26 junio 1903

Antes de ser arrojado por la ventana, el rey asesinó al guardia que le exigió su dimisión

Asesinato por defenestración de los reyes de Serbia, Alejandro y Draga, acusados de tiranos

Hechos

El 11.06.1903 murió asesinado el rey Alejandro de Serbia y su esposa Draga.

Lecturas

EL NUEVO REY APUESTA POR UNA MONARQUÍA PARLAMENTARIA

Pedro_Primero  

Pedro I [Pedro Karageorgevitch], el nuevo Rey de Serbia, perteneciente a una rama diferente que los defenestrados Alejandro y Draga, anunció la implantación de una monarquía parlamentaria en lugar de una absolutista como habían hecho estos.

La violencia ya se había visto en la corona de Serbia cuando el príncipe reinante Miguel Obrenovitch fue asesinado el 10 de junio de 1868, Ahora le ha tocado el turno a su sucesor, Alejandro.

El rey murió matnado

El coronel Naumovitch se presentó en el palacio con un documento de abdicación, el Rey Alejandro se negó, sacó un revolver y asesinó al coronel de un disparo. Después, el rey y la reina se abrazaron: «¡Quiero morir con Draga en mis brazos!» y fueron acribillados a balazos y sus cadáveres alojados por la ventana.

 

El Análisis

Serbia despierta entre disparos y cortinas rasgadas

JF Lamata

A bayonetazo limpio y entre un estruendo de sables, el pueblo serbio ha resuelto esta semana, por vía expeditiva, el problema de su realeza. El rey Alejandro y la reina Draga, monarcas de manos cada vez más estrechas y corazones más autoritarios, han sido despachados en mitad de la noche por un grupo de oficiales que, hartos de intrigas palaciegas y censuras sofocantes, han hecho de su dormitorio trono y cadalso al mismo tiempo. Nada como una conspiración balcánica para recordarnos que los cuentos de hadas, en los Balcanes, siempre acaban mal.

No es que la pareja real haya hecho muchos méritos para que la Historia los llore. Don Alejandro, rey por gracia hereditaria más que por virtud política, gobernaba con el absolutismo de un déspota de opereta, abolía constituciones como quien cambia de sombrero y daba más golpes que los que recibía. Su consorte, la señora Draga, menospreciada por su origen y temida por su ambición, no encontró mejor manera de ganarse al pueblo que rodearse de aduladores y soñar con entronizar a su hermano como heredero. Una corte, en suma, convertida en camarilla.

Serbia hoy se despierta entre vítores revolucionarios, pero con el alma dividida: si bien pocos lamentan el final de la tiranía, muchos se preguntan qué vendrá ahora. Porque derrocar reyes siempre entusiasma más que gobernar repúblicas o elegir dinastías. Que el pueblo serbio encuentre un rumbo más cuerdo tras este baño de sangre es deseo de todos los europeos que, desde la distancia, miramos hacia Belgrado no sin una pizca de escalofrío… y bastante resignación.