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El ideólogo 'republicanista' era comentarista en EL MUNDO desde 1994 en su calidad de co-fundador de la Asociación de Escritores y Periodistas Independientes

Antonio García-Trevijano rompe con el diario EL MUNDO como rechazo al fichaje del socialista Luis Solana como comentarista

HECHOS

El 14.06.1997 el diario EL MUNDO publicó la última columna de opinión de D. Antonio García-Trevijano.

21 Mayo 1997

Luis Solana

Francisco Umbral

Con la última movida de este periódico ha entrado de columnista Luis Solana, un hombre del PSOE a quien siempre he visto con simpatía y venialidad. Sus columnas las hemos visto con curiosidad, como ejercicios de redacción muy respetuosos con este búnker de fascistas, canallas y descerebrados donde se ha metido, pero he aquí que a la semana de estar en la casa arremete contra los columnistas y el columnismo en general. Ocurre que en una semana ha aprendido el oficio, que antes le parecía muy difícil («escribir todos los días») y ya nos da la simplicísima fórmula, que su agudeza ha hallado en seguida. Veamos.

«El bigotes se ha visto con el pinocho y ahora cambiará impresiones con el enano». Dice que así, más o menos, se hace el columnismo, y se asombra relativamente de que se nos permita escribir de este modo sobre los políticos. En principio, el señor Solana debiera saber que al columnismo sólo se accede o viniendo desde la buena literatura o recorriendo toda la escala profesional, desde el perro hinchado (telegrama) hasta los editoriales más comprometidos. Utilizar la jerga de la calle para hacer columnas es una cosa que ya hacía Larra, la mejor pluma de nuestro XIX. Pero la jerga hay que utilizarla como Cela, convertirla en literatura, y el señor Solana es demasiado fino para eso.

Su jefe de fila, don Felipe González, se ha revelado como un adicto del insulto (sin la carga literaria de Alfonso Guerra), pero a Solana le parece mal la libertad insultiva de los columnistas. Que sepa que el insulto es un género literario desde Quevedo y que muy pocos escritores saben insultar literariamente, y menos los políticos.

Tal que ayer mismo o así, en la columna de Solana leo: «no lo logro comprender». Subrayo esos dos «loes» para indicarle al columnista que incurre en atroz cacofonía y que lo fácil hubiera sido escribir «no logro comprenderlo». El supone que los columnistas escribimos de oído, pero Solana escribe sin oído, que es como tocar el piano sin oído para la música. En general me viene gustando lo que Solana dice en su sección. Lo que no me gusta es la sintaxis. Evidentemente, Solana no cuenta la sintaxis entre las facultades de su alma, como la contaba Valery. Su primer error, o heroicidad, consiste en convertirse en el Kabila del mobutismo periodístico, ya que está rodeado de columnistas por todas partes, en la página y el periódico donde escribe. Tiene muy cerca grandes firmas que saben más que él, no sólo de escribir, sino de política e incluso de teléfonos. Iba muy bien el chico hasta que, a la semana de empezar, tarde y bien, en su nuevo oficio, se permite explicarnos la cosa a todos y desacreditar el columnismo en bloque, todo el gremio, o sea. Pero no tenemos espíritu corporativista y Solana no comportaría mayor interés si no fuera por lo que hay debajo/detrás de su denuncia de un género que hoy vive su esplendor en España y vende muchos periódicos.

Solana está denunciando, en realidad, y jugando a las agachaditas, la libertad del columnista para presentar a los políticos como son, cuando él tanto les debe. Está denunciando la libertad de prensa, en el fondo, como si ignorase los datos que le he dado y otros sobre los orígenes y legitimidades del género. En el pulcro Azorín hay crónicas que arrasan con la clase política. Y en Ortega y siempre o casi (en épocas de mucha menos libertad democrática que ésta). Solana ignora la historia de la libertad de prensa y está denunciándonos a todos gravemente. Se ha confundido de página. La suya era la de izquierdas ¿recuerda?

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