yo lo soy- y, en general, los del periódico, habríamos agradecido que, en vez de volver a citar ayer, fuera de contexto, una frase para justificar su desafortunada afirmación, hubiera reconocido que sus palabras pertenecen al género del más deleznable machismo y hubiera rectificado, en consecuencia.

25 Noviembre 2008

MILICIANOS PROGRESISTAS

Hermann Tertsch

¿Imaginan el goce que sentiría (la monja -santa para los católicos- Maravillas) al caer en manos de una patrulla de milicianos jóvenes, armados y -¡mmmmm!- sudorosos? Eso es lo que se pregunta, textualmente, una escritora del régimen en la contraportada de un periódico que aún se pretende homologable a los productos civilizados de la prensa europea. No hace setenta años. Fue ayer. Y esa contraportada la leyeron antes de ser publicada los responsables de ese diario. Y no les pareció mal. Tampoco se molestaron cuando la misma autora dijo que todas las mañanas desayunaba con ganas de fusilar a algunos que escriben en otros periódicos. Ni les pareció mal que el historiador irlandés de la zeja, Ian Gibson, confesara su íntima obsesión por poner una bomba en la basílica del Valle de los Caídos. Queda elegantísimo eso de manifestar que se levanta uno con ganas de quemar la iglesia de Los Jerónimos. Y después, un par de fotografías con las momias de las tumbas profanadas y los cristos mutilados al hombro. Fotos para un buen recuerdo. Mejores que la de Carod Rovira y Maragall en Jerusalén con la corona de espinos, que es una foto acomplejada y maricona. Gibson no parará hasta posar con la calavera -supuesta- de García Lorca.

Lo destacable en esta inmundicia es que hemos cruzado ya el Rubicón. A nadie escandaliza que un periódico en España que se dice digno y de calidad publique en su contraportada, desde luego como divertimento, una apología de la violación de una monja, santa o no. Esto el día antes de la muy solemne «jornada internacional contra la violencia de las mujeres», a la que dedican ya páginas y que aprovechan las amigas de la patrona de los milicianos violadores para clamar que todas las chicas son buenas y los maltratadores unos mierdas de derechas. Porque los milicianos que violan a una monja son unos progresistas magníficos que todos debiéramos sentar a nuestra mesa.

Tampoco le ha escandalizado a esta prensa la chica castiza Almeida cuando se ha mostrado partidaria de quemar, no ya el Corte Inglés, que es un buen anunciante, sino los libros que expone y vende y que a ella no le gustan. Tan antifascistas ellos que algunas hoguerillas de letra impresa les parecen mejor que otras. Pero volvamos a la monja y santa Maravillas. Ha sido imposible poner una placa en honor de esta mujer en el Congreso de los Diputados. Realmente no creo que la necesite, ni ella ni quienes en ella creen. Y habría soliviantado a los socialistas sensibles. Pero volvamos a nuestro país. Al país. Que ayer se hace muy seriamente desde una tribuna privilegiada la siguiente pregunta: ¿Imaginan lo que disfrutaría esa monja si la violara todo un pelotón de aguerridos soldados de nuestra república democrática impecable e impoluta? ¿Se dan Ustedes cuenta qué juerga, para nosotros y para los demás? Todos ellos sudorosos -¡mmmmmmm!- y estupendos luchadores a favor de la democracia y la libertad de todos los seres humanos. Aquellos hombretones fraternales de la izquierda progresista sólo violaban para hacer favores, nos dice Almudena. Una santa laica más del país que parece añorar que se repita.

Hermann Tertsch

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