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El proceso de sucesión durará cuatro años para que, en 1997, Sulzberger Jr. asuma todas las funciones ejecutivas en la compañía editora

Arthur O. Sulzberger cede la dirección empresarial del periódico THE NEW YORK TIMES a su hijo Arthur Sulzberger Jr.

HECHOS

  • Arthur Ochs Sulzberger, publisher since 1963, steps down at age 65. The job passes to his son, Arthur Sulzberger Jr., 40. (The elder Mr. Sulzberger remains chairman of The New York Times Company until October 1997.)

sulzberger_hijo  sulzberger_jr1 Arthur Sulzberger Jr. tiene el reto de reemplazar a su padre al frente de un periódico que presume de ser el más influyente del mundo, lo que ha sido noticia en la mayoría de grandes periódicos.

20 Enero 1992

Savia nueva para «The New York Times»

Ana Romero

Arthur Ochs Sulzberger Jr. fue a cortarse el pelo para la foto oficial del viernes. Si no, con las gafitas de metal, la cara redonda y prácticamente imberbe, y la naricilla respingona, habría aparentado mucho menos de los 40 años que tiene. Y cuando se acaba de ser nombrado editor del New York Times hay que dar una imagen de absoluta seriedad. Así son y han sido todos los Times-men desde 1896. Ese año, Adolf Ochs, un joven impresor de Tennessee, compró un arruinado periódico y se comprometió a salvarlo, «distribuyendo las noticias con imparcialidad, sin miedo y sin favores, independiente de cualquier partido, secta o grupo de interés». Ciento cinco años más tarde, las mismas palabras aparecían en la página editorial de ese mismo periódico. Esta vez, el autor era su bisnieto, Arthur Ochs Sulzberger Jr., un joven periodista de Nueva York. Y el moribundo periódico que Ochs arriesgadamente adquirió en el siglo XIX se ha convertido en un diario con una circulación diaria superior al millón de ejemplares y unos beneficios anuales cercanos a los 2.000 millones de dólares. ¿Quién es y cómo es el joven Arthur, quien rechaza el pseudónimo de «Pinch», que guiará ahora los destinos de uno de los periódicos más influyentes del mundo? Como muchos de su generación, un rebelde estudiante que, pasada la década de los 60, se cortó el pelo (por primera vez), colgó la chaqueta de cuero negro y guardó la moto para seguir los pasos de su padre, Arthur Ochs Sulzberger. No sin que a «Punch» le costará meter a su hijo en vereda. Hasta en la biografía oficial publicada en el Times tras su nombramiento se menciona que las relaciones entre padre e hijo fueron «tirantes» durante aquellos decisivos años 60. Especialmente por la manía del joven Arthur de ponerse la chaqueta que su padre había utilizado para luchar con los marines. Pero Arthur ya había decidido seguir la tradición familiar a los 14 años, cuando se fue a vivir a casa de su padre. «Punch» y Barbara Grant se divorciaron cuando él tenía cinco años. Su madre lo educó en un colegio episcopal en el Upper East Side neoyorquino (todos los Sulzberger son judíos, y Arthur sería el primero en romper la tradición). En 1970, empezó a estudiar Políticas en la Universidad de Tufts, a las afueras de Boston. Durante los veranos trabajó en varios periódicos, como el Boston Globe o el diminuto Vineyard Gazette.

Terminó la carrera en 1974 y se puso a trabajar como reportero del Raleigh Times, en Carolina del Norte. Durante una visita a su madre, que se casó otra vez y vive en Kansas, conoció, literalmente, a la vecina. Y se casó con ella. Su mujer, Gail Gregg, también era periodista (ahora está a punto de empezar una nueva carrera como artista). Poco después de casarse, Gail dice que le hizo la competencia en Londres, donde ambos fueron destinados como corresponsales. El para la Associated Press, ella para United Press International. Dieciséis años más tarde, Gail y Arthur tienen dos hijos y un lujoso apartamento con vistas a Central Park. El vecino ahora es el cantante Paul Simon. Finalmente, en 1978, se unió al New York Times como reportero en la delegación del periódico en Washington. «No era el mejor reportero del mundo, pero por lo menos no estaba empezando de cero», dijo el nuevo editor en una entrevista publicada por su periódico. A principios de los ochenta volvió a Nueva York y fue asignado a la sección de local, donde cubrió los asuntos políticos del Ayuntamiento. Dos años más tarde, pasó a la parte empresarial del periódico. Habiendo sido monaguillo antes que cura, Arthur mantiene excelentes relaciones con los reporteros de su periódico y tiene amigos periodistas en otros medios. Según la columnista Anna Quindlen, la actitud de Arthur es «busquemos un acuerdo que sea beneficioso para el individuo y para la empresa». Su primer objetivo es «devolver el Times a Nueva York», esto es, conseguir que el periódico refleje la diversidad de la ciudad y deje de ser el diario de la élite. En esto se enfrenta a su padre, que mantiene que el Times «es lo que es por lo que es». Intentar cambiarlo, dice «Punch», sería la perdición del periódico. «Punch» Sulzberger, que cumplirá 66 años el mes próximo, conservará su cargo de presidente del Consejo de Administración y ejecutivo de la compañía, que cuenta con 32 periódicos, 17 revistas, cinco estaciones de televisión y otros negocios.

18 Abril 1995

Un gigante de la prensa intenta ponerse en forma

Benjamin Weiser

El pasado 25 de mayo, los dos máximos ejecutivos de The New, York Times pronunciaban sendos discursos en diferentes ciudades, en los que reflexionaban sobre cómo evolucionaría su periódico en la era de la electrónica. En Kansas City, Arthur Ochs Sulzberger, de 68 años, presidente y consejero delegado de la empresa, pareció alarmado por la «superautopista de la información, que lejos de parecerse a una moderna autovía, se aproximará más a una acera de la India: caótica, abarrotada e invadida por las vacas».

Entretanto, en Nueva York, su hijo Arthur, de 42 años, editor del The New York Times, decía que estaba dispuesto a distribuir el periódico vía CD-ROM, por Internet o de cualquier otro modo. «Si alguien fuera tan amable de inventar la tecnología

[necesaria], estaría encantado de transmitir información directamente a su corteza cerebral», afirmó. «Tendremos la edición metropolitana, la última edición y la edición dirigida a la mente».

Ejecutivos de Times afirman que fue una coincidencia el hecho de que estos mensajes contradictorios se transmitieran el mismo día. Pero los puntos de vista divergentes subrayaban el tema estratégico de fondo que se debatía en el Times y en otros, periódicos de grandes ciudades: ¿cómo avanzar en el nuevo mundo electrónico y obtener rentabilidad? La respuesta de The New York Times y de muchas otras empresas periodísticas podría re-, sumirse de la siguiente forma: a pesar de las incógnitas de la nueva tecnología, la prensa debe: experimentar con ella.

El debate sobre la nueva tecnología llega, sin embargo, en un momento inoportuno para el sector periodístico. Durante algún tiempo, los inversores han contemplado a las empresas periodísticas con precaución: los precios del papel de periódico han subido vertiginosamente, los ingresos por publicidad han tardado en superar la recesión de 1990-91 y las apuestas. por la nueva tecnología son caras y arriesgadas.

. Cuando, por ejemplo, el grupo Times Mirror, propietario de Los Angeles Times, The Baltirnore Sun y Newsday, indicó a principios de febrero que iba a declarar menos ganancias y dio detalles de las inversiones que tenía previstas en la «superautopista de la información», el, precio de sus acciones cayó más de un 19% en dos días.

El grupo The New York Times también se ha embarcado en una búsqueda de identidad empresarial. El año pasado vendió su división de revistas femeninas y recuperó un considerable control sobre sus lucrativas bases de datos periodísticos. En diciembre, el Times hizo públicos sus planes de diversificar sus grupos de empresas editoriales, que consisten en The New York Times, con una tirada de 1,1 millones de ejemplares diarios y 1,7 millones para la edición dominical; The Boston Globe y 28 periódicos regionales. La empresa es además propietaria conjunta de The International Herald Tribune, junto con el grupo Washington Post.

Los directivos del Times, en un discurso pronunciado en una conferencia de diciembre ante unos analistas, revelaron un ambicioso plan para gastar 1.000 millones de dólares (unos 130.000 millones de pesetas) durante cinco años, en su mayor parte para comprar propiedadesde emisoras locales de televisión.

Los ejecutivos del Times dijeron que su objetivo era hacer que la relación de los beneficios de medios impresos y los de medios electrónicos, que actualmente es de 90 a 10, pasara a ser de 75 a 25. Afirmaron que, el Times invertirá hasta 40 millones de dólares en los próximos tres años para desarrollar servicios interactivos y productos electrónicos en el marco de un «planteamiento prudente, con apuestas pequeñas».

«Estoy satisfecho con nuestras posibilidades de triunfar a medida que evolucione este mundo electrónico», dijo a los analistas el número dos de la empresa, Lance R. Primis. «Cuenten con nosotros para ganar el primer premio Pulitzer para un periódico electrónico». Primis, nombrado para ocupar un cargo en la presidencia del Times (tras SuIzberger en el escalafón) en 1992, el mismo año en que el joven Sulzberger se convirtió en editor, dijo recientemente que el Times había adoptado esencialmente una estrategia «de marca» hacia la venta de información, y tenía una comprensión clara de su papel.

«Nuestro papel es ser un suministrador de contenido: un empaquetador», dijo, y señaló que el periódico seguía tratando de mejorar su producto editorial, entre otras cosas, con una reciente renovación de su sección de negocios. Ahora que otras empresas de comunicaciones ofrecen suministro electrónico, dijo, «el contenido y las marcas distinguirán el servicio de cada uno».

Pero en las semanas transcurridas desde que Times dio a conocer su estrategia, Wall Street se ha mostrado escéptica sobre el resultado. Las acciones del Times siguen cotizándose cerca del mínimo de los últimos tres años, aunque el precio ha subido recientemente.

Alenos han criticado la adquisición de The Glóbe por el Times en 1993, por 1.100 millones de dólares (en tomo a 140.000 millones de pesetas). Pero el joven SuIzberger sostiene que «era una jugada cantada. The Globe es una joya y las joyas no se venden con demasiada frecuencia. Cuando se venden, hay que lanzarse sobre ellas. Y eso es lo que hicimos»

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